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LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
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Por Paloma Cuadrado para Canal Down21
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Puedo hacer
amigos y mantenerlos
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“Quien encuentra un amigo tiene un enorme tesoro”.
La característica fundamental del hombre es la
de vivir en sociedad. Por esta razón, enseñar
a los niños a relacionarse y disfrutar dentro del
grupo ha sido siempre un objetivo fundamental. Es más,
según se avanza en la integración de las
personas con discapacidad intelectual, cada vez se concede
una mayor importancia a las capacidades de tipo interpersonal.
Aprender socialmente quiere decir, ver, jugar, compartir
y valorar la amistad y supone un repertorio fundamental
a desarrollar desde que el niño nace.
Entre el primer y tercer año de vida se producen
una serie de cambios que conllevan una mayor madurez en
estas habilidades. Los niños se van desarrollando
y dan un enorme paso desde una etapa egocentrista a ser
cada vez más sociables, disfrutando de los juegos
colectivos y las relaciones sociales. La inteligencia
emocional interpersonal, además, reúne muchas
habilidades de la propia persona y de cómo se percibe
a sí misma, por ejemplo, en su autoestima, en su
capacidad para reconocer emociones, para solucionar problemas
o para saber relajarse.
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¿Por qué son importantes
las habilidades de tipo social?
Cada vez se conoce mejor la importante influencia que tienen
las competencias sociales aprendidas desde la infancia en el
posterior funcionamiento social, escolar, laboral y psicológico.
Es fundamental en los primeros años de vida fortalecer
el vínculo afectivo entre padres e hijos, es algo saludable
para toda la familia; y para el pequeño será el
inicio de sus posteriores habilidades de tipo social. Si un
niño se siente querido y, además, se le proporciona
en el propio hogar una adecuada seguridad e independencia, se
sentirá más competente socialmente y podrá
tener más y mejores relaciones con sus compañeros.
Las habilidades sociales son fundamentales si queremos que los
niños se desenvuelvan con naturalidad y se relacionen.
Sin embargo, muchas veces los niños con síndrome
de Down tienden a relacionarse mejor con adultos, ya sean sus
familiares o profesores, dejando de lado una parte fundamental:
sus compañeros. Enseñémosles, por lo tanto,
a ver las relaciones sociales como una parte importante en su
vida, que aprendan conductas relacionadas con la aceptación
social, para que los demás les valoren y vean sus cualidades
positivas. Que sepan presentarse y despedirse, sonreír,
colaborar y compartir el juego, hacer elogios, dar y solicitar
ayuda, compartir el tiempo de ocio, etc.
Las habilidades sociales juegan un papel muy relevante en la
vida de una persona y, lógicamente, también lo
son para las personas con síndrome de Down. Estas habilidades
se relacionan con su ajuste interpersonal, laboral y de vida
independiente. Por esta razón es preciso favorecerlas
mediante programas específicos. Lo mejor para desarrollar
estas habilidades será aprovechar el propio grupo desde
que son pequeños, ya sea el aula, el grupo de ocio, las
actividades extraescolares... Esto se convertirá en una
tarea mucho más fácil si procuramos que el entorno
sea agradable para el niño, proporcionándole a
menudo expresiones positivas que estimulen su interés
y animándole cuando consigue un nuevo reto. En un primer
momento las habilidades de tipo social se enseñan de
forma muy estructurada aunque conviene que progresivamente,
cuando cuentan con suficientes herramientas para relacionarse
con éxito, puedan ponerlas en numerosas ocasiones en
práctica y generalizarlas en otros contextos más
naturales: un parque, una fiesta, el supermercado, etc. No sólo
basta con que el niño se relacione en un solo contexto,
hemos de procurar que las amistades que van consiguiendo puedan
alargarse en el tiempo y mantenerse en la edad adulta.
En el plano educativo deben contemplarse las capacidades del
niño antes que sus limitaciones, hacerle ver aquello
en lo que puede salir airoso para que lo comparta con los demás.
¿Qué habilidades se
ponen en práctica en la inteligencia emocional interpersonal?
• Habilidades verbales:
saludar y despedirse, presentarse, solicitar favores, preguntar,
pedir ayuda, formular y responder a quejas, aceptar críticas,
dejar y pedir juguetes, saber hacer elogios y hablar bien de los
demás, agradecer, pedir disculpas.
• Habilidades no verbales: expresar afecto y alegría,
saber aproximarse al grupo, observar, imitar, establecer un adecuado
contacto visual, sonreír, saber escuchar, utilizar un tono
de voz adecuado.
• Habilidades de conversación: iniciar conversaciones,
mantenerlas, terminarlas, unirse a la conversación de otros,
saber presentarse a otra persona, conversaciones de grupo.
El objetivo fundamental consiste en crear un
buen clima en la relación con los demás, propiciando
la aceptación en el grupo. Esto supone aprender a ser sensibles
a las señales de amistad, poniéndose en el lugar de
otro y sabiendo reconocer sus emociones a la vez que expresando lo
que uno quiere o necesita.
¿Cómo enseñar
habilidades interpersonales a los niños?
Cuando los niños son pequeños es el momento de
ir enseñándoles lo que significa la relación
con los demás. Por un lado, informando al niño
del comportamiento que se espera de él y las ventajas
que obtendrá si lo pone en práctica: lo pasará
mejor, estará contento, los demás le enseñarán
cosas divertidas... La edad del niño y sus cualidades
personales serán la base a la hora de establecer un programa
específico.
El adulto siempre supone un modelo para el niño. Conviene
por lo tanto que se esfuerce en su propia relación con
los demás para que suponga un estímulo hacia el
propio niño. Por otro lado, podemos invitarles a que
utilicen estas habilidades a través del propio juego.
Las marionetas, los cuentos grupales o los juegos cooperativos
serán un medio perfecto para su ensayo.
Conviene siempre felicitar al niño cuando ha conseguido
mejorar en su relación con los demás, que vea
que lo valoramos. Es siempre mejor motivarles antes que obligarles
por la fuerza a hacer algo que no quieren. Por ejemplo, cuando
les enseñamos a saludar y despedir hay que invitarles
a que lo hagan con nosotros y que vean la reacción positiva
de los demás y qué es lo que se espera de él.
Si no lo consigue, no hay que tirar la toalla, porque siempre
irá mejorando si cuenta con apoyos y con numerosas oportunidades
para ponerlo en práctica.
No hace falta premiar siempre que el niño haga algo bien
con refuerzos tangibles tales como golosinas (contraindicadas
en los niños con síndrome de Down, para evitar
problemas de aumento de peso), cromos, muñecos o juguetes.
Es incluso más efectivo el refuerzo social a través
de los elogios y manifestaciones afectivas y, sobre todo, ayudará
al niño a considerar la importancia de las relaciones
sociales a lo largo de toda su vida. Esta es una tarea que se
les ha de demostrar desde que son pequeños
Tanto padres como profesores pueden contribuir a afianzar estas
habilidades. El profesor, a través de sus actuaciones
para que los alumnos desarrollen competencias y habilidades
sociales, es un agente de salud a nivel preventivo ya que puede
evitar problemas de adaptación. En el aula conviene que
preste una especial atención a los saludos y despedidas.
La función que tiene este aprendizaje es habituar al
niño a comenzar un contacto social con una expresión
espontánea positiva, que haga más probable la
continuidad de la comunicación con él.
Es fundamental fomentar la cooperación mediante juegos
y actividades en los que todos ganen. El profesor debe impulsar
la participación de TODOS, ofreciendo a cada uno la ayuda
que necesite y facilitando su puesta en práctica. Siempre
conviene reflexionar al acabar el día si todos los alumnos
han participado, ver los posibles conflictos que han ocurrido
a lo largo de la jornada y si se han tomado las medidas más
oportunas; esta es la mejor forma para mejorar en el futuro.
Todas estas cuestiones servirán al profesor para proporcionarse
información sobre su propia actuación, de esta
forma podrá adaptar o cambiar la metodología en
caso de que los resultados no hayan sido los esperados. Conviene
hacer este tipo de reflexiones frecuentemente, para no pasar
por alto áreas que se dejen sin trabajar o situaciones
importantes en el desarrollo socio-emocional de los niños.
ACTIVIDADES PARA IMPULSAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL INTERPERSONAL DE LOS NIÑOS:
Actividad 1: ¿Me lo cambias?
Los niños se sentarán en círculo y se repartirán
distintos animales de juguete ofreciendo dos diferentes a cada
uno. Primero todos los niños enseñarán
sus animales a los demás, dirán su nombre, el
color, el tamaño, etc. A continuación se les pedirá
que intenten cambiar sus animales hasta que cada uno tenga dos
que sean iguales. Se animará a los niños a que
miren a los demás para que intenten cambiarlos sin obligar
al compañero, enseñándoles a pedirlo de
forma adecuada y ofreciendo uno de sus animales a cambio. Se
les mostrarán las ventajas de compartir juguetes y cambiar
por otros en la relación con los demás. No se
obligará a ningún niño a cambiar sus juguetes,
lo importante es que, observando el modelo adecuado de lo que
otros hacen, perciban las consecuencias positivas de actuar
de esta manera.
Actividad 2: Me falta una...
Se repartirá a cada niño un puzzle con todas
las piezas menos una, que la tendrá otro compañero,
y se les pedirá que lo completen. Cuando ya sólo
les quede una pieza comprobarán que no encaja en
ningún sitio. Cada niño pedirá a su
compañero que le preste la pieza que le falta para
completar el puzzle y se lo agradecerá. Se pondrán
todos los puzzles en una mesa y cada uno enseñará
a los demás el suyo, recordando gracias a quién
lo ha podido completar.
Dependiendo del nivel de desarrollo del grupo se escogerán
unos puzzles u otros. En esta actividad no se busca que
el puzzle les parezca difícil, sino que sepan pedir
ayuda y agradecerla para completarlo.
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Actividad 3: Me comunico sin hablar
Se explicará a los niños que van a realizar
un juego en el que no tienen que hablar. El adulto empezará
a representar mediante mímica alguna actividad cotidiana
y éstos tendrán que adivinarlo e imitarlo.
A continuación se pedirá a cada uno que represente
una actividad y los demás tendrán que acertarla,
pudiendo darse orientaciones a los niños acerca de
la forma en la que pueden expresar lo que les ha tocado.
Se les comentará la importancia de las habilidades
no verbales en la relación con los demás.
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Actividad 4: La voz
| Esta dinámica sirve para hacer
ver la importancia del tono de voz en las relaciones interpersonales.
Sentados en círculo se cantará una canción
que todos conozcan en un tono muy alto (gritando), después
muy bajito (susurrando) y, a continuación, en un
tono adecuado. Cuando se haga en tono muy alto se taparán
los oídos y se pondrá una cara de desagrado.
Después de cantarlo muy bajito se les dirá
que de esa forma tampoco está bien, porque no se
entiende lo que están diciendo y los demás
no les escuchan. Se resaltará lo positivo que es
utilizar un adecuado tono de voz cuando se mantiene una
conversación. A continuación se cogerán
unas marionetas que motiven al grupo e irán hablando
en un tono alto, bajo o adecuado; los niños indicarán
si lo han hecho bien o mal cada vez. Conviene tener un especial
cuidado en el propio tono de voz del adulto, para servir
de modelo a los niños. |
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Actividad 5: Aprendo a escuchar
Se pedirá a cada niño que cuente lo que ha
hecho ese día, por ejemplo durante la asamblea, y
los demás escucharán atentamente dándole
muestras de que le están entendiendo: mirando a los
ojos, orientando su cuerpo, asintiendo... El compañero
que esté a su lado tendrá que decir lo que
acaba de contar su amigo. Si no se acuerda o no ha estado
atento le pedirá que se lo vuelva a repetir. Conviene
relacionar el estado emocional del compañero cuando
le han escuchado (estará contento) y cuando no lo
hayan hecho (estará triste). El objetivo es aprender
a escuchar en silencio, prestar atención a los demás
y expresar con otras palabras lo que han dicho.
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Actividad 6: El pulpo
Se pintará un pulpo en la pizarra y se explicará
a los niños que para desplazarse y poder comer necesita
mover todos sus brazos. Los niños representarán
de forma individual el movimiento del pulpo y se les dirá
que de esa forma no puede comer, necesitaría muchos
brazos. Se les preguntará qué podrían
hacer para solucionarlo. Entre todos simbolizarán
un pulpo cogidos de las manos y moviéndolas, así
tendría más brazos y podría moverse
mejor. Se trata de que los niños perciban la importancia
de realizar actividades en grupo para poder conseguir un
objetivo común. |
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Actividad 7: El guía
Se necesitan picas o cuerdas para simular un camino y un
“tesoro” (una caja que contenga algún
estímulo que motive a los niños, puede ser
una mascota de juguete, unas fotos, un trabajo manual que
vayan a llevar a casa...). Se les explicará a los
niños que van a realizar un juego en el que uno se
tiene que vendar los ojos. Otro compañero le guiará
a lo largo del camino hasta llegar al tesoro. Los demás
animarán al que hace de guía para que vaya
despacio y muestre seguridad al compañero. El niño
que haya guiado a su compañero dándole la
mano y explicándole por dónde tiene que ir
será el siguiente en vendarse los ojos y se cambiará
el recorrido del camino. Cuando todos los niños hayan
llegado al tesoro lo podrán abrir y repartirlo. En
esta dinámica el objetivo es que confíen en
sus compañeros para llegar a la meta, valorando la
comunicación y la importancia de cooperar entre todos
para alcanzar un objetivo. Ellos mismos serán los
que se repartan el premio, de forma que todos salgan ganando.
Si el reparto supone un “problema” para los
niños, se aprovechará esta oportunidad para
hacer referencia a las emociones de los demás y profundizar
en las habilidades interpersonales. |

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Actividad 8: Nuestro mural
Se contará con papel continuo, ceras y lápices
de colores. Se extenderá el papel en el suelo y todos
los niños se pondrán alrededor. Se les explicará
que van a realizar un mural y que tienen que elegir el dibujo
que quieren hacer entre todos. Se escucharán las posibles
propuestas y, por decisión común, realizarán
entre todos el dibujo. Cada niño elegirá una cera
de un solo color. Cuando lleven 5 minutos pintando se moverán
dos pasos hacia la derecha y continuarán pintando el
dibujo que otro compañero había comenzado. Este
movimiento se realizará varias veces, de forma que todos
los niños pasen por todas las posiciones. Al finalizar,
el dibujo se colgará en la pared y se recordará
que ha salido muy bien porque lo han hecho entre todos. Se irán
fijando en cada parte del mural y se les preguntará quién
lo ha realizado. Como estarán reflejados todos los colores
será fácil identificar que todos los niños
han participado en todos los lugares.
Actividad 9: Taller de cuentos
| Se leerá el cuento de “El
patito feo”, haciendo alusión a las emociones
negativas que va sintiendo el patito por estar solo y la
alegría que siente cuando hace amigos que le quieren.
Se comentará la importancia de tener amigos para
estar felices y compartir con ellos. Se manifestará
que para llegar a tener muchos amigos es necesario: saludar
y despedir, presentarse, alabar al otro, disculparse, aceptar
juegos, dejar y pedir juguetes, ofrecer y pedir ayuda, expresar
afecto, mantener un contacto visual, sonreír, ...
Después se ensayarán mediante una representación
las habilidades sociales que acaban de aprender. |
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Actividad 10: Mis amigos
Se le pedirá a cada niño que traiga un álbum
con las fotos de sus amigos para que se las enseñe a
los demás. Los niños irán saliendo para
mostrárselas a todos sus compañeros, dirán
quién es cada persona, las actividades que comparten
juntos, cómo se siente con él, cómo se
siente la otra persona cuando están juntos, cómo
juegan... El objetivo consiste en hacer conscientes a los niños
de la importancia de los amigos y las estrategias básicas
para mantenerlos.
Actividad 11: El guiñol de los amigos
| Después de haber trabajado haciendo
dinámicas de tipo social entre todos los miembros
del grupo, el siguiente paso será observar estas
habilidades en otros personajes con los que se puedan identificar.
Conviene volver a recordarles las habilidades verbales y
no verbales básicas para hacer amigos. Se pueden
representar situaciones sobre cómo presentarse a
un niño al que no conocen, cómo ayudar y cooperar
en el juego, hacer elogios a los demás y saber recibirlos
uno mismo, entrar en un grupo de niños que ya están
jugando, hacer una queja sobre algo que les molesta, etc.
Una de las marionetas puede realizar el modelo de conducta
inadaptada, sin embargo, se destacará cómo
las otras se lo pasan mejor estando contentas y se invitará
a la marioneta “negativa” a cambiar su comportamiento
para mejorar. |
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Actividad 12: De excursión
Después de practicar en el grupo estas habilidades conviene
realizar alguna salida que les ofrezca la oportunidad de ponerlas
en práctica. Al terminar la actividad se comentará
en grupo cómo ha sido la experiencia y se irán
analizando situaciones teniendo en cuenta: qué hicieron,
cómo lo hicieron y qué ocurrió. Se les
proporcionará un modelo de aquellas conductas que les
han supuesto una mayor dificultad. Se les mostrará la
excursión como una oportunidad para hacer amigos nuevos
y sentirse bien. Pueden realizarse fotografías y colgarlas
en una pared del aula para referirse a ellas como una consecuencia
positiva de sus propias capacidades.
“La única manera de tener un amigo es ser un
amigo”
BIBLIOGRAFÍA
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y evaluación de programas de educación emocional.
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Una guía para padres y maestros. Bilbao: Grupo Zeta.
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