Tratar
el síndrome de West
Espasmos
infantiles en el síndrome de Down – Efectos
del retraso en el tratamiento con antiepilépticos
M.M. Eisermann,
A. DeLaRaillère, G. Dellatolas, E. Tozzzi, R. Nabbout,
O. Dulac, C. Chiron
Epilepsy Research,
55: 21-27, 2003
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Introducción y objetivos
EA diferencia de lo que ocurre en otros tipos de
deficiencia mental en los que la incidencia de epilepsia llega a
alcanzar cifras del 20-40 %, en el síndrome de Down la incidencia
oscila, según las estadísticas, entre el 1 y el 13
%, si bien es verdad que en edades más avanzadas estas cifras
pueden alcanzar entre el 15 y el 40 %, probablemente como consecuencia
del mayor índice de demencia tipo Alzheimer. Considerando
los diversos tipos de epilepsia que aparecen en el síndrome
de Down, destaca en la infancia el síndrome de West que llega
a aparecer en el 0,6-13 %, frente al 0,16-0,42 por mil que aparece
en la población control. Se discute sobre cuál puede
ser la evolución a largo plazo del síndrome de West
en el síndrome de Down, que puede ser relativamente benigna
o, por el contrario, derivar hacia cuadros más problemáticos.
En el síndrome de West (ver http://www.down21.org/salud/salud/epilepsia.htm)
aparece una asociación de:
a) ataques epilépticos que se caracterizan por crisis en
flexión del tronco y de las extremidades o, más raramente,
en extensión de las mismas, que se denominan espasmos
infantiles; tienen 1 segundo o menos de duración, se
confunden con facilidad con sustos, y se acumulan en salvas de varios
espasmos, a veces acompañados de llanto; habitualmente se
producen varias salvas diarias de varios espasmos cada una, tanto
en vigilia como durante el sueño.
b) En el electroencefalograma, aparece un cuadro específico
caracterizado por enlentecimiento y desorganización intensos
de la actividad eléctrica cerebral, que incluye puntas o
punta-onda muy lenta y generalizada, conformando un patrón
eléctrico que se denomina hipsarritmia.
El síndrome de West se suele manifestar entre los 4 y los
9 meses de edad, afecta más a varones, y se acompaña
de pérdida del contacto social y lentitud en la progresión
de todas las conductas. Por todo ello es urgente y trascendental
establecer el diagnóstico e instaurar el tratamiento adecuado,
para lo cual se puede optar actualmente por dosis altas de vigabatrina
o de valproato, o por la administración intramuscular de
ACTH u oral de hidrocortisona. Al desaparecer los espasmos y la
hipsarritmia, se produce simultáneamente una mejoría
en la progresión psicomotora.
En este trabajo se trata de analizar en qué
grado la demora en iniciar el tratamiento influye sobre la respuesta
a corto plazo y la incidencia de una epilepsia posterior, el nivel
de desarrollo psicomotor, y la presencia de rasgos autistas.
Se han analizado 18 pacientes con síndrome
de Down y síndrome de West en el Hôpital St. Vincent
de Paul y Centre Jèrôme Lejeune de París (Francia),
y Clinica Pediatrica de Aquila (Italia), cuyas edades al iniciar
los ataques eran entre 3 y 13 meses. Todos los pacientes mostraron
espasmos simétricos (en flexión, en extensión
o mixtos) que se daban por lo general en salvas de hasta 20 espasmos,
varias veces al día, con registros del electroencefalograma
en forma de hipsarritmia. En 10 se practicó la tomografía
computerizada o resonancia magnética, no habiendo ninguna
alteración destacable. En 14 niños se pudo realizar
una prueba de desarrollo (cociente de desarrollo) o de conducta,
y se analizaron posibles rasgos autistas.
Se determinó el tipo de medicación
administrada, el tiempo transcurrido entre el comienzo de los ataques
y el comienzo de la medicación, el tipo de respuesta conseguida,
el tiempo transcurrido hasta el cese total de las crisis, y posibles
cambios en el desarrollo y en la conducta.
Resultados
Cinco de los niños respondieron a su primer
tratamiento (vigabatrina o valproato), 12 recibieron el tratamiento
con esteroide o ACTH, bien como fármaco único o en
combinación con alguno de los anteriores, y 1 no respondió
ni a la vigabatrina ni al valproato pero no se le dio esteroide/ACTH.
Cuanto más corto fue el tiempo transcurrido
desde la iniciación de las crisis hasta el comienzo de la
administración de fármacos, antes cesaron las crisis,
mayor fue el cociente de desarrollo, y más baja fue la puntuación
de rasgos autistas. En cambio, cuanto más tardía fue
la respuesta al tratamiento de las crisis menor fue el cociente
de desarrollo y mayor la puntuación de rasgos autistas. Hubo
una fuerte relación entre la duración de los espasmos
infantiles y el bajo nivel de cociente de desarrollo o la alta puntuación
en rasgos autistas.
En el momento de finalizar la evaluación,
5 pacientes mostraban todavía crisis mientras que en 13 habían
desaparecido (un seguimiento de entre 11 y 114 meses), de los cuales
7 recibían todavía un tratamiento de mantenimiento.
En los 5 pacientes en los que persistían las crisis, el retraso
en iniciar el tratamiento había superado los 2 meses, mientras
que en los 8 niños en los que se inició el tratamiento
dentro de los 2 meses a partir de que aparecieran las crisis, éstas
habían desaparecido antes de 3 meses y ninguno experimentó
recaída.
En conjunto, los resultados parecen indicar
que en el síndrome de West asociado al síndrome de
Down, cuanto más pronto se inicie el tratamiento mejor será
la respuesta, mejor será el desarrollo psicomotor y menores
serán los rasgos autistas.
COMENTARIO
En general, el pronóstico del síndrome
de West en los niños con síndrome de Down es bastante
bueno si se compara con otros grupos de pacientes. Dada la relativa
frecuencia con que aparece el síndrome de West en los niños
con síndrome de Down, es una buena noticia comprobar que:
(1) existen en la actualidad buenos tratamientos para controlar
los espasmos y la hipsarritmia, (2) consiguen la supresión
completa de los síntomas y la normalización del desarrollo.
Pero al mismo tiempo, este trabajo resalta la necesidad de realizar
un buen diagnóstico lo más tempranamente posible,
antes de los 2 meses de iniciado el proceso, ya que si el tratamiento
se retrasa, el resultado no es bueno, el proceso se prolonga y puede
haber un deterioro progresivo del desarrollo psicomotor. Da la impresión
de que, si no se tratan pronto las alteraciones cerebrales que originan
los espasmos, estas alteraciones avanzan y se hacen irreversibles,
afectando a estructuras cerebrales que regulan el desarrollo psicomotor,
conducta incluida.
Por este motivo, se debe insistir en la necesidad
de detectar con prontitud los movimientos y posturas anómalos
que caracterizan a los espasmos. Para mostrar mejor este hecho,
vean lo que recientemente explicaba un papá en el Foro
de Canal Down21, y el perjuicio que se ocasionó por confundir
y no haber sabido identificar los espasmos a tiempo:
XX actualmente tiene 3 años con
11 meses. Es el segundo hijo. Su hermano mayor de 8 años
nació sin ningún tipo de problema.
Cuando nació vino en perfectas condiciones de salud (salvo
por su Down) sin ningún tipo de problema.
Aproximadamente a los 5 meses comenzó con fuertes y prolongados
ataques de epilepsia, pero distintos médicos nos informaron
que estos eran cólicos y así como llegaron se
tenían que ir.
A contar del 7º mes comenzó a tratarlo la kinesióloga
Ivonne de la Agrupación de Padres con niños Down
(AA) y manifestó que estos supuestos cólicos eran
ataques de epilepsia, es así que lo llevamos a un neurólogo
quien nos confirmó mediante un electroencefalograma,
que el niño padecía de epilepsia, razón
por la cual comenzó a tratarlo con diversos medicamentos
que bajaron la intensidad de sus convulsiones pero no frenaron
sus ataques. Todo esto produjo un retroceso en su desarrollo
psicomotor: no afirmaba cabeza, no se conectaba con el medio,
no reía y no fijaba la mirada.
Finalmente comenzó a tomar Sabril (vigabatrina) y a través
del tiempo las convulsiones bajaron aún más hasta
tal punto de hacerlas desaparecerlas completamente.
Durante varios meses estuvo en terapia que lograron sacarlo
adelante y hoy en día se conecta con el medio, ríe,
juega, trata de tomar objeto pero a golpes, afirma su cabeza
y tronco, pero se agrede fuertemente con bastante facilidad
y durante varias veces al día. Hay pocos días
en que está mejor que otros y las agresiones disminuyen
bastante, pero en la generalidad no ocurre esto, especialmente
cuando se enoja, cuando se aburre, cuando quiere hacer algo
y no lo logra.
Lamentablemente aún no camina, sólo con la ayuda
de adultos logra ponerse de pie por unos pocos minutos.
Tampoco habla, sólo dice palabras como: mamamamama, papapapapap
y tatatatatata.
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