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Capítulo 5. Los métodos de lectura y escritura para alumnos con deficiencia mental

PROGRAMAS DE LECTURA Y ESCRITURA PARA PERSONAS CON SÍNDROME DE DOWN

La bibliografía sobre programas de lectura y escritura para personas con síndrome de Down es todavía escasa. No hay muchos datos sobre los niveles de lectura y escritura adquiridos por personas adultas con síndrome de Down, ni tampoco estudios longitudinales de muestras numerosas de jóvenes que tuvieron la oportunidad de participar en programas de atención temprana. Creemos que una de las causas de esta carencia es lo señalado anteriormente al afirmar que durante mucho tiempo se ha considerado que un adolescente con deficiencia mental en general o con síndrome de Down en particular, a los 12-14 años debe dejar ya los programas de aprendizajes académicos. Se ha mantenido la creencia de que los jóvenes llegan a una plataforma mental y que, por tanto, no vale la pena continuar con tareas «intelectuales». Actualmente hay experiencias y algunos datos que muestran lo contrario.

Ese abandono de programas académicos chocaba con las actitudes y con la práctica educativa realizada con otros alumnos sin discapacidad intelectual que tenían dificultades en la escuela, incluidas las dificultades para el aprendizaje de la lectura y la escritura. Tenían la oportunidad de continuar recibiendo apoyos suplementarios de diverso tipo a lo largo de su educación secundaria. También chocaba con los programas de educación continuada o permanente a los que accedían jóvenes y adultos que, por diversas razones, no habían podido completar sus estudios básicos obligatorios. También contrastaba con la variedad de aulas para la tercera edad, que ofrecían y ofrecen a los mayores la posibilidad de mantener alto y vivo su interés en temas culturales de actualidad. Hoy en día varios autores señalan la necesidad de formación académica permanente para las personas adultas con síndrome de Down, (Tingey, 1988; Selikowitz, 1992; Farrell, 1991; Troncoso, 1991).

En los lugares en los que está aplicándose la modalidad educativa de integración escolar, existe un peligro que nos parece oportuno señalar para evitar sus consecuencias. En muchos centros escolares de integración el alumno con síndrome de Down es promocionado de un nivel a otro con sus compañeros de clase, sin que él pueda avanzar al mismo ritmo que ellos. Si no se ha hecho una buena adaptación curricular ni se ha llevado a cabo un programa individualizado, el alumno con síndrome de Down, que progresa mucho más despacio que sus compañeros y no hace uso habitual de sus capacidades lectoras para estudiar o para consultar temas -como de hecho hacen sus compañeros de clase-, comienza a bajar su estima personal, su interés por leer y su práctica lectora. De este modo, no sólo corre el peligro de no progresar cuanto podría con un buen programa, sino que es muy probable que olvide lo aprendido y haga una regresión en sus conocimientos y en sus deseos por aprender.

El trabajo de investigación realizado por Buckley y Sacks (1987) aportó algunos datos reveladores sobre los niveles de lectura y escritura de un grupo de adolescentes y el uso que, habitualmente, hacían de estos aprendizajes. La muestra comprendía a 32 chicos menores de 14 años y 34 jóvenes mayores de 14 años. El 77% del primer grupo y el 18% del segundo grupo podían leer algo, pero sólo un 50% de los primeros y un 70% de los segundos leían libros y estos eran para principiantes. Los buenos lectores representaban sólo un 16% de la muestra. Trabajos anteriores (Carr y Hewett, 1982; Cheseldine y Yeffee, 1982) presentan datos con resultados de niveles lectores aun más bajos que los recogidos por Buckley.

En relación con la escritura, la mayoría de los adolescentes de la muestra podían copiar y escribir sus nombres, pero muy pocos hacían uso espontáneo de sus habilidades para escribir. Entre los mayores, menos de un tercio podían escribir sus señas o los nombres de sus familias. Por tanto, la mayoría de ese grupo de adolescentes no hacía ningún uso de carácter práctico o funcional de sus habilidades de escritura.

Es verdad que un número alto de adultos con síndrome de Down de hoy no saben leer o no hacen uso habitual de la lectura, aunque no tenemos datos estadísticos significativos. No sabemos si se debe a que no se les enseñó en la escuela, o si se intentó con un método inadecuado para ellos, o no se han realizado programas de continuidad y progreso lector.

Buckley comprobó que una de las variables que influían en los niveles adquiridos por los alumnos era el tipo de escuela y el profesorado. La mayoría (94%) asistía a escuelas para alumnos con dificultades severas de aprendizaje y sólo un 6% estaba en escuelas para niños con dificultades moderadas. Esta situación escolar ha cambiado en la mayoría de los países. En parte porque casi todos los niños con síndrome de Down reciben programas de Atención Temprana y se evita que su deficiencia sea de grado severo. Diríamos que, utilizando los términos arcaicos, tan poco afortunados, ya no son «entrenables», sino «educables» y, en parte, porque la integración escolar va extendiéndose, se ofrece la misma escuela para todos. La escuela común se ha abierto a la diversidad, y se espera que los niños con síndrome de Down aprendan a leer y a escribir.

El hecho real y comprobado es que los niños y jóvenes con síndrome de Down de hoy están aprendiendo más y mejor de lo que se esperaba hace unos años y en ese aprendizaje se incluyen los llamados aprendizajes académicos. Actualmente hay razones para afirmar que un mantenimiento continuado de programas adecuados de lectura y escritura durante la adolescencia, juventud y edad adulta, conseguirán que las personas con síndrome de Down adquieran y mantengan niveles altos de lectura y escritura.

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