Siegfried
M. Pueschel
INDICACIONES DEL DIAGNÓSTICO PRENATAL
Puesto que algunas de las técnicas utilizadas
en el diagnóstico prenatal comportan un riesgo tanto para
la madre como para el feto, han de impartirse instrucciones concretas
para su uso. Generalmente, son varios los factores que van asociados
con un riesgo mayor de tener un hijo con síndrome de Down.
1. Madres con 35 años
de edad o mayores. Es bien sabido que la incidencia de anomalías
cromosómicas aumenta con la edad de la madre. El riesgo de
tener una descendencia con una de estas anomalías se dobla
aproximadamente cada 2,5 años cuando la edad de la mujer
alcanza los 35 años. A esta edad el riesgo de que una mujer
embarazada conciba un feto con anomalía cromosómica
es aproximadamente de 1 por cada 200 a 300 niños nacidos
vivos. A esa edad o superior se estima que el riesgo de tener un
feto afectado será mayor que los riesgos propios de la amniocentesis.
El riesgo que supone la biopsia de vellosidades coriónicas
es ligeramente mayor que el derivado de la amniocentesis, incluida
la posibilidad de un aborto espontáneo o nacimiento prematuro
A la edad de 34 años o menos, el riesgo de tener un hijo
afectado es generalmente menor que el de abortar como consecuencia
de la amniocentesis o de la biopsia.
2. Padres con 50 años
de edad o mayores. Aunque también se ha descubierto
un ligero efecto derivado de la edad del padre, es menor que el
de la edad materna. Si el padre tiene 50 años o más,
el riesgo de tener un hijo con síndrome de Down puede ser
un poco superior. Algunos médicos recomiendan practicar análisis
prenatales en esta situación.
3. Nacimiento anterior
de un hijo con síndrome de Down o cualquier otra anomalía
cromosómica. Muchos estudios han demostrado que si
una pareja tiene un hijo con síndrome de Down u otra anomalía
cromosómica, el riesgo de que el hecho se repita es de alrededor
del 1%. A causa de este incremento del riesgo, la mayoría
de los genetistas y asesores genéticos recomiendan el diagnóstico
prenatal a estas familias.
4. Translocación
equilibrada de cromosomas en uno de los padres. Por ejemplo,
si un cromosoma 21 se encuentra pegado al 14, hay una probabilidad
del 50% de que este progenitor transfiera esta translocación
14/21 a su descendencia. Por tanto, este progenitor tiene un riesgo
mayor de tener más de un hijo con síndrome de Down.
Este incremento de riesgo que va asociado con la translocación
equilibrada de cromosomas depende del tipo de translocación,
a qué cromosomas afecta, y si el portador es el padre o la
madre. Generalmente, el riesgo de que un portador de translocación
tenga un hijo con síndrome de Down oscila entre el 2 y el
100%. Por ejemplo, si un progenitor tiene una translocación
21/21 y el embarazo continúa hasta el final, la probabilidad
de que el hijo tenga síndrome de Down es del 100%. Si la
translocación en la madre es 14/21, la probabilidad es del
8-10%. Si el portador de esta translocación es el padre,
el riesgo es algo menor.
5. Padres con alteraciones
cromosómicas. Aunque la mayoría de las personas
que tienen una anomalía cromosómica de importancia
no tendrán probablemente hijos, algunos pueden tenerlos.
Por ejemplo, si uno de los padres tiene un síndrome de Down
por mosaicismo con porcentaje bajo (es decir, sólo un pequeño
porcentaje de sus células tienen un cromosoma 21 extra y
la persona es por lo demás "normal"), tendrá
un mayor riesgo de concebir un hijo con síndrome de Down.
Si una persona con síndrome de Down tiene capacidad reproductora,
la probabilidad en cada embarazo de que el hijo tenga síndrome
de Down es del 50%. Existen en la literatura unos 30 casos documentados
de mujeres con síndrome de Down que tuvieron hijos, mientras
que sólo se ha descrito un caso de varón con síndrome
de Down que tuviera un hijo.
Existen además otras indicaciones de diagnóstico
prenatal, como son el haber tenido previamente un hijo con múltiples
anomalías congénitas, o con espina bífida,
o con un trastorno metabólico, o que los padres sean portadores
de defectos congénitos concretos; sin embargo no tratamos
aquí estas indicaciones porque no conciernen al síndrome
de Down.
CONSIDERACIONES ÉTICAS
Solamente existen unas pocas anomalías genéticas en
las que el feto puede recibir tratamiento adecuado. Para la mayoría
de los fetos afectados, como es el caso de un niño con síndrome
de Down, no existe actualmente una terapéutica intrauterina
que sea eficaz. De ahí que algunos asesores genéticos
y médicos lleguen a recomendar que se ponga fin al embarazo
si se encuentra que el feto tiene trisomía 21. Algunos de
los que proponen el diagnóstico prenatal consideran que todo
niño debe tener derecho a nacer sano, y que deben interrumpirse
los embarazos en los que el feto presente anomalías cromosómicas;
sin embargo son muchos los profesionales y padres de niños
con discapacidades del desarrollo que discrepan de esta opinión.
Por supuesto, el diagnóstico prenatal goza
de muchas aplicaciones que son potencialmente beneficiosas, especialmente
en los casos en los que se puede aplicar un tratamiento al feto
afectado, o si se puede asesorar a los padres respecto a futuros
riesgos de reproducción. Sin embargo, estos usos justificables
no deberían verse empañados por el hecho de consentir
que las técnicas de diagnóstico prenatal se estén
convirtiendo en una práctica de ejercicio estricto de aborto
selectivo.
La madre de un niño con síndrome
de Down expresó su punto de vista de la siguiente manera:
Por una parte deseábamos y planeábamos tener
este hijo y no pensamos que teníamos derecho a elegir,
como diciendo: "lo conservaremos en tanto reúna lo
que esperamos de él..." Nunca sabemos lo que vamos
a obtener cuando nos decidimos a crear otra persona. ¿Y
por qué decidir de antemano que un niño con minusvalía
ha de ser una experiencia negativa? Doy las gracias a todos nuestros
hijos, con sus defectos y sus cualidades, por la alegría
y la riqueza que han traído a nuestras vidas.
Cuando Pearl S. Buck reflexionó sobre lo que significaba
su hija, que tenía retraso mental, afirmó:
Si me hubiese sido posible conocer de antemano la frustración
de su vida, ¿habría deseado un aborto? Con plena
conciencia de mi angustia y desesperación, mi respuesta
es no. No lo hubiera deseado. Incluso con pleno conocimiento,
hubiera escogido la vida; y esto por dos razones: primero, porque
me da miedo este poder de elección entre la vida y la muerte
en manos de los hombres. No alcanzo a ver un ser humano en el
que pueda confiar tal poder. No basta la sabiduría humana,
ni la integridad humana. Segundo, la vida de mi hija no ha carecido
de significado. Verdaderamente, ha proporcionado consuelo y apoyo
práctico a muchas personas que son padres de niños
retrasados, o que ellas mismas tienen alguna discapacidad. Bien
es verdad que lo ha conseguido a través de mí, pero
sin ella yo no hubiera logrado aprender a aceptar esa pena inevitable
ni hacer que esa aceptación fuera útil a los demás.
En este mundo en el que la crueldad prevalece en tantos aspectos
de nuestras vidas, yo no añadiría esa nueva carga
que supone el poder elegir la muerte en lugar de la vida. Un niño
retrasado, una persona disminuida, brindan a la vida su propia
aportación, incluso a la vida de los seres humanos normales.
Esta donación se resume en las lecciones de paciencia,
comprensión y piedad, lecciones que todos necesitamos volverlas
a vivir y practicar unos con otros, seamos los que seamos.
Para muchas personas, la previsión de que un niño con
síndrome de Down o con cualquier otra alteración cromosómica
haya de tener un retraso mental importante o nunca vaya a disfrutar
del placer que producen los logros físicos o intelectuales
en el mismo grado que una persona "normal", no es razón
válida para recomendar poner fin a la vida del feto afectado.
La justificación del aborto selectivo se basa en un juicio
hipotético sobre la vida y el valor de esa vida para el niño
en potencia. Son muchos quienes ven la vida humana como un don precioso
y rechazan la presunción de su falta de valor como justificación
para acabar con ella. En general, la puntuación del coeficiente
intelectual (CI) es una medida que carece de significado para medir
el potencial humano y que, por consiguiente, la presunción
de retraso mental en un niño con una anomalía cromosómica
como el síndrome de Down no justifica el aborto.
Aunque muchos genetistas consideran que el síndrome
de Down es un caso claro para practicar el aborto, son muchos los
que piensan que el decidir que un feto con síndrome de Down
sea abortado equivale a realizar un juicio social sobre el lugar
que deben ocupar en la sociedad los individuos con discapacidad
intelectual. Es posible juzgar la discapacidad o desviación
de la norma desde el punto de vista médico, pero decidir
que esta desviación constituya una minusvalía significativa
constituye un juicio social.
Se ha argumentado que "es más justo
y causa menos sufrimiento al feto el hecho de abortarlo que dejar
que sufra dolor y enfermedad". Este razonamiento debe considerarse
como no válido, debido a su paternalismo intrínseco
y a sus presunciones falsas sobre el síndrome de Down. Además,
el argumento de que es injusto para la sociedad el permitir que
nazcan más niños con discapacidades ha de ser acusado
como muestra de intolerancia. Asimismo, otros profesionales indican
que, dado que el 70 u 80% de los fetos con síndrome de Down
sufren aborto espontáneo, ¿por qué no ayudar
a la "madre naturaleza" y librarnos de los fetos restantes?
Tal idea no toma en consideración la diferencia importante
que existe entre un aborto espontáneo y la extracción
activa del feto fuera del útero.
Los padres, y las propias personas con síndrome
de Down, han expresado su preocupación sobre el hecho de
que el diagnóstico prenatal de un trastorno cromosómico
como es el síndrome de Down pueda afectar a la actitud general
hacia las personas que viven con esta condición. Además,
el apoyo público a los programas para eliminar o reducir
significativamente la aparición de un determinado proceso
puede socavar el apoyo hacia el tratamiento de las personas ya nacidas
que lo presentan. Por último, la aceptación pública
por parte de la sociedad para disminuir la incidencia de los "nacimientos
anormales" está llegando a ejercer una presión
involuntaria sobre las mujeres que llevan a término un embarazo
de esta índole.
CONSEJO GENÉTICO
Cuando en un feto se ha diagnosticado la trisomía
21, es de la máxima importancia que se asesore a los padres
de un modo apropiado. Han de formularse al respecto algunas preguntas.
¿Qué tipo de información y de qué forma
debe darse a los padres? ¿Puede un asesor -que quizá
sólo haya tenido una experiencia directa limitada con niños
con síndrome de Down y que no sabe de esa entidad más
que lo aprendido de conferencias y de libros- presentar un cuadro
auténtico de lo que es la vida de un niño con síndrome
de Down? ¿Cómo puede un asesor analizar mejor con
los padres los problemas médicos, cognitivos, sociales y
de todo tipo, inherentes a los cuidados que se han de prestar a
un niño con síndrome de Down? ¿Y de qué
forma pueden influir en el proceso de toma de decisiones de los
padres la postura personal del asesor, su visión de la vida,
sus valores y su sentido ético? Estas y otras preguntas de
singular importancia habrán de ser consideradas a la hora
de asesorar a los padres.
Los asesores genéticos han de facilitar
a los padres información real de una manera imparcial a lo
largo del proceso de asesoramiento. Si se ha diagnosticado que un
feto tiene síndrome de Down, se recomienda que los padres
se pongan en contacto con una familia que ya tenga un niño
en esas condiciones, para que aquéllos puedan alcanzar el
sentido de lo que significa tener un hijo con esas circunstancias
en la familia. Nunca debe ser el profesional el que decida si la
madre debe interrumpir el embarazo o continuar el embarazo, ya que
es una decisión que sólo los padres pueden tomar.
Los asesores deben adoptar una postura respetuosa
y no coercitiva ante los puntos de vista de los padres. Es de la
mayor importancia que los asesores y demás personal técnico
se den cuenta de que un niño con síndrome de Down
no es necesariamente una experiencia negativa para una familia y
para la sociedad. En realidad, estas personas pueden ofrecer una
influencia valiosa y humanizadora sobre la sociedad.
Otra alternativa a la terminación del embarazo,
en caso de que el feto tenga síndrome de Down, es dar el
niño en adopción. Los padres que por cualquier motivo
se sientan incapaces de criarlo y atenderlo, y se sientan abrumados
por la idea de abortar a un feto afectado, pueden elegir esta alternativa.
De este modo, no tendrán que afrontar el trauma y el sentimiento
de culpa que tantas veces acompañan al aborto. Estos niños
pronto encuentran un hogar de adopción, ya que los avances
en los cuidados médicos y la mejoría de los servicios
educativos han proporcionado una mayor calidad de vida a las personas
con síndrome de Down, quienes, por otra parte, tiene en su
mayoría una personalidad encantadora. De hecho, hay largas
listas de familias en espera de adopción de niños
con síndrome de Down.
Tanto los médicos como los demás
profesionales implicados en el asesoramiento a los padres han de
ser muy conscientes de los problemas éticos y de otro tipo
relacionados con el diagnóstico prenatal. Han de valorar
la dignidad de los seres humanos en cualquier etapa de su vida y
darse cuenta de que toda vida humana es importante, porque el valor
de un niño o niña está intrínsecamente
enraizado en su misma humanidad y en su singularidad como ser humano.
Un asesoramiento que sea compasivo y al mismo tiempo objetivo debe
estar sólidamente fundamentado en estos valores.
Bibliografía y lectura recomendada
Beck M. Los talentos del síndrome de Down:
algunos pensamientos para los nuevos padres. En: http://www.down21.org/revista/art_prof/Martha_Beck.htm.
Pueschel SM. Cuestiones éticas relacionadas
con el diagnóstico prenatal del síndrome de Down.
En: J. Rondal, J. Perera, L. Nadel (eds.), Síndrome de Down:
Revisión de los últimos conocimientos. Madrid 2000:
Espasa (p. 245-254).
Redacción RSD. Voluntad política
de cambio. Revista Síndrome de Down 2005; 22: 52-60. En PDF:
http://www.downcantabria.com/revista85.htm
Serés A, Cuatrcasas E, Catalá V.
Genética, diagnóstico prenatal y consejo genético.
En: JM Corretger, A Serés, J Casaldáliga, K Trías
(eds.), Síndrome de Down: Aspectos médicos actuales.
Barcelona 2005: Masson (p. 3-20).
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