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La participación de los padres constituye un elemento esencial
para el éxito de la intervención educativa en los
niños con discapacidad intelectual. Los padres son los
primeros y principales agentes de la educación de su hijo,
y juegan un rol primordial desde su edad temprana: son las personas
que disponen de más oportunidades para influir en el comportamiento
del niño y favorecer a sí su desarrollo. Que los
padres se integren en el proceso de la educación de sus
hijos permitirá optimizar la intervención educativa.
Son enormes las ventajas de la participación activa de
los padres en los programas educativos del niño con discapacidad
intelectual. Cuando los padres están implicados en los
programas de intervención, el mantenimiento y generalización
de los aprendizajes hechos por el niño tienen más
posibilidades de producirse y consolidarse.
Ofrezco en este artículo un conjunto de propuestas que
están basadas en mi propia experiencia y en mi investigación
realizada con los padres de niños con síndrome
de Down en la provincia de Huesca (España), que participan
en los proyectos de desarrollo educativo de sus hijos.
1. Naturaleza de estas
relaciones
El papel de los padres en la educación del hijo con
síndrome de Down o con otra discapacidad intelectual
ha cambiado en los últimos años, pasando del concepto
de custodia y protección al de educación. Actualmente
se considera que los padres tienen un papel central en la educación
del niño. Y la colaboración con los centros educativos
puede contribuir a reforzar los aprendizajes en los hogares,
coordinando con los profesores las pautas a seguir en casa y
en el colegio, tanto para la adquisición como para la
eliminación de ciertas conductas. Si esta relación
familia-escuela se entiende como una relación especialmente
importante, es necesario establecer mecanismos de coordinación
que posibiliten la colaboración necesaria entre estas
dos instituciones. Algunos de estos mecanismos están
establecidos legalmente, y regulan la participación de
los padres.
Los centros educativos deben considerar a la familia como un
elemento más a la hora de planificar el refuerzo educativo
del alumno con síndrome de Down, de modo que tanto en
el refuerzo educativo como en las adaptaciones curriculares,
el papel a jugar por parte de las familias tiene que ser del
máximo compromiso.
Muchas de las actividades y programas que se llevan a cabo
en los centros educativos pueden y deben realizarse en el ámbito
de la familia. Esta cuestión, que es importante cuando
un alumno presenta cualquier tipo de dificultad, resulta imprescindible
cuando el alumno presenta necesidades educativas especiales,
como es el caso de los alumnos con síndrome de Down.
Sin embargo, todavía hay profesores que pocas veces
suelen recurrir a la ayuda del entorno familiar para que colabore
en la conquista de objetivos educativos o curriculares, cuando
muchas de las actividades que se proponen pueden ser seguidas
por los padres. Es necesario que los profesores conecten con
la familia para planificar juntos las acciones que pueden desarrollarse
en casa, en el marco de la colaboración familiar, que
podrían materializarse en programas de autonomía
personal y programas de refuerzo educativo.
La participación de los padres en el proceso educativo
de sus hijos, además de repercutir de forma beneficiosa
sobre el niño con discapacidad, tiene grandes ventajas
para los propios padres, pues éstos necesitan sentirse
útiles frente a su hijo, ser capaces de afrontar el problema
y saberse competentes para aportar soluciones, y esto es probablemente
uno de los sistemas más eficaces de apoyo para sí
mismos. No se trata de convertir a la familia y el hogar en
una nueva escuela, ni de agobiar a los padres con tareas excesivas.
Al contrario, se trata de orientarlos hacia una colaboración
coherente y serena, que redunde en beneficios hacia su hijo.
Para que la formación que los niños y jóvenes
reciben en el colegio sea verdaderamente eficaz, es preciso
que exista una adecuada coordinación y una comunicación
fluida entre los padres y los profesores. Por un lado el colegio
debe complementar la educación familiar. Por otro, los
padres deben cooperar de manera activa en la formación
escolar de sus hijos, manteniéndose bien informados de
su marcha en el colegio y facilitando el ambiente para el trabajo
escolar en casa. .
La necesidad de establecer una estrecha colaboración
entre padres y profesionales (profesores, médicos, psicopedagogos,
etc.) viene fundamentada en que ambos disponen de los elementos
de información esenciales para optimizar la intervención.
Los padres son los que conocen mejor a su hijo, así como
el ambiente en el que crece, y los profesionales conocen los
principios, estrategias y métodos generales de intervención,
así como los conocimientos en torno a la discapacidad.
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2. Dificultades y desencuentros
Resulta importante que para lograr el desarrollo de todas las
potencialidades de los niños con síndrome de Down
y para conseguir cumplir los objetivos educativos que se van
proponiendo curso tras curso, exista una coordinación
con la familia. Ahora bien, mientras que todo el mundo está
de acuerdo en que la familia y los centros educativos deben
unir sus esfuerzos para la educación de los alumnos,
los problemas comienzan a aparecer cuando se trata de delimitar
las funciones de una y otra institución.
Las medidas de participación de la familia sólo
son efectivas cuando las relaciones familia-escuela se desarrollan
en un clima de cordialidad y colaboración, situación
que no siempre existe en los centros escolares, ya sea por la
falta de comunicación o por la incomprensión de
unos y otros hacia estos mecanismos de participación.
Es necesario destacar, en este sentido, la poca participación
de los padres en las elecciones escolares como consecuencia
en algunos casos del desánimo y cansancio que existe
en este sector de la comunidad educativa, y en otros casos debido
al desinterés o desinformación de sus canales
de comunicación con la escuela. En todo caso, sería
conveniente reflexionar sobre la conveniencia de intensificar
la participación de los padres en cuantos ámbitos
de colaboración con el centro escolar se desarrollen.
Esta colaboración-participación directa debería
entenderse de una manera interactiva, de forma que los padres
fueran los colaboradores de los profesores para la conquista
de los objetivos educativos que se plantean y, al mismo tiempo,
los profesores fueran colaboradores de los padres en su tarea
educativa. Probablemente, el hecho de que muchos padres y profesores
entiendan esta relación en una sola dirección,
es la causa central de muchas disputas y descoordinaciones que
existen en las relaciones familia-escuela. La escuela y la familia
en general, y los padres y profesores en particular han de tomar
las medidas necesarias para conseguir el mayor grado de sintonía
posible en esta relación, cuestión que debería
ser una aspiración de todos los agentes educativos.
Desde la familia es necesario que se adopte una actitud de
confianza hacia el centro educativo y los profesores, que lleve
a los padres a adoptar una actitud de colaboración en
las tareas educativas que se indican por parte del centro y
los profesores, y a establecer una comunicación fluida
con el profesorado.
Desde la institución educativa y el profesorado es necesaria
la adopción de una serie de actitudes y medidas que garanticen
y posibiliten la colaboración efectiva de los padres
en la tarea educativa respecto de sus hijos. Esta colaboración-participación
de los padres, habría que entenderla en sentido amplio;
y por tanto no sólo referida
a cuestiones como el refuerzo educativo o los problemas de conducta
que sus hijos puedan manifestar en el centro educativo, sino
que se debería intentar que los padres se sintieran partícipes
reales del proceso seguido por sus hijos mediante la adopción
de actitudes positivas hacia su participación y colaboración
en el conjunto del proceso educativo y de medidas concretas
que posibiliten y fomenten esa participación.
En ese sentido, no deben considerarse como válidas algunas
afirmaciones o conclusiones referidas a la poca participación
de los padres y que por ello su opinión no debe tener
carácter concluyente. Los padres no suelen participar
por muchas y variadas razones, entre las que se encuentran aquéllas
sobre las que la institución escolar y los profesores
pueden actuar, como son: la carencia de información de
los profesores hacia las familias, la inexistencia de cauces
fluidos de información escolar, la comunicación
personal prácticamente inexistente, actitudes negativas
de algunos profesores hacia su colaboración, etc.