Uno de los problemas serios que tienen los adultos con síndrome
de Down es la prevalencia de obesidad, una tendencia que se
inicia tempranamente en la vida. En un estudio de seguimiento
de 3 años se demostró que el 22% de los niños
alcanzaban ya sobrepeso en el primer año de vida, el
55% entre los 13 y los 24 meses, y el 23 % en el tercer año
de su vida. Aunque no está aclarada la etiología
de la obesidad en el síndrome de Down, se dan algunas
razones como son la disfunción tiroidea, la disminución
de su metabolismo basal, la ingestión de calorías
y la falta de ejercicio físico. El aumento de peso, sobre
todo cuando comienza en la niñez, puede retrasar el desarrollo
de habilidades motoras y conducir a un círculo cerrado
en el que a mayor sedentarismo, mayor aumento de peso. Bastantes
datos parecen demostrar que este círculo se da en las
personas con síndrome de Down. La alimentación
contribuye a que haya aumento de peso, pero el hecho es que
cuando se siguen las instrucciones dietéticas parecidas
a las que se recomiendan a los demás niños, parece
que es más el grado y tipo de actividades que realicen
lo que se convierte en un factor esencial para que el aumento
de peso termine por convertirse en obesidad. Por tanto, como
prioridad para disfrutar de una salud y de un bienestar que
sean duraderos, las personas con síndrome de Down han
de implicarse de forma regular y activa en un conjunto de actividades
físicas.
Promover un estilo de vida que
sea activo
Durante su etapa escolar, los niños con síndrome
de Down han de ser instruidos y animados a valorar un estilo
de vida activo. Las clases de educación física
que con frecuencia han adoptado un estilo de tipo corrector,
tienen que convertirse en un abanico de actividades que anime
a los alumnos a desarrollar sus habilidades motoras y a mejorar
su forma física. Eso significa que los niños han
de ser “educados en lo físico”, es decir,
la enseñanza ha de proporcionar todo un conjunto de experiencias
de aprendizaje que les haga incorporar actitudes positivas,
y les anime a adoptar un estilo de vida activo. Esto implica
algo más que simples ejercicios “especiales”
y juegos rutinarios. He aquí algunas sugerencias que
pueden ayudarles.
Desarrollar habilidades para realizar
toda una diversidad de actividades físicas
Si se les proporciona unos patrones de habilidades motoras
fundamentales que se ajusten a su edad, se pondrán los
cimientos para que puedan desarrollar después nuevas
habilidades y para que mantengan su movilidad y agilidad. Hay
que enseñarles a que comprendan cómo se mueven,
y animarles a que valoren y disfruten el sentirse activos.
Desarrollar la forma física
Existen diversos tipos de programas para desarrollar la forma
física, pero puede ser más conveniente establecer
simplemente un protocolo para pasear o un juego que exija correr
en el parque de forma regular. Los adolescentes pueden disfrutar
participando en clases de aerobic o de gimnasia para mantener
la forma. Con independencia del programa elegido, lo obligado
es que desarrollen actitudes positivas para conseguir continuidad
en los períodos de ejercicio. Por supuesto, las actividades
que se escojan no han de poner en riesgo la salud del niño,
han de ser fácilmente accesibles, ser divertidas, y encajar
en su estilo de vida. Se ha de empezar asociando esas actividades
con la buena salud, de modo que después el niño
adquiera cierto conocimiento acerca de las actividades sobre
las cuales ha de basar sus próximas preferencias.
Desarrollar la participación
de un modo regular
Ya que a veces se restringen las oportunidades para los que
tienen síndrome de Down, es necesario conseguir pronto
que sean integrados con los demás. La participación
se inicia con el aprendizaje de habilidades en la escuela y
dentro de la familia, y después se amplía la participación
en la comunidad urbana. Ha de existir una buena asociación
entre las experiencias que se ofrecen y las habilidades que
se enseñan, porque habilidades sin oportunidades de experimentarlas
pueden convertirse en aburridas. Concentrar el esfuerzo en una
sola actividad o competición puede limitar las oportunidades.
Lo que se necesita es el desarrollo de una base amplia de habilidades
físicas y de experiencias que ofrezcan rangos diversos
de oportunidades y redes sociales (p. ej., torneos, campeonatos)
para practicarlas. Pueden surgir así también amistades
y situaciones en que se comparta la diversión del juego.
Desarrollar conocimiento y comprender
el movimiento en las actividades físicas
Los niños con síndrome de Down necesitan también
aprender a “sentir” su movimiento. Estos “sentimientos”
de su movimiento les ayuda a desarrollar un conocimiento que
entonces pueden traducirlo en información “feedback”,
para que puedan repetir el movimiento o la secuencia de movimientos
convirtiéndolos en una habilidad o actividad. Este “sentimiento”
o cinestesia es un factor importante para aprender movimientos,
y puede hablarse de él y enseñarlo para incrementar
la percepción de su propio cuerpo.
Desarrollar un sentido de valores
en la actividad física y en su contribución a
la salud
El ser físicamente activo tiene que ser visto como parte
valiosa del estilo de vida de uno mismo. Para que la actividad
física alcance ese papel valioso en las vidas de las
personas con síndrome de Down, deben sentirse apoyadas
para sentirse bien consigo mismas al moverse de un sitio a otro,
al intentar nuevas actividades, al conseguir resultados de sus
experiencias y de sus logros, y al divertirse desarrollando
esa actividad en su familia o con sus amigos. Estos elementos
de participación serán después fuente de
motivación para practicar y refinar sus habilidades y
aceptar nuevos retos, y la mayoría de ellos seguirán
manteniéndose activos.
Actividad física y envejecimiento
sano
Los adultos con síndrome de Down rara vez eligen o participan
de una manera regular en actividades físicas de entretenimiento.
Eligen preferentemente ver la televisión u oír
música. La natación es una actividad popular pero
su participación es irregular y no duradera. Suele haber
también barreras para que participen de modo natural
en los sistemas habituales de transporte, debido a que el equipamiento
o los apoyos son insuficientes, con lo cual se limita las oportunidades
de las que muchos adultos podrían disfrutar para tener
una vida más activa.
Cada vez se tienen más en cuenta actualmente los modelos
que conforman la calidad de vida a la hora de ofrecer servicios
a las personas con discapacidad intelectual. El sentirse bien
físicamente es uno de los aspectos de estos modelos,
que han de incorporar varios factores como son la salud, el
sentirse en forma, la movilidad y la seguridad. Hay otros aspectos
de los modelos de calidad de vida que se apoyan en las habilidades
motoras – por ejemplo, la movilidad tiene que ver con
“sentirse bien socialmente” porque da capacidad
para ser independiente y moverse de un sitio a otro dentro del
ambiente comunitario. El uso regular de las actividades motoras
es lo que permite que se mantenga esta movilidad y esta participación,
por lo que han de ser intensamente ejercitadas.
Tradicionalmente, se han desarrollado programas para que las
personas con síndrome de Down sean capaces de superar
las barreras que se construyen socialmente. Estas barreras significan
que, a menudo, los programas se centran en una actividad restringida
y con pocas expectativas, para que no rebasen los límites
de la experiencia percibida. ¡Es ya hora de cambiar! Tienen
que hacerse cambios que sean creativos y atractivos para los
adultos con síndrome de Down. Los programas han de ser
dinámicos para favorecer al máximo el desarrollo
de las habilidades físicas, para que comprendan la actividad
que realizan, y para que den valor al hecho de ser y sentirse
un participante continuadamente activo.
Los profesionales expertos en programas de entretenimiento
y tiempo libre han de ofrecer programas variados de actividad
física para poder elegir. Y habrán de aconsejar
de forma individual, en función de las características
de cada participante. Para ello habrán de tener un inventario
de los clubes y organizaciones que existen en cada comunidad.
Actuarán como consejeros personales para ayudar a elegir
el programa que mejor se ajuste a cada uno.
El mensaje final es el siguiente: mantener la salud a lo largo
de la vida y controlar la tendencia a la obesidad pasa por la
necesidad de desarrollar habilidades motoras, y por conocer
y comprender el papel que la actividad física desempeña
en el logro de estos objetivos. Esto es válido tanto
para los niños como para los adolescentes y adultos con
síndrome de Down
El presente artículo fue publicado en
“Hand in Hand: A publication of the Down Syndrome Research
Foundation,” (Burnaby, BC, Canadá), 2003.
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