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Bilingüismo y síndrome de Down
E. Kay-Raining Bird,
P. Cleave, N. Trudeau, E. Thordardottir, A. Sutton, A. Thorpe
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Nota: Este artículo corresponde a la introducción
del trabajo de investigación titulado “The language
habilities of bilingual children with Down syndrome”, publicado
por las autoras en: American Journal of Speech-Language Pathology,
14: 187-199, 2005. Un amplio resumen en español del trabajo
de investigación aparece en Revista Virtual Canal Down21
de enero de 2006.
Los niños con síndrome de Down tiene déficits
cognitivos y lingüísticos que son debidos al trastorno
cromosómico propio de la trisomía del cromosoma
21. Éste es el más frecuente de los trastornos cromosómicos
que provocan retraso mental. Estos niños tienen particulares
problemas en el aprendizaje del lenguaje. Como consecuencia y
por lo que se suele comentar, los profesionales recomiendan a
menudo que en los ambientes bilingües los niños con
síndrome de Down sean sometidos a un solo idioma. A primera
vista, esta recomendación parece lógica. Si el aprendizaje
de una lengua es difícil, por extensión el de más
de una presentaría más problemas. Sin embargo, hay
varios factores que contribuyen a poner en duda esta recomendación.
La actual investigación ha destacado los beneficios cognitivos
y lingüísticos del multilingüismo (p. ej., Bruck
y col., 1997) en niños con desarrollo normal. Además,
apenas se dispone de información sobre el impacto de los
entornos bilingües sobre el éxito o fracaso del aprendizaje
del lenguaje en los niños con síndrome de Down.
Por último, pueden aparecer consecuencias negativas para
los niños y sus familias si se limita la influencia lingüística
a un solo idioma, en una sociedad que se va haciendo cada vez
más diversa. Como ha señalado De Houwer (1999, p.
1), ”El entorno bilingüe es muchas veces una necesidad,
no una elección”.
Bilingüismo
Como principio general, cuanto más frecuente y constantemente
esté uno expuesto a una lengua, mejor será su conocimiento
de dicha lengua. Sin embargo, la intensidad de exposición
a una lengua determinada varía en los niños (Hart
y Risley, 1995) y varía en los idiomas a los que está
expuesto un niño concreto (Bialystok, 2001). Como ejemplo,
algunos niños oyen dos lenguas en su casa con aproximadamente
igual frecuencia. Este puede ser el caso cuando uno de los padres
habla un idioma y el otro habla otro idioma; es decir, es el contexto
de un-padre-un-idioma. Otros pueden estar expuestos a un segundo
idioma menos frecuentemente, o en contextos limitados, como cuando
es la “canguro” (baby-sitter) quien habla el segundo
idioma mientras los padres trabajan. También varía
el hecho de cuál ha sido la primera exposición al
segundo idioma, y ello afecta a su aprendizaje (Bialystok, 2001).
Los niños pueden verse expuestos a una segunda lengua
desde el nacimiento o un tiempo después. En Nueva Escocia
(Canadá), por ejemplo, los niños de lengua inglesa
entran en programas de inmersión del francés en
primaria (jardín de infancia) o en sexto grado, una vez
que han adquirido considerable destreza en su primer idioma. En
cambio, en Montreal, los niños pueden estar expuestos a
un segundo idioma desde el nacimiento, en casa, o poco después
en pre-escolar. Montreal es una ciudad bilingüe con niños
a menudo criados en inglés, en francés, o en ambos
idiomas. Además, hay tiene una numerosa población
inmigrante, lo que hace que algunos niños se vean expuestos
de forma significativa a idiomas que no son ni el francés
ni el inglés. Los niños en Montreal son escolarizados
en escuelas o francesas o inglesas, o en programas de inmersión
del lenguaje que son las escuelas inglesas donde parte de la enseñanza
se imparte en francés. Los niños cuyo primer idioma
es el francés, así como todos los inmigrantes, son
escolarizados en francés.
Influye también en la adquisición del idioma el
hecho de quién es el que habla ese idioma. Los primeros
cuidadores, es decir, los padres, ejercen el mayor impacto sobre
el aprendizaje del idioma de sus hijos en las primeras etapas.
Sin embargo, una vez que entran en la escuela, los compañeros
y el ambiente escolar ejercen un impacto de importancia creciente
en esta área. Igualmente, variables como pueden ser la
motivación para aprender un idioma, la reflexión
sobre la necesidad de ese idioma, y la percepción de su
utilidad influyen sobre el grado en que un niño llega a
dominar un idioma concreto, sobre todo conforme las habilidades
metacognitivas mejoran y el niño es más capaz de
evaluar esos factores. Y así, un niño que habla
un idioma sólo en la clase pero otro con los amigos y su
familia, puede percibir poca necesidad de usar el idioma de la
escuela en otros contextos, y por tanto puede sentirse menos motivado
para aprenderlo. En resumen, quién habla en qué
idioma, cuando se habla y durante cuánto tiempo, y cómo
el niño reacciona a estas características de la
influencia lingüística, influirán sobre el
grado en que el niño sea capaz de aprender cada uno de
los idiomas en un ambiente bilingüe (Nicoladis y Genesee,
1997a).
Cuando las personas bilingües interactúan, puede
entremezclar a veces sus idiomas. Es el lenguaje mixto. Se da
dentro de una frase o enunciado, o alternando enunciados en distinto
idioma. Su frecuencia varía mucho según los individuos
(p. ej., Nicoladis, 1995 [citado en Nicoladis y Genesee, 1997a]).
Ciertamente, se ha observado que a los 3 años de edad los
niños pueden mezclar idiomas con frecuencias similares
a las que escuchan idioma mezclado (Nicoladis y Genesee, 1997b).
Dada la variabilidad de la experiencia bilingüe, no resulta
sorprendente que la mayoría de los niños bilingües
dominen mejor uno de los dos idiomas. Al idioma que mejor hablan
se le llama idioma dominante. La dominancia de un idioma cambia
conforme cambian los contextos importantes de la vida. En el caso
de las familias inmigrantes, por ejemplo, el idioma de la familia
es a menudo el dominante cuando el niño entra en la escuela.
En ese momento, el idioma de una sociedad más amplia e
influyente sustituye con frecuencia al familiar y se convierte
para el niño en dominante (Romaine, 1996).
La adquisición inicial del idioma en un ambiente
bilingüe
Mientras que los primeros estudios se realizaron bajo el supuesto
de que los niños bilingües quedarían en desventaja
comparados con los monolingües en cuanto a su desarrollo
cognitivo y lingüístico, los más recientes
lo han refutado (Bialystok, 2001; Pacheco, 1983; Payan, 1989).
De hecho, los actuales estudios ofrecen algunos datos sobre las
ventajas que proporciona el bilingüismo (Cromdal, 1999; Oller,
1983; Pacheco, 1983). Quizá el resultado más frecuentemente
citado sea el de que los niños bilingües muestran
habilidades metacognitivas más acusadas que sus compañeros
monolingües (Bialystok, 2001; Bruck y Genesee, 1995), aunque
no suele ser fácil identificar esta ventaja durante los
periodos iniciales del desarrollo del lenguaje, y parece guardar
relación con el grado de bilingüismo conseguido (Cromdal,
1999). Cummins (1979) ha propuesto que es necesario que exista
un umbral de competencia en el segundo idioma antes de que se
puedan objetivar los efectos beneficiosos del bilingüismo.
Nicoladis y Genesee (1997a) señalan en su revisión
de la bibliografía que existen tres “posibilidades
lógicas” en relación con el efecto del bilingüismo
sobre el aprendizaje de la lengua: podría ocasionar un
retraso en el lenguaje, podría provocar un desarrollo más
rápido del lenguaje, o podría no ejercer ningún
efecto en absoluto. Estos autores concluyen que tanto los niños
monolingües como bilingües alcanzan los jalones generales
en tiempos que son comparables. Es decir, ambos producen sus primeras
palabras, alcanzan sus primeras 50 palabras, y empiezan a combinar
palabras en tiempos similares aproximadamente, si se consideran
los vocabularios de ambas lenguas. Igualmente son comparables
el orden y la edad de adquisición de las diversas formas
sintácticas. Sin embargo, los autores avisan que el tamaño
de léxico expresivo en una cualquiera de las lenguas de
los bilingües es más pequeño que el de los
monolingües. Concluyen que, en relación con los jalones
generales del desarrollo, parece que las habilidades de lenguaje
de los bilingües no son ni claramente inferiores ni claramente
superiores que las de monolingües (Nicoladis y Genesee, 1997a,
p. 264). Bialystok (2001), en su revisión de la literatura,
concluía también que la secuencia y la velocidad
de desarrollo de los niños bilingües eran similares
a las de los monolingües.
Pearson y col. (1993) examinaron las habilidades iniciales de
vocabulario de niños bilingües. Mostraron escasas
diferencias estadísticas en las habilidades de vocabulario
expresivo entre niños monolingües y bilingües
hasta los 30 meses de edad, cuando se utilizó como idioma
de comparación el dominante. No obstante, las habilidades
de vocabulario expresivo de los bilingües se pareció
más a las de los monolingües cuando se utilizó
el valor del conocimiento combinado en ambos idiomas: o bien el
recuento combinado del vocabulario expresivo o un recuento que
incluyera el número de conceptos compartidos entre los
dos idiomas. Curiosamente, cuando se examinaron las habilidades
de comprensión de vocabulario de los niños bilingües,
se demostró que podrían estar más avanzados
que los monolingües.
El lenguaje de los niños con síndrome de
Down
Con frecuencia, las dificultades para aprender el lenguaje que
muestran los niños monolingües con síndrome
de Down son superiores a las que podrían predecirse a partir
de su desarrollo cognitivo (Chapman, 1995; Chapmen y col., 1991;
Chapman y col., 1998, 2000; Fowler, 1990). El desfase entre producción
de lenguaje y capacidad cognitiva surge en las primeras fases
del desarrollo del lenguaje (Cardosa-Martins y col., 1985: Miller,
1992; Mundy y col., 1995). Aunque con frecuencia la adquisición
de lenguaje en estos niños puede ser un punto fuerte (Chapman,
1995; Chapman y col., 1990, 1991, 1998, 2000), surge un desfase
mayor de lo esperado entre la producción y el vocabulario
expresivo casi con el comienzo de las primeras palabras (Chapman,
1995; Miller 1992). Quizá, el componente del lenguaje más
difícil de conseguir para los niños con síndrome
de Down sea la morfosintaxis expresiva (Chapman y col., 1998,
2000), aunque también sufren un retraso las habilidades
morfosintácticas expresivas (Chapman y col., 1991). Con
frecuencia muestran estos niños retrasos para comenzar
a combinar palabras (Clements-Baartman y Girolametto, 1995), y
se va ampliando la divergencia entre lenguaje y edad mental (Chapman,
1995). No obstante, se ha demostrado que los niños con
SD siguen desarrollando su habilidad morfosintáctica a
lo largo de la adolescencia (Chapman y col., 1991, 1998; Thordardottir
y col., 1992). Aunque se ha estudiado muy poco el desarrollo de
los verbos en esta población, existen datos que demuestran
que estos niños tienen una dificultad especial para adquirir
verbos léxicos y gramaticales, así como para construir
espontáneamente enunciados de cláusula múltiple
(Hesketh y Chapman, 1998). Son varios los factores que pueden
limitar esta adquisición de lenguaje en los niños
con síndrome de Down, como por ejemplo los déficits
en memoria auditiva (Jarrold y col., 2002; Kay-Raining Bird y
Chapman, 1994; Seung y Chapman, 2000), y los problemas de inteligibilidad
(Miller, 1988).
El bilingüismo y los niños con dificultades
de aprendizaje del lenguaje y/o dificultades intelectuales
Es sorprendente la falta de investigación sobre los niños
bilingües o multilingües que tienen problemas de aprendizaje
de lenguaje, y sobre los niños con discapacidad intelectual
como es en concreto el síndrome de Down. Si bien se espera
que los niños con dificultades de aprendizaje de lenguaje
tendrán problemas para aprender cualquier lengua, las manifestaciones
específicas de esos problemas variarán con la lengua
(Crago y Allen, 1996; Nicoladis y Genesee, 1997a). Muchos educadores
han reclamado que se desarrollen métodos de evaluación
no sesgada en niños bilingües, y se den oportunidades
de educación y de intervención del lenguaje en el
primer idioma del niño en un ambiente bilingüe (Crago
y Westernoff, 1997; Erickson y Walker, 1983; Holland y Forbes,
1986; Payan, 1989; Vaughn-Cooke, 1986). Se va demostrando también
que el aprendizaje de un segundo idioma se ve facilitado por la
intervención en el primer idioma del niño (Perozzi
y Sanchez, 1982) o en un ambiente bilingüe (Thordardottir
y col., 1997), al menos en niños con habilidades cognitivas
normales. Bruck (1982) describe que los niños con problemas
de lenguaje lo hacen de la misma manera en los programas de inmersión
que como lo hacen en los programas monolingües.
No sorprende que los niños bilingües con trastornos
específicos de lenguaje (TEL) muestren una ejecución
más pobre en las medidas de morfología y sintaxis
que sus compañeros normales de la misma edad, usando estudios
tanto de grupo (Hakansson y col., 2003; Jacobson y Schwartz, 2002)
como de casos singulares (Restropo y Krutz, 2000). Empiezan ahora
a aparecer estudios que comparan el desarrollo de niños
monolingües y bilingües con TEL. El primer estudio de
este tipo (Crutchley y col., 1997) mostró que los niños
bilingües con TEL puntuaron peor que los monolingües
con TEL en varias medidas de lenguaje y lectura. En consecuencia,
los autores propusieron que el bilingüismo puede actuar como
un “factor agravante” en los TEL. Sin embargo, esta
interpretación es prematura ya que no se ofreció
información alguna sobre el bilingüismo de los niños.
En consecuencia, es muy posible que las diferencias descritas
simplemente reflejen capacidad de ejecución en la lengua
no dominante. En contraste con los resultados de Crutchley y col,
Paradis y col. (2003) demostraron que los niños bilingües
en francés e inglés con TEL mostraban el mismo tipo
y frecuencia de errores morfosintácticos que los controles
monolingües en francés o en inglés que tenían
TEL. Como era previsible, las estructuras específicas de
superficie que estaban afectadas diferían según
la lengua en los grupos bilingües y monolingües. Jordaan
y col. (2001) han sugerido que los niños con trastornos
diferentes del lenguaje pueden tener diferentes capacidades bilingües.
Sin embargo, los dos niños a los que estudiaron eran diferentes
en cuanto a su exposición a las dos lenguas, lo que sugiere
que es la intensidad de exposición al lenguaje, y no el
tipo de trastorno, lo que podría explicar las diferencias
observadas.
Claramente, es ahora cuando estamos empezando a comprender cómo
el bilingüismo afecta el aprendizaje del lenguaje en niños
con alteraciones del lenguaje. Pero la literatura sobre los individuos
con discapacidad intelectual es aún más escasa.
En relación con los niños con síndrome de
Down, Woll y Grove (1996) analizan el desarrollo simultáneo
del Lenguaje Británico de Signos y del inglés en
gemelas monozigóticas con síndrome de Down criadas
por padres sordos. Mientras que sus habilidades sintácticas
mostraban un retraso en ambos tipos de lengua, las niñas
iban avanzando en cada lengua y la usaban de manera selectiva
de acuerdo con el contexto (es decir, el lenguaje de signos con
los interlocutores sordos, el inglés con los oyentes).
Vallar y Papagno (1993) ofrecen el estudio de un caso de una mujer
de 23 años con síndrome de Down que se maneja bien
como trilingüe (italiano, inglés y francés).
Curiosamente, presenta un perfil muy diferente de lenguaje y de
habilidades cognitivas: puntuación cognitiva verbal mayor
que no verbal en la Escala de Weschler, y buenas habilidades para
la apreciación fonológica en relación con
el grupo control. Cabe preguntarse si el multilingüismo de
esta mujer pudo afectar a su particular perfil cognitivo. Por
ejemplo, ¿indica su buena capacidad para la apreciación
fonológica la existencia de una ventaja meta-cognitiva,
a menudo mencionada en el bilingüismo? Son temas que no fueron
explorados por los autores. Claramente, se necesita mucha más
investigación en esta área para comprender las consecuencias
del bilingüismo en niños que presentan dificultades
para el aprendizaje del lenguaje, incluidos los que tienen discapacidad
intelectual como es el caso de los niños con síndrome
de Down.
COMENTARIO DE CANAL DOWN21
El trabajo que hemos reproducido es una puesta al día
sobre la cuestión del bilingüismo en los niños
con síndrome de Down. Dentro del área de habla española,
este problema atañe con urgencia a varias Comunidades Autónomas
de España como son Cataluña, País Vasco y
Galicia en donde, al amparo del desarrollo de la legislación
autonómica, se ha empujado la penetración social
y escolar de sus respectivos idiomas hasta límites que
eran insospechados hace unos años. Es precisamente el ámbito
escolar en donde más presión lingüística
se ejerce. Y ello atañe de manera frontal al niño
pequeño con síndrome de Down o con otros problemas
de discapacidad lingüística y/o mental.
Pero debido al enorme incremento y extensión del fenómeno
emigrante, también concierne a cualquier familia de habla
hispana que emigre a otro país con una lengua distinta,
así como a los emigrantes de otros países que llegan
a los países de habla española. El problema, pues,
se extiende más de lo que cabía imaginar hace unos
pocos años.
Dentro de la reciente bibliografía sobre bilingüismo
en los niños discapacidad intelectual, es preciso seleccionar
los trabajos de investigación o revisión que se
refieren de modo específico a los niños con síndrome
de Down porque, como se ha indicado en las páginas anteriores,
exigen una perspectiva especial por sus dificultades intrínsecas
de lenguaje.
En español señalamos dos trabajos. No son propiamente
de investigación pero están escritos por personas
con experiencia, y sus reflexiones y consejos deben ser tenidos
en cuenta. El primero de ellos está relacionado con el
aprendizaje del catalán y el segundo con el del vascuence.
1. Gràcia, M. El niño con síndrome
de Down en contexto bilingüe: implicaciones para la escuela
y la familia. Revista Síndrome de Down, 16: 98-107, 1999.
2. Escaño, L. Bilingüismo y discapacidad intelectual.
Boletín Fundación Síndrome Down del País
Vasco, vol. 10, junio, p. 15-24, 2002.
Adicionalmente, queremos llamar la atención sobre un trabajo
de investigación recientemente publicado por las autoras
de la revisión que antecede a este Comentario. Se trata
del único trabajo de investigación realizado en
niños bilingües con síndrome de Down en el
que se lleva a cabo un estudio comparado. Concretamente, compararon
las habilidades de 8 niños con síndrome de Down,
bilingües en inglés y en una segunda lengua, con las
de otros tres grupos: a) niños con síndrome de Down
monolingües, b) niños normales bilingües, y c)
niños normales monolingües. Todos los niños
tenían un nivel de desarrollo parecido y se encontraban
en las fases iniciales de desarrollo del lenguaje, es decir, poseían
más de 100 palabras en sus vocabularios productivos y una
longitud media de enunciados de menos de 3,5.
Las preguntas a las que trataron de dar respuesta fueron las
siguientes:
1. Las habilidades conseguidas en el idioma
inglés por parte de niños bilingües con síndrome
de Down ¿difieren de las conseguidas por los otros 3 grupos
control?
2. ¿En qué grado los niños bilingües
con síndrome de Down consiguen adquirir un segundo idioma?
Y su destreza en este segundo idioma ¿difiere de la conseguida
por niños bilingües normales?
3. ¿Con qué variables se correlacionan los valores
medidos en la producción de lenguaje en los niños
bilingües con síndrome de Down?
Puede verse un amplio resumen de este trabajo en “Artículo
del mes” de la Revista Virtual Canal Down21 del mes de enero
de 2006.
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