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Cómo
hablan los padres con sus hijos
sobre
el síndrome de Down y la discapacidad
Cliff
C. Cunningham, Sheila M. Glenn y H. Fitzpatrick
Journal of Applied Research in Intellectual
Disabilities, 13: 47-61, 2000
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RESUMEN
Introducción
Conforme van incorporándose más personas con síndrome
de Down en la vida ordinaria, es más probable que hayan de
afrontar situaciones en las que sean más conscientes de sus
diferencias. Para algunas eso puede resultar doloroso, y necesitarán
más ayuda y apoyo. Los padres tienen un papel decisivo; como
vigilantes que son, ofrecen información e interpretan el significado
de la información y de las reacciones de los demás.
Controlan también las oportunidades para afrontar situaciones
difíciles. Los trabajos publicados sugieren que algunos padres
reaccionan formando una especie de cápsula protectora
alrededor de sus hijos. Para explorar más esta situación,
preguntamos a los padres si habían hablado con sus hijos sobre
el síndrome de Down y la discapacidad, y cuándo lo habían
hecho (incluyendo a los hermanos y hermanas). Utilizamos el sistema
de entrevista y de fotografías con los chicos pequeños
con el fin de evaluar si reconocían el síndrome de Down,
si eran conscientes de la discapacidad, y cómo reaccionaban
ante esta experiencia. Se valoró su edad mental verbal para
tener una cierta idea sobre su nivel de funcionamiento cognitivo.
Intervinieron en el estudio 77 jóvenes con síndrome
de Down de edades entre 17 y 24 años.
Resultados
El 65% de los
padres declararon espontáneamente que habían hablado
abiertamente sobre el síndrome de Down en su familia y no
habían evitado utilizar este término delante del joven.
El 57% de los
padres había hablado de modo explícito sobre el síndrome
y la discapacidad con su hijo. Alrededor de la mitad de estos padres
utilizaron una estrategia reactiva: esperar a que el
joven indicara que era consciente de las diferencias. La otra mitad
fue más activa, y los padres buscaron oportunidades para
hacer emerger esta conciencia. En general, pensaron que sería
mejor para el joven que estuviera preparado, y no que se viera en
el riesgo de tener que aprender sobre sus diferencias en circunstancias
que pudieran ser difíciles. Muchos padres describieron los
momentos que dispararon la conversación: por
ejemplo, el chico que se da cuenta de que alguien se le parece,
a veces en la televisión; gente que le mira; la pregunta
de por qué no se le deja hacer ciertas cosas; por qué
otros chicos hacen cosas que ellos no pueden hacer; comentarios
de amigos, o de los hermanos.
El otro 43%
no había intentado hablar con el hijo de modo explícito.
La mitad de estos padres pensaron que el hijo no lo entendería,
y un tercio pensó que este tema no tenía por qué
afectar a sus vidas por tanto, ¿por qué
hacer de él un problema? Sólo 5 familias evitaron
el tema de modo deliberado, y en 8 familias el hijo poseía
una cierta percepción pero ni los hijos ni sus padres suscitaron
el tema.
La mayor parte
de los jóvenes con edad mental verbal superior a los 6 años
sabían reconocer el síndrome de Down y tenían
cierta idea sobre lo que es la discapacidad. En general, a mayor
edad mental verbal, mayor era su percepción y comprensión.
La mayoría de los jóvenes a los que los padres no
les habían dicho nada, tenían una edad mental verbal
de 6 años o menos, y mostraron no tener conocimiento alguno
sobre el síndrome de Down ni la discapacidad, en ninguna
de las evaluaciones realizadas.
La mayoría
de los padres refirieron que los hermanos empezaron a hacer preguntas
sobre las diferencias de sus hermanos con síndrome de Down
entre los 4 y los 8 años. Los jóvenes con síndrome
de Down que mostraron tener percepción empezaron a hacer
preguntas entre los 9 y los 12 años, es decir, cuando alcanzaron
un nivel similar de desarrollo.
Alrededor de
10 jóvenes con síndrome de Down y 3 de los hermanos
reaccionaron de manera negativa a la información. No se apreció
relación alguna entre el modo de informar y las reacciones
negativas.
El contenido
de la información dependió de la capacidad del joven.
De los padres a los que les pareció que el joven lo entendía,
las tres cuartas partes introdujeron el síndrome de Down
mediante una referencia a los rasgos faciales. De igual modo, la
discapacidad de aprendizaje, el handicap mental y las necesidades
especiales fueron explicadas por lo general mediante referencia
a los factores sociales, como por ejemplo el tener que asistir a
una escuela especial. El 14% habló sobre los problemas físicos,
por ejemplo las cardiopatías. El 17% dio explicaciones detalladas
sobre las causas, incluidos dos que intentaron explicar los cromosomas.
El 14% habló sobre el síndrome de Down pero no trató
de explicar la discapacidad de aprendizaje o el handicap mental.
Todos estos padres destacaron la importancia de ofrecer seguridad
en cuanto a que el joven se sintiera bien valorado.
Conclusiones
La mayoría
de los padres que tienen un hijo con síndrome de Down tendrán
que hablarles sobre su condición en algún momento. Aunque
algunos padres evitaron conscientemente hablar de ello, en su mayor
parte por miedo a crear preocupación en el joven, al final
tuvieron que hablarlo porque fue el joven mismo quien suscitó
la cuestión. Además, en muy pocos casos hubo una reacción
negativa ante la percepción del síndrome de Down o de
la discapacidad; cuando la hubo, fue independiente de si los padres
se lo habían dicho o no.
El nivel
de percepción del síndrome de Down y de la discapacidad
guardó relación con la edad mental verbal. Los padres
insistieron en el hecho de que el mejor modo de abordar la cuestión
fue concentrarse en los que entonces era importante para la vida de
su hijo, en términos que pudieran comprenderlo a esa edad.
Los consejos
que surgen de este trabajo son: (1) Hablar sobre los temas relacionados
con el síndrome de Down y la discapacidad de forma abierta
dentro de la familia. (2) Ser activos y estar vigilantes a la hora
de aprovechar la oportunidad para informar al niño o al joven
de que tiene síndrome de Down y problemas de aprendizaje, de
un modo que sea apropiado a su capacidad de comprensión. (3)
Una vez explicado, saber reaccionar y ser sensibles al desarrollo
del joven, de su personalidad y de su percepción social, a
lo largo de los años.
COMENTARIO
El presente trabajo del equipo del Prof. Cunningham, que durante años
ha estudiado de modo muy cuidadoso el papel y la implicación
de las familias en el desarrollo de los niños y jóvenes
con síndrome de Down, aborda una cuestión que se suscita
de forma reiterada por parte de algunas familias. De hecho, la cuestión
fue planteada en este Portal de modo explícito en Opinión
y pueden encontrarla con el nombre:
Tienen síndrome de Down: Hablarles con naturalidad sobre el
síndrome de Down.
El estudio de
Cunningham, que se basa principalmente en la experiencia de los
padres y las familias, aboga claramente por la necesidad de que
se informe a los chicos y jóvenes con síndrome de
Down sobre su propia realidad. Son necesarias, sin embargo, algunas
precisiones de carácter práctico.
En primer lugar,
que la información que demos sea acorde con el nivel de conocimiento
del hijo. Muchas veces, será él quien suscite la oportunidad
para introducirle poco a poco la información; dar la información
que el momento demanda: ni menos, ni tampoco más. Pensemos
que infinidad de veces, es él quien percibe un algo al que
no sabe poner nombre pero que le origina sufrimiento. Conocer la
realidad es el primer paso para aceptarse.
En segundo lugar,
mostrar siempre un talante positivo, haciéndole ver la serie
de cualidades que también posee. Porque su realidad no sólo
tiene sombras, sino que está llena de luces que conviene
destacar.
En tercer lugar,
mostrarle con dichos y hechos (¡tenemos que ser explícitos!)
lo felices que somos por el hecho de que exista y de que viva con
nosotros, y lo orgullosos que nos sentimos de sus progresos. Cuando
este talante se mantiene en la familia de manera constante y coherente,
destacando sus logros en lugar de estar permanentemente insistiendo
en sus fracasos, el chico y el joven va adquiriendo una buena percepción
de sí mismo, y una buena autoestima.
En cuarto lugar,
hemos de aprovechar las oportunidades múltiples que la vida
nos ofrece para destacarles con ejemplos concretos que todos somos
diferentes, que todos tenemos cualidades e imperfecciones, y que
tenemos razones para sentirnos satisfechos de nosotros mismos.
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