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El
éxito de las prácticas educativas diarias de
los maestros
de niños con síndrome de Down, en régimen
de integración
Gloria
Wolpert
Revista
Síndrome de Down 18(4): 110-114, 2001
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Resumen
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Conforme crece el interés por la diversidad en la educación,
se acepta la inclusión o integración como el medio moral,
legal y práctico de abordar la reforma educativa. El objetivo
de este trabajo fue hacer preguntas prácticas a los profesores
de la educación regular o normal, que con frecuencia quedan
excluidos del proceso de conceptualización y toma de decisiones,
y sin embargo son quienes han de afrontar a diario las consecuencias
de la puesta en práctica diaria del proceso. Se fijó
de modo particular en las estrategias y métodos que los maestros
han utilizado con éxito en su clase con todo el grupo de alumnos.
Durante
los últimos veinte años, los padres de los niños
con síndrome de Down han pensado que la educación de
sus hijos en un programa de educación especial era algo que
los segregaba. Por ello contactaron con la National Down Syndrome
Society para pedir información sobre las prácticas de
integración actualmente vigentes. Se enviaron 320 cuestionarios
a maestros de educación regular u ordinaria que tenían
un alumno con síndrome de Down en su clase. El cuestionario
tenía cuatro niveles de preguntas:
a) experiencia
anterior, lo que incluía cuánta experiencia docente,
conocimientos de educación especial, y conocimiento/actitud
sobre la integración poseían;
b) preparación
personal para la integración y para el proceso de transición;
c) información
de la clase sobre programación, organización de la clase,
terapias y servicios de apoyo; y
d) modo de manejar la clase, instrucción y estrategias de conducta.
El objetivo
fue descubrir lo que funciona y lo que no funciona en la inclusión
de los niños con síndrome de Down, de acuerdo con el
punto de vista del profesor de una aula ordinaria. Se pidió
a los maestros que calificaran en una escala de 1 (ineficaz) a 5 (muy
eficaz) a los diferentes tipos de organización del aprendizaje
y a las estrategias seguidas en la instrucción y en el manejo
de la conducta.
De los 320
cuestionarios enviados, se obtuvieron 120 respuestas. El análisis
de los datos obtenidos de 120 encuestas indicó que las mayoría
de los alumnos con síndrome de Down acudieron a sus escuelas
del barrio y recibían algún tipo de los servicios. La
mayoría de las clases disponía de un ayudante de apoyo
a la integración que también trabajaba con otros alumnos.
Los profesores consideraron que el régimen de integración
de los niños con síndrome de Down tuvo éxito
aunque cabía mejorarlo. Vieron la experiencia como un desafío,
gratificante y de gran valor tanto para los alumnos regulares como
para el alumno con síndrome de Down. Señalaron que tuvieron
que realizar trabajo extra para preparar las modificaciones en las
tareas de clase, hacer trabajo en casa y preparar los procedimientos
de evaluación. El modo mejor para el aprendizaje fue el de
la situación 1:1, y en ocasiones resultaron eficaces la instrucción
en grupo pequeño, el servicio de los compañeros como
tutores, el uso de ordenadores y la enseñanza en equipo. La
alabanza fue la estrategia que mejor solucionó los problemas
de conducta; no, en cambio, los castigos o reprensiones.
En la tabla
que figura a continuación, se expone una lista (por orden de
puntuación conseguida) de las mejores estrategias utilizadas
en la integración de los alumnos con síndrome de Down
(1: ineficaz; 5: muy eficaz).
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Media
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Desviación
standard
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Valor
de t
superior/inferior |
| Mejor
organización de la enseñanza |
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|
Individual
Grupo pequeño
Compañero-Tutor
Ordenador
Enseñanza en equipo
Grupo grande
Toda la clase
|
4,4583
3,8583
3,3917
2,9833
2,9500
2,4667
2,0500 |
1,0603
1,1174
1,3429
15664
1,9440
1,1071
1,1585 |
t
= 16,7990* |
Instrumentos
más eficaces
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Actividades concretas
Ordenador
Papel y lápiz
Libro de texto
Manual
Otros
|
4,2833
3,4250
2,9750
2,6667
2,1167
1,0353
|
1,2035
1,6786
1,4288
1,7166
1,5674
1,9606
|
t
= 12,0103*
|
| Mejores
estrategias para manejar las conductas |
|
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Alabanza
Premios materiales
Contacto con padres
Pérdida de privilegios
Tiempo de descanso
Presión del compañero
Reprimenda
Ignorar
Castigo
Descender de clase
|
4,6417
3,4000
3,3000
3,1500
3,1083
2,6417
2,4500
2,2083
1,6583
1,3500 |
0,5768
1,6109
1,6933
1,5912
1,5492
1,4883
1,2425
1,3652
1,3750
1,1714
|
t
= 27,6152 |
| Mejores
métodos para evaluar |
|
|
|
Esfuerzo
Trabajo diario
Participación física
Participación verbal
Exámenes
Tareas en casa
|
4,4833
4,2000
4,0833
3,5917
2,0917
1,8000
|
0,9872
1,1924
1,2063
1,5584
1,4260
1,2873
|
t
= 18,1197*
|
Peticiones
de los maestros para mejorar
|
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|
|
Instrucción
individual
Más tiempo para planificar
Características de aprendizaje
informático
Ayuda adicional
Tutoría por compañeros
Apoyo de la administración escolar
Información por parte de los padres
Menos papeleo
|
3,9583
3,8917
3,7083
3,4500
3,2833
2,8750
2,5583
2,5333
|
1,3182
1,5173
1,2990
1,6493
1,2911
1,5260
1,5107
1,6750
|
t
= 7,3235*
* p < 0,01 |
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Comentario
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Este estudio indica que la integración de los alumnos con síndrome
de Down, tal como ahora existe, tiene éxito según comentan
los propios profesores de enseñanza ordinaria, aunque queda
mucho por mejorar. Los profesores calificaron la experiencia como
ilusionante, gratificante y de gran valor para los alumnos de enseñanza
ordinaria y para el alumno con síndrome de Down. Pero es preciso
señalar que los datos recibidos por la investigadora corresponden
a 120 respuestas de 320 cuestionarios enviados. Y esto condiciona
el valor de la encuesta porque no nos permite conocer las opiniones
de más de la mitad de los encuestados que no respondieron,
y que podían haber cambiado el sentido de las respuestas, o
ser más críticos con el sistema de integración.
Resulta particularmente
aleccionador su opinión, nada extraña por otra parte,
de que los métodos más eficaces fueron la enseñanza
individual (1:1) y la enseñanza en grupos pequeños,
especialmente en las mesas de los alumnos. Los instrumentos más
eficaces fueron las actividades sobre hojas de papel o la enseñanza
asistida por ordenador. Para motivar a los alumnos, los mejores métodos
fueron la alabanza y los pequeños premios, en lugar de los
castigos o las reprimendas, y los mejores elementos a la hora de evaluar
fueron el grado de participación y el esfuerzo desarrollados
en la clase, más que las tareas hechas en casa o los tests
clásicos de evaluación.
Es de destacar
también la utilidad de recurrir a los compañeros como
tutores, para enseñar en un ambiente agradable, como ya se
ha descrito en otros estudios.
Ninguno
de estos resultados sorprende. Pero sí ponen de manifiesto
que la integración no tiene asegurado su éxito si no
se acompaña de un esfuerzo extra por parte de todos los estamentos:
equipo directivo, profesorado y alumnos. Con una última referencia
a la cúpula administrativa de donde proceden los recursos.
De hecho, las peticiones más frecuentes para mejorar el modelo
de integración fueron: mayor tiempo para la planificación,
para incorporarlo en los horarios de trabajo, y mayores posibilidades
de realizar una enseñanza con relación 1:1. Esto puede
exigir la reducción del número de alumnos por clase
y/o la incorporación de más profesores.
Al comentar
este trabajo, resulta aleccionador recordar los resultados de otro
trabajo muy reciente en que se evalúa el talante, la satisfacción
o la tendencia depresiva de alumnos con discapacidad intelectual ligera
educados en escuelas de educación especial, frente a otros
que estaban en aulas especiales pero dentro de un colegio de integración
y compartían los ratos de recreo y otros. Fueron los alumnos
en colegios de integración los que sentían mayor satisfacción
y menores problemas emocionales o de conducta. (Ver J. Intellect.
Disabil. Res. 45: 515, 2001).
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