NUTRICIÓN Y DESARROLLO EN EL SÍNDROME DE DOWN



POR QUÉ LA LACTANCIA NATURAL


En la mayoría de los casos el niño que nace con Síndrome de Down tiene un sistema inmunológico menos dotado que el de la población general. Por ello, los beneficios que aporta el calostro de la lactancia natural en los primeros días son, entre otros, el inducir la formación de bífidobacterias, favorecedoras de una buena flora intestinal, que protege al bebé de sustancias tóxicas y de gérmenes externos. Este aspecto inmunológico no lo tiene la leche artificial. Paralelamente, la adecuada composición de la leche materna evita en mayor medida la sobrealimentación del niño, tema crucial en el síndrome de Down y que es bueno tener en consideración, ya desde el principio de la vida.

La composición de la leche materna varía a lo largo de la lactancia y también de cada toma. La primera parte tiene mayor contenido de proteínas y sales minerales y, al final, es mayor la cantidad de grasa, motivo por el que bebé debe acabar totalmente el contenido de la mama, antes de pasarle a la otra, es decir, mamará el tiempo que necesite, sin someterle a un horario rígido, ni forzar una ingesta no deseada.

Por el contrario, la leche artificial, como es lógico, mantiene la misma composición permanentemente, desde el inicio hasta la finalización de la toma. Este diferente comportamiento entre ambos tipos de lactancia se asocia con que se tienda a hiperalimentar a los niños alimentados con biberón.

A partir de los 4 meses, y hasta el año de edad del lactante, la doctora Ruiz Moreno realizó un planteamiento de cuáles son los tiempos en los que los diferentes grupos de alimentos deberían introducirse en la dieta (ver tabla) y comentó la necesidad de mantener un control de la dieta, que debería ser evolutivo.

A partir del primer año, y hasta los tres, el bebé deberá ingerir entre 12 y 15% de las calorías necesarias en forma de proteínas, 30% como grasas (10% saturadas, 10% monoinsaturadas - aceite de oliva - 10% poliinsaturadas, de origen vegetal ) y, el resto, como hidratos de carbono.

De las calorías totales que necesita en esta etapa de su vida, el 25% deberán ser administradas en el desayuno, 30% en la comida, 15% en la merienda y otro 30% durante la cena. Cuando inician la etapa escolar, es conveniente tener conocimiento de lo que comen en el colegio, para compensar posibles deficiencias y complementar su dieta, con los aportes precisos, con los aportes de la merienda y la cena. Este es un período de crecimiento lento y estable, y los niños no tienen tanta necesidad de comer, por lo que es importante no insistir en las comidas para evitar incurrir en la obesidad", afirmó Ruiz Moreno.

Desde los 3 años, y hasta los 12, las calorías necesarias no deben de ser superiores a 90 por kilo y día inicialmente, hasta ir paulatinamente disminuyéndolas para llegar a 50 calorías por kilo y día a la edad de 12 años. Asimismo, las proteínas deben pasar de 1,5 gramos por kilo y día, durante una primera etapa, a 0,9 gramos.

Si bien todos los nutrientes son necesarios, llamó la atención sobre el calcio, como especialmente importante en este período, por lo que habría que administrar, al menos, medio litro de leche o yogur al día. (ver tabla de equivalencias).

EL ADOLESCENTE

A lo largo de la adolescencia las necesidades nutricionales van variando. Desde el punto de vista físico aumenta la grasa corporal, con diferente distribución corporal, según el sexo.

Es muy importante en esta época enfatizar la necesidad de la práctica continua de actividad física, y ello a través de deportes atractivos para el niño, procurando que sean realizados con otros amigos o con la familia, con objeto de hacerlos agradables para ellos y obviar así la natural tendencia al sedentarismo en chicos y chicas con síndrome de Down. Con esta medida se consigue, por una parte, el control del peso corporal evitando la obesidad y, por otra, mayor estabilidad psíquica y mejor calidad de vida en ellos.

En el adolescente, las necesidades calóricas se reparten de la siguiente manera: 20% como proteínas, 30% como grasa y 50% como carbohidratos. El aporte de calcio, a través de leche o derivados, se vigilará estrechamente, siendo suficiente con 600 ml de lácteos al día.

PATOLOGÍAS MÁS COMUNES EN EL SÍNDROME DE DOWN

Ruiz Moreno plasmó, de manera muy concisa, cuáles son las peculiaridades típicas que nos encontramos en el síndrome de Down, y que pueden asociarse con situaciones patológicas, muchas de las cuales pueden prevenirse actualmente. Es por ello por lo que debe investigarse su presencia sistemáticamente, para poder aplicar con presteza las medidas necesarias para su control.

Macroglosia: Es lo que todos conocemos como "lengua grande" en el niño con síndrome de Down.

Este fenómeno puede afectar a la respiración, masticación y lenguaje, aspectos importantes que pueden incidir en el niño, empeorando su pronóstico, y que si bien no tiene una solución inmediata sí puede controlarse si desde el principio fomentamos, con la estimulación, un mejor desarrollo de todos los músculos de la boca o, en caso necesario, aplicando medidas quirúrgicas, cuyo objeto sea disminuir el tamaño de la lengua.

Deficiencia inmunológica: La causa de que en la trisomía 21 la función del sistema inmunológico no sea tan eficaz como en los demás individuos, no está todavía definida y, sin embargo, sus consecuencias son evidentes. Así, son frecuentes las infecciones de garganta, nariz y oído, que producen aumento del tejido linfoide, fundamentalmente de las amígdalas y vegetaciones y, con ello, obstruyen el paso respiratorio del aire, incrementando los síntomas descritos en la macroglosia y aumenta la dificultad para el normal aprovechamiento de los alimentos y la oxigenación cerebral.

Asimismo, estas infecciones inducen una respiración bucal, lo que produce cansancio y un gasto extra de energía.


Dentición alterada: Los niños con síndrome de Down tienen, por lo general, una dentición retrasada, microdontia (dientes pequeños) y forma cónica de los dientes. Todo ello da lugar a una mala mordida y retraso general en el proceso de la masticación, que a la vez implica y explica la tardanza en el uso del lenguaje.

Estas alteraciones, con la falta de competencia inmunológica, son precursoras de infecciones bucales, entre ellas gingivitis (inflamación de encías), desde temprana edad. Por ello, es importante adoptar, precozmente, una buena higiene bucal y someterse a controles periódicos por el dentista.

Recientemente se ha podido constatar que, el herpes bucal, cuando aparece en los niños con Síndrome de Down, tiene tendencia a cronificarse y sus consecuencias son nefastas, pues disminuye los procedimientos habituales de defensa local, permitiendo una inflamación crónica que, poco a poco, va destruyendo el alvéolo que envuelve al diente, hasta que éste se cae.

Apnea del sueño: Es un fenómeno relativamente común y su explicación está directamente relacionada con la macroglosia y el aumento del tejido linfático de las vías aéreas superiores. Consecuencias de este proceso son, por una parte, la hipoxia celular y, por otra, escaso aprovechamiento de nutrientes. Por ello, a veces es recomendable la intervención quirúrgica, con objeto de extirpar amígdalas y/o vegetaciones e incluso, como ya se ha dicho, reducir el tamaño de la lengua, para conseguir una mejor entrada del aire a los pulmones.

Radicales libres: Son sustancias hiperoxidantes, destructoras, que en el síndrome de Down aumentan significativamente por el hecho de que en el cromosoma 21 está el gen que codifica las enzimas oxidativas. Estos radicales libres atacan a las membranas celulares y las hacen más permeables a productos tóxicos, con lo que se adelanta el envejecimiento celular. Este proceso de hiperoxidación puede extenderse a lo largo de las membranas e, incluso, afectar otras células. Para controlar esta acción, no deseada, están los antioxidantes preventivos, como la N-acetilcisteina y los antioxidantes rompedores de cadena ,entre los que destacan las vitaminas E y C y los beta carotenos.

Enfermedades autoinmunes: El Síndrome de Down asocia ciertas patologías, conocidas como de causa autoinmune, en proporción superior a la que aparece en la población general. Este tipo de enfermedad se presenta cuando el organismo es incapaz de reconocer alguno de sus órganos y/o tejidos como algo propio, y lucha contra ellos provocando su destrucción y fracaso funcional. Las más frecuentes en ellos son la tiroiditis, o destrucción de la glándula tiroides, la alopecia, o caída parcheada de cabello, el vitíligo, o ausencia de melanina en ciertas zonas de la piel y la diabetes, o fracaso del páncreas para producir insulina.

La enfermedad celiaca, considerada por algunos en relación con la autoinmunidad, es muy frecuente en el Síndrome de Down. Está presente en 1 de cada 14-20, frente a la frecuencia de 1 por cada 700-1500 niños de la población general, dentro del continente europeo. Su diagnóstico no es complicado y debe ser lo más precoz posible, con objeto de evitar carencias nutritivas. La sintomatología ocasionalmente puede no ser concreta, destacando el mal carácter, a veces molestias abdominales inespecíficas, detención de la ganancia de peso o de talla, diarrea o estreñimiento, así como presencia de otras enfermedades inmunitarias, ya descritas. Para diagnosticarla lo más conveniente es realizar una determinación sistemática de anticuerpos antiendomisio y antigliadina a todos los niños con Síndrome de Down, tengan o no síntomas, a la edad entre 2 y 3 años y, solo en los casos dudosos, una biopsia intestinal.

Sedentarismo: Según Mercedes Ruiz Moreno, la causa del sedentarismo es diversa. En muchos casos sucede por falta de suficiente estímulo para moverse y hacer ejercicio, o ser consecuencia de la hipotonía que habitualmente presentan y, muy probablemente, esta última situación lleve a la primera.

Por todo lo expuesto, estos niños necesitan estímulos de todo tipo y desde el principio de su vida. Cuanto mayor sea el estímulo, su inclusión en los deportes, y en el día a día, como cualquier otro niño, menor será la apatía, el sedentarismo, la propia hipotonía y por tanto la incidencia de la obesidad. Puede que nunca lleguen a ser iguales en este sentido que los de la población general, pero ello no significa que sean incapaces para los deportes sino, simplemente, más lentos".

Los padres juegan un papel importante en este aspecto porque, como con cualquier otro niño, hay que establecer un patrón y un proceso educativo y, en este sentido, el deporte, el estímulo, el interés, el ocio y los deberes y derechos de un individuo se educan, y eso es igual para todos, tengan o no tengan síndrome de Down.

Obesidad: Se produce por una desproporción entre lo que el niño come y lo que gasta. Muchas veces creemos controlar la cantidad de alimentación que damos a los niños, pero olvidamos que aunque tengan 8 años, por ejemplo, su talla, por norma general, no corresponde a esa edad. Tienen que comer no solo en relación con el ejercicio que realizan, sino también con su altura y, normalmente, ésta es más pequeña que la de los demás niños de la misma edad y sexo de la población general.

La obesidad tiende a iniciarse a los 7 años en niñas y poco más tarde en varones. Es más importante evitar que aparezca que luchar contra ella una vez instaurada, ya que las medidas que ello requiere son poco exitosas y constituyen una gran fuente de ansiedad para toda la familia. Para conseguirlo es conveniente un estricto control pediátrico y el constante ejercicio físico, de tipo deportivo y atrayente.

La alimentación en ellos debe de ser variada, sin carencias, procurando únicamente disminuir la cantidad de calorías, pero con igual reparto entre todos los alimentos.

CARENCIAS NUTRICIONALES HABITUALES EN EL SÍNDROME DE DOWN

Período de recién nacido y lactancia:

Vitamina K, Flúor
Vitamina D Hierro (sobre todo si fuera prematuro)

De 1 a 3 años de edad:


Flúor
Calcio, fósforo y vitamina C (leche y frutas)
Zinc, ácido fólico, vitamina A y hierro, que se consiguen a través de la ingesta de carne y vegetales.

De 4 a 12 años

Hierro, (está en carnes y lentejas)
Flúor

Tener siempre presente la administración de los antioxidantes, ya comentados, bién sea a través de los alimentos o mediante preparados farmacológicos por vía oral, en caso de que exista carencia de alguno de ellos.

RECOMENDACIONES EN LA ALIMENTACIÓN DE 7 A 18 MESES:


7 Meses (introducir) zumo de frutas, carne cocida
8 Meses (añadir) cereales con gluten, verduras, patata, arroz, fruta
9 Meses (añadir) leche de continuación, pescados, yogur y queso
12 Meses (añadir) huevo
15 Meses (añadir) leche de vaca
18 Meses (añadir) legumbres (lentejas trituradas)

GRUPOS DE ALIMENTOS

Lácteos: Son proteínas de origen animal y de buena calidad. Contienen todos los aminoácidos esenciales y grasas adecuadas. 125cc leche = 1 yogur = 100gr queso fresco = 30gr queso cremoso (en relación al calcio)

Harinas: Tienen muchos hidratos de carbono y pocas proteínas. Pueden derivarse de uno o varios cereales y pueden o no tener gluten (trigo, cebada, centeno, avena)

Carnes, Pescados y Huevos: Son ricos en proteínas de alto valor biológico, por tener todos los aminoácidos esenciales.
Es importante considerar que alimentos como vísceras (hígado, sesos, criadillas...) y charcutería (chorizos, salchichón, jamón ibérico...) no son estrictamente necesarios pues tienen excesiva grasa saturada, ácido úrico, parásitos, colesterol y exceso de sal).

100gr de carne de vacuno = 100gr de pescado = 2 huevos

Vegetales, Legumbres y Frutas: Son poco energéticos pero tienen gran cantidad de agua y vitamina C, así como un 1% de fibra por gramo tan necesaria para la defecación.

Grasas: Las hay de origen vegetal y de origen animal. Ambas tienen muchas calorías. Las de origen animal son ricas en ácidos grasos saturados y en colesterol.

Azucares e Hidratos de Carbono: Son calorías llamadas vacías, por no ser estructurales, pero aportan energía.

Con la inestimable colaboración de la Dra. Mercedes Ruiz Moreno; Jefa del Servicio de Pediatría de la Fundación Jiménez Díaz y Profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.

Extracto del artículo de Beatriz Gómez-Jordana Moya para la Fundación Síndrome de Down de Madrid en la conferencia sobre nutrición y desarrollo ofrecida por la Doctora Mercedes Ruiz Moreno, de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid.


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