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La dimensión creativa del ocio se encuentra relacionada con educación
artística en los aspectos referidos a la música, la pintura, la danza,
etc. Posee un carácter formativo, cultural, de desarrollo personal, mediante
el aprendizaje y la formación. Tiene una finalidad en sí misma y ha de
ser elegida libremente. Es un ocio que se diferencia de los demás por
su naturaleza reflexiva.
La experiencia, elegida libremente, que surge a través del contacto con
las diferentes técnicas artísticas, produce un sentimiento gratificante
de autorrealización, debido al desarrollo personal que se genera mediante
el aprendizaje. El disfrute del ocio creativo depende de la preparación
que se precise para poder acceder a él.
La práctica de un ocio creativo requiere una formación previa en la creatividad
y un aprendizaje, para poder apreciarlo y disfrutarlo. Partiendo de esta
premisa, cobra especial relevancia la Educación Artística, presente en
todos los currículos de la enseñanza obligatoria, que potencian la aproximación
a experiencias de carácter cultural incidiendo en la reflexión y el conocimiento.
El desarrollo de las experiencias tanto culturales como artísticas, desde
la perspectiva del ocio, genera el desarrollo de su dimensión creativa
desde dos direcciones. La primera como expresión creativa y la segunda
como penetración receptiva. Se precisa una iniciación y una preparación
cultural básicas.
Ejemplos de posibles actividades creativas pueden ser:
Hacer trabajos manuales como son la pintura, costura, modelado, bricolaje,
etc.
Hacer alguna colección, leer cómics, tebeos, revistas, periódicos, libros.
Hacer pasatiempos: crucigramas, sopas de letras.
Tocar un instrumento,
realizar fotografía y vídeo.
Asistir a clases de pintura,
baile, teatro, música, cerámica, etc.
Ir al cine, teatro, concierto, visitar una exposición, un museo, un edificio,
etc.
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