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Producción de frases
complejas en los adolescentes con síndrome de Down
E.T. Thordardottir,
R.S. Chapman, L. Wagner
Applied Psycholinguistics,
23: 163-183, 2002
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RESUMEN
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Objetivo
Sabemos muy bien que el desarrollo del lenguaje de los niños
y adolescentes con síndrome de Down difiere en aspectos importantes
del que tiene lugar en el resto de la población general.
Esto ha dado origen a la definición de un perfil fenotípico
especial del lenguaje, que se caracteriza por el hecho de que el
desarrollo de la comprensión del vocabulario es bueno, si
se compara con el de los demás niños, mientras que
hay un claro retraso en el desarrollo de la sintaxis, como es el
caso de la riqueza de vocabulario utilizado y, sobre todo, en la
elaboración y secuenciación de frases, la utilización
de los tiempos y los infinitivos de los verbos, las preposiciones,
conjunciones, etc. Es decir, la producción del lenguaje va
por detrás del desarrollo del propio desarrollo cognitivo
del niño y adolescente.
Se ha afirmado,
incluso, que la mayoría de las personas con síndrome
de Down se encuentran con un obstáculo en su desarrollo sintáctico,
que está relacionado o asociado con una edad crítica
o con una complejidad lingüística crítica. Sin
embargo, estudios más recientes realizados en adolescentes
mayores con síndrome de Down demuestran que son capaces de
ir incrementando lo que se denomina longitud media de los
enunciados verbales (LMEV) a lo largo de la adolescencia,
lo cual es un indicador indirecto de que sigue habiendo progreso
en la sintaxis.
El objetivo
del presente estudio fue investigar de manera más directa
este desarrollo sintáctico a lo largo de esta edad. Y para
ello se analizó el uso real de frases complejas dentro de
muestras de lenguaje narrativo, en dos grupos de adolescentes mayores
con síndrome de Down, que se compararon con otros dos grupos
de chicos más pequeños que tenían un desarrollo
normal del lenguaje. Pero los grupos eran comparables en cuanto
que sus LMEV eran similares. Las preguntas que los autores se hicieron
fueron las siguientes:
a) ¿Se diferencian los adolescentes con síndrome de
Down de su grupo comparativo (con igual LMEV) en lo que se refiere
al desarrollo del lenguaje, en cuanto a los tipos de frases complejas
producidas, o en la proporción de enunciados que contienen
frases complejas?
b) ¿Adquieren los adolescentes con síndrome de Down
los tipos de frases complejas en un orden parecido al de los niños
con desarrollo normal del lenguaje?
c) ¿Muestran los adolescentes con síndrome de Down
un límite en la sintaxis simple o un estancamiento en su
utilización de frases complejas?
Métodos y resultados
Participaron 24 niños y adolescentes con síndrome
de Down de edades comprendidas entre 12,5 y 24 años, y 22
niños con desarrollo lingüístico normal de edades
entre 2,1 y 4 años. Los grupos eran equivalentes en cuanto
a su LMEV.
Se analizaron
las frases complejas utilizadas en muestras de lenguaje narrativo
de 12 minutos de duración, producido en interacción
con el examinador que suscitaba el discurso narrativo por métodos
muy variados. Se clasificaron las frases complejas en categorías
previamente bien definidas y contrastadas.
Los jóvenes
con síndrome de Down, como grupo, utilizaron un número
mayor de frases complejas que los niños control preescolares
(que tenían igual LMEV). Además expresaron un mayor
número de frases, con lo que tenían más oportunidades
de usar frases complejas.
La proporción
de frases que contenían sintaxis compleja fue mayor en el
grupo de adolescentes con síndrome de Down que en el control,
si bien se apreció mayor variabilidad. La utilización
de frases que contenían múltiples enunciados, con
asociaciones de unos con otros, o derivados unos de otros -lo que
son marcadores de la complejidad de las frases- fue también
mayor en el grupo con síndrome de Down que en el control,
aunque de nuevo mostró mayor variabilidad.
Las personas
con síndrome de Down mostraron una mayor proporción
de frases complejas para enunciados verbales más cortos;
sucedía lo contrario cuando los enunciados eran más
largos.
En cuanto al
patrón de desarrollo por el que las diversas frases complejas
iban apareciendo a lo largo de la edad, no se apreciaron diferencias
entre ambas poblaciones; es decir, iban apareciendo los mismos tipos
de complejidad sintáctica y en el mismo orden.
Conclusión
Los resultados
demuestran que los adolescentes con síndrome de Down, como
grupo, utilizan frases complejas, y que el uso de esta sintaxis
concuerda con el grado de desarrollo alcanzado en la longitud media
de sus enunciados verbales, tanto en términos de frecuencia
con que las emplean como en la variedad de los tipos de complejidad.
Existe, ciertamente, una mayor variabilidad de un individuo a otro
en el grupo con síndrome de Down, pero en un examen más
cuidadoso, se aprecia que en el grupo con síndrome de Down
había menos componentes que no utilizaran ninguna frase compleja,
en comparación con el grupo control. La mayoría de
los participantes con síndrome de Down utilizó una
sintaxis compleja.
Estos resultados
indican que el aumento de la LMEV, ya descrito en anteriores trabajos,
refleja un auténtico desarrollo sintáctico por parte
de las personas con síndrome de Down. Y a su vez, contradice
la idea de que los adolescentes con síndrome de Down entran
en una etapa de estancamiento en el desarrollo de los aspectos computacionales
del lenguaje, o la pretensión de que las personas con síndrome
de Down alcanzan un techo en el área de la sintaxis simple.
El trabajo que
aquí se resume es un paso positivo más en la descalificación
de una de las afirmaciones que tanto daño ha hecho en la
enseñanza de los jóvenes con síndrome de Down:
la idea de que había un techo en las posibilidades de desarrollo
sintáctico del lenguaje verbal, y que pasada una edad relativamente
temprana (10-12 años), era muy difícil conseguir un
progreso real. El trabajo claramente demuestra que no sólo
la longitud de los enunciados verbales se va alargando progresivamente
con la edad, sino que paralelamente va incrementándose la
complejidad de los enunciados, con la incorporación de tiempos
verbales, conjunciones, preposiciones, etc., así como con
recursos sintácticos cada vez más complejos.
Está
sucediendo con el lenguaje lo que ya ha ocurrido con el aprendizaje
de la lectura, cuando hemos comprobado que la mayoría de
los niños con síndrome de Down pueden aprender a leer,
si se les enseña correctamente, a pesar de que durante décadas
se aceptó la afirmación de que la mayoría no
podría leer.
El trabajo no
describe un análisis longitudinal de las personas estudiadas.
Es decir, no sabemos a qué tipo de intervención logopédica
y educativa y con qué intensidad estuvieron sometidas estas
personas durante su niñez y adolescencia. Es de suponer que
la hubo y que sería de grado variable. Indican, eso sí,
la variabilidad de habilidades lingüísticas que hubo
en el grupo con síndrome de Down, entre unas personas y otras,
variabilidad que fue mayor que la observada en el grupo control.
No es sorprendente: es una demostración más de la
variabilidad que se observa en tantas otras expresiones fenotípicas,
por razones genéticas, educativas y ambientales.
Conviene señalar
las diferencias de edades entre el grupo síndrome de Down
y el grupo control. Con el fin de obtener dos grupos con similares
valores de longitud de enunciados verbales, hubo que recurrir a
preescolares controles de edades entre 2,5 y 4 años. Ésta
es una realidad que no podemos ocultar: la dificultad lingüística
de las personas con síndrome de Down. Y esto nos lleva a
concluir que la enseñanza y la intervención del lenguaje
son unas necesidades absolutas, tanto más deseables cuanto
más nos convencemos de que, con la constancia de la enseñanza,
mayores posibilidades existen de que su lenguaje sea cada vez más
rico y variado; es decir, tenga mayor capacidad para alcanzar esa
comunicación que tanto necesitan.
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