OBSERVACIONES PARA ACTUAR SOBRE LA CONDUCTA Y MANTENER LA DISCIPLINA
Todo niño anhela tener disciplina, y nuestro hijo con
síndrome de Down no es diferente. Necesita saber lo que
está permitido en su familia y en su comunidad y lo que
no, y lo que puede pasar si transgrede estas fronteras o límites.
Cuando el niño es pequeño, el centro de nuestra
conducta está en asegurar su salud y su seguridad. Conforme
madura, cambian las expectativas. Lo que era “mono”
cuando era pequeño se convierte en inapropiado cuando
está ya en la escuela o es un adolescente. Ahora nuestro
hijo necesita saber maneras positivas de interactuar con los
demás chicos y con los adultos; es decir, necesita aprender
habilidades sociales:
- esperar su turno
- regular sus emociones
- comprender que no siempre se hará lo que él
quiera
Algunos padres se oponen a mantener la disciplina de sus hijos.
Ven la disciplina como un castigo, como lo opuesto a disfrutar
de la vida. Y no la ven como un medio de poner los límites
que precisamente van a hacer al niño más feliz
y más seguro. Pensemos cómo sería nuestra
vida si nadie siguiese unas reglas. Qué ocurriría
en la escuela, o en los centros de trabajo, o en la circulación.
Todos necesitamos reglas para hacer más agradable y eficaz
a nuestra convivencia. También nuestros hijos con síndrome
de Down.
A veces los padres nos resistimos a imponer la disciplina,
precisamente porque nuestro hijo tiene síndrome de Down.
Sentimos pena por el niño, o nos sentimos culpables de
su discapacidad. Incluso podemos pensar que alguien que tiene
retraso mental no puede aprender a comportarse adecuadamente.
Nada está más lejos de la verdad. El niño
necesita disciplina para sentirse seguro en su mundo. Quiere
aprender conductas correctas. Porque sabiendo cómo hay
que actuar, gana más independencia y se siente mejor
consigo mismo. ¿No han notado la cara de inmensa satisfacción
que ponen cuando consiguen hacer algo a lo que, a lo mejor,
se resistían a hacer porque significaba esfuerzo, y gracias
a nuestra insistencia lo han hecho?
Cuando mantenemos la disciplina estamos ofreciéndoles
realmente un modo más agradable de vivir.
Las reglas han de ser las adecuadas
Establecer reglas que sean sencillas y comprensibles para el
nivel de funcionamiento del niño. Sobre todo, que sean
justas y no caprichosas. Objetivas y no en razón de lo
que a nosotros más nos apetece en ese momento. Que se
ajusten a la situación y sean iguales para todos los
miembros de la familia, porque nuestro hijo con síndrome
de Down es y quiere verse como un miembro más de la familia
y seguir las mismas reglas de los otros hijos.
Ser coherentes
Habremos de ser firmes una vez que decidimos lo que se permite
y lo que no. Si cambiamos constantemente las reglas del juego
en nuestras respuestas o decisiones, el niño seguirá
intentando “a ver si cuela” lo que en principio
parecía inaceptable. Y lo hará como cualquier
otro niño; pero quizá se dé cuenta de que
con él somos más permisivos y menos constantes.
Sistemáticamente ponen a prueba nuestros límites;
una y otra vez. Sea constante: es lo más importante que
puede hacer para ayudar a que su hijo vaya adquiriendo criterios
útiles de conducta.
Ser positivos
Con frecuencia los niños se sienten inseguros sobre
cómo actuar. Un modo sutil de ayudarles a aprender es
alabar o premiar conductas que deseamos que repitan. Nuestra
respuesta positiva les hace sentirse mejor; y este feliz sentimiento
aumenta la probabilidad de que la conducta se repita. Es lo
que los educadores llamamos refuerzo positivo. Concentrándonos
en lo positivo nos centramos en lo bien que el niño funciona.
Y al mostrar nuestra alegría por su éxito, ganamos
mayor confianza como padres.
Aplicar técnicas de modificación
de conducta
A veces nuestro hijo agota nuestra paciencia. Todo hijo lo
hace. Una manera de cambiar su modo de actuar es preparar un
plan de modificación de conducta. Se trata de una estrategia
que utilizamos para moldear las acciones mediante refuerzos
positivos. Suele tener los siguientes pasos:
1. Decidir qué acción o conducta es la problemática.
Elegir sólo uno o dos aspectos para trabajar sobre ellos
de cada vez. De este modo, seremos más constantes y el
niño tendrá más probabilidad de conseguirlo
sin sentirse confundido o agobiado.
2. Identificar la frecuencia con la que hace esa conducta. Podremos
deducir quizá el por qué de esa conducta.
3. Elegir un premio o reforzador positivo que motive al niño.
A los bebés les gusta el achuchón, la sonrisa,
una voz alegre. Cuando crecen necesitan algo más tangible:
algo material, o dejarle hacer algo que le gusta. Recordemos
siempre que el objetivo es siempre recurrir a premios de tipo
social más que material, como puede ser la alabanza.
Con el tiempo el niño se comportará apropiadamente
porque se siente bien.
4. Decidir el intervalo de tiempo transcurrido hasta que se
le premia. Puede ser inmediatamente después de terminada
la tarea, o un rato después, o al final del día,
o en el fin de semana si realmente el premio es muy motivador
y coincide con algo que quería hacer ese fin de semana.
Con un niño con síndrome de Down, no se puede
diferir mucho el premio porque se olvidará de la conexión
o relación que hay entre su conducta y el premio. Y eso
es muy importante.
5. Haga un gráfico en el que su hijo pueda comprender
el progreso que hace. Es posible que al principio el invento
no funcione e incluso parezca empeorar porque el niño
nos está sometiendo a prueba. Seamos constantes y en
un par de semanas deberemos notar el cambio. Poco a poco vamos
retirando el premio, o pasándolo de lo material a lo
social.
6. Algunos pueden pensar que estamos “sobornando”
a nuestro hijo. No es eso. Toda nuestra vida se encauza hacia
lo positivo: premio, salario, satisfacción personal.
La modificación de conducta es un instrumento más
para conseguir que el niño y la familia mantengan un
estilo positivo de vida.
Ignorar lo negativo
Ignorar puede ser otra técnica para suprimir una conducta
inapropiada. ¿Podrían decirme si siguen llamando
a alguien que jamás les devuelve la llamada? Pronto dejan
de hacerlo y lo ignoran. Lo mismos pasa con los niños.
Si conseguimos ignorar de manera constante esas conductas que
tratan de llamarnos la atención –las rabietas,
el toquiteo, las interrupciones–, dejarán de hacerlas.
Es cierto que resulta muy difícil ignorar algunas de
esas conductas. Trate de mantenerse entonces muy ocupado, y
si ya no puede más márchese de la habitación.
Saber interrumpir: tiempo de
descanso
Algunos niños tiene conductas tan perturbadoras que
resulta imposible ignorarlas. Dese un respiro, cuando con calma
retira a su hijo de la situación y lo coloca en un lugar
seguro; eso le alivia a usted y al niño le da la oportunidad
de enfriarse. Utilice incluso un reloj para dar un tiempo determinado,
o deje que el niño vuelva cuando su conducta negativa
haya terminado. Asegúrese de que el niño entiende
por qué ha sido retirado y sugiérale la conducta
más apropiada.
Establecer buenos ejemplos
Si el niño ve que hay que gritar para hacerse oír,
porque la casa es chillona, lo hará para pedir su turno
y su atención. Si contestamos de malos modos a nuestros
hijos o a nuestra esposa o esposo, él lo hará
también. No tenemos más remedio que comportarnos
como deseamos que él se comporte. Porque no olvidemos
una diferencia: Nosotros sabemos discernir cuándo podemos
soltar un taco y cuándo no; ellos no. Cuándo dar
un beso y cuándo no; ellos no si no lo aprenden explícitamente.
Terquedad, cerrazón, obstinación,
ausencia
Vemos con cierta frecuencia que niños y adolescentes
con síndrome de Down muestran una terquedad casi invencible,
de la que se valen para decidir y deshacer a su antojo y cuando
ellos quieren. Como si fueran ellos los que marcan el ritmo
de trabajo cuando ellos desean y deciden.
¿Qué es lo que les impulsa tan tercamente a llevar
la contraria, o simplemente a ausentarse, a adoptar una actitud
poco colaboradora o poco participativa que de repente a veces
adoptan?
¿Perdura esta actitud toda la vida? ¿Cabe hacer
algo o modificar esa conducta?
Empecemos a contestar por lo
más fácil.
Primero, la percepción de esa conducta es real. No podemos
afirmar que esa conducta sea exclusiva del síndrome de
Down, como si se tratase de una de sus características
fenotípicas, o si se aprecia también en otras
formas de discapacidad intelectual, como parte de sus dificultades
de adaptación.
Segundo, la educación (la buena educación, claro)
consigue mejorar sustancialmente esa forma de conducta.
Llama la atención esa especie de contradicción:
la sensación de afabilidad que con frecuencia transmiten
los niños y jóvenes con síndrome de Down,
junto con conductas tercas.
Nos parece que esa forma de conducta suele iniciarse como parte
de un período evolutivo de negativismo y de descubrimiento,
entre los 2 y 4 años, que ciertamente en el síndrome
de Down se prolonga más tiempo. Para nosotros es lo que
podríamos llamar la primera transición:
es cuando surge la primera sensación de independencia
(para coger las cosas, para desplazarse, para actuar), de ser
dueño de sus actos, del comienzo del yo. En algunos niños,
esto puede ser mucho más acusado que en otros por diversas
causas: