Frecuentemente la mano de los niños con síndrome de Down es ancha, con dedos cortos y con una implantación baja del pulgar. A ello suele unirse la laxitud ligamentosa y cierto grado de hipotonía muscular, creando dificultades a la hora de asir el instrumento de un modo correcto.
En las etapas iniciales, se intentará que el niño lo agarre de tal modo que puede sujetarlo con índice y pulgar y deslizarlo suavemente sin tensiones. Es importante que lo sujete de forma que pueda ver la punta mientras escribe.
Es probable que, en algunos casos, a pesar de nuestros intentos y de su entrenamiento, los niños lo sostengan con una posición que llamaríamos incorrecta. Si el niño escribe así con comodidad, con soltura y con precisión, no se le forzará. Tal vez ha descubierto su propia posición correcta, dadas sus características anatómicas y fisiológicas, y hace adaptaciones funcionales, logrando seguridad y eficacia en sus actividades manipulativas.