La educación en un centro escolar de integración


¿QUÉ ES LA INTEGRACIÓN?

La integración o inclusión consiste en que aquellos sujetos que presentan alguna deficiencia física, psíquica o sensorial participen al máximo en las actividades del resto de la población considerada normal.

Para ello se deben suprimir barreras y adaptar los lugares públicos para que todos puedan acceder a ellos; por ejemplo, contratar intérpretes de lengua de signos en los hospitales para los sordos, instalar rampas para los discapacitados motóricos, etc.

Este principio de Integración, a través de la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, de 1990), se ha trasladado a la educación.

Cuando se dice que un sujeto está escolarizado en régimen de integración, nos referimos a que un niño, con algún tipo de discapacidad física, psíquica o sensorial, cursa su escolaridad en un centro ordinario, junto con niños que no presentan ningún tipo de déficit.

En el ámbito de la integración ya no se habla de deficiencias ni déficit, sino de necesidades educativas especiales. La Integración no pone el énfasis en la deficiencia, sino que traduce esa deficiencia o dificultad del sujeto en una necesidad educativa especial. Esto es, concede importancia, más que a las carencias del sujeto, a los apoyos necesarios para que ese sujeto desarrolle una vida lo más normal posible.

Cuando un niño se escolariza en un centro como alumno de integración, es necesario recoger en un documento sus antecedentes y sus necesidades educativas especiales, esto es, en qué áreas y aspectos tiene una necesidad educativa diferente de la del resto de sus compañeros. Así, un niño con síndrome de Down que presente hipotonía, necesitará apoyo en las actividades de motricidad fina (ensartar bolas, picado con punzón, etc,); un deficiente auditivo necesitará apoyo en el área del lenguaje.

Estas necesidades educativas especiales suponen modificar y transformar el proceso de enseñanza y aprendizaje, para lo que se realizan las adaptaciones curriculares. Una adaptación curricular es un cambio en algún aspecto del curriculum (programa educativo) para facilitar el aprendizaje del alumno. Estas adaptaciones curriculares son de muy diferentes tipos; hay tantas como necesidades educativas. Por ejemplo, un niño con una discapacidad cognitiva no puede alcanzar los mismos objetivos que sus compañeros ni al mismo ritmo: para ello, se adaptan los objetivos generales establecidos y el ritmo de enseñanza. Del mismo modo, un alumno con una deficiencia visual grave, en principio puede alcanzar los mismos objetivos que sus compañeros, pero necesita que la información se le presente de un modo diferente; así, se llevaría a cabo una adaptación curricular de acceso a la información. convirtiendo los textos en Braille.

Con el régimen de integración, lo que se persigue es que el niño normalice al máximo su vida. Sin embargo, existen diferentes grados de integración:

- El alumno permanece todo el tiempo en el aula, compartiendo todas las actividades con sus compañeros y realizándose las necesarias adaptaciones curriculares.

- El alumno permanece la mayor parte del tiempo en el aula, pero en momentos puntuales sale de ella para recibir una atención educativa más específica, acorde con sus necesidades educativas especiales (por ejemplo, salir tres veces a la semana del aula para recibir atención logopédica).

- El alumno comparte centro con otros niños pero no aula. La integración se da en las actividades no estrictamente académicas (excursiones, juegos, comedor, ruta, etc). En realidad, este grado puede ser considerado como régimen de Educación Especial, ya que es la opción que sustituye, en zonas rurales, a los centros de Educación Especial.

¿Qué hacer cuando descubrimos o sospechamos que nuestro hijo presenta alteraciones en su desarrollo?

En el momento en que se detecta que un alumno presenta alguna alteración en su desarrollo, o, lo que es lo mismo, posee necesidades educativas especiales, debe realizarse una evaluación psicopedagógica.

Todas las comunidades autónomas poseen una serie de servicios de orientación, pertenecientes a la Consejería de Educación o a la de Servicios Sociales, según el caso, con personal compuesto por especialistas en educación. Estos equipos evalúan al niño, y realizan el correspondiente informe, recomendando el tipo de escolaridad más adecuado, e informando de los recursos de la zona. La decisión que se adopte, que depende en última instancia de los padres del niño, se revisará periódicamente. La tendencia actual es recomendar la integración siempre que ello no vaya en detrimento de la atención educativa específica que ese alumno necesita, para alcanzar su máximo desarrollo personal y social.

¿Cuál es la realidad de los centros de integración?


La integración supone la escolarización de los niños con necesidades educativas especiales, en centros ordinarios con los apoyos necesarios. Las adaptaciones que los centros deben hacer para responder a las necesidades de estos niños suponen una fuerte inversión en personal especializado y recursos materiales. Desafortunadamente, esto no es siempre así: por un lado, se integran juntos niños con necesidades educativas muy diferentes; por otro, los profesores de apoyo no están preparados para atender una demanda tan alta de deficiencias, ya que puede ocurrir que un curso trabaje con un deficiente auditivo y otro con uno motórico, cuando la especialización profesional para trabajar con ambos niños es muy diferente; por último, el profesor tutor no ha cursado estudios de Educación Especial ni tiene por qué tener vocación hacia este ámbito de la educación. Todo esto, si no se toman las medidas adecuadas, puede ir en detrimento de la calidad de la educación del niño.

Beneficios y desventajas

El mayor beneficio que obtiene el niño con necesidades educativas especial en régimen de integración es que su proceso de socialización se desarrolla de una manera más normalizada, natural y adecuada que en un centro de educación especial. Además, hay que tener en cuenta que los niños en edades tempranas aprenden por imitación, siendo sus compañeros de clase en muchas ocasiones los modelos más cercanos para imitar. Parece lógico pensar que la integración en la sociedad se inicie ya en la etapa escolar.

La principal desventaja de la integración es que se deteriore la calidad de la educación del alumno, bien por falta de medios y recursos, bien por no tener personal especializado, o bien por existir en ese centro una gran diversidad de niños integrados en cuanto al tipo de déficit.

Hay que tener en cuenta que no todos los tipos de deficiencias tienen un mismo pronóstico, evolución y posibilidades de integrarse. Por ejemplo, los alumnos con síndrome de Down son mucho mas fáciles de integrar, en especial en los primeros años, que un niño con un trastorno grave del desarrollo del lenguaje; otros, como los autistas, presentan dificultades mucho más serias para integrarse y tampoco obtienen un gran beneficio en su proceso de socialización.

La tendencia actual es a integrar al mayor numero de alumnos posible, estando integrados en la actualidad el 80% de los alumnos con algún tipo de déficit físico, psicológico y/o sensorial.

En definitiva, se debe integrar a aquellos alumnos cuyas condiciones lo permitan, pero no se deben hacer generalizaciones, sino que hay que valorar cada alumno en particular, teniendo en cuenta sus necesidades educativas especiales, así como el centro escolar.



Marta Ribera Morató
Codirectora del Centro de Estimulación Temprana y Logopedia
Licenciada en Ciencias de la Educación
Magister en Intervenció Temprana
Especialista en Audición y Lenguaje

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