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LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
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Por Paloma Cuadrado para Canal Down21
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PUEDO TOMAR
DECISIONES
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En este apartado analizaremos el desarrollo de la
autonomía y la responsabilidad personal en los
niños, ya que el hecho de que consigan tomar decisiones
autónomas y positivas a lo largo de su vida es
una meta indiscutible para todas las personas con síndrome
de Down. Es indudable la importancia de considerar las
propias decisiones como una oportunidad para el aprendizaje
emocional. No sólo lo es desde la perspectiva de
los propios niños, sino, lo que es más difícil,
también es fundamental que lo interioricemos nosotros
mismos echando por tierra algunas creencias que se reflejan
a través de nuestra propia actuación en
el día a día.
Se pretende que los niños lleguen a integrar lo
que han aprendido de sus propias emociones en un proyecto
de vida, que les sirva de manera práctica y funcional
en muy variadas situaciones, en las que tengan que decidir
qué hacer o cómo actuar, potenciando la
reflexión sobre uno mismo antes de tomar decisiones.
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¿Influyen las emociones
a la hora de tomar una decisión?
Las emociones son importantes en el momento de tomar decisiones.
Aquellas consideradas “negativas” como la ira, el
miedo o la tristeza se generan al valorar una dificultad para
lograr los propios objetivos. Sin embargo, cuando se percibe
el logro se experimentan emociones positivas tales como la alegría,
el humor o la propia felicidad. Son precisamente estas emociones
las que predisponen a afrontar una tarea, aportando entusiasmo
y una disposición a la acción. Conviene, por lo
tanto, educar a los niños desde el principio para que
valoren su estado emocional cuando tienen que decidir qué
hacer y para que vean cómo influye en sus decisiones,
cambiándolas por otras que les permitan mejorar emocionalmente.
Una idea muy difundida es considerar los conflictos como algo
negativo. Sin embargo, podemos contemplarlos desde otra perspectiva
muy distinta. Es mejor aprovecharlos para aportar nuevas ideas
y soluciones, a la vez que ejercitamos habilidades de comprensión
emocional, empatía... Son, por lo tanto, una oportunidad
para aprender de ellos y potenciar la inteligencia emocional.
No conviene olvidar que para que un niño con síndrome
de Down aprenda a tomar decisiones ha de constituirse un proceso
continuo, de constante práctica y revisión en
función de sus experiencias. Dejémosle actuar
y poner en práctica lo que aprende cada día.
¿Cómo fomentar que nuestros
niños se hagan cada vez más autónomos?
A medida que crecen les gusta colaborar más en las tareas
que les proponen los adultos y disfrutan realizando actividades
por sí mismos. Los padres pueden potenciar todas estas
capacidades y deben tenerlo en cuenta como algo importante en
el legado que le proporcionan a su hijo. Cuando se hacen mayores
no podemos exigirles de repente que sepan desenvolverse en las
situaciones cotidianas si, desde que son pequeños, no
les hemos dado esta oportunidad para ir progresando cada día.
Los niños pueden y deben tener multitud de oportunidades
para potenciar su autonomía y contemplar todo aquello
que saben hacer por sí mismos, aunque de vez en cuando
requieran la ayuda de otros. Si les protegemos en exceso no
aprenderán a protegerse ni conocerán el sentido
del peligro. Hemos de darles pronto pequeñas responsabilidades
como el cuidado y orden de sus juguetes, regar alguna planta,
cuidar de alguna mascota... Cuando es pequeño conviene
que verbalice sus responsabilidades en el hogar y en casa para
que sepa bien lo que se le pide.
Una persona con síndrome de Down tiene siempre un gran
potencial para desarrollar su autonomía. Pero cuanto
antes empecemos desde la familia y la escuela más posibilidades
existirán de ir ganando en independencia y seguridad.
Existe una clara línea divisoria entre el cariño
que un niño puede y debe recibir de sus padres y la sobreprotección
y atenciones excesivas. Aunque sea con el mejor propósito,
estas actitudes convienen ser revisadas y cambiadas por otras
que le beneficien más. Esto se consigue día a
día, por ejemplo, dejándole comer solo, permitiendo
que realice actividades que ya domina, dejando que busque formas
para divertirse, admitiendo que elija algunas prendas para vestir
o el postre, después de haber comido bien. Así
le daremos la posibilidad de desarrollar su iniciativa.
La libertad de oportunidad hace que un niño sienta que
puede, que es capaz de controlar por sí mismo la situación.
Hay que ser capaz de no adelantarse ni responder total o inmediatamente
a los deseos del niño. Así, debe ver que lo que
se quiere demanda un esfuerzo y no siempre se consigue. A medida
que vaya haciéndose mayor se deberán tener en
cuenta sus opiniones y deseos, para que le dé un valor
a lo que desea o piensa.
Es importante dejarle la posibilidad de equivocarse, de ser
independiente. No se deben resolver sus conflictos con otros
niños o cada dificultad en alguna tarea, ya que se corre
el riesgo de incapacitarle para enfrentarse a la vida por miedo
a fracasar ante cualquier obstáculo. Dejemos que ensaye
con cierta libertad y enseñémosle a aceptar la
responsabilidad de los resultados. Al principio se le puede
motivar alabando su esfuerzo y proporcionándole alternativas
de solución, sin embargo ha de ser él quien decida
cuál de ellas tendrá la mejor consecuencia.
Dentro del aula pueden proponerse actividades para trabajar
este objetivo en diferentes áreas. Por ejemplo, en el
orden de los juguetes o en el cuidado de las plantas y animales
puede nombrarse cada día un niño para que sea
el responsable. Se colgará en la pared una fotografía
suya junto a un dibujo de la tarea a desempeñar. Al finalizar
el día se le dará información acerca de
cómo lo ha hecho: aspectos que ha trabajado bien y otros
en los que puede mejorar. A la vez que se trabaja la responsabilidad
pueden fomentarse otros temas transversales del currículo
de Educación Infantil tales como la educación
para la salud (en lo relativo a la limpieza...), educación
para el consumo (en el cuidado del material...), educación
ambiental, etc...
¿Qué estilos educativos se
utilizan en la familia? ¿Cuál les hará más autónomos para decidir?
- Autoritario: es aquel que utiliza un estilo
dominante, marcado por el control y el orden. Exige al hijo
que las cosas se hagan de una manera fija y marcada, no se admiten
alternativas. No dialoga ni explica las normas estrictas, sólo
las exige cueste lo que cueste. Genera mucha ansiedad ante el
fracaso y no permite adaptarse a lo que el niño demanda
según su momento evolutivo.
- Permisivo: muestra una actitud insegura,
pasiva, buscando siempre la aceptación del niño,
que no se disguste. Deja hacer al hijo lo que éste quiera.
No hay normas ni control, todo está bien. Algunas veces
son los hijos quienes imponen las normas en base a hechos que
se han repetido en el tiempo. Genera inseguridad a los niños,
no saben qué es lo que tienen que hacer, hay una ausencia
total de límites.
- Democrático: basado en la evaluación
positiva y el apoyo emocional. Intenta que los niños
participen en la toma de decisiones, les da la oportunidad de
elegir y practicar. A la vez establecen normas y límites
que guíen el comportamiento del niño y son coherentes
en su aplicación. Son padres que se ponen en el lugar
del hijo, en sus necesidades concretas, se dialoga, se explica
concienzudamente y con ejemplos concretos lo que se le pide
y cada vez se le da más libertad en lo que éste
puede realizar sin ayuda.
¿De qué manera se toma una
decisión? Modelo paso a paso para decidir responsablemente
Para niños mayores, que ya hayan trabajado los anteriores
pasos en la Inteligencia Emocional, se les puede enseñar
el siguiente esquema:
• ¿Qué problema tengo?
Consiste en especificar el problema, que describa la situación
que le aflige y el resultado que espera alcanzar. Muchas veces
los niños no saben expresar exactamente sus deseos y
necesidades. Los adultos podemos dinamizar este proceso haciéndoles
preguntas para que vayan haciendo concreto lo que les preocupa
y para que tengan una idea más clara de lo que les ocurre.
Es importante que los niños se diferencien del problema
y lo vean desde fuera, como algo externo que pueden dominar.
• ¿Quién está
presente? ¿Cuándo? ¿Cómo?
En este paso se desmenuza el problema para pensar de forma reflexiva
en lo que sucede. Un recurso será hacerles que se imaginen
mentalmente la situación y que la vayan describiendo:
qué amigos estaban, si era la hora de la comida, qué
había ocurrido antes...
• ¿Qué siento yo?
¿Qué siente el otro? Este paso es importante
ya que en él se presta atención tanto a las propias
emociones como a las de los demás, haciéndonos
conscientes de cómo estos estados afectan a las decisiones
que se toman. Si las emociones son negativas será mejor
esperar a cambiarlas para no optar por una decisión equivocada.
• ¿Cómo lo resuelvo?
Voy a buscar alternativas. Consiste en pensar distintas vías
de solución y analizar las consecuencias de cada una
de ellas antes de tomar una decisión precipitada. Los
adultos podemos invitarles a pensar las posibilidades reales
de cada decisión, que vean sus puntos fuertes y débiles,
hacer que se sientan implicados y se responsabilicen de sus
decisiones.
• ¿Qué alternativa
elijo? Se valoran las consecuencias positivas y negativas
de las distintas alternativas. A continuación se elige
aquella que seguramente sea la mejor en sus resultados. Este
proceso se les puede facilitar promoviendo que representen mentalmente
lo que ocurrirá o a través de dibujos, imágenes
o secuencias de la decisión que hayan tomado, viendo
si anteriormente les ha funcionado o fijándose en las
garantías de éxito.
• ¿Cómo lo hago?
¿Estoy listo para hacerlo? En este paso deben diseñar
un plan para realizarlo y ver, además, si sus emociones
están influyendo positivamente en la elección
o si sería mejor esperar a otro momento. Es muy positivo
que puedan automotivarse, decirse a sí mismos que lo
van a intentar.
• ¿Ha funcionado?
Revisar si la decisión ha tenido éxito y reafirmarla
o, si por el contrario, debe poner en marcha otra alternativa
mejor. Consiste en una autocrítica constructiva para
mejorar.
Es fundamental tener en cuenta que se puede mediar
en los conflictos, lo que no significa resolver.
Es mejor centrarse en realizar preguntas para dinamizar el pensamiento
reflexivo y la elección de alternativas, antes que decirles
automáticamente lo que deben hacer. Si el niño
tiene una idea cada vez más clara de la situación
y poco a poco se conoce a sí mismo tendrá mucho
ganado. Hay que reforzar su esfuerzo por mejorar y hacerle saber
las actuaciones concretas que ha hecho bien para darle seguridad
en lo que hace, así cada vez tomará decisiones
más adecuadas.
A primera vista este proceso puede parecer algo mecánico
y difícil de enseñar. Sin embargo, si los niños
aprenden a utilizarlo en el día a día ante problemas
sencillos, llegarán a interiorizarlo y les servirá
para tomar todo tipo de decisiones importantes.
Este proceso, por lo tanto, permite poner en juego estrategias
para adaptarse cada vez mejor a los cambios y solventar situaciones
difíciles. Acentúa que no existe una única
manera de hacer las cosas y, si una no funciona, se puede volver
a intentar de otra forma diferente. Este proceso para tomar
decisiones exige tiempo de práctica, a la vez que una
gran comunicación con los niños, para compartir
con ellos aquello que más les preocupa.
¿Cómo promover que el
niño tome decisiones?
• Conviene hablar frecuentemente con
los niños acerca de lo que les preocupa. Escucharles
y hacerles saber que les estamos prestando atención y
que lo que cuentan nos parece también importante: asintiendo,
mirándoles, expresándoles nuestro apoyo. Crear
un clima emocional seguro permitirá a los niños
reconocer sus sentimientos. Es fundamental establecer límites
claros, que fomenten la seguridad en el niño, así
sabrá cómo tiene que actuar. En la medida en que
fomentemos seguridad e independencia el niño incorporará
los límites de una manera positiva, ganando en su propia
estima y confianza y se sentirá orgulloso de todo lo
que ha conseguido.
• Ayudarles a percibir la transición
de un estado emocional a otro y las diferentes consecuencias
que tiene en sí mismo y en los demás. Por ejemplo,
“Si Nieves se enfada los demás no querrán
jugar, es mejor que se ponga contenta y así todos estarán
como ella”.
• Motivarles a actuar, desarrollar su
iniciativa sin miedo a equivocarse. Se consigue fomentando un
clima positivo, de aceptación, en el que se premie el
esfuerzo en lugar del resultado. Conviene siempre favorecer
que se sientan bien después de haber intentado hacer
algo que les cuesta, aunque no hayan conseguido hacerlo perfecto.
Las cosas se aprenden con la práctica. “¡Estoy
contentísimo por haberlo intentado! ¡Seguro que
otra vez me saldrá!”.
• Dejad que participe en el establecimiento
de normas de convivencia en casa. De esta manera asumirá
mejor las consecuencias de su incumplimiento. Podéis
serviros de dibujos que recuerden al niño los comportamientos
que vosotros esperáis de él, por ejemplo, ordenar
sus juguetes, ayudar a poner la mesa, compartir algunos juguetes
con sus hermanos, etc.
• Demostrar con nuestro ejemplo que también
nosotros tenemos en cuenta las emociones para tomar decisiones
acertadas. ¡Aunque sea verdaderamente difícil!
Lo que sí es cierto es que “siempre saldrá
mejor con una actitud positiva”. Podemos contarles situaciones
cotidianas que nos hayan surgido, por ejemplo, a la hora de
elegir algo, de pedir un favor, de decidir qué hacer,
e intercambiar alternativas con el niño para tomar la
decisión mejor. Conviene poner muchos ejemplos para que
lo tenga claro, podemos incluso representarlo o dibujar escenas
con las alternativas.
• Las películas suponen un buen
momento para analizar los procesos de toma de decisiones. Por
ejemplo, al ver “El Patito Feo”, se puede hablar
con el niño sobre las emociones que tiene el protagonista
en el inicio, lo mal que se siente y las alternativas que tiene
para cambiarlo, después su alegría le lleva a
estar a gusto y decide irse con otros cisnes acabando felizmente
la historia.
• Por otro lado, el juego del niño
contribuye a que desarrolle su conocimiento del entorno, permitiéndole
actuar con sentimientos como la frustración, la agresividad,
la tensión, etc... El juego permite al niño ir
simbolizando sus propias emociones e ir elaborando estrategias
para solucionar conflictos.
• También en los cuentos, sobre
todo los tradicionales, se evidencia el valor de las emociones
y su puesta en juego a la hora de tomar decisiones. Los cuentos
les ofrecen información que luego podrán utilizar
en su propia comprensión y expresión emocional.
Por ejemplo, Pepito Grillo le brinda ideas sobre sus emociones
y le susurra alternativas, pero es Pinocho quien responsablemente
decide tomar decisiones al final de la historia.
ALGUNAS ACTIVIDADES
PARA EL AULA
- El conocido Test de las golosinas:
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Los niños estarán
sentados. Se pondrá en el centro una bolsa de golosinas
y un reloj de arena (de una duración de dos minutos
aproximadamente). Se les dirá a los niños
que pueden coger una ahora o, si esperan a que baje toda
la arena del reloj, se les dará dos. Al finalizar
el tiempo del reloj de arena se les felicitará a
los niños que han esperado y se les entregará
sus dos merecidas golosinas. |
Conviene no regañar ni decir nada a los niños
que no hayan podido esperar. Pueden realizarse ejercicios similares
a lo largo del curso con otros premios (cromos, pegatinas, globos,
etc.). Lo importante es que vayan aprendiendo a demorar la gratificación
y que perciban las consecuencias positivas que tiene el hecho
de tomar la decisión de esperar por haber valorado sus
consecuencias.
- ¡Vamos a buscar juntos soluciones!
Los niños se sentarán en círculo, se les
planteará por medio de dibujos situaciones que puedan
considerarse difíciles para ellos:
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- Juan le ha quitado a Pedro, su hermano pequeño,
un globo precioso que le acaban de regalar. ¿Qué
puede hacer?
- Julio ha dicho a Laura que no sabe hacer nada de nada.
Ella está llorando. ¿Qué puede hacer?
- Enrique se ha caído del columpio y se ha hecho
daño. ¿Qué puede hacer?
- A Carolina le han puesto una comida que no le gusta nada.
Ella se ha enfadado. ¿Qué puede hacer? |
Se les pedirá que cada uno aporte una solución
a cada escena haciendo una tormenta de ideas en la que no se
juzgará si la solución que proponen es correcta
o no, sino que se reforzará que cada niño aporte
una solución distinta. Puede dibujarse en una cartulina
cada solución que proponen los niños. Posteriormente
se analizarán entre todos cada una de las soluciones
dibujadas en la cartulina. Se irá tachando la solución
que se decida que no es correcta hasta que quede sólo
la más adecuada. Se hará hincapié en ver
cómo todas las emociones influyen a la hora de tomar
decisiones. Es importante que todos los niños perciban
la solución a cada problema como la forma más
adecuada.
- El guiñol de Marisa la Risa
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Se representarán distintas
situaciones cotidianas para los niños como la comida,
la hora de la siesta o la llegada al colegio. Una de las
marionetas (Marisa la Risa, que siempre piensa en positivo
ante cualquier dificultad) representará formas adecuadas
de hacer las cosas y la otra representará lo que
no se debe hacer en esas circunstancias, pensando que no
puede y estando triste o enfadada. Se les preguntará
a los niños cuál de las dos está tomando
mejores decisiones y por qué la otra está
eligiendo una solución incorrecta. Se aplaudirá
cada vez que la marioneta Marisa realice algo de forma correcta
y con un buen humor. Marisa convencerá a la segunda
marioneta para que realice con éxito las actividades
sin dejarse llevar por sus “malas” emociones.
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