Entrevista con el Dr. Sigfried Pueschel
Centro de Desarrollo Infantil
Hospital de Rhode Island, USA
Facultad de Medicina, Universidad de Brown
USA
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| El
Doctor Pueschel es profesor de Pediatría en la Universidad
de Brown, además de ser el Director del Centro de Desarrollo
Infantil del Hospital de Rhode Island en Estados Unidos. Persona
especialmente sensible a los problemas sociales, siempre ha demostrado
un gran interés en la investigación de las alteraciones
del desarrollo, la genética, la bioquímica y las anomalías
genéticas. Su dedicación preferente ha sido el síndrome
de Down. Eso le llevó a obtener otros dos doctorados:
en Psicología del Desarrollo y en Leyes. Nosotros
sabemos muy bien que, en la historia del síndrome de
Down en el mundo, hay un antes y un después del Doctor Pueschel.
Pero Sigfried
Pueschel, más que alardear de sus logros académicos
y profesionales, presume de ser padre y de haberlo sido de Chris;
un niño, un joven, un adulto con síndrome de Down.
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Pregunta:
¿Cuándo
empezó a trabajar en el campo del síndrome de Down? ¿Cuál
fue la razón principal de su decisión?
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Respuesta.Un día, hace cerca de 35 años, mientras
estaba trabajando como residente de pediatría en la Clínica
de Urgencias del Hospital Infantil de Montreal, tuve que ingresar
a una niña de 8 años con síndrome de Down que
venía con fuertes dolores abdominales. En la rápida
exploración nos dimos cuenta de que era un problema serio
y tenía una patología aguda. Después de los
análisis necesarios, nos la llevamos directamente al quirófano.
Ahí, los cirujanos encontraron un quiste del ovario reventado,
con hemorragia interna. Afortunadamente, se recuperó.
En el postoperatorio, tuvimos más tiempo para hacerle una
exploración más detallada. No sólo tenía
la mayoría de las características de una persona con
síndrome de Down, sino que también tenía señales
de hipotiroidismo (confirmado por los análisis apropiados),
y desarrollo sexual precoz. Las investigaciones que siguieron, sobre
la relación entre el síndrome de Down, el hipotiroidismo
y la precocidad sexual, culminaron en mi primera publicación
en el campo del síndrome de Down.
Y durante esta etapa nació mi hijo Chris.
Como muchos padres, mi mujer y yo habíamos estando esperando
con ilusión el nacimiento de un hijo sano. Nuestros sueños
se desbarataron cuando nos enteramos de que nuestro hijo tenía
síndrome de Down. Después del trauma inicial, nuestra
profunda tristeza y desesperación se trocaron en alegría
y felicidad verdaderas, porque las sonrisas de Chris y su personalidad
tan afable nos cautivaron el corazón, y así empezamos
a celebrar su vida. Mi hija Jeanette no lo podía haber dicho
mejor: Chris era el sol de la familia.
Aunque ya había hecho investigación sobre el síndrome
de Down antes de su nacimiento, no cabe duda de que Chris impactó
tremendamente mi existencia futura. Sobre todo, Chris dio dirección
y significado a mi vida profesional, y de muchas maneras influyó
también mi vida personal.
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P.Desde
entonces, ¿cuáles son los avances más importantes
que ha visto en cada una de las siguientes áreas:
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R.-
Salud: Ha habido avances muy significativos en las últimas
décadas. Concretamente, en las décadas de los años
70 a los 90 hemos visto que muchos individuos con síndrome
de Down tienen problemas visuales, hay una alta incidencia de discapacidad
auditiva, disfunción tiroidea - sobre todo el hipotiroidismo
-, inestabilidad atlanto-axoidea, enfermedad celíaca, y muchos
otros problemas. La atención médica ha mejorado mucho
porque sabemos más sobre la presencia de ciertas patologías
en el síndrome de Down, que pueden ser buscadas y diagnosticadas.
Por tanto la salud general de la población con síndrome
de Down ha mejorado.
Quizá lo más significativo han sido los avances en
las malformaciones cardíacas, con cirugía precoz para
las cardiopatías congénitas. El diagnóstico
temprano y las intervenciones a tiempo han hecho que la esperanza
de vida para las personas con síndrome de Down se haya duplicado.
Lo mismo se puede decir para las malformaciones congénitas
del aparato digestivo como la atresia duodenal o las fístulas
traqueoesofágicas. Esos niños solían morirse
porque no se les operaba, y eso ya no ocurre.
- Educación:
En el campo educativo no puedo hablar mucho sobre lo que ocurre
en otros países. Los líderes en esta área han
sido los países escandinavos. Hace tres décadas no
se hacía mucho aquí en EE.UU., y yo visité
Dinamarca y Suecia, de quienes aprendí muchísimo.
A mediados de los años 70 se aprobó legislación
en EE.UU. que prohibía la discriminación basada en
la presencia de discapacidades intelectuales, y eso tuvo un impacto
enorme. Pero llevó su tiempo, porque el sistema educativo
no estaba preparado y los profesores no estaban formados. Se ha
progresado algo en este campo. Además, la intervención
temprana también comenzó en los 70, y la educación
preescolar ha contribuído a mejorar la función cognitiva
de niños con síndrome de Down.
- Integración social: Ésta va en paralelo con
los avances en la educación. Cuando la gente se enteró
en los años 60 de que hasta un Presidente como John Kennedy
podía tener una hermana con retraso mental, se dieron cuenta
de que podía ocurrir en cualquier familia. Se desmitificó
el problema. También se hizo un gran esfuerzo para la desinstitucionalización.
Había existido una gran presión para institucionalizar
a las personas con retraso mental con el pretexto de que eran una
amenaza para la sociedad, que destruían las familias. Un
ejemplo llamativo de lo que se ha progresado en este campo es la
iniciativa Special Olympics. También en las comunidades y
en los colegios se ha avanzado mucho.
- Investigación
biomédica y educativa: El avance más reciente
es, por supuesto, el proyecto Genoma Humano. Desde hace año
y medio sabemos que el cromosoma humano 21 contiene cerca de 225
genes, y el progreso que se ha hecho incluso en el último
año y medio en averiguar el efecto que ejerce una triple
dosis génica sobre el desarrollo y la generación de
órganos ha sido espectacular. Cuando yo empecé mis
estudios de medicina todavía no había descubierto
el Dr. Lejeune que el síndrome de Down consistía en
la trisomía del par 21. Y no sólo en genética;
también en muchos otros campos como el endocrino, el musculo-óseo,
el digestivo, se han visto grandes avances.
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P. Para
usted, que ha viajado por todo el mundo, ¿cuáles son las
grandes necesidades y deficiencias en el cuidado de las personas con síndrome
de Down que ha visto en otros países?
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R. En
Rusia, todavía están en orfelinatos, no se les hace
cirugía cardíaca. En otros países de la Europa
del Este como Polonia y Eslovaquia se trabaja muy bien. Estoy muy
impresionado por lo que se hace en Escandinavia. En Israel todavía
tienen a personas institucionalizadas. En los países árabes
tienen muchos problemas, en África tienen que luchar con
las enfermedades infecciosas y con deficiencias en la nutrición,
y no tienen los recursos para cuidar a niños con discapacidad.
Quieren nuestra ayuda, quieren que les enseñemos, pero por
otra parte no tienen el dinero para hacer las cosas que querrían
hacer. En México, tienen buenos programas en el Distrito
Federal. La Fundación John Langdon Down que lleva Silvia
Escamilla tiene un colegio excelente. Por otro lado, cuando uno
va a las zonas pobres, ahí no se hace nada. También
hay un buen grupo en Monterrey. Hay oasis donde existen buenos programas,
pero muchas otras zonas no tienen servicios. Lo mismo ocurre en
el resto de Latinoamérica. Cuando estuve en Brasil me encontré
con una niña con cardiopatía que no había visto
a un médico en su vida. Tuvo que viajar mil millas para que
se le operara. En Sao Paulo y en Río, por ejemplo, tienen
buenos programas, pero en zonas rurales hay necesidades muy grandes.
Pero también en los EE.UU. hay lugares en los que se precisa
ayuda. Incluso aquí hay sitios donde se institucionaliza
a las personas con síndrome de Down, y a muchos médicos
hace falta concienciarlos.
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P.
Usted es un ardiente defensor de la dignidad humana de las personas con
síndrome de Down. ¿Cree que su mensaje ha sido comprendido
y aceptado?
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R.Nuestras personas con síndrome de Down merecen el
mismo tipo de cuidados y de atención, y deberían ser
asistidos con la misma dignidad que cualquier otra persona. Lo primero,
son seres humanos. Así educo a mis residentes y personal
en formación, y a otros médicos. Debemos ver a estos
individuos, sobre todo como personas, con los mismos derechos que
tenemos nosotros. Confío en que mi mensaje se haga llegar.
Todavía existe alguna persona anticuada que usa el término
"mongólico"; les enseñamos que son niños
y personas con síndrome de Down, antes que nada. También
tengo que aconsejar a muchos padres que, por haberse hecho la amniocentesis,
se enteran de que están esperando a un bebé con síndrome
de Down. Les digo que habrá problemas, pero también
intento hacerles ver que por encima de todo, sus hijos son personas.
Sé que soy parcial, porque tengo mi experiencia personal
y mi hijo me ha dado tanto. Algunos de nuestros genetistas sólo
conocen el síndrome de Down por los libros, y no se han familiarizado
con el aspecto humano porque no lo han vivido. |
P.
Existe el miedo de que la extensión del aborto y el dramático
descenso en el número de nacimientos de niños con síndrome
de Down lleve a una reducción en el apoyo a la investigación
y el interés en cuidar a las personas con síndrome de Down.
¿Comparte usted ese miedo?
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R. Existe
la posibilidad de que la gente diga, "Está bien, ¿por
qué no nos deshacemos de estos niños, de estos fetos,
y así no nos tenemos que preocupar de investigar y tratar
a los problemas que afectan a las personas con síndrome de
Down?" Existe el miedo, eso es verdad, pero espero que no ocurra,
que no se haga realidad. Los investigadores que yo conozco comparten
mi opinión y declaran que continuarán con su línea
de investigación a pesar de todo. Es sobrecogedor, pero en
algunos estados como el de Nueva York tienen tasas de aborto muy
altas después del diagnóstico prenatal, y la gente
dice, "¿Por qué tenemos que hacer investigación
sobre eso, si nos podemos librar de ellos?" |
P.
¿Qué
motivos ideológicos o filosóficos le llevan a usted a trabajar
tanto por las personas con síndrome de Down?
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R.Ya
he mencionado que mi hijo dio dirección tanto a mi vida personal
como a mi vida profesional. Fue él quien me mostró
claramente qué valores deberíamos tener, y cómo
esos valores deben condicionar nuestra conducta. Sobre todo, Chris
me hizo ver que el valor básico debe ser el reconocimiento
de la dignidad y valía intrínsecas de las personas
con síndrome de Down, así como de las personas con
otras discapacidades. Me inculcó que el servicio a la humanidad
lleva prioridad sobre la gratificación personal en la vida
profesional o los proyectos individuales. Chris me enseñó
que, al final, los logros materiales no importarán en absoluto
- lo que perdurará será la calidad de vida y el amor
que hemos dado a los demás. Chris me hizo darme cuenta de
que más allá de los logros intelectuales y triunfos
materiales que tanto apreciamos en nuestra cultura moderna, hay
otras cualidades humanas más dignas de nuestro interés.
Chris me enseñó a apreciar la vida en sí, a
percibir su belleza y agradecer los sencillos placeres que depara.
Me enseñó a aprovechar el tiempo - porque es un tesoro
que no se ha de derrochar en cosas triviales.
Me enseñó que el cociente intelectual no significa
nada, porque tenemos que mirar a la persona entera y no sólo
a su función cognitiva. Hay otras cualidades además
del CI. Me enseñó a ayudar a otras personas con síndrome
de Down. Una vez me dijo, "Papá, ¿puedes mirar
a esta señora? Tiene síndrome de Down y necesita tu
ayuda." Su vida impactó mucho mi trabajo profesional
y mi vida personal.
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P.
¿Qué
consejos suele dar a los padres que acaban de tener un hijo con síndrome
de Down?
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R.Nos
suelen llamar a la unidad de recién nacidos. A veces es muy
difícil dar la mala noticia, y a menudo los padres sólo
han oído lo negativo. Intento apoyarles, serles de alguna
ayuda, y de alguna manera darles esperanza, porque sin esperanza
no hay vida. Les digo la verdad sobre las dificultades que pueden
esperar por causa de los problemas médicos, retraso mental;
pero por otra parte, les digo que los niños con síndrome
de Down pueden conseguir muchas cosas hoy en día, muchas
más de las que podían conseguir antes. Intervención
temprana, buenos cuidados médicos, grupos de apoyo a padres,
sistemas de apoyo. Lo primero, les hago ver que su bebé es
un bebé por encima de todo, no me quedo atascado en las características
físicas. Intento ser positivo. Suelo verles otra vez. Cuando
tengo mi primera conversación sobre el síndrome de
Down con ellos no están en condiciones de absorber toda la
información; sólo si me lo preguntan. Si no, me reúno
con ellos más adelante cuando ya están dispuestos
a digerir toda la información, más detallada. Es importante
que se den cuenta de que estamos ahí para ayudarles, que
este chico crecerá y encajará en su familia sin destruirla,
que este chico crecerá y será capaz de aprender y
hacer otras cosas que los demás niños pueden hacer,
únicamente con más lentitud y más apoyo. Me
hago disponible y les presto nuestros libros, que explican todos
los variados aspectos del desarrollo.
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