Opiniones de los padres sobre la cirugía plástica
facial
de sus hijos con síndrome de Down
Jennifer
Goeke, Danielle Kasow, Deborah May, Deborah Kundert
Mental
Retardation 41(1): 29-34, 2003
|
Objetivo,
Métodos y Resultados
El principal
objetivo fue conocer las opiniones de los padres y tutores sobre
la cirugía facial plástica en sus hijos con síndrome
de Down. Participaron en este trabajo 466 padres o tutores pertenecientes
a instituciones sobre síndrome de Down. Se les envió
una amplia encuesta sobre el tema de la cirugía plástica
facial, su experiencia propia, sus opiniones, etc. Contestaron 299
personas de las que 49 no eran ni padres ni tutores por lo que sólo
se aceptaron 250 respuestas para el análisis. En ellas, 217
padres (87 %) afirmaron que el tema de la cirugía les era
familiar, mientras que 32 (17 %) no lo conocían. Los medios
por los que habían conocido el método fueron los siguientes:
- Conocía a alguien al que se le había practicado
la cirugía: 37 (15 %)
- Había leído sobre ello: 127 (51 %)
- Había oído a alguien hablar sobre ello: 64 (26 %)
- Lo vio en un programa de televisión: 115 (46 %)
- Otras fuentes: 19 (8 %)
En sólo
3 casos (1 %) el hijo había sido sometido a cirugía
plástica facial. A la pregunta de si pensaba llevarla a cabo
respondieron positivamente otros 3, negativamente 220 (88 %), y
dubitativamente respondieron 18 (7 %); no respondieron nada 6 padres
a esa pregunta.
En los 24 padres
que habían aceptado la cirugía o tenían alguna
esperanza o duda sobre ella, las diversas razones que esgrimían
fueron las siguientes:
- Para aliviar el estigma social: 6 (25 %)
- Para mejorar el habla, la respiración, o la alimentación:
15 (63 %)
- Para que el niño tenga una vida mejor: 10 (42 %)
- Por recomendación del médico: 3 (13 %)
- Por otras razones (p. ej., me lo recomendaron otros padres): 6
(25 %)
En los 220 que
no contemplaban la cirugía como posibilidad, las razones
que esgrimieron fueron las siguientes:
- Su coste: 16 (7 %)
- Incapacidad de acceder al médico que la practica: 9 (4
%)
- Aceptación del hijo tal como es: 208 (95 %)
- Deseo de no someter al hijo a expectativas poco realistas: 60
(27 %)
- Causa molestia o dolor al paciente: 137 (62 %)
- Otras (p. ej., resulta abusivo): 63 (29 %)
De los padres
que respondieron que no pensaban realizar la cirugía, el
95 % afirmó la aceptación de su hijo tal como es.
Conclusiones
Las autoras
de este trabajo llegan a la conclusión de que, pese a las
expectativas creadas en la década de los ochenta sobre los
beneficios que podría reportar la cirugía facial,
son pocos los padres que la han utilizado para sus hijos (sólo
3 en este estudio) y muchos los que no la consideran necesaria.
Las mismas cifras aparecen en otros estudios realizados sobre datos
obtenidos por Internet. Entre los padres que contemplaban la posibilidad
de realizarla, la mayoría lo hacían para corregir
algún defecto físico, si bien mostraban su preocupación
sobre cómo reducir el estigma social y ayudar a su hijo a
llevar una vida mejor.
Destacan en
este estudio las opiniones negativas sobre la cirugía plástica.
De hecho, muchos padres acompañaron a sus respuestas las
fotos de sus hijos y añadían largos comentarios sobre
la técnica. Ciertos programas de TV en el que un cirujano
craneofacial afirmó que la cirugía podría suprimir
la "máscara de la deformidad" suscitó duras
respuestas emocionales por parte de muchos padres.
COMENTARIOS
Los resultados
de este estudio suscitan importantes reflexiones. Cuando se contempla
en perspectiva, destaca el cambio que ha surgido en la sociedad,
incluidos los mismos padres. De una época en que predominaba
la ocultación de la persona con síndrome de Down,
un cierto sentimiento de vergüenza, y el deseo de corregir
su imagen física, hemos pasado a una época de plena
admisión y de que sea la sociedad quien deba aceptar la diferencia,
tal como es. Incluso se piensa con frecuencia que el suprimir los
rasgos irían en detrimento de la propia persona con síndrome
de Down por varias razones: a) porque podría crearle problemas
psicológicos de identidad; b) porque podría llevarle
a tener expectativas poco realistas, y c) porque la eliminación
de los rasgos engañaría a la gente: en definitiva,
la presencia de estos rasgos ayudaría a la gente a comprender,
reconocer y apoyar a la persona que los muestra.
Lo que los padres
piden ahora con creciente firmeza no es cambiar el aspecto físico
sino cambiar las actitudes de la sociedad. La educación de
la sociedad es tan importante como la educación al niño
con síndrome de Down.
Queda una cuestión
importante por resolver. En qué grado, en qué casos,
en qué población, la cirugía craneofacial puede
resolver con garantía determinados problemas físicos
e incluso psicológicos. Los más ampliamente descritos
suelen estar relacionados con la cirugía bucal. Por ejemplo,
para ajustar el tamaño de la lengua a las medidas de la cavidad
bucal y reducir así determinadas complicaciones relacionadas
con el lenguaje, o con el desarrollo de la mandíbula, o de
la dentición. No nos referimos al simple hecho de que mantengan
la boca abierta y la lengua caída porque eso se corrige con
los adecuados ejercicios, sino a los casos excepcionales en los
que el tamaño de la boca es insuficiente para mantener bien
alojada la lengua. Existen muy pocos casos descritos como para obtener
conclusiones que pueden ser incluso contradictorias. No está
claro, por ejemplo, que la cirugía mejore realmente la inteligibilidad
del lenguaje. Pero es preciso que los resultados se conozcan para
ver si, al margen del cambio en las características estéticas,
la cirugía puede aliviar aspectos concretos que mejoren la
calidad de vida.
Queda, finalmente,
el problema puntual de personas con síndrome de Down que,
con un elevado desarrollo intelectual, muestran una apariencia física
que puede resultar un obstáculo serio en el desarrollo de
su vida laboral y social. Sin duda, cada caso habrá de ser
examinado muy cuidadosamente en todos los aspectos. Y aunque lo
ideal es que la sociedad acepte a la persona por lo que es, sea
cual sea su apariencia, por desgracia es demasiado frecuente que
la realidad no se ajusta a ese ideal.
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