Los niños pequeños, en la etapa del garabateo, suelen realizar trazados circulares continuados, sin intención aún de hacer un círculo o una pelota. Con frecuencia esos movimientos circulares se ejecutan de derecha a izquierda, empezando por abajo y terminando arriba a la izquierda. Los niños con síndrome de Down también suelen hacerlo así, aunque más tarde que los otros niños. Es un buen ejercicio de rotación, que será útil dominarlo por lo que supone de destreza manual y de movimientos útiles para la escritura. Sin embargo, conviene enseñar al niño que haga esos movimientos en la dirección que interesa para el trazado y enlace de las letras. Como hemos dicho, empezando por arriba a la derecha y girando en el sentido opuesto a las agujas del reloj, para terminar en el lado derecho. Cuando el niño haya adquirido cierta soltura haciendo esos movimientos circulares continuos en la dirección que se le enseña, puede empezar a trazar el círculo. La mayoría de los niños con síndrome de Down pueden ejercitarse en el trazado de rayas verticales, horizontales y del círculo en la misma etapa. No es preciso esperar a que el niño domine unas líneas y las haga perfectas para empezar con otras.
Al principio se elige el tamaño del círculo que coincide más o menos con el que le sale al niño de modo espontáneo. Se hace así para adaptarse a las capacidades neuromotrices del niño, porque los objetivos iniciales son el movimiento circular en la dirección señalada y el cierre o inhibición del movimiento en el punto final. En el caso del círculo coinciden el punto de inicio y de final. Ese punto se marca con rojo para que el alumno lo perciba bien y sepa dónde tiene que empezar y dónde tiene que terminar. La hoja debe ilustrarse con globos circulares o pelotas, para motivar al niño y para que capte qué tiene que hacer.
También pueden ponerse los círculos con líneas de puntos, que no tienen la finalidad de que el niño las repase por encima, ya que intentará hacer un movimiento cortito, tenso, tratando de unir los puntitos, sino que se ponen sólo para que perciba visualmente la forma a hacer y eso ayude a su producción motora. Otro modo de preparar la hoja de trabajo es poner un círculo de modelo y debajo sólo los puntos rojos con un trocito del círculo iniciado que sirva de guía de la dirección a seguir en cada uno de los círculos. Si se deja sólo el punto, muchas veces el niño va hacia abajo, cambiando por tanto la dirección adecuada.
Los primeros círculos pueden salirle irregulares en la forma y en el tamaño. Más grandes o más pequeños que lo indicado en la hoja. No tiene importancia, porque lo que se pretende es que adquiera el movimiento y sepa frenar a tiempo. Si es preciso se le llevará la mano para que sienta el movimiento y la parada y aprenda a hacerlo relajado, sin tensión en las articulaciones. Cuando el niño sea capaz de trazar el círculo y la cruz, puede realizar ejercicios de atención. Se preparan láminas en las que hay varios dibujos, uno de los cuales se presenta realzado. El niño debe rodear con el círculo los que son como el modelo y tachar con la cruz los que son diferentes.
El trazado de semicírculos, en sus diferentes posiciones, se inicia cuando el niño ha adquirido cierta soltura haciendo los círculos. Conviene que se ejercite en semicírculos individuales antes de realizar ondas continuadas, porque es más difícil.
Los semicírculos estarán preparados con raya discontinua y se señalará con un punto rojo el sitio de inicio y fin.
Cuando el niño haya realizado unas cuantas ejecuciones, se le pondrán de modelo los semicírculos, en sus diferentes posiciones para que los copie debajo. Después irán quitándose los puntos rojos. Cuando se observe que el niño ha evolucionado en la habilidad para las curvas, se le prepararán hojas con líneas onduladas de un lado al otro, para que las trace sin levantar el lápiz del papel.
En las primeras líneas onduladas seguidas, lo más probable es que el niño haga una línea recta o picos. Exige mucho control de movimiento, porque hay subidas, bajadas y rotaciones parciales.
Después podrán realizarse bucles individuales. Más adelante seguidos y al principio serán todos del mismo tamaño. Con frecuencia se observará que, a veces, el niño no hace el cruce de la línea. Conviene llevarle la mano, despacio, para que se dé cuenta y entienda que no se trata de repasar los puntitos de la hoja, sino que se trata de hacer unos bucles seguidos, cruzando las líneas por encima para seguir trazándolos hacia la derecha de la hoja.