Obesidad y síndrome de Down

La obesidad en los adultos con síndrome de Down: un estudio caso-control

C.A. Melville, S.-A. Cooper, C.W. McGrother, C.F. Thorp y R. Collacott
Journal of Intellectual Disability Research, 49: 125-133, 2005
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RESUMEN

Introducción

El impacto negativo de la obesidad sobre la salud de las personas con discapacidad intelectual se ha convertido en prioridad para la Asociación Internacional sobre el Estudio Científico de la Discapacidad Intelectual. La prevalencia de la obesidad (que después será definida) en la población general se ha casi triplicado entre 1980 y 1998. Se sabe que aumenta el riesgo de morbilidad (enfermar) y de mortalidad (muerte).

Es preciso aclarar dos términos: el de sobrepeso y el de obesidad. Ambos términos tienen que ver con el llamado Índice de Masa Corporal (IMC), que es un valor que se obtiene al relacionar el peso con la talla mediante el cálculo de la siguiente fórmula: se divide el peso de la persona, medido en kilos, por el cuadrado de su talla medida en metros. Así, la fórmula es la siguiente: IMC = kg / m2. De esta manera, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido la siguiente clasificación sobre el la situación del peso de un individuo:

Se ha descrito que la prevalencia de sobrepeso y obesidad es más alta en los adultos con discapacidad intelectual que en la población general; la obesidad puede estar entre el 10 y el 26%, con mayor prevalencia en mujeres que en hombres. La obesidad aumenta con la edad. Y se ha afirmado también que la obesidad es menor en las personas que viven en instituciones que las que viven en su familia o en centros comunitarios de apoyo. Por último, algunos estudios apuntan a que este hecho es aún más evidente en los adultos con síndrome de Down, cuya prevalencia de sobrepeso y obesidad superaría incluso a la de poblaciones con otro tipo de discapacidad.

El objetivo de este estudio es el de aportar nuevos datos, comparando la prevalencia de sobrepeso y obesidad en un grupo de adultos con síndrome de Down con la de otro grupo en condiciones similares, que tiene discapacidad intelectual pero no tiene síndrome de Down.

Metodo y Resultados

El estudio fue realizado en Leicestershire (Inglaterra). Se obtuvieron 247 parejas: cada pareja estaba formada por una persona con síndrome de Down y otra con discapacidad intelectual pero sin síndrome de Down (control), de similar edad, sexo y forma de residencia. El 47,4% fueron mujeres y el 52,6% varones. La media de edad de las personas con síndrome de Down fue de 37,24 años (entre 20 y 69 años), y la del grupo control fue 37,23 años (entre 20 y 65 años).

Los resultados se resumen en la siguiente tabla:

DE: desviación estándar. IMC: índice de masa corporal. m: metros. kg: kilogramos. * P < 0,01; **P < 0,001.

En conjunto, las mujeres con síndrome de Down muestran valores de IMC superiores a los del grupo control. Esto no ocurre en los varones. Combinando las categorías de sobrepeso, obesidad y obesidad mórbida, hay un total de 91 (77,8%) mujeres con síndrome de Down y 72 (62%) controles con IMC superior al recomendado. Los datos para la población general de Inglaterra en esos años eran del 50% de las mujeres dentro de esas categorías. En el caso de los varones, la combinación de esas categorías da una cifra de 77 (59,2%) en los que tienen síndrome de Down, y de 61 (46,9%) en los controles, mientras que para la población general inglesa era de 57,8%.

El estudio demuestra que existe un número significativo de personas con sobrepeso u obesidad, tanto en las que tienen síndrome de Down como en las que tienen otro tipo de discapacidad intelectual (tomadas aquí como controles). Pero son las mujeres con síndrome de Down las que muestran mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. En el caso de los varones con síndrome de Down, mostraron mayor porcentaje de sobrepeso pero menor de obesidad, en comparación con los controles.

COMENTARIO

Este trabajo tiene especial valor porque es el primero en que se realiza un estudio comparado, caso a caso, entre población con síndrome de Down y población discapacitada sin síndrome de Down, tanto en varones como en mujeres, con emparejamiento en una serie de variables (edad, peso, modo de vida). Dado el alto número de participantes, la fiabilidad del estudio es alta.

Confirma aspectos que ya se suponían, como son la mayor tendencia a la obesidad de las mujeres con síndrome de Down. Ello obliga a una mayor vigilancia en la alimentación que debe ser iniciada precozmente, ya que la tendencia ala obesidades inicia a una edad temprana, en la niñez, como se explica en nuestra sección de Alimentación, en la página Prevención de la Obesidad. El hipotiroidismo, la menor capacidad metabólica y el poco ejercicio pueden ser factores contribuyentes. Por ello, la educación debe ir dirigida a:

  1. Crear desde pequeños unos correctos hábitos alimenticios, evitando alimentos innecesarios y el comer entre comidas
  2. Explicar con sencillez y de modo adecuado a su capacidad de comprensión las razones por las que se ha de vigilar la dieta, lo que no significa en ningún caso “tener que pasar hambre”
  3. Fomentar el hábito diario de ejercicio y corporal, en forma de deporte o de actividad física, que sea variada y lúdica; mejor en compañía que hace más apetecible el esfuerzo.

Para abordar esta acción educativa, les animamos a que lean el “Artículo profesional” que aparece en nuestra Revista Canal Down21 de este mes de julio. Adicionalmente, recomendamos la lectura de los siguientes artículos:

- Estilos sanos de vida en adultos con síndrome de Down. Joan E.G. Medlen y Mia Peterson. Revista Síndrome de Down (marzo 2001), 18: 11-17, 2001.
- Entrenamiento intenso del atletismo en personas con síndrome de Down: beneficios fisiológicos y psicoeducativos. F. Ruiz, J.L. Fernández Pastor, M. de Diego y S. Perán. Revista Síndrome de Down (junio 2002), 19: 38-47, 2002.
- Como libro de referencia (para asociaciones y centros educativos): The Down Syndrome Nutrition Handbook: A Guide to Promoting Healthy Styles. Joan E.G. Medien. Woodbine House, Bethesda.

Es posible que las personas con síndrome de Down tengan una cierta protección frente a alguna de las complicaciones patológicas derivadas de la obesidad, como puede ser la aterosclerosis de las arterias coronarias o cerebrales. Pero este estudio señala además la mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad de las personas con discapacidad por otras causas distintas del síndrome de Down, que en la población general.