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La conducta social durante el desarrollo de tareas,
en
los niños con síndrome de Down
Task-Related
Social Behavior in Children with Down Syndrome
Connie
Kasari y Stephanny F.N. Freeman
American
Journal of Mental Retardation, vol 106(3): 253-264, 2001
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Resumen
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Es posible que los niños con síndrome de Down posean
características específicas que los distingan de niños
con retraso mental de otro carácter o tipo. A diferencia,
por ejemplo, de lo que ocurre con los niños autistas, los
niños con síndrome de Down miran durante más
tiempo y con más frecuencia a las personas que a los objetos;
y también se muestran más positivos en su expresión
facial cuando se los compara con niños de su misma edad mental
pero sin retraso mental. ¿Es esto algo específico
del síndrome?
Por otra parte,
debemos preguntarnos cómo repercute esta mayor sociabilidad
en su desarrollo en conjunto, y en qué grado puede resultar
ventajosa. Porque, por una parte, el mirar a los otros puede proporcionarles
pistas adicionales sobre cómo abordar o solucionar los problemas.
Pero por otra, el mirar a los demás con frecuencia indica
que hay una mayor desviación en la direccionalidad hacia
el objeto o tarea, hecho que puede ser negativo porque inhibe la
cualidad de la persistencia en la realización de la tarea
y en la propia búsqueda interna de soluciones a los problemas.
Es una excesiva dependencia de los demás, lo cual reduce
su propia iniciativa para aprender a pensar y encontrar soluciones
por sí mismos.
En este trabajo,
las autoras abordan un estudio sobre el comportamiento social de niños
mayores (5 a 12 años) con síndrome de Down durante la
realización de tareas escolares, y lo comparan con otros dos
grupos de niños de edad mental similar, uno con retraso mental
de otra naturaleza, y otro sin retraso mental. Se les propuso trabajar
sobre una serie de puzzles, unos claramente solucionables y otros
imposibles de resolver. Además, para analizar la dependencia,
se añadió la situación en la que la maestra se
sentaba al lado del niño con otro puzzle idéntico y
lo iban haciendo simultáneamente de forma paralela (test de
dependencia).
Sus resultados
demuestran que los alumnos con síndrome de Down mostraron mayor
conducta social que los demás niños sin síndrome
de Down, medida en el número de veces que buscaban orientación
durante la tarea cognitiva de resolución de problemas. Su mirada,
además, se dirigía más hacia la cara de la maestra
que hacia el puzzle que estuviera también ella resolviendo.
Esta conducta confirma lo que ya se había demostrado en niños
más pequeños con síndrome de Down, lo que significa
que es una forma de conducta que se mantiene a lo largo del desarrollo
y persiste en el comienzo de la juventud. Las miradas a la maestra
fueron menores para los puzzles que eran solucionables que para los
que no tenían solución, lo cual significa que poseen
una buena capacidad adaptativa en función del éxito
que consiguen.
En el test de
dependencia (alumno y maestra haciendo puzzles idénticos),
los niños con síndrome de Down miraban más
a la cara de la maestra que al puzzle que la maestra trataba de
solucionar, mientras que los niños de los otros dos grupos
(normales o con deficiencia que no era debida al síndrome
de Down) miraban más al puzzle de la maestra intentando encontrar
la solución, que a su cara. Se considera que, aunque en ambos
casos existe un problema de dependencia para la resolución
de problemas, el mirar a la cara en lugar de al puzzle es una conducta
menos específica y menos práctica para resolver tareas.
De hecho, en el test de dependencia los niños con síndrome
de Down tardaron más tiempo en resolver el puzzle que los
demás.
Las autoras no
se atreven a afirmar que ésta sea una conducta auténticamente
específica del síndrome de Down, mientras no se hagan
estudios comparados con otros síndromes de deficiencia mental
también específicos.
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Comentario
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Este estudio muestra algunos de los puntos débiles y fuertes
que pueden tener los niños con síndrome de Down, y que
quizá sean aplicables a edades mayores. Y sirvan para mejorar
la formas de intervención. Confirma algo que se ha descrito
varias veces: su buena capacidad de contacto social. Esto es claramente
positivo por cuanto facilita el vínculo entre padres e hijo,
facilita su integración tanto en los ambientes escolares como
en las relaciones familiares y sociales, incluso en ambientes que
inicialmente pueden ser nuevos o extraños para el niño.
Pero al mismo tiempo,
el abuso de esta cualidad puede dificultar el esfuerzo que han de
realizar para tratar de ir pensando por sí mismos, para resolver
problemas con creciente dificultad, ya que parecen recurrir de manera
exagerada y poco efectiva a que sean otros los que les resuelvan los
problemas. Esto puede resultar un factor negativo que limite su progreso
en la capacidad de aprender por sí mismos.
La conclusión
que debemos obtener, tanto los profesionales como los padres, es
que hemos de canalizar esa sociabilidad en la dirección apropiada.
Esa sociabilidad puede facilitar la atención y la motivación,
que son cualidades de enorme importancia para iniciar y mantener
el proceso de aprendizaje. Y a partir de ellas, trataremos de intervenir
para que sean ellos mismos quienes, poco a poco, vayan aprendiendo
a resolver los problemas.
Canal
Down21
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