| Entrevista
a José Ramón Amor Pan |
José
Ramón Amor Pan, nació en La Coruña (España)
hace 36 años. Es Doctor en Teología Moral, Diplomado
en Derecho y Master en Cooperación al Desarrollo.
Sus principales áreas de trabajo son la bioética y la
educación en valores y, en la actualidad es Profesor Asociado
y Responsable del Área de Bioética en la Facultad de
Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), profesor
en el Instituto Compostelano de Ciencias Religiosas y Director de
una Residencia Universitaria en La Coruña.
A este brillante currículo al que podríamos seguir sumando
cargos en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia
Comillas de Madrid, en la Facultad de Ciencias experimentales y técnicas
de la Universidad San Pablo de Madrid, etc., hay que añadir
la autoría de dos libros; "Ética y deficiencia
mental", y "Afectividad y sexualidad en la persona con deficiencia
mental", la redacción de más de 21 artículos
en revistas especializadas, la coordinación de seminarios ínter-disciplinares
sobre temas de bioética y más de 50 conferencias en
foros nacionales e internacionales.
Con la confianza que nos da a los padres saber que José Ramón
Pan sabe bien de lo que habla y que habla muy bien de lo que sabe,
hemos querido, este mes, que nos ayude a aclarar las múltiples
dudas que tenemos en torno a la sexualidad de nuestros hijos/as con
síndrome de Down.
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Pregunta:-
¿Cuándo
se inician en los niños con síndrome de Down las primeras
manifestaciones en torno a la sexualidad y al sexo? ¿A qué
edad empiezan a ser conscientes de que son personas sexuadas?
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Respuesta.:En
una comprensión global de la sexualidad, todos, tengamos o
no síndrome de Down, somos seres sexuados y nos comportamos
como tales desde que nacemos hasta que nos morimos. Respecto a la
segunda cuestión, no es fácil ni conveniente hacer generalizaciones:
cada persona tiene su ritmo de maduración, y esto que es una
verdad de perogrullo se torna fundamental en el caso de las personas
afectadas por una discapacidad intelectual. |
P.
Muchos
padres se muestran preocupados porque sus hijos a edades tan tempranas como
los 5 o 6 años muestran actitudes que no consideran propias de esa
edad en torno al sexo; permanente interés en el pene o la vagina
según el sexo, tocarse los genitales reiteradamente, etc... ¿Cree
que esa conducta es propia de ellos o que en realidad es común a
todos los niños de esa edad, con o sin síndrome de Down, pero
que al resto no le damos importancia?
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R.
Es común a todos los niños de esa edad. Lo que puede
suceder es que el niño con síndrome de Down tiene más
dificultades para interiorizar las normas de conducta apropiadas y,
por consiguiente, comportarse conforme a las expectativas de su entorno,
por lo que es más fácil que su conducta no pase desapercibida.
Los padres deberían vivir estas cuestiones con muchísima
más naturalidad y espontaneidad, sin culpabilizar, buscando
compartir experiencias y sentimientos con otros padres con hijos de
edad similar, y recabando el asesoramiento de los profesionales cuando
lo consideren necesario. De lo contrario, van a generar ansiedad y
se la van a transmitir a su hijo, lo cual va a influir negativamente
en su maduración. |
P. Existe una creencia falsa o cierta
de que las personas con síndrome de Down tienden a ser sexualmente
más activas que el resto. ¿Es eso cierto?
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R.
Rotundamente, no. La presencia de la sexualidad en este segmento de
la población ha sido vista casi siempre más como un
problema que como un atributo humano positivo. Los prejuicios, las
actitudes injustificadamente negativas y la ignorancia ejercen un
influjo muy poderoso en esta temática, en la dirección
de reprimir el desarrollo afectivo-sexual. Se cree que estas personas
se mueven primariamente por el instinto y no pueden controlar la pulsión
sexual, puesto que no poseen los mecanismos mentales adecuados de
inhibición y sublimación. De este modo, su sexualidad
resulta ser descontrolada y, a veces, agresiva; por eso, debe ser
acotada restrictivamente... Los datos médicos y de la experiencia
muestran una conducta sexual normal; si en algún momento hay
una conducta inadecuada -como puede ocurrir con cualquier otra persona-
se debe bien a un problema de educación bien a otros problemas
de orden psicológico diferentes de su trisomía. En resumen,
que no son más activos sexualmente; es más, me atrevo
a decir que lo son menos por las pocas posibilidades que tienen para
manifestarse sexualmente activos...
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P.¿Cuándo
se debe empezar la educación sexual de las personas con síndrome
de Down y bajo qué prisma, a tenor del siglo en que vivimos y de
la asombrosa evolución que ha experimentado esta alteración
genética en los últimos 20 años?
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R.
Desde que el niño nace le estamos educando, también
en la esfera afectivo-sexual, y esto es muy importante que lo tengamos
en cuenta. Por lo que se refiere a una educación sexual en
la Escuela, no hay ninguna diferencia con el resto de la población
escolar: desde los primeros niveles educativos, con un programa bien
elaborado y que se mueva en un horizonte positivo de la sexualidad
humana. Las restricciones que se les impusieron en nombre de una ética
sexual concebida bajo el signo del temor, con un talante muy rigorista
y altamente paternalista no son sostenibles por más tiempo.
Más que reforzar la capacidad de elección y de maduración
del sujeto, se le ha sometido a tutela en nombre de normas preestablecidas,
emanadas de una determinada concepción de la persona y de la
sexualidad humana ya caducas. Hay que evitar la tentación de
aprovechar una posición de fuerza para imponer al sujeto condiciones
de vida demasiado restrictivas y gravosas, que vulneran aspectos básicos
de su personalidad y que ninguno de nosotros estaría dispuesto
a tolerar si fuese el afectado por ellas. La sexualidad es positiva,
forma parte de la estructura más básica de la persona
y es un potente motor de expansión del individuo. |
P.¿Debemos
los padres aprobar y dirigir, con una buena educación, la relación
de nuestros hijos con síndrome de Down con el sexo opuesto en la
medida que lo hacemos con el resto de nuestros hijos, de cara a su normal
desarrollo afectivo y sentimental propio de la juventud y madurez, o, por
el contrario, desviarles drásticamente su atención e impulsos
en otra dirección?
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R.
Creo que la respuesta cae de cajón: tienen derecho a formar
sus propias parejas, con sus aciertos y errores, al igual que nos
pasa a nosotros. Negarles esa oportunidad es cercenar su desarrollo
como adultos y tirar por la borda todos nuestros esfuerzos educativos
y por situarlos en el seno de la sociedad en pie de igualdad. |
P.¿No
cree que, normalizando las relaciones sentimentales y sexuales así
como la relación de pareja entre personas con síndrome de
Down, se daría un salto en la escalera social, de cara a su aceptación
por la comunidad y a su propios sentimientos de seguridad y confianza frente
al resto de la sociedad? ¿No opina que lo mismo ocurre con el resto
de la humanidad, que el matrimonio pareciera ser un status de teórico
equilibrio y de fuerza social?
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R.
Sin duda. Frente al paternalismo que comprensiblemente floreció
en un contexto sociocultural que lo favorecía, hoy la norma
general debe ser tratar al discapacitado como un ser autónomo
y llamado a construirse en la libertad. La opción por una afirmación
plena de la afectividad y la sexualidad de la persona con síndrome
de Down es algo razonable, más de acuerdo con la dignidad de
la persona, y cuya validez se confirma con la práctica concreta
de muchas personas que, poco a poco, y en función de las posibilidades
de que disponen, van mostrando que son sujetos capaces de amar y ser
amados con fidelidad y respeto mutuos, formando una auténtica
y liberadora comunidad de vida y amor. A ello dediqué bastantes
páginas de mi libro Afectividad y sexualidad en la persona
con deficiencia mental, que va ya por la segunda edición y
que está a punto de aparecer en Brasil. |
P.¿Cómo
cree que serán sus vidas en el año 2100?
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R.Hombre, no tengo el don
de la profecía, al menos que yo sepa, pero es fácil
aventurar que el cambio será al menos tan espectacular como
el que separa 1900 de nuestro tiempo. Sin duda, habremos dado pasos
muy importantes en los conocimientos genéticos y, sobre todo,
en su consideración social, en concreto en el tema del que
venimos hablando en esta entrevista y en otro muy básico, su
inserción en la esfera laboral. Todo ello hará que su
calidad de vida sea mucho mejor que la que disfrutan en la actualidad.
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