La
terquedad: Un problema habitual
Con frecuencia los padres de
niños con síndrome de Down hablan de momentos en los
que su hijo o hija se niega rotundamente a hacer algo: "sencillamente
baja la cabeza y se niega a hacerlo", "cuando dice no
es no, y de ahí no la puedes sacar" son algunos comentarios
de los padres o de los educadores. En algunos casos los padres llegan
a la desesperación y se rinden, con lo cual el hijo es capaz
de salirse con la suya siempre que quiere, utilizando esta estrategia.
La razón por la que hacen esto no se sabe, pero lo que sí
parece evidente es que esta conducta es real, que mejora notablemente
con ciertas normas de educación y que parece ser un rasgo
bastante común en el comportamiento de los chicos con síndrome
de Down, dentro de la variabilidad que existe entre ellos. Sin embargo,
no se puede afirmar que se trate de algo exclusivo de ellos, ni
que sea consecuencia de sus dificultades de adaptación al
medio en general.
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El comportamiento habitual de una persona es la
combinación de su temperamento o carácter y de la conducta
realizada en un momento dado. Es decir, el temperamento representa el
aspecto básico de la forma de reaccionar de un individuo ante el
ambiente físico y social, y es considerado como componente y precursor
de la personalidad. Describe un estilo de conducta general de un individuo.
Por otro lado, independientemente de su temperamento, una persona puede
mostrarse en un momento determinado y ante una situación dada de
un modo más o menos acorde con lo que se esperaría por su
temperamento.
Así, hay jóvenes con temperamento difícil que suelen
mostrarse malhumorados, o negativos, o retraídos, con poca capacidad
de adaptación a las situaciones nuevas, con una conducta impredecible
o con respuestas exageradas a determinados estímulos; y otros considerados
de buen temperamento o carácter, que suelen mostrarse positivos,
predecibles, se adaptan bien a los cambios, se muestran alegres y sociables.
Pero ello no implica que siempre se vayan a comportar del mismo modo.
A menudo se ha hablado del carácter de las personas con síndrome
de Down, como si se tratara de una característica común.
Dentro de su gran variabilidad, parece que existe una mayor tendencia
a un comportamiento general fácil y de buen talante, unido a conductas
tercas y de obstinación en determinados momentos.
Existen dos momentos en la evolución de las personas con síndrome
de Down especialmente propensos a la terquedad: en torno a los 2 y 4 años
y en la adolescencia.
Las conductas de obstinación o terquedad se aprecian en todos los
niños en un determinado momento evolutivo (entre los 2 y los 4
años). Este periodo se denomina negativismo y tiene que ver con
la búsqueda de independencia de los niños y la consiguiente
oposición a todo lo que venga impuesto desde fuera de ellos. Algo
parecido a lo que ocurrirá más adelante en la adolescencia.
En los niños con síndrome de Down este periodo dura más
tiempo, y es más difícil de moldear. En muchas ocasiones
se trata de un comportamiento evolutivo, mientras que otras puede deberse
a :
| a) |
Una particular resistencia
a concluir una tarea gratificante; una particular dificultad para
aceptar el cambio de tarea. Y es que cambiar a algo significa abandonar
lo anterior. Prestar atención a algo nuevo implica dejar
de prestarla a lo anterior. Esto requiere un mecanismo cerebral
concreto que puede estar alterado en algunas personas con síndrome
de Down. Hay algo especial que se ha analizado repetidas veces en
el cerebro de los niños con síndrome de Down. Normalmente,
los estímulos nuevos provocan en el cerebro cambios de las
ondas eléctricas producidas por la actividad neuronal. La
repetición de estos estímulos hace que estas ondas
vayan disminuyendo de intensidad hasta casi desvanecerse. En muchos
cerebros de personas con síndrome de Down se observa que
la repetición de un mismo estímulo no disminuye de
intensidad, con lo cual le siguen prestando la misma atención
y les resulta difícil desviar su atención hacia otro
estímulo. |
| b) |
El modo con que
le indicamos lo que debe hacer. Se debe estar seguro de que ha entendido
la orden que se le ha dado y de que la ha oído. Además,
es necesario que se respete su tiempo de reacción. Los niños
con síndrome de Down tienen un tiempo de latencia más
largo y tardan más tiempo en procesar la información.
Por lo tanto, si un niño está pintando y le decimos
"recoge los lápices que vamos a cenar", debemos
darle un tiempo para procesar esta información. Es posible,
además, que haya recogido únicamente la primera parte
de la información, y se ponga a recoger los lápices
pero no haya podido procesar el que debe ir además a cenar.
O lo contrario: es posible que se levante y vaya a cenar sin recoger
los lápices. Inconscientemente se le ha dado demasiada información
que no ha podido ser procesada. No se trata de una conducta de desobediencia. |
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De todos modos, en la mayoría de los casos,
aparte de tratarse de un periodo evolutivo, se trata de una conducta
modificable. Es importante para ello tener en cuenta las características
de los niños con síndrome de Down, y tratar de hacerles
llegar la información por el camino que facilite más su
recepción. Por ejemplo,
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avisando con tiempo que se va a cambiar
de actividad, |
| - |
proponiendo la nueva tarea como algo
atractivo, |
| - |
estableciendo hábitos y rutinas
con horarios establecidos, con lo que se les ayuda a prever que
llega un cambio de tarea, |
| - |
reforzando siempre la realización
de las tareas ordinarias mediante alabanzas, |
| - |
implicándoles en las tareas
de la casa de manera que se hagan responsables de ellas, |
| - |
tratar de dar siempre las explicaciones
que justifiquen la importancia de la realización de las diferentes
tareas. |
Muchas veces es difícil, porque la terquedad
es tal que no responden a nada. El padre insiste en darle explicaciones,
en mostrar toda su alegría, en tener paciencia... y el niño
continúa sin hacer caso. Probablemente esté midiendo hasta
dónde puede llegar. Es importante intentar por todos los medios
no enfadarse, ni dar un azote, ni gritar porque esto es lo que buscan.
Es entonces cuando hay que llevar a cabo las técnicas de modificación
de conducta comentadas más arriba.
Y si realmente no se puede soportar el comportamiento del niño,
recordar que conviene irse a otro lado, ignorando la conducta, y respirar
hondo. Una vez tranquilizados, se puede volver e intentarlo de nuevo.
A veces el ignorar esta conducta da resultado. Otra opción es
realizar nosotros la tarea mostrándonos muy felices y expresivos
sin tener en cuenta al niño, ni prestarle atención.
Por último, conviene tener en cuenta que a veces esta conducta
se encuentra exacerbada: se mantiene, es muy notoria. Habrá que
pensar que forma parte de su carácter, más "rebelde",
agravado por el hecho de que tiene menos flexibilidad, capacidad de
raciocinio y capacidad de adaptación.
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