
PERSPECTIVA HISTÓRICA
DE LOS MÉTODOS DIRIGIDOS A LAS PERSONAS CON SÍNDROME DE
DOWN

Como se ha comentado en otros artículos,
tradicionalmente las personas con síndrome de Down no sabían
leer ni escribir. Se pensaba que no eran capaces, y por tanto, no se
les enseñaba.
A finales de los años 60 y principios de los 70, había
expertos en educación especial que exponían que era posible
enseñar a leer a personas con discapacidad mental. Hablaban del
CI (Cociente Intelectual) necesario para poder leer. Así, por
encima de un CI de 70, el aprendizaje de la lectura no tenía
demasiados problemas. A medida que el CI disminuía, la variabilidad,
comentaban, se hacía mayor, así como las dificultades.
De finales de la década de los 70 es el método "Esperanza",
del profesor José Pérez Marina, que propone un método
para los alumnos que tengan un CI superior a 50.
Las teorías psicopedagógicas apuntaban que no era posible
aprender a leer hasta los 6 ó 7 años, y exigían
unos requisitos previos madurativos para la lectura que pocos niños
con síndrome de Down tenían a los 6 años.
Por otro lado, si conseguían esos niveles, era en torno a los
14 años, edad considerada entonces tardía para aprendizajes
de este tipo.
Con estas premisas, es lógico esperar que la mayoría de
los alumnos con síndrome de Down no accedieran a la enseñanza
de la lectura. Y los pocos que lo hacían, era de un modo mecánico,
sin comprender lo que leían y con un nivel muy elemental.
Durante los años 80 y 90, fueron surgiendo diferentes teorías,
que no sólo admiten la posibilidad de aprender a leer de las
personas con síndrome de Down, sino que además reconocen
las ventajas de una enseñanza precoz de la lectura.
Sue Buckley, profesora de la Universidad de Portsmouth y directora del
Centro Sarah Duffen, comenzó en los años 80 a investigar
un método de lectura para los niños con síndrome
de Down. Ella evidenció que los niños con síndrome
de Down eran capaces de aprender a reconocer palabras a los 30 meses,
y que la lectura les ayudaría además a desarrollar su
lenguaje y su área cognitiva.
En España, son varios los programas de lectura temprana que han
ido apareciendo. Maria Victoria Troncoso fue la pionera en nuestro país,
comenzando a trabajar en esta línea en los años 80. Inspirados
en sus teorías, otros autores realizaron diferentes programas
aunque las diferencias respecto al de su maestra fueron pocas. Cabe
destacar, sin embargo, que es Troncoso la única que comienza
entorno a los 2-3 años (Troncoso, 1991; Ferrer et al., 1992;
Navarro y Candel, 1992; Bautista et al., 1995).
Además, todos ellos coinciden en la necesidad de unos requisitos
previos a la lectura. Estos prerrequisitos, a diferencia de lo que tradicionalmente
se mantenía, no son tan complejos. Así, estos autores
coinciden en que basta:
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Un nivel mínimo de atención,
que puede ser el necesario para mirar una ilustración |
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Un nivel de memoria a corto plazo,
que le permita retener una información durante algunos
segundos. Poco a poco este nivel irá aumentando. |
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Un nivel comprensivo que puede constar
de 50 palabras usuales además de algunas instrucciones
verbales, como "mira", "toma", "dame". |
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Un mínimo lenguaje expresivo,
que no necesariamente tiene que ser oral. Es decir, el niño
puede comunicarse con signos o gestos. |
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Una discriminación visual
que le permita diferenciar unas imágenes de otras. |
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Una discriminación auditiva
que le permita diferenciar unas palabras de otras, aunque confunda
palabras semejantes. |
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Ciertos hábitos de trabajo
que permitan al niño mantenerse sentado y atendiendo a
las órdenes que se le dan. |
De todo esto se desprende que, en la
actualidad, los métodos de lectura destinados a niños
con necesidades educativas especiales no consideran imprescindible:
El conocimiento del esquema corporal
La estructuración espacial
La estructuración temporal
La función simbólica
Un alto nivel de lenguaje expresivo y comprensivo
Al mismo tiempo, se está
comprobando que la enseñanza de la lectura a edades tempranas
tienen efectos beneficiosos en el desarrollo del lenguaje.
Por otro lado, la lectura tampoco se enseña de manera paralela
a la escritura, ya que en ésta se exige un desarrollo de las
habilidades grafomotrices que aparece mas tarde.
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