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2. PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO EN
HABILIDADES SOCIALES
(Basado en el Programa de Habilidades Sociales de Miguel Ángel Verdugo) Tras seleccionar la conducta concreta que se quiere practicar (saludar, despedirse, llamar por teléfono o comprar en una tienda, por ejemplo), se informa al grupo de alumnos con los que se está trabajando de las características de la habilidad, su importancia y su aplicación práctica en la vida real. Se explica en qué consiste y cómo se debe realizar, y se entabla un diálogo con ellos para aclarar su utilidad y presentar ejemplos concretos de situaciones en que se puede aplicar o circunstancias en que ellos la han utilizado ya. La experiencia práctica nos dice que en este primer bloque de instrucción verbal y discusión, el grado de participación de los niños y jóvenes con síndrome de Down es escaso, aunque con la práctica mejora progresivamente. Más tarde, se hace la conducta en su presencia, para que puedan observarla; la realizan primero los adultos solos o junto con algún alumno. Posteriormente, se lleva a cabo la práctica de la conducta de los alumnos, en forma de representación de papeles, simulando su realización (hacemos como que compramos) y en la realidad (realizando compras reales). Se informa del desarrollo de la conducta, reforzando lo que se ha hecho bien y corrigiendo y animando para mejorar lo que se ha hecho mal. Como al principio, se dedica un tiempo a dialogar y discutir sobre el desarrollo de la conducta con todo el grupo. Es fundamental el último punto, de realización de tareas prácticas en casa, pues si la conducta no se aplica en las situaciones cotidianas, no tiene sentido que sea entrenada (¿para qué quieren saber comprar si en su día a día nunca realizan compras?). Además, el entrenamiento en habilidades sociales en el hogar tiene un efecto indirecto de concienciación de la familia y de aliento para que les dejen practicar en casa conductas que, en muchos casos, no se habían planteado que pudieran hacer. Programación Metodología La metodología de este programa se basa principalmente en las propuestas de la Modificación de Conducta (Análisis Conductual Aplicado) y en la Teoría del Aprendizaje Social. Se utilizan materiales e ideas de diferentes programas de entrenamiento, especialmente del Programa de Habilidades Sociales (PHS) de Miguel Ángel Verdugo, aunque adaptándolo a la población objeto de entrenamiento. La selección de objetivos se ha realizado en función de su relevancia para adquirir las habilidades sociales necesarias para una integración social lo más satisfactoria posible, e incluso con perspectivas de una posible integración laboral en entornos ordinarios. Por ello se consideran prioritarios dos aspectos formativos: por un lado, las habilidades de interacción social propiamente dichas, necesarias para sus relaciones interpersonales y por otro, las habilidades de autonomía y habilidades instrumentales precisas para el desenvolvimiento en entornos sociales normalizados. En el primer bloque se incluyen, por ejemplo, las normas de cortesía básica -saludos, despedidas, "por favor", "gracias"-, las felicitaciones, las críticas o la participación en actos sociales y recreativos y en sesiones de grupo. En el segundo, los desplazamientos (a pie o en autobús), la seguridad vial, la utilización del teléfono, las compras (con atención especial al manejo de dinero) o la cumplimentación de impresos. Aunque el programa de entrenamiento en habilidades sociales se realiza en pequeño grupo, puede ser muy útil llevar a cabo de forma simultánea un entrenamiento individualizado en colaboración con la familia, para fomentar el desarrollo de la autonomía personal, por ejemplo en hábitos de autonomía básica (comida, aseo, vestido, responsabilidades en el hogar) o en los desplazamientos en el entorno del domicilio, tanto a pie como en medios de transporte público. Respecto a la edad de aplicación, el entrenamiento en habilidades sociales se realiza a lo largo de toda la vida y desde el momento en que el niño comienza a relacionarse con un adulto, es decir, desde que nace. La sonrisa que la madre le dedica a su bebé con síndrome de Down es una habilidad social que está modelando en él, además de una manifestación de su amor, imprescindible para su adecuado desarrollo emocional. Consciente o inconscientemente los padres están educando las habilidades sociales de su hijo cada vez que interaccionan con él. El programa de entrenamiento grupal que se presenta se puede aplicar desde edades tempranas, con niños desde 4 ó 5 años, aunque haciendo una selección distinta de las habilidades objeto de intervención, por ejemplo, incidiendo en las de cortesía básica y con una metodología más lúdica, utilizando juegos, canciones o cuentos. Las características básicas del método de trabajo serán las siguientes:
En todo caso, se trata de un programa práctico, que intenta
servirse de la acción real o simulada el mayor tiempo posible.
En algunos aspectos (dinero, lectura y escritura, guía telefónica)
precisarán de un apoyo teórico y aplicado adicional. El horario diario se ha de distribuir entre sesiones “de laboratorio” en la clase y sesiones en el exterior, en la calle, en contacto directo con el ambiente social del entorno. Una distribución útil puede ser, en sesiones de 2 horas de duración, una hora de ensayos de conducta en situación simulada y otra hora de práctica de conducta en la calle, en situaciones reales. La representación de papeles se ha de complementar con una
reflexión constante sobre la conducta, tanto previa como
posterior a la actuación, en forma de crítica constructiva,
individual y en grupo. La actividad en situaciones reales procurará
llevarse a cabo, siempre que sea posible, con personas desconocidas
o en establecimientos públicos. Por supuesto, el horario
ha de ser flexible y adaptarse a las características del
grupo y a las circunstancias del entorno. Además del conjunto de objetivos concretos que se van a relacionar más abajo, se trabajarán de forma constante los siguientes aspectos de carácter formativo general, esenciales para su adecuada interacción en situaciones sociales y laborales:
Se tratará, en fin, de formar la adecuada asertividad de los alumnos de forma que hagan valer sus derechos sin molestar a los demás. En cuanto a los objetivos concretos, se ha hecho una selección en base a la clasificación de M. A. Verdugo, con algunas modificaciones, abarcando 6 Objetivos Generales. Se busca principalmente incidir sobre aspectos lo más prácticos y funcionales posibles, que les sean útiles de forma inmediata en su desenvolvimiento cotidiano, y en el futuro, en un posible puesto de trabajo. Por supuesto, esta selección es arbitraria, y se puede ampliar o reducir los objetivos seleccionados, en función de las características del grupo de alumnos con los que se esté trabajando. Objetivo General 1. Comunicación verbal y no verbal.
Objetivo General 2. Interacción social.
Objetivo General 3. Habilidades sociales instrumentales.
Objetivo General 4. Participación en actos sociales y recreativos.
Objetivo General 5. Utilización de servicios de la comunidad.
Objetivo General 6. Desarrollo del sentido cívico.
Evaluación La evaluación nos ha de permitir comprobar el grado de consecución de cada uno de los objetivos por parte de cada alumno. Además de la observación en clase y en las situaciones reales, es fundamental contar con un sistema de registro de conductas que nos proporcione datos observables y cuantificables. Sin embargo, es difícil en el ámbito de las habilidades sociales disponer de tal sistema de registro, ya que la complejidad de dichas habilidades hace dificultosa su valoración objetiva. Algunos autores se han basado en sistemas en los que se recoge por escrito la descripción de la conducta y se valora el nivel de dominio por parte del alumno, con grados que abarcan la conducta sin ayuda, con ayuda gestual, con ayuda verbal o con ayuda física, entendiendo cada tipo de ayuda como un grado más de apoyo. No obstante, es complicado recoger una conducta por muy sencilla que sea, únicamente con ese sistema. Pensemos en la conducta “saludar” y comprobaremos que contiene tantos elementos verbales (expresión utilizada: ¡hola!; ¡buenos días!; ¿qué tal?; ¿cómo estás?; etc.), no verbales (sonrisa, distancia interpersonal, postura corporal, tono de voz, etc.) y contextuales (momento, lugar, hora del día, personas presentes, etc.) que puede ser realizada de docenas de formas distintas y a pesar de todo estar siempre bien (o mal). Por eso, para dar mayor objetividad a las observaciones, en algunos casos se han llegado a utilizar sistemas mecánicos de registro, como cámaras de vídeo o aparatos de grabación de voz, para poder recoger las conductas y posteriormente valorarlas detenidamente. En nuestro caso, recomendaríamos que, sin llegar a ese nivel de sofisticación, se registre en una hoja elaborada al efecto, la conducta realizada por cada alumno y se especifiquen de forma cualitativa los aspectos verbales y no verbales que han de ser mejorados, para incidir en ellos en el futuro. Si se hacen registros por parte de más de un observador, se obtienen resultados de contraste muy útiles. Por eso, es recomendable que las sesiones de grupo sean impartidas al menos por 2 personas, para que una de ellas se encargue de realizar los registros. La recopilación de información sobre la aplicación
de la conducta a otras situaciones, obtenida de diferentes fuentes
(padres, familiares, otros profesionales, vecinos, etc.), a través
de entrevistas o cuestionarios, nos permitirá valorar su
generalización a contextos reales. Sea cual sea el sistema
utilizado, es fundamental para comprobar los avances y poder establecer
propuestas concretas de mejora, que se realice un registro sistemático
de las conductas entrenadas, como base para la evaluación
del grado de consecución de los objetivos.
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