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El
incumplimiento de las normas
Hasta ahora se ha hablado de las normas. De su importancia y necesidad
para el armonioso desarrollo del niño. Pero qué ocurre
cuando no se cumplen las reglas, cuando los padres han establecido una
serie de normas de manera adecuada, y el niño o el joven no las
cumple.
Partiendo siempre de que el chico lo ha entendido, el siguiente paso
sería conseguir que el niño modifique su conducta. Para
ayudar a los padres en esta ardua tarea, se hace una brevísima
exposición de algunas técnicas de modificación
de conducta, clásicas ya en el mundo de la psicología
del aprendizaje, pero igualmente eficaces.
Las técnicas de modificación de conducta aparecen fundamentalmente
con la teoría del Condicionamiento Operante de Skinner (Ley de
Refuerzo 1938). Se basan en que cualquier conducta, si es seguida de
un algo positivo, tiende a repetirse. Por el contrario, si una conducta
es seguida de algo negativo, tiende a desaparecer. Estas teorías,
aunque tienen una concepción reduccionista del comportamiento
humano, no dejan de ser la base de los premios o refuerzos y los castigos
con los que se modifica una conducta.
Para mantener una conducta apropiada o mantener el cumplimiento de una
norma, lo mejor es utilizar refuerzos. Se entiende por refuerzo positivo
la consecuencia agradable que se obtiene tras realizar una conducta.
Por ejemplo, si el chico recoge la mesa, se le refuerza de manera que
siga haciéndolo (o bien con alabanzas, o yendo de paseo, etc.).
Así mismo, existe otro tipo de refuerzo, denominado refuerzo
negativo, que implica que el resultado agradable viene como consecuencia
de la desaparición de una sensación desagradable. Por
ejemplo, si el niño nos avisa de que se ha hecho caca, al cambiarle
el pañal desaparece una sensación desagradable de humedad
o de mal olor que había antes, que constituye el refuerzo negativo.
Por el contrario, cuando lo que se desea es que desaparezca una conducta,
lo que se utiliza es el castigo. El castigo es un proceso de
aprendizaje, que se opone al refuerzo. Mientras que el refuerzo aumenta
la frecuencia de una respuesta, el castigo la disminuye. El castigo
es entendido como una consecuencia desagradable de una conducta que
no debía haberse hecho. Así, el castigo negativo u omisión
implica el no dar un premio cuando se da una conducta no deseada. Por
ejemplo, cuando una madre dice "si no estudias no vas a la playa",
el refuerzo positivo está presente (va a ir a la playa), por
lo que se está reforzando la conducta deseada (el estudio). Pero
la aparición de la no deseada (el no estudiar) omite el premio
(el castigo es no ir a la playa).
El castigo puede implicar quitar algo agradable (un paseo, dejarle
en un cuarto de modo que le quitas el estar con los demás, una
alabanza de mamá...), o el dar algo desagradable, que ya sería
el castigo como se entiende normalmente (un azote, por ejemplo), que
es el menos recomendable.
Es fundamental recordar, por un lado, que para extinguir una conducta
inadecuada siempre se debe tener en cuenta que, a la vez que la extinguimos,
debemos sustituirla por otra; es decir, no sólo se debe decir
"no hagas esto" sino también "haz esto en su lugar".
En lugar de decir "no empujes la comida con el dedo" es mejor
decir "empuja con el pan".
Por otro, debe reforzarse la conducta deseada a la vez que se castiga
(ignorar la conducta es castigarla) la no deseada. Se ve, pues, que
el castigo tiene efectos positivos, y que no debe entenderse únicamente
como una represalia física, que es como a veces la entienden
sus detractores, y que de nuevo se repite que no se recomienda en ningún
caso.
En cuanto al tipo de refuerzos o premios, lo deseable es que sean de
tipo social más que material. Sin embargo, dependiendo de la
edad y del niño, muchas veces hay que comenzar con los materiales
para ir pasando despacio a los sociales.
Existen momentos en los que un niño puede hacer perder la paciencia
a sus padres con su comportamiento. Esto es natural, y no debe hacer
que los padres se sientan culpables por ello. En estos casos, y para
evitar además que los padres pierdan los nervios, se puede retirar
al niño del ambiente en el que está realizando la conducta
desagradable. Por ejemplo, se le dice al niño que debe permanecer
en silencio porque se está escuchando una noticia importante
en la televisión. El niño no cesa de llorar para llamar
la atención o porque desea algo. En estos casos se le puede llevar
a otro habitación, durante unos segundos. Si es mayor se le puede
decir que "cuando deje de llorar puede volver". Con esto,
además, el adulto puede descansar unos instantes para recuperarse
si es que la conducta se le hace insufrible, por ejemplo, y tranquilizarse
para ser capaz de actuar fríamente y no perder los nervios, que
es a menudo lo que buscan los niños con sus padres.
Concluyendo, el proceso a seguir sería:
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Seleccionar la conducta
que se desea extinguir. En caso de que existan varias, se debe elegir
una. |
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Identificar la frecuencia
con la que hace esa conducta, observando los acontecimientos que
tienen lugar antes y después de la misma. De este modo quizás
se pueda deducir su porqué. |
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Elegir el premio
o refuerzo positivo que motive al niño, y que le daremos
cuando realice la conducta adecuada. A los bebés les gusta
el achuchón, la sonrisa, una voz alegre. Cuando crecen necesitan
algo más tangible: algo material, o dejarle hacer algo que
le gusta. Siempre se debe tender a refuerzos de tipo social más
que material, como alabanzas verbales. |
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Es importante el
momento en el que se da el refuerzo positivo. En función
de la edad, del tipo de conducta que se persigue y del refuerzo
elegido, el tiempo transcurrido desde que se hace la conducta hasta
que se recibe el premio pactado puede variar. Pero incluso en los
casos en los que el premio llegue al cabo de varios días,
(por ejemplo, se ha pactado que si hace sus tareas toda la semana
el fin de semana irá al cine) debe reforzarse verbalmente
la conducta inmediatamente después de realizarla, y conviene
recordarle el premio para que no pierda la motivación. De
todos modos, en los niños con síndrome de Down, y
especialmente si son pequeños, el premio debe ser casi inmediato
a la conducta realizada. |
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Por último,
y a medida que el niño va cumpliendo con su deber, sustituir
los premios materiales por verbales. |
Para terminar, se ha de recordar que no hay mejor modo
de enseñanza que mediante el ejemplo. Si el niño ve que
hay que gritar para hacerse oír, porque la casa es chillona,
lo hará para pedir su turno y su atención. Si recibe contestaciones
de malos modos o las escucha, él lo hará también.
Además, cuando se trata de niños con síndrome de
Down esto es más importante, ya que les cuesta más trabajo
discernir cuándo debe comportarse de un modo y cuando no.
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