LAS PRIMERAS PALABRAS






La primera palabra de un hijo es un acontecimiento muy esperado por los padres, y cuando llega suele ser motivo de grandes celebraciones. La primera palabra con significado, es decir, cuando efectivamente dice una palabra indicando aquello que el objeto o la persona representa, suele aparecer a partir de los 2 años y medio en los niños con síndrome de Down; es decir, unos niños la dicen a esta edad, pero otros muchos hacia los 4 o incluso 5 años. Por supuesto que esta primera palabra no tiene que estar bien dicha: por ejemplo "aba", si indica el "agua", es considerada una palabra.

Pero previa a la aparición de esta primera palabra han debido darse una serie de circunstancias que por ser naturales no dejan de ser fundamentales. Se refiere esto a la enorme importancia que lo cotidiano, la familia y lo lúdico tienen en todo el proceso de desarrollo de lenguaje. Los niños cuyas familias hablan más, comienzan antes a hablar y lo hacen mejor; el lenguaje se adquiere usándolo, como todo, y en el caso de los niños con síndrome de Down, más. Este enfoque natural y ecológico de la estimulación del lenguaje está teniendo muy buenos resultados en los niños con síndrome de Down. Básicamente consiste en aprovechar las situaciones de la vida cotidiana para convertirlas en valiosísimas sesiones de estimulación y de logopedia. El supermercado se puede convertir así en un estupendo aula de recursos, y los padres en los mejores profesores. Por otro lado, mediante el juego se pueden representar infinidad de historias, cuentos, o acciones de la vida real, con variadísimo y riquísimo vocabulario.

Por ello, es importante reforzar las expresiones verbales del niño, no solamente alegrándonos, sino también actuando en consecuencia. Por ejemplo, el niño está jugando con un coche en su trona, y éste se le cae. El niño dice "cote" y mira el suelo. Nosotros debemos mirarle y decir "ah, se te ha caído el coche. Toma" (se lo recogemos y se lo damos). De este modo el niño se da cuenta de que lo que él dice tiene importancia, de que sus palabras tienen consecuencias en el entorno, y además puede obtener mediante ellas lo que desea.

Añadiéndola a la anterior, otra pauta fundamental es la repetición correcta de todas las palabras que emita el niño. Sin corregirle, por supuesto, ni pidiéndole que lo repita. Simplemente repitiéndosela nosotros.

Sin embargo, es relativamente frecuente que los padres de niños con alteraciones en su desarrollo empiecen a preocuparse en torno a los 2 años y medio o 3 años, cuando ven que el resto de los niños habla y el suyo aún no. Se observan entonces determinadas actitudes que, lejos de ayudar al niño, le perjudican. Una de estas conductas es la de examinar al niño, la de preguntarle constantemente el nombre de las cosas, el decirle "Esto es una manzana. Ahora dilo tú, a ver cómo lo dices". Es posible que el niño, si este comportamiento es exagerado, directamente no hable. Pero también es posible que el niño perciba que existe cierta tensión o ansiedad por parte de los adultos respecto a su lenguaje, y lo utilice para obtener lo que quiere o para manejar a sus padres; algo parecido a lo que ocurre con la comida o el sueño. Por ello, una premisa importante es nombrarle el nombre de las cosas, hablarle casi constantemente, pero no pedirle que él también hable. Más bien se trata de hacer cosas juntos, jugar, cantar, hacer cualquier actividad que implique hablar, pero sin pedirlo directamente.

La primera palabra es seguida al poco tiempo de un conjunto de vocablos cada vez más numeroso. Aunque aún no sea capaz de unir varias palabras para emitir una frase, puede comunicar multitud de cosas. Es la fase de la holofrase o palabra frase: una frase se compone de una única palabra. El niño, al decir "pan", realmente quiere decir "quiero pan". En esta etapa lo principal es la ampliación de vocabulario y conceptos, tanto en cuanto a que los comprenda como a que los vaya expresando. Es importante entonces proporcionarle diferentes palabras pertenecientes a diferentes categorías: alimentos, ropas, animales, etc. Además, se deben ir incorporando verbos, (quiero, toma, dame) adjetivos (frío-caliente, sucio-limpio, grande-pequeño) y conceptos espaciales (arriba-abajo, dentro-fuera, alrededor, etc.). Otros aspectos como la gramática o la articulación no deben preocupar ahora.

Las primeras palabras son las más costosas, las más lentas y difíciles. Es normal que durante un año diga pocas palabras, y mal articuladas, y que aparezcan palabras que de repente desaparecen de su repertorio lingüístico. Tras este primer año, que en los niños con síndrome de Down se puede prolongar, aparece una fase de explosión lingüística, en la que el vocabulario crece rápidamente. Por ello se debe ser paciente y tener en cuenta que el desarrollo no sólo es lento, sino también de curso irregular.

El aprendizaje de una nueva palabra suele seguir el siguiente proceso: en un primer momento, el niño asocia ese nuevo vocablo a una situación concreta: por ejemplo, "zapato" son sólo sus zapatos rojos (sub-generalización); a continuación, puede realizar lo contrario, y pensar que todo son zapatos (las botas, las zapatillas de estar en casa, los zapatos de cordones, las zapatilla deportivas...) (sobre-generalización); finalmente, acaba realizando la generalización correcta. Por ello, esto que constituye una fase normal en el desarrollo del lenguaje, no debe preocupar a los padres, y además debe respetarse.

No obstante, debe tenerse muy presente que los niños con síndrome de Down tienen una memoria auditiva menor y además tienen dificultades para realizar las mencionadas generalizaciones. Por ello, es necesario repetir un mismo concepto en situaciones diferentes y durantes muchas veces. Por ejemplo, para que comprenda lo que es un "pájaro", se le enseñarán los pájaros de la calle, fotos de diferentes pájaros, dibujos de pájaros de distintos cuentos, etc. Todo ello de un modo lo más natural posible. No es necesario estar durante media hora enseñando diferentes pájaros. Por el contrario, es más interesante enseñárselos en diferentes ocasiones, en diferentes momentos a lo largo de varios días, y cuando éstos aparezcan de modo natural.


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