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Entrevista
a Emilio Ruiz
Emilio Ruiz empezó
desde abajo: como Diplomado de Profesorado de educación General
Básica tuvo experiencia directa en la enseñanza ordinaria.
Posteriormente hizo el Curso de Postgrado en Educación especial
y finalmente obtuvo la Licenciatura en Psicología Clínica
y Psicología educativa.
Enamorado de la enseñanza, ha desempeñado siempre
puestos de responsabilidad fronterizos entre la educación
y la psicología en los colegios de enseñanza pública,
llegando a ser director del Equipo Psicopedagógico en Reinosa.
Actualmente es coordinador del Equipo de Interculturalidad en Torrelavega.
Junto a la atención directa a las personas con síndrome
de Down y sus familias en la Fundación Síndrome de
Down de Cantabria, dirige proyectos de investigación educativa
y psicológica. Ha escrito numerosos artículos relacionados
con el síndrome de Down, en los que destacan tanto su documentación
obtenida del estudio como su valor práctico derivado de su
conocimiento y trato directo.
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1 - Pregunta
de Canal Down21: Conocemos su estrecha vinculación con el síndrome
de Down como psicólogo de la Fundación Síndrome de
Down de Cantabria. ¿Cómo se inició esta relación?
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Han pasado ya 14 años desde que empecé
a colaborar con la Fundación Síndrome de Down de Cantabria.
Cursaba entonces un postgrado en Educación Especial y me
ofrecieron la posibilidad de hacer el periodo de prácticas
en la Fundación. Yo por entonces no conocía más
del síndrome de Down que cualquier otro, apenas por el contacto
esporádico en la calle con algún vecino o conocido
de mis padres.
Al comenzar a trabajar en la Fundación
se me abrió un mundo que me ha ayudado a crecer como persona
y en lo profesional. Si he de destacar algo en la Fundación
es que, al ser una institución pequeña, que abarca
una Comunidad Autónoma de una sola provincia, como es Cantabria,
nos obliga a los profesionales a ser un poco “todoterrenos”
y a huir de las especializaciones. Yo en la Fundación,
además de realizar diversas investigaciones en campos tan
variados como la memoria, la informática o la evaluación
psicopedagógica, he impartido cursos, he dado conferencias,
he trabajado directamente con alumnos dando clases, en talleres
de habilidades sociales o aplicando nuestro método de lectura
y escritura, he viajado con ellos, he hecho de monitor en convivencias
de verano, de presentador en la obra de teatro de fin de curso,
o de camarero en la fiesta de Navidad. Y la relación con
los niños y los adultos con síndrome de Down y con
sus familias ha sido tan enriquecedora que no puedo más
que sentirme agradecido con las personas que confiaron en mí
en aquel momento y que siguen haciéndolo ahora.
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2. Pregunta de Canal Down21: Usted está
muy vinculado al sector de la educación en colegios públicos
y concertados, y ha publicado algunos artículos relacionados con
la integración escolar. ¿Cómo ve la actual situación?
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Como profesional tengo
la doble perspectiva de orientador en contacto con los centros escolares,
y de psicólogo viviendo la realidad actual del síndrome
de Down en Cantabria. Respecto al síndrome de Down, en estos
momentos la integración se encuentra, desde mi punto de vista,
en una fase de cierta estabilidad, circunstancia que, en este caso,
no valoro demasiado positivamente. Tras la inquietud y el revuelo
que provocaron en los colegios las experiencias de integración
de los alumnos con necesidades educativas especiales (a.c.n.e.e.)
en los años 80 y su extensión paulatina a todos los
centros a partir de la LOGSE de 1.990, los profesores han ido tomando
sus medidas y adaptándose a la nueva situación. Bien
es verdad que en estos momentos en nuestra Comunidad Autónoma,
si un padre con un niño con síndrome de Down se acerca
a un colegio cualquiera a matricular a su hijo, le admiten con normalidad,
sin poner ninguna de las objeciones que hace 20 años eran
habituales. Pero también es cierto que se echa en falta una
valoración de cómo ha sido la integración escolar
hasta ahora y en qué aspectos han de ser revisados sus planteamientos
y su aplicación real. Por ejemplo:
- ¿Un alumno con síndrome de Down, por el mero hecho
de estar todo el día en clase con sus compañeros,
ya está integrado?
- ¿Es real la integración de los alumnos con síndrome
de Down en Secundaria?
- ¿Es cierto que a más horas con especialistas (pedagogía
terapéutica o logopedia) es mejor la integración?
- ¿Se elaboran realmente adaptaciones curriculares para los
alumnos con síndrome de Down y con otras n.e.e. en los colegios?
En la actualidad no contamos con datos fiables que nos permitan
responder con objetividad a estas cuestiones. Y creo que son interrogantes
que deberíamos plantearnos para mejorar la integración
de los alumnos con síndrome de Down.
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3 - Pregunta de Canal Down21: ¿Cuáles
son las condiciones indispensables para que la integración escolar
funcione por parte de los diversos sectores?
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Si yo tuviese la respuesta a esta pregunta me nombrarían
Ministro de Educación o algo más importante, supongo.
Bromas aparte, lo cierto es que para que la integración escolar
se consolide como un principio de intervención educativa
ha de darse una participación efectiva de muy diversos sectores.
Los poderes públicos han de utilizar políticas educativas
que promulguen leyes no discriminatorias que promuevan la igualdad
y reglamentaciones realistas para aplicar en el día a día
esas leyes. Los maestros y profesores han de aportar su actitud
favorable y su profesionalidad.
En este aspecto es esencial la función de las escuelas
de formación del profesorado y de los centros de profesores,
para realizar una adecuada formación inicial y permanente
de estos profesionales. La aplicación de medidas curriculares
integradoras, como el trabajo en grupos cooperativos o la elaboración
de adaptaciones curriculares, requiere de una formación
específica. Por otro lado, es imprescindible la participación
y la implicación de los equipos directivos en la dinamización
de todas las medidas organizativas y curriculares que se tomen
en el centro para promover la integración. Y la función
de la familia es ineludible en este proceso, con una colaboración
estrecha y una coordinación frecuente con el colegio. Aunque
las aportaciones económicas son fundamentales, a mi modo
de ver, el éxito de la integración se relaciona
más con las actitudes de los implicados que con los recursos.
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4 - Pregunta de Canal Down21: ¿Hay algún
perfil del niño con síndrome de Down —o de sus circunstancias— que desaconseje
su ingreso en un colegio de integración?
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Las paredes del mayo del 68 francés
recogían una pintada que decía: “sé realista,
pide lo imposible”. Me gusta verme a mí mismo como
un utópico realista, como aquellos profesionales que, hace
25 años, creyendo en las personas con síndrome de
Down, demostraron que son capaces de leer y de escribir a pesar
de las abundantes pruebas en contra que les presentaron.
En mi opinión todos los niños
con síndrome de Down o con necesidades educativas especiales
tienen derecho a compartir su educación con los demás
niños sea cual sea su discapacidad o el grado de la misma.
No se puede privar a ningún niño de este derecho.
En la etapa adulta pasearán por la calle, irán al
cine o al fútbol, convivirán en todos los entornos
con los demás. No podemos separarlos cuando les estamos formando.
Lo que se puede debatir, desde una perspectiva posibilista, en ese
margen abierto entre lo deseable y lo posible, es el grado de integración
al que podemos aspirar en cada momento. La dificultad no está
tanto en el “qué” como en el “cómo”.
En educación, como en la vida, la mayoría
de las veces nos tenemos que conformar con la segunda mejor solución,
porque la ideal no es posible. Por ejemplo, en otras ocasiones
he defendido la necesidad de retomar las aulas específicas
en centros ordinarios como medida organizativa para integrar a
los alumnos con síndrome de Down y otras discapacidades
en la Educación Secundaria. Podrían, niños
con autismo, con parálisis cerebral o con síndrome
de Down compartir algunas clases con compañeros con dificultades
semejantes a ellos y otros momentos con niños sin discapacidad.
No obstante, con la realidad actual de
los centros, es complicado que determinados niños con síndrome
de Down que tienen trastornos añadidos, puedan seguir su
escolaridad en centros de integración ordinarios. En último
caso, prima el tema económico. No se pueden proporcionar
especialistas a todos los centros y parece más barato (no
tengo claro que a la larga lo sea) crear centros específicos
para agrupar discapacidades. Sin embargo, con aportaciones económicas
suficientes se puede ir acercando el imposible a la realidad y
así ha quedado demostrado con los avances en integración
de los últimos años.
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5 - Pregunta de Canal Down21: En general, y dentro de su ámbito geográfico, ¿cuál es
la actitud de los maestros de centros escolares ordinarios en relación con la escolarización de los niños con síndrome de Down?
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Mi experiencia personal me dice que la actitud
es diferente entre los maestros de Primaria que entre los profesores
de Secundaria, al menos tratados como grupos separados. En algunos
casos se da una actitud de resignación, de aceptación
sumisa ante una realidad que les desborda y que no se sienten con
fuerzas ni con capacidad de atender (“pobrecitos, bastante
tienen con lo que les pasa”). Otros, más frecuentes
en Secundaria, toman una postura expresa de rechazo, manifestada
incluso con afirmaciones que intentan ser paternalistas y no discriminatorias
(“estarían mejor en un centro con niños como
ellos”; “aquí no los podemos atender como ellos
se merecen”, etc.). Y por último, otro grupo de profesionales,
que a mi modo de ver cada vez es más numeroso, toma una actitud
de exigencia realista, de pedir a los alumnos con síndrome
de Down que asuman responsabilidades si quieren disfrutar de los
mismos derechos que los demás. Lo que ha obligado a todos
a replantearse su forma de atender a los alumnos con n.e.e. y a
tomar una postura en relación con la integración,
ha sido su presencia inevitable en las aulas tras la promulgación
de las leyes de integración. Y ese paso adelante es muy improbable
que sea desandado. O al menos así lo espero yo.
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6 - Pregunta de Canal Down21: ¿En qué proyectos de investigación dentro del
síndrome de Down se encuentra ahora interesado?
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Últimamente estoy trabajando, en colaboración
con otros profesionales de la Fundación Síndrome de
Down de Cantabria, en un Programa de Educación Emocional
para niños y jóvenes con síndrome de Down,
que hemos aplicado durante un trimestre a tres grupos de distintas
edades y con el que pensamos continuar en cursos posteriores. Partiendo
del supuesto de que los niños con síndrome de Down
no tienen discapacidad emocional aunque la tengan intelectual, somos
conscientes de que el campo de las emociones requiere de un entrenamiento
específico y adaptado para personas con síndrome de
Down.
Por otro lado, en la Fundación estamos
también estudiando nuevos enfoques para trabajar las matemáticas
y el cálculo con alumnos con síndrome de Down, un
campo en el que tienen serias dificultades y que consideramos
fundamental para su independencia futura, en especial por ser
la base de todo lo relacionado con el manejo del dinero.
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7 - Pregunta de Canal Down21: Por su profesión, aborda también con frecuencia la
situación de los jóvenes que terminan la escolaridad y se plantean el futuro. ¿Qué recomendaciones daría?
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El término de la escolaridad es vivido
por algunos padres como el fin de la etapa más importante
del desarrollo de sus hijos, cuando en realidad es el comienzo de
la fase más larga y, desde mi punto de vista, la fundamental
de sus vidas. Y no siempre están preparados para afrontarla.
Suelo recomendar a los padres de niños pequeños que
se imaginen cómo será su hijo o hija 25 años
más tarde, pues en función de la profecía que
se cumple a sí misma, suele acercarse a la realidad que vivirán
entonces. No es lo mismo el planteamiento familiar, la acción
educativa ni la organización del día a día
ahora, si se imaginan a su hijo viendo la TV todo el día,
que si lo ven trabajando en una empresa ordinaria en su etapa adulta.
Para los que ya son adultos y acaban la
escolaridad, han de planteárseles nuevos retos desde una
perspectiva de formación permanente a lo largo de toda
la vida. Desde los programas formativos de carácter prelaboral,
como los de Garantía Social o los centros ocupacionales,
hasta el empleo en centros especiales o en la modalidad de empleo
con apoyo, pasando por actividades formativas como talleres, academias,
cursos o centros de formación de adultos, todas las modalidades
son válidas si el objetivo es mantener activa a la persona
con síndrome de Down. Si no pueden acceder a estas ofertas,
y tienen que permanecer en casa, los padres y familiares han de
trabajar para que se mantengan ocupados, por ejemplo, con tareas
de autocuidado personal, responsabilidades diversas (como recados,
tareas de limpieza, mantenimiento de la casa o cuidado de personas,
animales o plantas, por decir algunas posibilidades), o en actividades
de ocio y deportivas, que al tiempo que promueven la independencia,
les permiten enriquecer su vida y sentirse útiles y valorados.
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8 - Pregunta de Canal Down21: Con frecuencia, hay padres de niños con síndrome de
Down en la América Latina que se encuentran en circunstancias de aislamiento, y desean poner en marcha proyectos de desarrollo para ayudar a su hijo y a los de otras familias. Pero no saben cómo empezar. ¿Cuáles serían sus recomendaciones más indispensables y realistas?
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El problema del aislamiento para mí
es el esencial y el que se ha de abordar desde el principio. Es
fundamental ponerse en contacto con otras familias que tengan hijos
con síndrome de Down, promoviendo asociaciones o fundaciones
para aunar esfuerzos. El camino compartido es siempre más
llevadero y en este caso se trata de un largo camino.
Es importante también combinar el esfuerzo
de las familias con el apoyo de las instituciones, tanto públicas
como privadas. Por ejemplo, buscando la ayuda de otras asociaciones
que lleven años en funcionamiento para que les den su refuerzo,
su ánimo y su asesoramiento. El apoyo de los organismos
oficiales, fundamentalmente a través de leyes y subvenciones,
les permitirá ir consolidando los logros que vayan alcanzando.
La información y la formación han
de ser dos pilares básicos en todas las actuaciones que
se lleven a cabo. Mantenerse informado de la realidad actual del
síndrome de Down les permitirá tomar medidas adecuadas
al momento y se evitarán errores que otros han cometido.
La formación permanente, de profesionales y padres es el
complemento ideal a esa información.
En todo caso, recomendaría que se tomasen
las cosas con calma, que abarquen en cada momento lo que puedan
abarcar y que dejen para más tarde lo demás. Hacer
pocas cosas, pero bien, antes que embarcarse en muchos proyectos
de forma precipitada. Cuando se consolide un proyecto, dirigirse
hacia el siguiente.
Y por supuesto, utilizar el sentido común
y cuando todo falle y no sepan por dónde seguir, dejar
que la intuición señale el camino. Si todas las
decisiones las toman planteándose siempre la pregunta:
“Lo que voy a hacer, ¿es lo mejor para mi hijo o
mi hija?” y ponen el corazón en la respuesta, es
difícil que se equivoquen.
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Canal Down21
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