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Efectos
de la estructuración verbal y no-verbal de los profesores
sobre el rendimiento cotidiano en las clases de estudiantes
con síndrome de Down
Xiao-Lei Wang, Ronan Bernas, Philippe Eberhard
International Journal of Early Years Education, 9(1):71-80,
2001
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RESUMEN
Introducción
y objetivos. Durante mucho tiempo se ha reconocido que la conducta
no-verbal de los profesores constituye un medio pedagógico
poderoso en la interacción dentro de la clase. Los educadores
y los investigadores han hallado que la conducta no-verbal puede provocar
respuestas por parte del estudiante significativamente mayores que
la verbal durante las lecciones y las clases. En los últimos
años ha sido foco de atención un tipo particular de
conducta no-verbal: los gestos espontáneos de las manos que
acompañan al lenguaje verbal.
Parecen ofrecer una mayor penetración en el pensamiento. Parece
que los estudiantes, a través de los gestos del profesor, pueden
espigar mejor las señales que ayudan a resolver problemas y
a reconstruirlos en sus propias estrategias. Nos
interesa comprobar este hecho en los alumnos con síndrome de
Down. Presentan dificultades en las funciones cerebrales de procesamiento
(clasificación, memoria) y en la función ejecutiva (toma
de decisiones). Por ello procesan la información verbal que
los profesores emiten normalmente en la clase peor que sus compañeros.
De ahí que la conducta no-verbal del profesor les pueda ayudar
de manera especial.
En este trabajo
hemos examinado en qué grado el lenguaje verbal y los gestos
manuales de los profesores ayudan a los alumnos con síndrome
de Down dentro de la estructuración de una clase diaria. Nos
hemos centrado únicamente en la estructuración gestual
espontánea, diferenciando cuatro tipos de gestos: a) icónicos
para los gestos que imitan una acción, b) metafóricos
para gestos que han sido elegidos o diseñados para indicar
conceptos abstractos, c) deícticos para indicar objetos y acontecimientos
y, de este modo, llamar la atención del estudiante, d) emblemas
para señalar aprobación o desaprobación de una
conducta. El objetivo del trabajo, pues, fue: (i) examinar cómo
usan los profesores su lenguaje verbal y gestual (manual); (ii) explorar
el modo en que estas modalidades afectan la ejecución del alumno.
Métodos.
Participaron 40 profesoras que tenían entre 2 y 6 años
de experiencia en educación integrada y 40 alumnos con síndrome
de Down (20 niños y 20 niñas) con una media de edad
de 7,5 años y de CI 62,38. Los investigadores pasaron al menos
10 horas de los participantes antes del estudio para familiarizarse
con las escuelas, las clases, los profesores y los alumnos. Se registraron
las sesiones por vídeo, con un total de 3360 minutos, y una
media de 84 minutos para cada diada profesor-alumno.
Se analizaron tres tipos de modalidades de estructuración.
1. Sólo lenguaje verbal (ejemplo: instrucción verbal
"vierte agua en ese vaso rojo que está allí").
2. Lenguaje verbal y gestos simultáneamente (ejemplo: cambia
esta figura de la caja A a la B, y el profesor ejecuta previamente
la acción). 3. Sólo gestos manuales (ejemplo: señala
con las manos la distancia aproximada de 10 centímetros).
En cuanto a los
estudiantes se analizaron los siguientes parámetros: 1. Si
había o no respuesta a la acción del profesor. 2. El
tiempo durante el cual los alumnos mostraban atención sobre
las tareas que se les enseñaba. 3. El éxito alcanzado
en la realización de las tareas asignadas.
Por último se evaluaron las funciones de comunicación
conseguidas por cada uno de estos tres medios de estructuración.
Resultados.
a) Frecuencia de uso de cada modalidad estructural por parte del profesor:
Sólo lenguaje verbal: 71%
Lenguaje verbal y gestos: 27%
Sólo gestos: 2%
b) Hay respuesta por parte de los alumnos:
Al lenguaje verbal: 9%
Al lenguaje verbal más gestos: 58%
A sólo gestos: 33%
c) Tiempo de los alumnos centrados en la tarea:
Sólo lenguaje verbal: 32 seg.
Lenguaje verbal y gestos: 74 seg.
Sólo gestos: 68 seg.
d) Consiguen terminar
su tarea con éxito:
Sólo lenguaje verbal: 5%
Lenguaje verbal y gestos: 54%
Sólo gestos: 41%
e) Funcionalidad de los gestos: Parece claro que cuando la estructuración
del profesor se basaba en gestos (con o sin lenguaje verbal), los
estudiantes con síndrome de Down respondían mejor de
acuerdo con todos los parámetros utilizados. Las funciones
en la estructuración en la que sólo había componente
verbal eran más de dirección, descripción sugerencia,
pregunta, mandato, refuerzo; mientras que las de la estructuración
en la que había componentes gestuales eran más propias
de modelado, acción, facilitación, atracción
de la atención. De hecho, hasta un 46% de la estructuración
que contenía gestos tenía un carácter de modelado
y el 25% era de carácter activo. Ambas funciones pueden ser
más adecuadas para el nivel de procesamiento de la información
que tienen los alumnos con síndrome de Down.
COMENTARIO
Desgraciadamente,
el estudio resulta incompleto porque no se analizan los mismos parámetros
en una población comparable de alumnos sin síndrome
de Down. A pesar de esta insuficiencia, el estudio nos muestra la
importancia que tiene el lenguaje gestual en la estructuración
docente de los alumnos con síndrome de Down en un contexto
de clase diaria en régimen de integración.
Por una
parte, sabemos muy bien que la información visual es mejor
captada y procesada por los niños y adolescentes con síndrome
de Down que la información auditiva. No tiene, por tanto, nada
de particular que este grupo de alumnos haya respondido mejor y haya
mantenido más tiempo su atención cuando recibe una enseñanza
marcada por la calidad de los gestos.
Por otra
parte, se aprecia también que la suma de ambas actuaciones,
gestuales y verbales, es la más positiva de las estructuraciones
empleadas. Sin duda, es la que mejor se adapta a las limitaciones
de procesamiento de la información que tienen los escolares
con síndrome de Down. Por consiguiente, debe recomendarse encarecidamente
su uso a los profesores que tengan en sus clases a este tipo de alumnos.
Sorprende, en este sentido, la muy baja incidencia del uso de gestos
por parte de las profesoras y la alta incidencia de sólo información
verbal en este trabajo, algo que, según los autores, confirma
los resultados de otros estudios. Es posible que esto no se dé
tanto en el profesorado de origen latino, dado que las personas de
esta etnia suelen acompañar más frecuentemente su habla
con gestos.
En conclusión, en la preparación de sus clases y modos
de enseñar, los profesores que tengan en su clase a un alumno
con síndrome de Down, deberán cuidar de que su exposición
verbal sea ampliamente acompañada de información gestual
que contemple modelado, acción y otros métodos útiles
para atraer y mantener la atención.
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