Esta ordenación se hace teniendo en cuenta diferentes criterios. En unos momentos interesa seguir uno de los criterios y en otros momentos otro. Siempre se hace paulatina y suavemente.
Al principio se preparan líneas y trazos grandes, ya que los primeros objetivos van encaminados a que el niño aprenda el punto de inicio, la trayectoria o dirección a seguir y dónde debe acabar. Lo que interesa es que interiorice una dirección: vertical, horizontal, inclinada o un trazo. Después el objetivo será que aprenda a controlar su movimiento, frenando a tiempo. Cuando haya conseguido dominar esos objetivos, empezará la dificultad de la reducción del tamaño o del incremento de ejecuciones.
Otro de los criterios para que se esfuerce y progrese, es el de ir eliminando las ayudas gráficas. Poco a poco se eliminan dibujos, puntos rojos, paralelas o líneas discontinuas indicadoras de la trayectoria.
Otra forma de ayudarle a progresar es incrementar el tiempo dedicado a escribir, teniendo cuidado siempre de observar si se le produce fatiga física y psicológica que le hagan empeorar las ejecuciones. Es preciso evitarlo y finalizar en el momento oportuno.
Conforme progrese el niño alternará grafismos distintos en la misma hoja o en una misma línea. Con estos cambios el niño hace un magnífico ejercicio porque tiene que esforzarse en la atención, en la percepción y en la producción motora, cambiando de dirección o de tamaño y actuando con rapidez ante el estímulo visual.
El profesor debe tener claro el objetivo u objetivos que persigue con cada una de los ejercicios, de modo que no exija al alumno perfección en varios frentes a la vez. Al principio será mejor que sólo programe uno: seguir una dirección, frenar a la llegada, no levantar el lápiz del papel. Poco a poco, podrá exigir varios al mismo tiempo teniendo cuidado de no sobrepasar las capacidades psicológicas y neuromotrices del alumno.