Dónde se aplica

Dada la definición de atención temprana y todo cuanto se ha comentado en los artículos anteriores de esta sección, se deduce que la intervención con el niño se está llevando a cabo las 24 horas del día. Todo influye en el niño, y si su entorno está organizado adecuadamente gracias al asesoramiento y guía de un profesional, se entiende que todo ello constituye un programa de intervención en sí mismo.

Queremos resaltar una vez más que no se trata de hacer actividades una y otra vez, sino de conseguir usar las actividades del día a día para favorecer la consecución de los objetivos propuestos.

En este sentido, el programa de atención temprana se convierte en un proyecto de vida, en un cambio de perspectiva, sonde damos sentido y funcionalidad a lo que hacemos.

En esta línea, en teoría, la atención temprana se lleva a cabo (tanto) en:


un centro específico donde un profesional realiza determinadas actividades con el niño
el domicilio del niño, donde la familia pone en práctica las pautas del profesional
en la escuela, donde el profesorado adapta los contenidos a las necesidades del niño
en toda la comunidad, en las actividades de ocio, en los comercios… donde los padres saben qué necesita su hijo y cómo ayudarle a adquirirlo.

En términos prácticos, lo habitual es que el niño acuda durante el primer año entre 1 y 2 veces semanales al centro especializado, en el que el profesional trabaja con él siempre en presencia de la familia, y les va enseñando lo que hace con el bebé y por qué lo hace. Esto puede combinarse con visitas en el domicilio para ver directamente el ambiente del niño y modificarlo si fuera necesario. Sin embargo, durante los 6 primeros meses, el trabajo prioritario es la reestructuración familiar.

A partir de los 12 meses, y hasta los 3 años, lo mejor es que sean 2 sesiones semanales. Cuando el niño ya acude al colegio, normalmente a los 3 años, y dependiendo de los apoyos que reciba en el centro, lo mejor que se den entre 2 y 5 sesiones semanales de apoyo, además de mantener una adecuada coordinación entre los padres, el colegio y el centro específico. Pero siempre es importante respetar los límites de cada niño, sus periodos de descanso, de juego libre, de disfrutar libremente de su familia, de sus amigos, de las actividades que surjan, sin obsesionarse con las sesiones de intervención.


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