|
Relaciones
sociales y amistades entre los jóvenes con síndrome
de Down
en
las escuelas secundarias
Pat Cuckle
y June Wilson
British Journal
of Special Education, vol. 29(2): 66-71, 2002
|
|
RESUMEN
|
 |
Introducción
Conforme
se va generalizando la enseñanza integrada de los alumnos
con síndrome de Down en las escuelas ordinarias, se
está profundizando en el modo de encontrar los métodos
adecuados para atender a las necesidades académicas
de estos alumnos. En cambio, carecemos de información,
o incluso de interés por conocer el desarrollo de sus
relaciones sociales, a pesar de que es fuente de preocupación
tanto para los padres como para los profesores. Incluso se
acepta que, quizás, la única ventaja de la educación
en escuelas especiales frente a la educación integrada
sea la de ofrecer mayores oportunidades para que se establezcan
relaciones y amistades entre compañeros con similares
intereses y habilidades, unas amistades que sean reales, recíprocas,
capaces de prestarse apoyo mutuamente.
|
Es cada vez
más frecuente que los chicos con síndrome de Down
asistan a sus escuelas primarias locales donde mantiene formas normales
de amistad con sus compañeros: trabajan con ellos en grupos,
hacen excursiones juntos, juegan con ellos en los tiempos de recreo
y de la comida, a veces son invitados a las casas (por sus amigos
o por los padres de sus amigos), incluso a pasar el fin de semana.
Pero al pasar a la escuela secundaria la vida social cambia dramáticamente
para todos los muchachos, conforme se distribuyen por colegios diferentes
y han de viajar de manera independiente y sin compañeros
para poder reunirse. De ahí que el paso a la secundaria ejerce
mayor impacto sobre las relaciones sociales y de amistad de los
jóvenes con SD, ya que es probable que tengan menos oportunidades
que sus compañeros para moverse con independencia, y que
tengan menos madurez.
En la región
en donde las autoras de este artículo trabajan, dentro de
la jurisdicción local de educación en el curso 1999-2000
había 126 niños y adolescentes con síndrome
de Down escolarizados. En la escuela primaria había 60, de
los que el 83% se encontraba en régimen de integración
y el 17% en escuelas especiales. En la secundaria había 66
jóvenes, y de ellos el 12% se encontraban en régimen
de integración, el 33% en centros con recursos especiales,
y el 54% en escuelas especiales. Por centros con recursos
se entiende escuelas en las que los alumnos están todo el
día, pero ofrecen una combinación óptima de
cierta enseñanza especial en una pequeña unidad, junto
con oportunidades para situaciones de integración, de modo
que los alumnos con necesidades especiales se juntan con sus compañeros
en ciertas clases y para ciertas materias del currículo,
así como en las comidas y deporte. En caso de necesidad,
los alumnos son atendidos por maestros ayudantes de apoyo. En términos
de relaciones sociales y de amistad, estos centros con recursos
dentro del sistema integrado tienen la posibilidad de ofrecer modelos
normales de actuación apropiados para cada edad y, al mismo
tiempo, de convivir con jóvenes con similares necesidades
especiales e intereses sociales. Este sistema contrasta con la escuela
ordinaria normal en donde hay muy pocos alumnos, o ninguno, con
las mismas necesidades.
Objetivo
y métodos
El estudio que aquí se presenta forma parte de un amplio
proyecto dirigido a fomentar la integración en las escuelas
ordinarias para todos los niños y jóvenes con necesidades
especiales dentro de nuestro distrito jurisdiccional de educación.
Para ello, el foco de interés de este pequeño estudio
se centró en analizar los patrones y formas de amistad y
vida social desarrollados en una muestra pequeña de jóvenes
con síndrome de Down entre 12 y 18 años. Se eligieron
14 jóvenes: los 7 que estaban en régimen de integración
en colegios ordinarios y 7 de los 22 que estaban en centros con
recursos. Se prepararon entrevistas con cuestionarios dirigidos
a: los alumnos con SD, sus profesores/cuidadores, y sus padres.
Resultados
Comprender
el concepto de amistad
La mayoría
de los jóvenes con síndrome de Down tenían
una idea muy clara de lo que significa la amistad: era
algo importante y veían a sus amigos como algo muy positivo
aunque les gustaría tener más. Describían al
amigo como alguien que es amable y leal; que pide y se deja pedir
ayuda; que le gustan las mismas cosas y comparte actividades; alguien
que está a por todas contigo. Describían
las actividades que podrían hacer junto con sus amigos: deporte,
juegos de ordenador (computadora) ver la tele y escuchar música,
bailar, sentarse a charlar, salir a comer o al cine. A veces describían
más sus deseos que sus realidades, o mencionaban actividades
inapropiadas para su edad (jugar a muñecas después
de los 11-12 años).
Vida
social en la escuela
El personal
de apoyo escolar detalló las interacciones en la escuela.
Con independencia del tipo de escuela antes referido, fue constante
la necesidad de que un adulto interviniera para incorporar a los
jóvenes con síndrome de Down en las actividades de
las clases y en el tiempo reservado a la comida; rara vez elegían
a sus compañeros o se incluían en los grupos. A veces
intervenían en la conversación pero rara vez la iniciaban.
Comprobaron que hacían amigos más fácilmente
con otros jóvenes con necesidades especiales (incluidos los
que tenían síndrome de Down), y que apreciaban esas
amistades. Esto fue comprobado cuando los jóvenes con síndrome
de Down nombraron a los que consideraban sus amigos. Y lógicamente
el número de amigos era mayor en los centros con recursos
que en los centros con integración completa.
En estos centros
de integración, los compañeros fueron descritos como
amables pero resultaba difícil establecer una amistad entre
iguales debido a las diferencias en intereses y habilidades. Al
crecer, se hacía más difícil mantener la amistad,
porque los compañeros de la escuela ordinaria deseaban más
independencia de la que normalmente disponen personas más
vulnerables y aparentemente menos maduras.
Entrada
de los amigos de la escuela en las casas
Aunque los jóvenes
tenían algunos amigos en la escuela, sólo en pocos
casos estos amigos lo eran también en el ámbito de
la familia y de la casa. No había contacto entre los respectivos
padres, lo que hacía difícil mantener la amistad;
había problemas de desplazamientos. Pocos mostraron tener
amigos locales en su casa y tenían que entretenerse
solos: escuchar música, crear su propia música y su
baile, cuidar sus colecciones, escribir o copiar. Actividades todas
ellas con las que se mostraban satisfechos. Algunos padres comentaron
que sus hijos volvían demasiado cansados por la tarde como
para meterse en otras actividades. Mencionaron igualmente la dificultad
de sus hijos para tener amigos en secundaria (a diferencia de lo
que ocurría en primaria) porque los jóvenes vivían
en áreas muy distintas, y para desplazarse tenían
que depender de sus padres o del taxi.
Actividades
sociales organizadas desde la casa
La mayoría
giraban alrededor de la vida y actividades de la familia y de su
entorno. Muchas de estas actividades (teatro danza, música,
deporte) eran organizadas específicamente para jóvenes
con una amplia variedad de necesidades especiales. Pero como ocurría
con las amistades escolares, las amistades de los clubes y de las
actividades organizadas tendían a estar compartimentalizadas:
se disfrutaban en un contexto determinado pero éste no se
ampliaba a otros ambientes. Los padres lo veían como algo
inevitable aunque les gustaría que sus hijos tuviesen amigos
en sentido más amplio y natural, como ocurría con
los hermanos. Echaban en falta más organización relacionada
con los tiempos de esparcimiento.
Aspiraciones
y preocupaciones de los padres
Fue preocupación
general de los padres el desarrollo de actividades sociales y de
amistades. En conjunto se sentían satisfechos con los aspectos
académicos de las escuelas y aceptaban las limitaciones académicas
de sus hijos. Pero les gustaría que tuvieran más amigos
aunque afirmasen que su socialización era completa y tenían
numerosas actividades en el ámbito y local.
Muchos padres
se mostraban ambivalentes en el tema de la independencia: deseos
por una parte y reservas por otra. Hubo algunos pocos casos de un
desarrollo decidido hacia la vida independiente.
Conclusión
Las autoras
destacan los siguientes aspectos:
1. Lo claro
que los jóvenes con síndrome de Down tienen acerca
del concepto de amistad.
2. Las dificultades
reales que tiene para hacer y mantener amistades, que sean iguales
que los demás.
3. La necesidad
de que la escuela es decir, el profesorado se implique
en crear más espacios y tiempos de comunicación y
relaciones sociales, aprovechando los espacios y recursos de las
escuelas en fines de semana, etc.
COMENTARIO
Las autoras
lo detectan muy claramente: los padres aceptan razonablemente las
limitaciones académicas de sus hijos con SD, y valoran los
progresos que en ese ámbito se van realizando. Pero destacan
la falta de paralelismo en una integración social traducida
en la instauración y mantenimiento de amistades reales con
compañeros sin discapacidad.
La realidad
actual es la que aquí se describe con nitidez y se caracteriza
por estas situaciones:
a) la creación
de sistemas de ocio que puedan desarrollar de manera individual
pero aislados de otros,
b) la integración
las formas familiares de esparcimiento: fiestas, comidas, viajes,
actividades en los clubes y centros a los que los padres acuden,
c) organización
de amistades con otros jóvenes que también tienen
necesidades especiales, que perduren y con las se sientan plenamente
compenetrados.
Sin duda, nos
gustaría cambiar esta realidad y que se diesen actitudes
y circunstancias
que permitieran
establecer amistades permanentes entre jóvenes con y sin
SD. El artículo muestra algunas de las dificultades: personales,
ambientales, propias de la vida... Cambiar esta realidad implica
compromiso y esfuerzo para promover, concienciar y organizar en
numerosos ámbitos y esferas.
Mientras tanto,
y para no perder el tren actual de la vida de nuestros hijos que
crecen mucho más deprisa que la evolución de la sociedad,
se nos hace imperioso aprovechar las posibilidades reales. Y éstas
pasan ineludiblemente por la promoción de oportunidades de
encuentro para que los jóvenes con necesidades especiales
se conozcan, se estimen, se comprendan y se compenetren. El disfrute
de amistades que puedan ser permanentes y que continúen cuando
la familia natural desaparezca, es garantía de comunicación
y de apoyo afectivo para toda la vida; y ello no reportará
más que auténtica calidad de vida incluso en los años
en los que el deterioro físico se vaya imponiendo.
Al margen de
ello, resultan sugerentes las propuestas de las autoras para que
los centros escolares mantengan abiertas sus puertas y organicen
actividades de ocio y tiempo libre para todos sus alumnos, de modo
que ofrezcan oportunidades naturales para que la amistad entre los
alumnos con y sin necesidades especiales permanezca viva. Eso exigiría
en nuestro medio, por parte del profesorado y de la administración
escolar, un cambio copernicano tanto en actitudes y propuestas como
en dotación de recursos. Aunque actualmente no corran vientos,
ni aquí ni en su país de origen, muy favorables para
aceptar estas propuestas, conforman una solución que deberá
ser contemplada.
Canal
Down21
Otros
resúmenes
Año
2002
Año 2001
|