Los padres (varones) de hijos con síndrome de Down
en comparación
con los padres de hijos con otro tipo de discapacidad intelectual:
percepciones, estrés, grados de implicación
L.A.
Ricci y R.M. Hodapp
Journal
of Intellectual Disability Research, 47(4/5): 273-284, 2003
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Nota
previa: El artículo se centra en el estudio sobre el
padre varón (en inglés, father), por lo que
el término español “padre” aquí
empleado siempre se referirá a la figura del varón.
Cuando en el artículo se refiera a ambos (padre y madre),
se especificará convenientemente.
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Introducción
Es creciente
el interés por conocer el papel paterno en la crianza y educación
de los hijos, en general, y de los que tienen discapacidad intelectual,
en particular. Siendo la relación padre-hijo de carácter
transaccional, se piensa que debe haber una influencia mutua con
sus consecuencias correspondientes; pero sabemos poco sobre cómo
las características del hijo influyen sobre los sentimientos
y la conducta del padre. Esta ignorancia es aún mayor en
el caso de que los hijos tengan discapacidad intelectual.
Cuando la causa
de esta discapacidad es genética, se sabe que ciertas características
de la conducta del niño son debidas a la propia condición
genética: hablamos entonces de efectos directos
del trastorno genético. Pero la conducta y características
del niño pueden influir sobre los sentimientos y conductas
del padre en relación con su hijo, e influir de ese modo
sobre el propio niño: se trataría entonces de un efecto
indirecto.
Existen trabajos
previos en los que se han analizado las reacciones y conductas de
las madres con hijos que tienen síndrome de Down; en cambio,
no existen estudios sistemáticos sobre los padres. El presente
trabajo intenta analizar el papel de los padres cuando el hijo presenta
síndrome de Down, y para ello hace un estudio comparado con
otro grupo de padres que tienen hijos con discapacidades intelectuales
de otras causas.
Para ello analiza:
las percepciones que los padres tienen de las características
de su hijo, el nivel de tensión o estrés que desarrollan,
y el grado de implicación diaria en la atención a
su hijo. Determinará en primer lugar si padres y madres concuerdan
en sus percepciones sobre el hijo, sea cual sea la discapacidad
que tenga; en segundo lugar, si los padres de hijos con síndrome
de Down sufren menos estrés y se involucran más que
los padres con hijos cuya etiología es diferente; y tercero,
si las personalidades más positivas y el menor grado de conflictos
conductuales pueden predecir menos estrés y mayor implicación
por parte de los padres.
Métodos
Se realizó
el estudio en 50 familias de hijos con discapacidad intelectual,
de los que 30 tenían síndrome de Down (grupo I) y
20 tenían otros tipos de discapacidad (9 de carácter
inespecífico, 4 con síndrome de Williams, 2 con síndrome
de Prader-Willi, 2 con parálisis cerebral, 2 con autismo
y 1 con síndrome de CHARGE). Todos ellos vivían en
el área de Los Ángeles (USA). Las edades comprendían
entre 3 y 22 años (media de 10-11 años en cada grupo).
Las características paternas de ambos grupos eran similares
salvo mínimas diferencias en el nivel educativo, número
de hermanos e ingresos económicos a favor del grupo I (hijos
con síndrome de Down).
Las evaluaciones
se hicieron por correo mediante envío de carta explicativa
y cumplimentación de cuestionarios escritos, que fueron rellenados
independientemente por los padres y las madres. Para evaluar los
sentimientos de los padres se llenaron: a) cuestionarios
sobre personalidad con 23 rasgos (Checklist de Wishart y Johnston,
1990), b) listado sobre la conducta del niño (Achenbach 1991)
que evalúa 112 ítems, y c) el índice de estrés
(Parenting Stress Index, de Abidin 1995) que muestra 101 ítem.
Para evaluar el nivel de implicación de los padres
en la atención al niño se utilizó el Paternal
Involvement in Child Care Index (PICCI) adaptado de Radin (1982),
con 23 ítem que valoran: a) lo que entienden por implicación,
b) responsabilidad en la atención al niño, c) responsabilidad
en temas de socialización, d) influencia en la toma de decisiones
sobre crianza y educación del hijo; e) disponibilidad. Se
utilizó también un cuestionario especial que midió
los tipos de papeles que los padres asumen con sus hijos mediante
puntuación en: atención general, juego, enseñanza,
mantenimiento de disciplina y falta de contacto.
Resultados
y discusión
En general,
los padres y las madres coincidieron en su apreciación sobre
las personalidades y conductas maladaptativas de sus hijos. En los
rasgos positivos de la personalidad, los padres de hijos con síndrome
de Down puntuaron a sus hijos mejor que los padres de los hijos
con otros tipos de discapacidad intelectual a los suyos. Igualmente,
los padres de hijos con síndrome de Down encontraron menos
problemas en conductas maladaptativas que los padres de hijos con
otras discapacidades.
Los padres de
hijos con síndrome de Down también experimentaron
menos tensión y estrés en sus relaciones con ellos
que los padres del grupo con otros tipos de discapacidad intelectual,
tanto cuando se analizaron en su totalidad como cuando se analizaron
las características de aceptación, adaptación
y grado de exigencia con ellos. A pesar de estas diferencias entre
los dos grupos de padres, ambos mostraron similar grado de implicación
en su conducta paterna diaria: frecuencia con que asumían
sus obligaciones y sus responsabilidades en la socialización;
en sus implicaciones a la hora de tomar decisiones sobre la crianza
y educación; en su disponibilidad para dedicar su tiempo
a estar con sus hijos, atenderles y enseñarles, etc.
Así,
pues, hubo diferencias entre los dos grupos de padres en cuanto
a la percepción del hijo y en cuanto a la tensión
que les afectaba, pero no en el grado de implicación. Lo
cual indica que entraban en juego otros factores como pueden ser
el sentido de responsabilidad, el tipo de ayudas que reciben, las
cualidades paternas, la compatibilidad con su trabajo, etc.
Las respuestas
de los padres y de las madres en cuanto a la implicación
de los padres mostraron una buena correlación en ambos grupos,
si bien hubo diferencias en la puntuación otorgado por unos
y otras; esto se vio especialmente en el ítem sobre la influencia
que ejercían en la toma de decisiones: los padres se puntuaron
a sí mismos mejor de lo que hicieron las madres refiriéndose
a ellos.
Los padres que
describían a sus hijos en términos más positivos
eran los que sentían menos estrés. Y esto explica
la mejor puntuación obtenida en el grupo de hijos con síndrome
de Down frente al otro. Parece bastante probado por otros estudios
que cuanto peores son las conductas adaptativas de los niños,
mayor es la probabilidad de que los padres se sientan tensos y agobiados.
Es posible que la personalidad –en general– más
tranquila de los hijos con síndrome de Down contribuya a
que sus padres den mejor puntuación en este aspecto.
En cuanto a
la edad de los hijos, se detectó una cierta tendencia a que
en el grupo de hijos con síndrome de Down, cuanto mayores
eran los hijos, los padres mostraban menos aceptación y se
sentían menos reforzados. Otros autores han comprobado esto
mismo en el caso de las madres. Conviene preguntarse por qué.
¿Se van haciendo menos sociables, más retraídos?
¿Hay un estancamiento en el desarrollo con un mayor desencanto
en los padres?
COMENTARIO
Es esperanzador
que se vaya incorporando la figura del padre en este tipo de estudios,
porque demuestra que se va implicando crecientemente en la atención
hacia su hijo con discapacidad. Su apreciación más
positiva, en conjunto, hacia los hijos con síndrome de Down
en comparación con los hijos con otras discapacidades, coincide
ampliamente con la de otras observaciones. Es opinión generalizada
que, pese a que el diagnóstico prenatal o el nacimiento de
un hijo con síndrome de Down ocasiona profundo dolor y un
cierto desmoronamiento familiar inicialmente, en poco tiempo la
familia no sólo se recupera sino que el hijo se transforma
en fuente de satisfacción y de alegría.
Hay aspectos
del trabajo que merecen comentarios. Las conductas mal adaptadas,
anómalas, son una de las principales causas de tensión
en los padres. Aunque, como grupo, las personas con síndrome
de Down muestran menor frecuencia de conductas anómalas en
comparación con otras discapacidades, el factor educación
juega un papel muy importante. De ahí que toda la educación
debe ir dirigida a establecer y reforzar las buenas habilidades
sociales, a mejorar las capacidades adaptativas. Eso debe hacerse
desde las primeras edades, para que los hijos crezcan y se vayan
formando poco a poco en un ambiente natural de conducta normalizada
y aceptada.
En ese sentido,
resulta preocupante esa tendencia que el estudio muestra: conforme
la edad del hijo con síndrome de Down avanza, la satisfacción
y sentimientos positivos del padre parece que disminuyen. Los autores
del estudio formulan algunas preguntas que no hacen más que
reforzar la necesidad de seguir educando y formando a los hijos
en todo momento, de mantenerlos activos: no tiene por qué
haber estancamiento en su desarrollo conductual y psicológico
si les seguimos proporcionando oportunidades de formación,
de ocupación de su tiempo y de trabajo. Por el contrario:
al ser mayores su conducta debería ser más madura,
mayor su nivel de autosatisfacción, y eso debería
redundar en un mayor grado de satisfacción por parte de los
padres.
Obviamente,
el trabajo no profundiza en el tipo de vida que los hijos llevan
conforme su edad avanza. Son aspectos en los que se deberá
profundizar. Por otra parte, todo el trabajo se basa en encuestas
respondidas individualmente, sin poder confirmar la respuesta con
una observación directa. Sin embargo, el hecho de que contestaran
también las madres y, en general, confirmaran los datos aportados
por los padres, dota de credibilidad a los resultados.
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