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Pilar Martin: Consejera de Servicios Sociales
de la Comunidad de Madrid
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Pilar Martinez, Consejera de Servicios Sociales de Comunidad de
Madrid, afirma que si hay algo que le ha enseñado su puesto en
el gobierno autónomo es a mirar la vida con un sentido positivo, a trabajar
con inteligencia , creatividad “y sobre todo con el corazón” para lograr
la felicidad y el bienestar de las personas con síndrome de Down y de
toda aquella que nazca con alguna diferencia.
¿Cuál es el panorama actual del sector de las minusvalías dentro
de la Comunidad de Madrid y, más concretamente, del sector del síndrome
de Down? Me refiero a número de centros asistenciales, presupuestos que
destina el Gobierno autónomo a este colectivo, ayudas y subvenciones,
etc.
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Entre la alternativa de establecer centros o instituciones especiales
para personas con discapacidad en función de la tipología de su
deficiencia, o de integrarlas en los recursos ordinarios de la comunidad,
sean educativos o asistenciales, la praxis educativo-asistencial
más reciente se ha decantado por la segunda opción. Si bien las
personas con síndrome de Down presentan determinadas connotaciones
características, que pudieran hacer aconsejable un tratamiento diferencial,
no obstante ha prevalecido el criterio de su integración, en la
medida de lo posible, en los medios escolar y laboral ordinarios.
La experiencia de estos últimos años, con evidentes logros no sólo
en la integración educativa sino también laboral, ha puesto de manifiesto
que dicha opción parece la más adecuada, porque fomenta un mayor
desarrollo de las capacidades cognitivas y emocionales de la persona
con síndrome de Down.
Por otra parte, la solución contraria, es decir, planificar centros
en función de las distintas deficiencias, tan numerosas y variadas
en el ámbito de la discapacidad, produciría una segregación que,
a medio y largo plazo, no favorecería una integración social adecuada
de la persona, objetivo último e irrenunciable de cualquier política
de atención a personas con discapacidad. Por esta razón la Consejería
de Servicios Sociales no tiene en funcionamiento centros de asistencia
específicos para personas con síndrome de Down. ni presupuesto diferenciado
o convocatorias especiales de subvenciones.
Lo dicho anteriormente no significa, evidentemente, que la Consejería
de Servicios Sociales no disponga de dispositivos asistenciales
para la atención de las personas con síndrome de Down. Una vez transcurrida
la etapa educativa en centros escolares, estos adolescentes, por
la naturaleza de su discapacidad y por su contrastada capacidad
de aprendizaje, suelen pasar a centros ocupacionales, donde reciben
la preparación prelaboral que les posibilite su integración laboral
en centros especiales de empleo o en empresas ordinarias. A tal
fin, la Consejería dispone de 8 centros ocupacionales propios con
un total de 1.030 plazas, buena parte de las cuales están ocupadas
por personas con síndrome de Down.
En este año, además, y siguiendo las previsiones contenidas en el
Plan de Acción para Personas con Discapacidad de la Comunidad de
Madrid, se va a realizar la reconversión de plazas de centros ocupacionales
privados en plazas públicas; su número es mayor y, al igual que
en los centros gestionados directamente por la Consejería, también
en ellos existen bastantes personas con síndrome de Down que reciben
terapia ocupacional y preparación para el desarrollo de actividades
laborales. |
La Comunidad de Madrid tiene determinados centros base donde se
ofrece atención temprana. ¿Cómo se controla el funcionamiento de estos
centros?
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En la Comunidad de Madrid existen 7 centros base, en los cuales
trabajan, además de 28 equipos de valoración, orientación y calificación
de discapacidades, 9 equipos de tratamiento. Se encuentran en Madrid
capital; cada uno tiene adscrita una determinada área territorial
de influencia. Son centros propios, cuyo funcionamiento depende
directamente de la Consejería a través de la Dirección General de
Servicios Sociales. En ellos se dispensan tratamientos de atención
temprana, en estrecha colaboración con los servicios de neonatología
y pediatría de los hospitales, los equipos de atención temprana
de Educación, los propios centros educativos, especialmente los
centros infantiles, y por supuesto en estrecha colaboración con
las familias, agentes principales e insustituibles en todo proceso
de atención precoz.
Además de estos tratamientos en los centros base, el Instituto Madrileño
del Menor y la Familia, organismo autónomo adscrito a la Consejería
de Servicios Sociales, tiene contratados los servicios de atención
temprana que dispensan entidades o centros privados en la Comunidad;
asimismo, efectúa tareas de coordinación entre los ámbitos sanitario,
educativo y de servicios sociales. Ni que decir tiene que los neonatos
con síndrome de Down son beneficiarios de dichos tratamientos; en
ellos, además, son más perceptibles los significativos logros que
se consiguen durante el tratamiento en su desarrollo psicomotor. |
¿Por qué no se ha planteado, al menos, la posibilidad
de establecer un único centro dentro de la Comunidad que se especialice
y abarque este tipo de ayuda y atención al sector de las minusvalías,
y dar así una mayor rapidez a temas tan importantes o específicos como
es la atención médica y quirúrgica y psicológica? Es decir, el sector
es muy minoritario. ¿Realmente plantearía problemas presupuestarios destinar
cualquier local de la Comunidad para ese fin? Hay un porcentaje elevado
de médicos y cuerpos de sanidad del Estado en paro. ¿No sería ésta una
vía de liberalización laboral?
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Los modelos de atención pueden ser varios, cada uno con sus ventajas
e inconvenientes. Tampoco puede olvidarse que no se implanta un
sistema de asistencia sanitaria, de servicios sociales, y en general
de protección social, partiendo de cero; existe detrás de cada modelo
o sistema una historia que lo justifica, consolida o condiciona;
y esto no sólo es aplicable a nuestro país, sino al resto de naciones.
En nuestro caso, los sistemas de protección asistencial -sanitario,
educativo, de servicios sociales, etc.- se han ido formando progresivamente,
con mayor preponderancia inicial de alguno de ellos sobre el resto.
Una especialización muy concreta tendría ciertamente beneficios,
nadie va a negarlo, pero también el inconveniente de hacer expansiva
cada vez más esa especialización, hasta el punto de poderla desconectar
de una necesaria consideración global. Conllevaría, además, una
reduplicación innecesaria de recursos. Lo importante es dispensar
a cada persona con discapacidad el tratamiento que precisa, con
independencia de quién se lo dé; si la coordinación intersectorial
es buena, y en esta dirección van encaminados todos los esfuerzos
actuales en materia de atención a discapacitados, la persona estará
bien atendida. |
La Consejería de Servicios Sociales ¿tiene estadísticas o cifras
que pueden dar una idea de niños de estas características abandonados?
¿Reciben notificación directa de este tipo de nacimientos? ¿se apoya de
manera inmediata a padres y tutores desde el punto de vista psicológico
y se les da tranquilidad en el aspecto económico, de cara al futuro?.
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La atención al menor abandonado, haya nacido o no con síndrome de
Down, es una obligación estricta e inmediata de los poderes públicos,
en concreto de las Comunidades Autónomas, quienes asumen legalmente
la función de tutela. En la Comunidad de Madrid se ejerce, por supuesto,
con la mayor agilidad y eficiencia. Cuando un niño nace con síndrome
de Down, y se le detecta la anomalía mientras la madre se encuentra
en estancia hospitalaria e incluso antes del nacimiento, son los
servicios sanitarios los encargados de atender y ofrecer la debida
información a los padres, con el fin de ofrecerles consejo genético
y apoyo psicológico.
En esta tarea son ayudados por los servicios sociales, en sus distintos
niveles, y especialmente por el movimiento asociativo, cuyo asesoramiento,
y más aún si se trata de asociaciones de padres con niños afectados
de síndrome de Down, es probablemente la más eficaz.
Por lo que se refiere a las ayudas económicas, la Seguridad Social
contempla ayudas familiares para los padres que tienen hijos con
deficiencias, y en la regulación del Impuesto de la Renta sobre
las Personas Físicas se establecen, asimismo, desgravaciones fiscales
cuando se tienen descendientes con discapacidad superior al 33 por
100.
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¿Podría dar con el corazón y, al mismo tiempo,
con un sentido realista, algún mensaje de esperanza para este sector ¿Cree
usted que esto es una batalla sorda? ¿Una guerra perdida? ¿Por qué?
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Nunca puede hablarse de batalla sorda, y menos aún de guerra perdida.
Sólo hay que echar la vista atrás, no más allá de veinticinco años,
para contemplar cómo entonces existía desconfianza en la capacidad
de la persona con discapacidad para ser educado y encontrar un empleo
productivo. La mortalidad de los niños con síndrome de Down se situaba
en torno a los cuarenta- cuarenta y cinco años. Hoy aquellas barreras
están superadas, el tiempo ha demostrado que eran ficticias, y nos
encontramos ante una esperanza de vida mucho mayor y de más calidad.
La existencia de discapacidad en las personas es un hecho cierto,
y todavía no sabemos con exactitud cuáles son las causas por las
que se producen. Pero es, en sí misma, un reto constante que tiene
la sociedad, las personas que la formamos, para descubrir dónde
se encuentra el origen de las deficiencias, prevenirlas, hacer todo
lo posible por conseguir una recuperación e integración social efectiva,
y para aprender lo mucho que transmiten esos ojos relucientes, transparentes
y vivos, esa sonrisa sencilla y natural de las personas con síndrome
de Down.
Por eso, si tuviera que dar algún mensaje, y como en la Consejería
de Servicios Sociales aprendemos de continuo a mirar la vida con
sentido positivo, diría que todos hemos de seguir trabajando, con
nuestra inteligencia, nuestra creatividad, y sobre todo con nuestro
corazón, para conseguir una mayor felicidad y bienestar de las personas
con síndrome de Down o con cualquier otra discapacidad.
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