La resistencia física en el Síndrome de Down

Atenuación de las respuestas del sistema nervioso simpático en las personas con síndrome de Down

JBo Fernhall y Mari Otterstetter

Journal of Applied Physiology, 94: 2158-2165, 2003

RESUMEN

Objetivo y métodos

Se ha observado con cierta frecuencia que las personas con Síndrome de Down pueden mostrar una baja capacidad de trabajo físico. En algunos casos puede deberse a la presencia de una cardiopatía pero, aun no teniéndola, pueden también mostrar esa inferior capacidad. Se ha propuesto que podría deberse a una carencia de motivación, o de falta de comprensión, o a un estilo de vida sedentaria, pero ninguno de estos factores llega a explicarlo. Una causa importante podría ser la disminución de la frecuencia cardíaca al ejercicio, la llamada incompetencia cronotrópica, como consecuencia de una disfunción de la regulación en el sistema nervioso vegetativo: una depresión del sistema nervioso simpático, o una mayor activación del parasimpático. En el presente trabajo se han analizado los cambios producidos en la frecuencia cardíaca y en la presión arterial durante los siguientes ejercicios:

  1. Respuesta de la frecuencia cardíaca al ejercicio físico realizado en una prueba de ambulación y carrera sobre tapiz rodante con velocidades crecientes, mediante protocolo individualizado a la capacidad física de cada persona.
  2. Las respuestas de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial durante un ejercicio consistente en contraer y cerrar la mano apretando un dinamómetro.
  3. Las respuestas de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial tras la inmersión en agua fría de una mano (hasta la muñeca), durante dos minutos.

Se realizó el estudio en 12 personas voluntarias con síndrome de Down y otras 12 sin síndrome de Down (grupo control), comparables en edad (entre 17 y 39 años), que no estaban entrenadas previamente. Ninguna tenía cardiopatía, ni asma u otros posibles problemas respiratorios, y eran no fumadores.

Resultados

En la prueba del tapiz rodante, las personas con síndrome de Down alcanzaron una frecuencia cardíaca máxima de 154±4,2 latidos por minuto, que fue significativamente inferior a la alcanzada en el grupo control (187±2, p < 0,05). Igualmente, el cambio en la frecuencia cardíaca desde la situación control a la situación de máximo ejercicio fue inferior en el grupo con síndrome de Down.

Los incrementos de frecuencia cardíaca en las pruebas de contracción intensa de la mano (dinamómetro) y de la respuesta al frío fueron también significativamente menores en el grupo con síndrome de Down que en el control, tanto en la fase inicial como en la fase tardía de las pruebas.

Los cambios de la presión arterial conseguidos en ambas pruebas fueron igualmente significativamente inferiores en el grupo con síndrome de Down que en el control. Como grupo, las personas con síndrome de Down mostraron un índice de masa corporal (IMC, que refleja la obesidad) superior al del grupo control IMC de 34,8±2,2 en el grupo síndrome de Down frente a 22,8±0,73 en el grupo control (p < 0,05). Sin embargo, al analizar las respuestas cardiovasculares en las personas con síndrome de Down obesas y no obesas, no hubo diferencias entre ambos grupos. Por tanto, las diferencias en las respuestas cardiovasculares observadas entre el grupo con síndrome de Down y el grupo control no son atribuibles a la obesidad.

Conclusión

El estudio demuestra que las personas con síndrome de Down que no padecen cardiopatía muestran una menor respuesta de su frecuencia cardíaca y presión arterial en situaciones que normalmente provocan una activación de la respuesta del sistema nervioso simpático, con aumentos de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Esta disfunción de su sistema nervioso vegetativo puede explicar en parte la llamada “incompetencia cronotrópica” que se observó en la prueba del ejercicio sobre el tapiz rodante. No parece que la obesidad sea un factor responsable, ya que las respuestas fueron similares en las personas con síndrome de Down obesas y no obesas.
Es posible que, además de existir una disminución de la activación simpática, exista también una menor reducción de la actividad del sistema parasimpático propio del nervio vago.

COMENTARIO

Si la reacción del sistema nervioso vegetativo de las personas con síndrome de Down muestra una más baja respuesta adaptativa ante determinados estímulos, es posible que, en principio, muestren una menor resistencia al esfuerzo mantenido, o una más rápida sensación de cansancio. Debemos tener esto en cuenta para no exigirles más de lo que realmente pueden dar, lo que no significa que no puedan mejorar su rendimiento con el adecuado entrenamiento. Situaciones en las que es necesaria una rápida adaptación del sistema cardiovascular para mantener normal la presión arterial (por ejemplo, al pasar rápidamente de la posición tumbada a la posición de pie, o al mantenerse de pie durante largo rato, o en la adaptación al calor, o a la deshidratación), pueden suponer situaciones delicadas para algunas personas con síndrome de Down. Téngase en cuenta que una pobre regulación de la presión arterial significa una disminución del riego sanguíneo, lo que bpuede originar sensación de mareo desfallecimiento.

Por otra parte, sabemos que el entrenamiento físico, bien programado, puede mejorar la función cardiovascular de los jóvenes con síndrome de Down, como demostraron recientemente Ruiz y col. (ver Revista Síndrome de Down, vol. 19(2): 38-47, 2002). Por consiguiente, es altamente recomendable que los niños y jóvenes con síndrome de Down realicen ejercicio físico de manera programada y regular, ya que ello les permitirá mejorar la capacidad de respuesta adaptativa de su sistema nervioso vegetativo.