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Ametropía
y estrabismo en el niño con síndrome de Down
J. Puig, E. Estrella,
A. Galán
SD, Revista
Médica Internacional sobre el Síndrome de
Down, 6: 34-39, 2002
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Objetivo:
Analizar las características de las ametropías y los
estrabismos presentes en los niños con síndrome de
Down.
Pacientes y métodos:
Se ha realizado un estudio oftalmológico completo en 546
niños con síndrome de Down de edades comprendidas
entre el mes de vida y los 18 años. El estudio incluyó
en todos los casos la motilidad ocular extrínseca, la refracción
bajo cicloplejía y la funduscopia. Cuando fue posible se
valoró la agudeza visual, la refracción manifiesta,
la visión binocular y la biomicroscopia del polo anterior.
Resultados: La agudeza visual
se midió en 401 de los 546 pacientes y fue superior a 0,5
en tan sólo el 21 % de los ojos. Se detectó ambliopía
en el 9,7 % de los niños. La media aritmética del
equivalente esférico fue +1,02 dioptrías. El 72 %
de los ojos eran emétropes o hipermétropes, mientras
que el 28 % eran miopes. El 17 % de los ojos presentaban un astigmatismo
negativo igual o superior a 2 dioptrías. Para el tratamiento
refractivo se empleó la corrección óptica con
gafas. Se encontró estrabismo en 240 casos. De ellos, hubo
endotropía (convergencia de los ejes visuales) en 194 (35,5
%); endotropía asociada a desviación vertical en 23
(4,2 %); exotropía (divergencia de los ojos visuales) en
16 (2,9 %) y tan sólo el 1,2 % presentaba una desviación
vertical aislada. El estrabismo más prevalente en el grupo
fue la endotropía de ángulo variable. Se propuso la
intervención quirúrgica como tratamiento en 72 de
los 240 pacientes (30 %).
Conclusiones: Los niños con síndrome de Down presentan
ametropías y estrabismos diferentes a los de los niños
sin dicho síndrome, tanto en frecuencia como en tipo, incidencia
de ambliopía y causa de tortícolis.
Hallazgos
oculares característicos en niños asiáticos
con síndrome de Down
J.H. Kim, J.M.
Hwang, H.J. Kim, Y.S. YuJ.H. Kim, J.M. Hwang, H.J. Kim, Y.S.
Yuv
Eye16: 710-714,
2002
RESUMEN
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Objetivo:
Identificar los hallazgos oculares característicos en los
niños asiáticos con síndrome de Down.
Pacientes y métodos:
Se examinaron las peculiaridades oculares de 123 niños coreanos
con síndrome de Down de edades comprendidas entre los 6 meses
y los 14 años, entre marzo de 1999 y abril de 2000. Las exploraciones
oculares comprendieron la agudeza visual, la biomicroscopía
con lámpara de hendidura, la movilidad ocular, la refracción
bajo cicloplejia, y la oftalmoscopia.
Resultados: Los hallazgos oculares,
en proporción descendente, fueron los siguientes: inclinación
hacia arriba de la fisura palpebral en 78 niños (63 %), epicanto
en 75 (61 %), epiblefaron en 66 (54 %), astigmatismo en 38 (31 %),
hiperopia en 35 (28 %), miopía en 31 (25 %), estrabismo en
31 (25 %) de los que 18 mostraron esotropia y 13 exotropia, nistagmo
en 27 (22 %), obstrucción del conducto nasolacrimal en 21
(17 %), blefaroconjuntivitis en 20 (16 %), anomalías de la
retina en 18 (15 %), cataratas en 4 (13 %) y glaucoma en 1 (0,8
%). No se hallaron ni queratocono ni manchas de Brushfield.
Conclusiones: Los niños asiáticos con síndrome
de Down mostraron una incidencia alta de epiblefaron, no descrita,
una alta tasa de exotropia y prácticamente ninguna mancha
de Brushfield, datos que contrastan con los hallazgos oculares observados
en los niños con síndrome de Down de origen caucásico.
Ambos trabajos
confirman con claridad la frecuencia con que los niños y
jóvenes con síndrome de Down presentan diversos problemas
oculares y alteraciones de la visión. Destaca el trabajo
de Puig y colaboradores por el amplio número de casos estudiados.
Muchas de estas
alteraciones oculares producen una seria distorsión de las
imágenes y, por consiguiente, constituyen una dificultad
intrínseca para recibir adecuadamente la información
visual. Dependiendo del problema de fondo, unas veces habrá
dificultad para ver de lejos, otras para ver de cerca, otras se
verán dobles imágenes, o visión borrosa, etc.
Todo ello dificulta claramente el procesamiento de la información
y el aprendizaje, y reduce la calidad de vida de la persona. Además,
obliga al niño a adoptar malas posturas, o a forzar la vista
que puede provocar dolor de cabeza, o a tener problemas de equilibrio,
etc.
Puesto que son
tan frecuentes y tan variados los problemas oculares en el síndrome
de Down, la exploración es una obligación dentro de
los programas de salud, tal como se explica en CUIDADOS
DE SALUD EN EL SÍNDROME DE DOWN DURANTE LA INFANCIA
La exploración debe empezarse en el recién nacido
para descartar la presencia de cataratas congénitas; pero
después, a partir del año o año y medio, la
exploración debe ser anual. Los frecuentes problemas de refracción
se corrigen con gafas, y eso explica el gran número de niños
y adultos con síndrome de Down que actualmente llevan gafas.
Hay que señalar que los defectos de refracción no
permanecen constantes sino que evolucionan en intensidad a lo largo
de los años, razón por la que conviene repetir la
exploración cada uno o máximo dos años en las
primeras etapas (niñez y adolescencia). No hay experiencia
todavía sobre los resultados de la cirugía en este
tipo de patología, dentro de la población con síndrome
de Down. Es frecuente que el niño inicialmente no tolere
las gafas, que las tire, las rompa o las pierda. Es preciso ser
paciente porque termina acostumbrándose, aprende a llevarlas
entre otras razones porque se da cuenta de que con ellas ve mejor.
Es de destacar
también el alto porcentaje de estrabismo en el estudio español:
240 casos (44 %), una de las cifras más altas en la bibliografía
mundial, frente al 25 % del estudio coreano. En el español,
sin embargo, sólo en el 30 % de esos 240 casos se propuso
intervención quirúrgica. Los resultados de la cirugía
fueron similares a los que se obtienen en el resto de la población.
No es infrecuente
que los papás consulten porque su hijo desvía y mantiene
la cabeza inclinada hacia un lado (tortícolis). Este tortícolis
se ve favorecido por la hipotonía generalizada y por la hiperlaxitud
ligamentosa en la articulación atlantoaxoidea. En el trabajo
de Puig se constata que en 17 de los niños con tortícolis
la causa era ocular, bien para bloquear el nistagmo o como consecuencia
de del desequilibrio oculomotor. Es algo que se deberá tener
en cuenta.
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