La colaboración activa en el aprendizaje lector de un niño pequeño con síndrome de Down es una tarea apasionante. El niño que ha superado felizmente las dos etapas anteriores es un niño que se siente muy bien, porque cuando va por la calle o cuando en su casa maneja cuentos y revistas es capaz de leer palabras y pequeños textos, comprendiendo el significado.
Durante esta tercera etapa, que dura mucho tiempo, deben facilitársele los recursos necesarios para que la lectura sea un hábito que se mantenga en su vida de adulto. Esto se conseguirá si disfruta con lo que lee, si descubre que la lectura le proporciona ayudas muy valiosas en su vida ordinaria, como pueden ser: desde entender unas instrucciones de cualquier tipo hasta comprender una crítica de cine antes de ver una película o el comentario de un libro antes de comprarlo.
El objetivo general es, pues, que el alumno adquiera soltura, fluidez y afición suficientes para leer textos largos, cuentos y otros libros. Realmente este objetivo se completa con los tres fines u objetivos permanentes: a) que el alumno haga uso habitual y funcional de la lectura; b) que el alumno disfrute leyendo y elija la lectura como una de sus actividades favoritas en los ratos de ocio; y c) que el alumno con síndrome de Down desarrolle sus capacidades intelectuales y aprenda a través de la lectura.
La consecución y mantenimiento de estos objetivos puede resultar difícil y costoso. Nuestra experiencia es que vale la pena lograrlo. Como siempre, los pasos se dan poco a poco, sin prisa y sin pausa, marcando unos objetivos más concretos y escalonados.
Los objetivos específicos son que el alumno: