EL INICIO DE LOS PROGRAMAS ACUÁTICOS EN EL NIÑO
CON SÍNDROME DE DOWN

Juan Vázquez Menlle
Universidad Europea de Madrid



  El programa de baño
  El programa en la piscina
  El programa de requisitos previos
  El programa de intervención en las personas con síndrome de Down
  Figuras

EL PROGRAMA EN PISCINA


Con una frecuencia que te permita actuar relajado, una o dos veces al mes, comienza a tomar contacto con el profesor que te asesorará para ir cubriendo el programa de requisitos previos que se describirá más adelante.
Te proponemos un resumen de actividades para llevar a cabo junto con el programa de requisitos previos:

  1. Intenta estar pendiente de tu hijo, las relaciones sociales con otros padres se han de dejar para después.
  2. Deja que coopere en vestirse y desvestirse, sacarse el gorro, los calcetines, etc.
  3. Dentro del recinto de la piscina, procura acostumbrar al niño a que cierre y abra las puertas, apague y encienda las luces aunque sea tomándole en brazos.

—  En el vestuario, déjale hacer ciertas cosas por sus propios medios, aunque tarde en ello. Por ejemplo: quitarse el abrigo, ponerse los zapatos, etc.

  1. Contesta siempre las preguntas que haga el niño en la forma más sencilla que puedas. No le mientas, porque le confundes. Es preferible que le digas «no sé» a que inventes.
  2. Recorre el recinto con él y vele preguntando frente a distintos sitios: ¿Qué es esto? Apláudele cuando diga el nombre correcto. Lo mismo puedes hacer frente a personas, preguntando: «¿Quién es?».
  3. Cuando tu hijo te pida algo, anímalo a que te pida con palabras y no sólo con gestos o ruidos. Y que se acostumbre a decir «gracias».
  4. Enséñale a despedirse del profesor y las demás personas de la piscina: Dar un beso, mover la manita diciendo «adiós».
  5. Pídele que eche a la papelera los pañuelos de sonarse, los papeles que empaquetan su merienda, desayuno, etc.
  6. En el vestuario, que junte sus zapatos, que te vaya pasando los calce­tines, sigue después con otras prendas de vestir, nombrándoselas según las van ordenando.
  7. Aprovecha al máximo las oportunidades para indicarle con palabras lo que tiene que hacer. Por ejemplo, dile: «Fulanito, cierra la puerta», «por favor, dame la toalla», «corre, que te espera el profesor», «sube las escaleras», etc.
  8. Si le dejas andar cada día un rato hasta que te pida que lo metas en el agua, procura que no sea por el mismo sitio siempre.
  9. Cuando los niños están colgados de la barra flotante, les podemos entretener mucho, proponiéndoles que manipulen objetos que se pueden meter unos dentro de otros (no demasiado pequñnos, podrían tragárselos).
  10. Si en el grupo hay niños de su edad, que se saluden, que puedan estar juntos un pequeño rato.
  11. Trata de enseñarle qué significa «arriba» y «abajo». Para lograr esto, toma una pelota que al niño le interese, levántala y dile: «arriba»; luego pónsela sobre el agua y dile «abajo». Ponla sobre una tabla y dile «arriba de la tabla». Ponla bajo la tabla y dile «debajo de la tabla». Repite esto con distin­tos objetos. Luego, puedes preguntar al niño: «dónde esta la pelota»; cuan­do la mire o la coja, dile: «está encima de la tabla». Aprovecha todas las oportunidades posibles para usar estas dos palabras mostrando al niño ob­jetos que están arriba o abajo. No te olvides de premiarle cuando entienda lo que le dices, o cuando intente decir él «arriba» o «abajo».
  12. Coloca un objeto cerca de él, pero de manera que tenga que cambiar de posición para obtenerlo (girar la barra, soltar un brazo, etc.).
  13. Pasa un cordel por los flotadores de forma de «donuts» y arrástralos para que llamen la atención de tu hijo y que intente ir a por ellos.

¿Hasta cuándo voy a tener que ayudarle? preguntan algunos, agobiados por llevar algunos meses remolcándole de la barra o de los manguitos. Si queremos ir demasia­do deprisa seguramente crearemos cotas muy altas de ansiedad. Hay muchas cosas que está y puede seguir aprendiendo:

Recuerda que el rato antes y después del trabajo en el agua, es estupendo para que haga un poco de gimnasia.

Le puedes dejar desnudo sobre la colchoneta (siempre que la temperatura ambiente lo permita) para que juguetee libremente con su cuerpo, pedaleando, pataleando, dándose vueltas, cogiéndose los pies, tocándose los genitales, golpeándose el estómago, mirándose las manos, sentándose, etc. Es muy importante para el niño sentir su cuerpo para poder conocerlo.

Por lo tanto, según desarrolle sus actividades libres, coméntale lo que hace, poniendo especial énfasis en las acciones realizadas por las diferentes partes del cuerpo.

En este período, resulta especialmente interesante el paso por el w.c. antes de la entrada en la piscina, por el posible comienzo del control de esfínteres.

Comienza a enseñarle lo que son los colores. Para empezar, escoge un color vivo como el rojo, el azul, amarillo, blanco o negro. Si escoge el azul, junta dos o tres objetos azules y muéstraselos al niño diciendo: «palo azul, bola azul, tabla azul».

Muéstrale un palo de otro color diciendo: «este palo no es azul» (no le digas de qué color es). Repite este ejercicio durante algun tiempo, mostrando en distintas opor­tunidades objetos que sean azules y objetos no azules.

Cuando haya aprendido bien este color, pasa a otro.

Cuando tengas a tu hijo colgado de la barra flotante, esconde algún objeto debajo de una tabla de tamaño irregular de las que se emplean para tareas diversas, para que se acostumbre a manipularla dentro de un contexto de juego.

No debes abandonar los juegos de lanzamiento, por lo que implican de apreciación de las distancias y seguimiento visual.

No te debes extrañar de que pendencie con otros niños que están próximos, ya que tenderá más a quitar que a dar.

No es preciso insistir sobre lo conveniente que resulta que otras personas de la casa trabajen con el niño de vez en cuando en la piscina, para que se acostumbre a hacer el programa con otras caras, otras voces, otras cadencias. Esto dará paso a la posibilidad de que pueda más posteriormente trabajar con naturalidad con el profesor o padres de otros niños.

Alguno de los objetos que le gusten, átalo y mientras él está colgado de la barra flotante, se lo tiras algo lejos y, si flota, enséñale a que lo arrastre hacia sí mismo. Si se hunde, enséñale a recuperarlo. Para que no pierda la cuerda, le puedes atar el otro extremo a la barra.

Si notas que tu hijo comienza a trabajar de forma estable sobre la barra flotante, comienza a mostrarle los manguitos como un elemento de juego; déjate ver tras ellos como si fueran una ventana.

Déjale que, al estar colgado de la barra flotante, te tire algo que se hunda al fondo y sumérgete para cogérselo. No olvides aparecer en la superficie con cara sonriente.

Déjale entretenerse algún rato solo, colgado de la barra flotante con algún juguete y obsérvale.

Cuando le tengas colgado de la barra flotante y jugando con cosas, pídele que te pase alguna de ellas: «dame la pelota», «dame el palo»; y cogiéndole la mano haz que te lo pasa.

Cuando esté colgado de la barra flotante, haz movimientos para que te imite: juntar y separar las manos, abrir y cerrar los dedos y gestos de despedida, cinco lobitos, date en la mochita, etc.

Procura no faltar a las sesiones de estimulación, como no sea por motivos realmente graves.

Si te sientas en el borde haciendo movimientos de piernas al comenzar cada sesión, que sea en uno de los bordes diferentes al dia anterior.

Haz todo lo posible por estar cómodo y tranquilo durante tu estancia en la piscina. si estás nervioso o tenso, el niño se dará cuenta y se pondrá nervioso, llorará y no podrá trabajar bien. Yú ya te enfadas porque no come y empezará así la «batalla» de la piscina, que puede repetirse todos los días que toque trabajo en el agua.

Si estás tranquilo y a pesar de ello tu hijo llora, puede que necesite cambiar de actividad; hazlo con cautela, sin enfadarte y daándole a entender que debe trabajar aunque no sea lo que más le guste en ese momento.

Si le premias cuando trabaja bien, lo normal es que lo haga bien y así tú y el niño disfrutaréis de un rato agradable.

Es mejor que de momento no le pases a otras personas. Aunque le pongas traje de baño con plástico por si hace caquita, asegúrate que no le impide sus movimientos.

Pidele que te muestre cosas: «muéstrame la tabla», «el bote», «el techo», «la ventana», etc. Si se equivoca corrígelo con dulzura.

Mientras estás frente a él sopla dentro del agua levantando burbujas y al salir muestra el rostro alegre. (¿Recuerdas los ejercicios de soplar la vela o los papelitos, para que se levanten?)

Durante el trabajo en la piscina, procura de vez en cuando cambiarle de sitio para que tenga oportunidad de mirar distintas cosas.

Anota las reacciones de tu hijo cuando escuche la música del megafono de la piscina.

Seguramente te habrás dado cuenta que a los niños no les interesa tener juguetes elegantes o caros. Les gusta cualquier cosa, siempre que se pueda chupar, tocar, golpear, éstas son las cosas que tenemos en la piscina, úsalas.

Tu hijo tiene que ir aprendiendo las cosas de la piscina. Para facilitarle esta tarea, muéstrale las cosas una a una y dile el nombre «tabla», «escalera», «borde», etc. Aunque el niño no pueda repetir todavía lo que se le dice, él ya se va familiarizando con el nombre de las cosas.

Es necesario saber sus reacciones a determinados ruidos. Suelen entristecerse algunos con los lloros de los demas o contagiarse; de ser así, convendria tenerlo en cuenta. A veces toleran mal los ruidos extremos, la música muy alta. Tenlo presente.

Procura que tu hijo no llore.

Si te cansas o debes de salir al servicio, deja a tu hijo boca abajo sobre la colchoneta, para que rememore algunos ejercicios de los ya aprendidos o que observe lo que hacen los demás niños.

Fíjate si sonríe cuando alguien del grupo le sonríe. Si esto ocurre, podría ser ésta una persona a la que se lo podrías dejar en caso de necesidad.

Cambia de objeto durante los primeros dias, que conozca todas las cositas que tenemos para entretenerse en la piscina, e incluso tráele algo de casa que le atraiga.

No olvides el tema de los sonidos, imita todos los que él haga, pero a través del agua, introduciendo la boca en ella, para que vea cómo al hablar expulsando el aire, la boca no se inunda.

Si algún familiar de otros niños, durante las sesiones, suele hablarte demasiado, elúdelo con diplomacia, piensa que debes de estar absolutamente pendiente de tu hijo, deja las relaciones sociales para cuando termine la sesión.

Estimúlale a que suba las escalerillas de la piscina, aunque sea gateando (hasta que sepa subir con facilidad, no intentes que baje).

Seguramente tu hijo tiene ganas de conocer a otras personas: Preséntale algún niño de los que trabajan en el grupo.

En un trozo de plancha flotante, que tenga pequeños agujeritos, procura que introduzca por ellos un cordel.

  1. Favorece de vez en cuando situaciones en las que pueda jugar con otros niños.
  2. Si ya aprendió a subir las escaleras, que lo haga cada vez por una distinta.
  3. Esta puede ser una buena etapa para traer a la piscina una muñeca de plástico barata para jugar.
  4. Es muy interesante para esta etapa, el juego de los cubos.

Es muy conveniente que en cada uno de los ejercicios o fase del aprendizaje, tengas la cámara fotográfica cerca y con las fotografías tomadas, le haces un álbum para ejercitar su memoria y poder contarle cosas sobre estas actividades.

Con una tabla flotante y unos cubos de corcho o de madera, enséñale cómo hacer construcciones simples: filas, torres, puentes, etc.
Con la cuerda gorda, haz un nudo en la barra de las escalerillas o en la barra flotante y pide al niño que lo suelte.
El hacer collares con flotadores de corcheras o fabricados con trozos de manguera, es una actividad interesante.

Recuerda que tendrías que estimular al niño para que coopere: al vestirse, al recoger las cosas que utilizó. No importa que tarde, nunca aprenderá a hacerlo más rápido si no le dejas ejercitarse.

Si lo tumbas de espaldas, colócale su cabecita sobre su hombro (que se sienta bien seguro) y que pueda ver sus brazos y sus piernas, cómo se mueven y salpican. Toma tú alguna iniciativa, movilizándole un bracito o una pierna (flexo-extensiones). De vez en cuando revisa los consejos anteriores y repite las actividades que todavía te interesan: arrastrar algo en el agua, construir torres con cubos, jugar con las figuras geométricas de colores, con la muñeca de plástico barata, etc.

Si toca con los pies en el suelo en alguna parte de la piscina, sujétalo lo menos posible para que dé pasitos o se ponga de puntiilas al llegarle el agua cerca de la boca.

Si tu hijo está andando en la piscina, aunque sea agarrado al borde, pídele que pase por debajo de algún obstaculo que tú le pongas; apoyando este al borde por un extremo y por el otro sostenido por tu mano. Ayúdale levantando un poquito el obstácu­lo para que no tenga aún que introducir mucho la cara en el agua.

SI ya anda solo por la piscina, le puedes hundir un tarro de plástico u otra cosa que le llame la atención y con una de las picas de madera, que intente sacarlo a la superficie; quizs se anime e intente aproximar voluntariamente el rostro al agua.

Llegados a este nivel, no dejar ni una sola sesion de ponerlo a andar.

Si muestra complacencia andando sin ayuda, introduce dentro de un aro, que se agarre a él y lo manejas tú desde fuera para enseñarle a ampliar su espacio de acción.

Según está andando por la piscina, que te imite los movimientos que tú le pidas: «levanta los brazos» (si no lo hace, muéstrale cómo hacerlo), «parate (quédate quieto)», «mueve el dedo pequeñito de las manos», etc.

Al andar por la piscina sin ayuda, seguro que le gusta arrastrar algo que flote, e incluso poniéndole algo dentro.

Es estupendo comenzar a ponerle dentro de alguna pequeña lancha o subirle sobre las colchonetas flotantes (sin más, de momento).

En la piscina hay ocasiones de jugar al escondite.

Puedes hundirte, saliendo siempre a la superficie con cara sonriente. Al estar secándole, ponle la toalla sobre la cabeza, si trata de sacársela, estimulale con afecto.

Antes de que termine la actividad en la piscina, déjale e incluso ayúdale a que junte las cosas que utilizó y las ponga en su sitio.

Al terminar, cuando le estés secando, pídele que se seque alguna parte concreta de su cuerpo, nombrándosela con claridad.

Mientras lo vistes, le puedes poner cosas en el suelo, zapatos, ropitas pequeñas y le invitas a andar sin que las pise.

Todo parece indicar que comienza un buen periodo en el que podras ir permitiendo al futuro profesor que trabaje con él cada día un poco más.

 

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