A quién va dirigida

La intervención en Atención Temprana ya no se limita al niño, sino que en los últimos años se ha llegado a la conclusión de que las acciones deben incluir también a la familia, al centro escolar y al entorno del niño en general, y esto es algo que debe ser exigido por los padres. Si tenemos en cuenta que la atención temprana tiende hacia un modelo integral de intervención, no se habla ya de estimulación precoz, sino de un conjunto de actuaciones hacia el niño, la familia y la comunidad. Este modelo presenta una oferta más rica en servicios, que incluyen información, detección, diagnóstico, tratamientos multidisciplinares, orientación y apoyo familiar, coordinación con los servicios sociales, sanitarios y educativos, apoyo y asesoramiento a centros de educación infantil para la correcta integración de los niños.

Así, por un lado está el niño, protagonista en primer término de la intervención. Un niño con síndrome de Down, independientemente de sus características comunes con otros, es único. Por ello, debe tener un programa de intervención personal e individualizado, realizado por un equipo multidisciplinar, es decir, formado por profesionales de diferentes disciplinas que proporcione una visión global del tema. Siempre que sea posible, debe contarse con la colaboración de los padres para realizar este programa, de manera que se tenga en cuenta la situación de cada familia concreta. Además, la participación de la familia refuerza la relación padres-hijos, fundamental para la adecuada evolución madurativa y afectiva.

Los profesionales evalúan al niño, y de acuerdo con sus neesidades, se plantean unos objetivos y unas actividades para alcanzarlos. El niño recibe las sesiones de intervención por parte de un único profesional, normalmente, que pone en marcha el programa elaborado por el equipo.

En segundo lugar está la intervención con la familia (padres, hermanos y otros), cuya finalidad es ayudarle en la reflexión y en la adaptación a la nueva situación, de manera que la comprenda mejor y no se centre en el trastorno que padece el niño, sino en el niño como hijo suyo que es con sus virtudes y sus defectos. Es importante facilitar que cada familia adecúe sus expectativas a las posibilidades reales de la intervención y sitúe desde el principio el papel que le corresponde al profesional y el protagonismo que ellos también deben tomar.

Se deben favorecer las actitudes positivas de ayuda al niño, interpretando sus conductas en función de sus dificultades y reforzando las que sean positivas.
La atención a la familia se puede realizar tanto individual como colectivamente, dependiendo de las necesidades de cada familia y del momento.

Los profesionales en contacto con las familias no deben limitarse a los aspectos relacionados directamente con el tratamiento del niño, sino que deben tratarse otros temas, como la relación entre los padres, entre los hijos, entre otros miembros de la familia, con el fin de que éstos comprendan mejor sus sentimientos, les den salida y se eliminen cargas por culpabilidad.

Así mismo, se les debe informar de los recursos de que disponen y de las asociaciones de padres que existan en su comunidad.

En tercer lugar está la escuela. Los responsables del programa de intervención deben mantener un contacto fluido y continuo con los profesores y otros responsables del centro educativo al que asiste o asistirá en el futuro el niño. No se debe olvidar que los profesores de los centros ordinarios no siempre tienen suficientes conocimientos sobre el síndrome de Down, ya que ello no suele estar incluido en su formación como docente. Es entonces función del equipo de atención temprana proporcionarles la ayuda y orientación necesarias, e informarles sobre los contenidos de sus programas para que se trabaje con el niño coordinadamente. Es especialmente importante la colaboración entre la escuela y el centro de atención temprana cuando el niño comienza en un centro por primera vez, de manera que ambos (equipo de atención temprana y centro) informen y asesoren a la familia en lo que necesita, sin que haya contradicciones entre ellos.

Por último, la intervención debe realizarse teniendo en cuenta el entorno natural del niño y su familia, ya que el niño no se encuentra aislado sino que vive dentro de un sistema que influye en él continuamente. Además, de este modo se consigue su integración en el medio social en el que se desenvuelve.

El objetivo de la intervención sobre el entorno es superar las diferencias, cambiar las actitudes y eliminar barreras físicas y socioculturales, de forma que sea posible la participación activa en la sociedad de todos sus miembros.

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