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Métete
de lleno: opciones de estilo de vida para un ocio activo
(Específicamente para personas con síndrome
de Down)
Life
be in it: Lifestyle choices for active leisure
Anne Jobling
Down Syndrome Research and Practice, 6(3): 117-112,
2001
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Resumen
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Existen ciertamente muchas actividades de ocio y entretenimiento
de carácter pasivo que son muy valiosas. Pero el deporte
y el entretenimiento físicamente activo presenta muchas ventajas
y beneficios para todos nosotros: algunos tienen que ver con la
salud, otros con la amistad y el compañerismo, otros con
los sentimientos propios de independencia y autoestima. Pues bien,
este es el caso también de las personas con síndrome
de Down, en las que el ocio activo puede mejorar notablemente su
calidad de vida.
Para los miembros que viven en una comunidad, la participación
en actividades de ocio, deporte y entretenimiento es una opción
importante en su estilo de vida. Las personas con síndrome
de Down viven en nuestra comunidad, por lo que ellas tienen también
tienen derecho a tener sus propias opciones de su estilo de vida
activa. Los niños, adolescentes y adultos con síndrome
de Down muestran un espectro muy amplio de intereses, y aunque su
tendencia, según se suele describir, es más bien la
de participar en actividades sedentarias y en forma solitaria, puede
que en este hecho concurran otros factores. Porque las consideraciones
que hacemos y las opciones que solemos dar a las personas con discapacidad
dependen con frecuencia de cómo las ven los responsables
de la comunidad, y la importancia que dan a las diferencias. Cuando
la percepción se basa más en las diferencias que en
las semejanzas, serán restrictivos y estrechos. Porque si
las actividades y puntos de vista se basan en las diferencias, las
expectativas serán bajas; y si éstas son bajas, también
lo serán los servicios que se organicen.
Pero el caso es que las diferencias pueden también verse
como un desafío, como una fuente de recursos, como posibilidad
para el cambio creativo y el desarrollo de oportunidades que tendrán
su valor a largo plazo. Cuando predomina esta percepción
de la diferencia como conformadora de aptitudes, se desarrollan
programas muy diferentes: serán programas con expectativas
elevadas y positivas.
Se ha comentado mucho sobre las diferencias que caracterizan a los
niños y adultos con síndrome de Down, en términos
de déficit de sus habilidades, lo que hace que las expectativas
que sobre ellos desarrollamos sean bajas. Se les considera incompetentes,
inactivos, con estilos de vida marcadamente sedentarios. Y ello
puede ser debido a su menor habilidad motora, sus problemas con
el peso, la excesiva pasividad y poca respuesta a las interacciones.
¿Tiene que ser así necesariamente?
Habilidades motoras. Existe una enorme variabilidad en la
capacidad de ejecutar, y lo que no cabe es aceptar resignadamente
que un joven con síndrome de Down, por definición,
no va a desarrollar sus habilidades motoras. Lo que requiere es
que se le haga un análisis de sus habilidades, instrucción
adecuada y práctica para mejorar su tono y fuerza muscular,
su puesta a punto, su habilidad, su comprensión del juego
y de las reglas y estrategias para intervenir en él.
Obesidad. La tendencia de los jóvenes con síndrome
de Down a desarrollar obesidad es una realidad que debe ser abordada
desde varios puntos de vista: educación de la alimentación
y de los hábitos, desarrollo y mantenimiento de actividad
física, cómo se ve en su propio cuerpo y el deseo
de mantener la línea, aprender a controlarse. Hay que romper
el círculo vicioso: "como está gordo no puede
hacer ejercicio; como no hace ejercicio, engorda".
Inactividad. "Resulta que como los niños con síndrome
de Down carecen de habilidades y de conocimiento sobre cómo
actuar en situaciones de interacción y juego, prefieren permanecer
inactivos y limitarse a mirar. O que como los padres y maestros
les sacan las castañas del fuego, lo mejor será esperar
a ver qué pasa". Se trata del aprendizaje de una estrategia,
que no es más que el resultado de una experiencia, pero no
es una característica inherente al síndrome de Down.
Cuando las diferencias se ven como problemas o barreras, lo habitual
es actuar con programas a corto y no a largo plazo. Se tiende enseguida
a generalizar y no a ver las características diferenciales
entre una y otra persona. Esto es muy importante y hace falta gente
que lo descubra para aplicar los programas. En cambio, si las diferencias
se perciben como desafío para desarrollar oportunidades y
como estímulo para realizar un cambio creativo en los programas,
se pueden conseguir mejoras sustanciales en el ocio activo de las
personas con síndrome de Down.
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Comentario
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El presente trabajo es un alegato contra las ideas preconcebidas
y las actitudes negativas en relación con el ejercicio y
el deporte de las personas con síndrome de Down. Aceptando
las limitaciones que puedan tener, la autora insiste en que ellas
no deben constituir un obstáculo para la realización
de ejercicio activo; por el contrario, esas limitaciones han de
ser un auténtico desafío que obligue a analizar las
diferencias individuales, a introducir modificaciones en los programas
de formación; en definitiva, a prescindir de las "inabilidades"
para encontrar las "habilidades".
En una sociedad tan volcada hacia el deporte de toda clase como
es la australiana, nacionalidad de la autora de este artículo,
la autora desmonta las excusas que se suelen dar para justificar
la inactividad en las personas con síndrome de Down y la
carencia de programas de deporte, y cita, sin extenderse a explicarlos,
dos programas que se han desarrollado en Australia, tomando precisamente
la diferencia como desafío para el cambio:
- Coaching Athletes with Disabilities. (1994). Canberra, Australia:
Australian Sports Commission.
- Downs, P. (1995). Willing and Able. Canberra, Asutralia: Australian
Sports Commission.
Ambos programas ayudan a crear auténticos enlaces entre la
comunidad y la escuela para que haya espacios de entretenimiento
y deporte en todos los niveles de participación. E incluyen
actividades del estilo de bicicleta de montaña, yate, canoas,
escalada, esquí, en las que participan todos los australianos.
La cuestión está en desarrollar programas que, teniendo
en cuenta las limitaciones de los jóvenes y adultos con síndrome
de Down, los introduzcan crecientemente en la realización
de muchos deportes que hasta ahora pudieran parecer prohibitivos
para ellos. Cada vez vemos con mayor frecuencia que, cuando los
niños con síndrome de Down empiezan a practicar los
deportes que se vienen realizando en la familia a la que pertenecen,
lo incorporan plenamente en su vida por complicados que inicialmente
parezcan (p. ej., esquí, natación, equitación,
parapente). Esto significa que, cuando hay motivación por
parte de quien enseña y de quien aprende, se consigue superar
los prejuicios que comenta la autora del artículo.
Es preciso que sean las mismas personas con síndrome de Down
quienes se convenzan que el entretenimiento activo forma parte importante
de su vida y de que están en condiciones de ponerse a ello.
Canal Down21
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