Artículo profesional Mayo 2016

El porqué de algunas conductas en las personas con síndrome de Down
Un punto de vista neuropsicológico

Lic. Wilber B. Gómez

Neuropsicólogo y Educador Especial.
Fundación Margarita Tejada
Ciudad de Guatemala.

Solemos limitar los problemas de conducta a un “Se portó mal”, o “se portó bien”; pero pocas veces, como profesionales, padres o amigos,  nos percatamos de las variables que suelen influir en las conductas, ya sean adecuadas o inadecuadas. Debemos saber que los “berrinches”, son una pequeña parte de lo llamado conducta, ya que todo lo que hacemos se le debe llamar conducta, porque son acciones, y las acciones están reguladas por  antecedentes. Feeley y Jones (2008) indican que “las personas con síndrome de Down tienen mayor riesgo de desarrollar conductas conflictivas y esto suele conocerse como un fenotipo conductual de las personas con síndrome de Down”, razón por la cual, culturalmente, suele encajonarse el mal comportamiento de todas las personas con síndrome de Down.

La conducta del ser humano está condicionada por diversos factores. Dentro de estos cabe destacar los factores neuropsicológicos, ya que en cualquier individuo la conducta está dictaminada por el cerebro luego de recibir diferentes estímulos (bio-psico-sociales). En el caso de las personas con síndrome de Down, la condición de vida es establecida a consecuencia de  un trastorno genético. Las estructuras cerebrales se ven afectadas desde los mecanismos de división celular, ya que son perturbados desde las etapas embrionarias como la proliferación celular.

Con frecuencia deseamos intervenir las conductas problemáticas, pero poco nos interesamos por intervenir en los antecedentes que las provocan, o bien percatarnos de las estructuras cerebrales que están implicadas en la conducta, y a partir de esto entender las razones de algunas de las formas de comportarse de nuestra población.  

Inicio de la vida de una persona con síndrome de Down

Existe la necesidad de resaltar la etiología de la presencia del síndrome de Down en una persona. Esta es una condición de vida que queda establecida desde los inicios, por un desorden cromosómico. Roselli, Matute y Ardila (2010), señalan que “El síndrome de Down constituye un 10% de la población con retraso mental, con una presencia del 1/1000 habitantes.” La cifra de nacimientos varía según los países entre 1/700 y 1/1200

“Es la tercera copia del par veintiuno la causa de que los 500 genes en este cromosoma se sobreexpresen” (Flórez, Garvía y Fernández-Olaria, 2015). Por lo tanto, los diferentes órganos y sus funciones se ven alterados; principalmente la  estructura cerebral y por consiguiente sus funciones. Sin embargo, hay que destacar que no todas las personas con  síndrome de Down poseerán las mismas características o las mismas necesidades, ya que cada una de ellas percibirá este accidente genético de manera distinta. Por ello es importante resaltar que las personas con este síndrome no son personas Síndrome de Down, sino que debe indicarse que son personas con síndrome de Down, ya que sus características serán distintas como individuos integrales de acuerdo a la influencia ejercida en sus estructuras bio-psico-sociales.

El papel de los lóbulos frontales en las conductas de las personas con síndrome de Down.

Habiendo explicado que la alteración cromosómica de la personas con síndrome de Down ocasiona que las estructuras cerebrales se alteren,  hay que acercar la lupa a esas estructuras cerebrales que se encargan de regular el comportamiento y dar entonces un enfoque neuropsicológico (cerebro-conducta), indicando  así el por qué de las habituales conductas de estas personas.

El cerebro tiene su forma de dedicarse particularmente a cada una de las actividades que realizamos, como son: las funciones ejecutivas,  la motricidad fina y la motricidad gruesa, el lenguaje, la visión, la escucha, las emociones, la conducta, solo por mencionar algunas.

Estas actividades están reguladas por distintas estructuras del cerebro; las funciones ejecutivas reguladas por el lóbulo frontal, acompañado de otras redes neuronales como: las áreas de Brodmann 1 a la 10, junto con sus áreas de asociación, lenguaje: área de Broca y área de Wernicke; escucha; áreas de Brodmann 41 y 42.

Pero al hablar de comportamiento en cualquier individuo, los lóbulos frontales son las áreas del cerebro encargadas de dirigir la forma de relacionarse con el mundo que le rodea, Se podría decir que los lóbulos frontales son los maestros de ceremonias; Portellano (2005) dice que el lóbulo frontal “regula todas las funciones cognitivas superiores”, Por su parte, Vázquez (2008) afirma: “el lóbulo frontal es una de las estructuras más desarrolladas del sistema nervioso central de los humanos, abarcando un tercio de la corteza cerebral”, lo que nos indica el papel fundamental de esta estructura dentro de las funciones del individuo, además de ser la última estructura en terminar de desarrollarse. Por esta razón, debemos de tomar en cuenta distintos factores, el desarrollo neurológico está relacionado con las etapas de Jean Piaget, en el momento de intentar relacionar cerebro-conducta.

Dentro del lóbulo frontal, se encuentra la denominada corteza prefrontal, que tiene conexión con el sistema límbico provocando una excelente mancuerna entre la cognición (lóbulo frontal) y la emoción (sistema límbico). En el desarrollo de esta información veremos que los circuitos Prefrontales son los encargados de la cognición del ser humano, ya que tienen el poder de convertir el pensamiento en planes, decisiones o acciones.

A inicios del estudio de la Neuropsicología, surgió  el caso de Phineas Gage, a quien  una barra de acero atravesó el lóbulo frontal, afectando su comportamiento, ya que de ser un individuo responsable, amable, amigable, pasó a ser un individuo impertinente, obstinado e irresponsable. Luego de esto ha surgido un sinfín de casos en los que individuos han sufrido de traumas craneoencefálicos (fracturas de cráneo, perforaciones de cráneo por balas perdidas, etc.), en donde  la conducta habitual  ha sido alterada.

Ardila y Ostrosky  (2012) señalan que el “lóbulo frontal es el director de  la orquesta; ya que los lóbulos frontales son los encargados de tomar la información de todas las demás estructuras y coordinarlas para actuar de forma conjunta”. Esta es la razón por la que  los lóbulos frontales, al ser afectados, pueden trasladar la información de distinta manera hacia otras áreas, repercutiendo especialmente en la conducta.

Circuitos prefrontales y el comportamiento (corteza prefrontal)

Cabe destacar que el lóbulo frontal no se encarga únicamente del comportamiento, ya que tiene que ver con las funciones ejecutivas, lenguaje, memoria, con la visión. mediante interconexiones con otras estructuras. Sin embargo este artículo hace referencia a las implicaciones que tiene el lóbulo frontal en el comportamiento.

La corteza prefrontal se divide en la corteza dorsolateral, corteza orbitofrontal y la corteza frontomedial (Flórez, Garvía y Fernández-Oloria, 2015). Acá se hará hincapié en las implicaciones que estos circuitos tienen con el comportamiento.

Estas estructuras participan en:

  1. La programación de la actividades motoras
  2. Seleccionar, planificar, filtrar o inhibir la actividad mental.
  3. Monitorizar
  4. Abstraer y conceptualizar
  5. Solucionar problemas
  6. Regulación verbal del comportamiento
  7. Reorientación del comportamiento de acuerdo a las necesidades inmediatas
  8. Adecuación de la conducta de acuerdo a normas sociales
  9. Integración temporal de la conducta
  10. Integridad de la personalidad
  11. Autoconciencia personal

Al relacionar la última información descrita con el comportamiento de las personas con síndrome de Down, podemos darnos cuenta que, en muchos de los casos, las funciones del los circuitos prefrontales han sido alteradas a consecuencia del accidente genético. Por lo tanto podemos decir que los comportamientos son parte de la realidad cerebral, tomando en cuenta  las otras dos dimensiones del individuo.

Por todo esto, en muchas ocasiones pueden tener dificultades para meditar si la conducta que ejecutará lo llevará a tener consecuencias negativas o positivas.

Corteza o Circuito dorsolateral

Esta corteza está  implicada en las funciones ejecutivas y dentro de éstas,  los investigadores han propuesto diferentes funciones, pero se mencionará aquellas que tienen relación con el comportamiento.

La planeación, la memoria de trabajo, la monitorización, análisis, fluidez verbal, la solución de problemas complejos, flexibilidad mental, generación de hipótesis, estrategias de trabajo, seriación y secuenciación procesos que en su mayoría se denominan funciones ejecutivas (Flores y Ostrosky-Solís, 2008).  Así mismo, esta área está relacionada con la metacognición que tiene que ver con la  toma de conciencia sobre el comportamiento.

De esta área es donde depende la habilidad para razonar las decisiones, tomando en cuenta los riesgos, o bien para definir la emoción que debe utilizar en determinada situación.

También se puede mencionar que el circuito dorsolateral, está implicado en: 

  • El control y regulación de la atención.
  • Flexibilidad del comportamiento
  • La iniciativa
  • Control del pensamiento
  • Velocidad de procesamiento cognitivo y motor
  • Capacidad para planificar
  • Generación de nueva ideas
  • Ayuda a la fluidez verbal
  • Solución de problemas inmediatos.

Corteza o Circuito orbitofrontal

Esta área tiene estrecha relación con el sistema límbico, por lo que de acá es donde parte la relación entre la razón y la emoción. Este circuito tiene como funciones la selección de objetivos, Ardila y Ostrosky (2012) indican que “este circuito participa en la regulación de la emociones, en las conductas afectivas y sociales, así como a la toma de decisiones basadas en el estado de ánimo”. Además, dentro del funcionamiento de este circuito está trasladar las experiencias tanto positivas o negativas a un estado físico.

El circuito orbitofrontal actúa como una cámara de vigilancia, ya que indica si hay necesidad de hacer cambios en el comportamiento de acuerdo a la situación, ya que éstas pueden ser impredecibles. 

También se puede mencionar que este, está implicado en: 

  • Capacidad para regular la respuesta emocional
  • Flexibilidad cognitiva
  • Flexibilidad del comportamiento
  • Inhibición del comportamiento antisocial
  • Estabilidad emocional
  • Adaptabilidad conductual de acuerdo a las situaciones
  • Regulación de las respuestas verbales.

Corteza o Circuito Fronto Medial

También llamado cingulado anterior, el circuito fronto-medial, mantiene procesos de inhibición, detección y solución de conflictos. además, junto con el circuito dorsolateral, ayuda a mantener la atención.  Ardila y Ostrosky (2012) indican: “este circuito ayuda a regular la agresión y los estados motivacionales”, por ello, este circuito ayuda a estar enfocado a metas. Además este circuito ayuda a la habituación temporal en el aprendizaje para lograr mantener la atención y de esta manera asimilar el conocimiento.

También se puede mencionar que el circuito fronto-medial, está implicado en: 

  • Espontaneidad
  • Empatía
  • Demostrar emociones
  • Mantener el interés
  • Activación psicomotora inmediata
  • Concentrarse en tareas cognitivas

Todo esto explica la relación que tiene las diversas estructuras en el cerebro, explicado especialmente en la relación el circuito Orbitofrontal y el circuito Fronto-Medial, ya que  integran influencias inhibitorias y excitatorias

La relación de lo científico con lo cotidiano

Al leer detenidamente las funciones de los circuitos prefrontales, podemos relacionar cómo  algunas de las personas con síndrome de Down pueden poseer o carecer de estas funciones, teniendo en cuenta que, a partir  del accidente genético, de  manera indistinta cada  persona con síndrome de Down percibió este suceso,  por lo que veremos que algunos presentarán en mayor o menor grado alguna o algunas de las siguientes características.

  • Dificultad para mantener la atención.
  • Perseverancia
  • Dificultad para establecer prejuicios sobre recién conoce
  • Inflexibilidad en el comportamiento
  • Falta de iniciativa
  • Reiteración en determinados temas
  • Velocidad baja del proceso cognitivo y motor
  • Sin prejuicios para decir lo que piensa
  • Dificultad para planificar
  • Conflictos para generar nuevas ideas
  • Baja fluidez verbal
  • Dificultad para entender las bromas, el sarcasmo o el doble sentido.
  • Dificultad para regular la respuesta emocional
  • Impulsividad
  • Ejecución literal de lo que se ordena
  • Facilidad para proporcionar su confianza a quien recién conoce
  • Desinhibición del comportamiento
  • Dificultad para reconocer las intenciones del interlocutor
  • Capacidad para esperar más allá de lo debido
  • Problemas para adaptarse conductualmente de acuerdo a las situaciones
  • Apatía
  • Planos afectivamente
  • Activación psicomotora inmediata
  • Irritabilidad
  • Dificultad en establecer un plan que dañe a otra persona.

Ahora bien, el propósito de relacionar los cuadros científicos con el comportamiento cotidiano de las personas con síndrome de Down, no es el de crear un esquema de etiquetaje que provoque exclusión social, justificación permanente de comportamientos que son modificables, aplicación de medicamentos sin ayuda profesional, terapias físicas, psicológicas o cognitivas exacerbadas sin tener una investigación multimodal, confusión en referencias psicológicas, neurológicas o psiquiátricas. Por el contrario, uno de los fines de la relación de la información, ya mencionada, es crear un cuadro dialéctico en el conglomerado de profesionales que se dedican a la atención de las personas con síndrome de Down (padres, docentes, terapistas, médicos, trabajadores sociales, especialistas, entre otros)  de modo que se genere una ruta de conocimiento que parta de las propias experiencias de la relación con tan inigualables personas.

También se debe considerar que las acciones que el individuo puede llevar a cabo no dependerán únicamente de los factores neurológicos, sino estarán implicados los factores psico-sociales (etapas del desarrollo, etapas psicosexuales, etapas del desarrollo del pensamiento, entre otras.) Reconociendo también que la conducta es producto de las creencias nucleares, establecidas a lo largo de la existencia por medio de las experiencias que cada individuo, entendiendo que no la hace solo, sino que por medio de familiares, amigos, docentes, profesionales, que se involucran en propiciar la dinámica que permita que las personas con síndrome de Down, formar esas creencias nucleares.

McGuire & Chicoine (2006) señalan que “la interacción con la familia y con los amigos es exactamente igual de importante para las personas con síndrome de Down”, por lo que esto hará que posean una adecuada calidad de vida en salud mental, salud física y salud social.

Si bien es cierto que la conducta es alterada por los factores neuropsicológicos,  no quiere decir que las conductas que causan malestar serán permanentes o modificables inmediatamente. Se debe afirmar con suma importancia y no menospreciar en ningún momento, el papel familiar, la atención oportuna, las terapias físicas, cognitivas, psicológicas, el trabajo médico, la terapia de lenguaje, las amistades, los deportes, entre muchos otros. Solo por mencionar parte de lo que ya se realiza, porque todo esto va dirigido a llegar al mecanismo cerebral de la plasticidad neuronal que permitirá que la persona con Síndrome de Down adquiera aquellas habilidades que innatamente no posee, tomando en cuenta que los momento oportunos (periodos ventana) para realizar este trabajo es crucial.

Por último,  no se debe olvidar que la influencia de otros mecanismos cerebrales, como el sistema de neuronas espejo, ya que las personas en su mayoría aprenden por imitación, coadyuvándose de esto a lo largo de la existencia para formar el aprendizaje, aunque no se encuentre en esos periodos ventana,  porque de lo contrario no sería posible ver los resultados en gran cantidad de personas con síndrome de Down.

Conclusión

Las conductas tanto positivas o aquellas conocidas dentro del fenotipo conductual, tienen una razón de mucho peso y esto es lo producido por el trastorno genético que da distintos efectos a nivel neuropsicológico. En conducta específicamente, los lóbulos frontales (circuitos prefrontales) están presentes en la organización del comportamiento y pueden tener distintos efectos desde ese trastorno. 

Hablar de la relación entre lo científico y lo cotidiano tiene como objetivo el seguir fomentado esa conciencia en toda persona que tenga relación directa con una persona con síndrome de Down, a conocer sobre su realidad  biológica, psicológica  y social, ya que en todas se entrecruzan entre sí.

La importancia de convivir con las personas con síndrome de Down y hablar de las distintas realidades neurológicas debería llevar al lector a buscar una interacción que aporte al desarrollo integral de cada uno, aun de sí mismo.

 En el día a día, relacionarse con una persona con Síndrome de Down es un proceso de aprendizaje en ambas vías.

Debemos tener presente, además, "la mucha vida que queda por delante a las personas con Síndrome de Down bien merece que sea comprendida y atendida, con conocimiento y pasión, para que goce del bienestar que les corresponde en todos los órdenes, en lo físico y en lo mental" (Cien editoriales, 2010).

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