Cambios
en el perfil de supervivencia de las personas con síndrome
de Down: implicaciones para el consejo genético
E.J.
Glasson, S.G. Sullivan, R. Hussain, B.A. Petterson, P.D.
Montgomery, A.H. Bittles
Clinical
Genetics, vol. 62: p. 390-393, 2002
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| Los
estudios de cohortes (grupos) han indicado que la supervivencia
de las personas con síndrome de Down ha aumentado dramáticamente
a lo largo de los últimos 50 años. En particular,
la supervivencia en la primera infancia ha mostrado una importante
mejoría, debido en su mayor parte a los avances de
la cirugía cardíaca y de los cuidados de la
salud en general. El presente estudio se realizó para
constatar las tasas de supervivencia en la población
con síndrome de Down de Western Australia, basándose
en una cohorte analizada longitudinalmente en el tiempo de
1332 personas con síndrome de Down, registrada y clasificada
en los servicios de discapacidad intelectual entre 1953 y
2000. Se excluyeron aquellos casos (n = 68) en los que no
había habido contacto con esos servicios durante los
últimos 10 años ya que no se podía asegurar
su actual situación de supervivencia.
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Resultados
Se calcularon
las probabilidades de supervivencia (método de Kaplan-Meier)
para los 1.332 casos con síndrome de Down, utilizando o bien
la edad en el momento de la fecha del censo de 31 de diciembre de
2000, o bien la edad en el momento del fallecimiento. Se analizó
la supervivencia de forma separada en función del sexo, nivel
de discapacidad intelectual y década de nacimiento. Se utilizaron
los tests “log rank” para comparar los grupos, con un
valor de p < 0,05 como valor de significación estadística.
Se dispuso de información sobre el nivel del coeficiente
intelectual (CI) en 965 personas (72,5 %) de las cuales el 2,2 %
tenía una discapacidad límite (CI entre 70 y 84 puntos),
el 23,3 % la tenía ligera (CI entre 55 y 69 puntos), el 52,4
% la tenía moderada (CI entre 40 y 54 puntos), y el 22,1
% la tenía severa (CI inferior a 40 puntos). Se apreció
consanguinidad entre padres en 6 casos (0,5 %).
La media y la mediana de las edades en el momento del fallecimiento
fueron de 25,8 y 17,9 años, respectivamente. El análisis
Kaplan-Meier demostró que el 75 % de los casos había
sobrevivido a los 50,0 años de edad, el 50 % a los 58,6 años,
y el 25 % a los 62,9 años. La mediana de la esperanza de
vida para los varones fue superior a la de las mujeres en 3,3 años
(p = 0,013), siendo la mediana de probabilidades de supervivencia
de 61,1 años para los varones y de 57,8 años para
las mujeres. Desde 1961 la probabilidad de supervivencia fue aumentando
con cada grupo formado cada 10 años según su año
de nacimiento. En cambio, no se apreció relación entre
nivel intelectual medido por el CI y la esperanza de vida.
COMENTARIO
El presente
trabajo confirma la tendencia, ya demostrada en poblaciones con
síndrome de Down de otros países, de que su esperanza
de vida ha ido incrementándose notablemente, aproximándose
a cifras de la población general. Sin duda, este espectacular
cambio se debe a la drástica reducción de la mortalidad
infantil que se debía fundamentalmente a las cardiopatías
congénitas y sus secuelas, así como a la mejoría
generalizada de la atención médica: aplicación
inmediata de la cirugía en malformaciones intestinales, vacunaciones,
prevención o curación radical de infecciones, control
del hipotiroidismo, de las convulsiones, etc.
Esta gozosa realidad ha de estar muy presente, tanto en los padres
de un recién nacido con síndrome de Down como en los
profesionales que lo han de atender, porque las previsiones de una
vida larga son cada vez más comunes y reales. Y no basta
con que la vida sea larga: es preciso que esa vida esté llena
y cumpla con satisfacción las esperanzas y perspectivas de
la propia persona. Para ello hay que prepararla desde su infancia.
La prolongación de la vida de una persona con síndrome
de Down se acompaña de una
perspectiva que puede ensombrecer el cuadro: la tendencia a desarrollar
con la edad un envejecimiento precoz que puede terminar en una enfermedad
de Alzheimer. Sin embargo, eso no debe ser obstáculo para
que afrontemos la vida de la persona con ilusión. Esa tendencia
al envejecimiento precoz tarda en aparecer, por lo que hay por delante
una vida de muchos años que es preciso llenar de contenido
y de calidad en todos los aspectos: educación, salud, trabajo,
vida social. En segundo lugar, la intensa investigación que
se está realizando en todo el mundo para vencer a la enfermedad
de Alzheimer ha de servir igualmente para la población con
síndrome de Down, que se beneficiará de forma inmediata.
Por último, la sociedad es cada vez más consciente
de la atención que debe prestar a la población anciana,
tenga o no discapacidad de cualquier tipo, por lo que cada vez contamos
con más servicios que habrán de apoyar a los ancianos
con síndrome de Down, incluso cuando sus padres o hermanos
sean incapaces de hacerlo, por los motivos que fueren.
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