| Actitudes
e intenciones de amistad de niños en escuelas de
integración del Reino Unido hacia compañeros con
discapacidad física o intelectual
Glynis
Laws y Elaine Kelly
International Journal of Disability, Development and Education,
52:
79-99, 2005 |
Objetivos y métodos
Es cada vez más frecuente que los
niños con discapacidad física o intelectual se eduquen
en clases de integración escolar. Uno de los factores que
contribuyen al éxito de la educación integrada de
estos niños depende de la aceptación por parte de
sus compañeros y de la interacción positiva que pueda
establecerse entre todos ellos. Si esta interacción es pobre,
lo probable es que aparezcan conflictos conductuales y emocionales
que ejercerán una influencia negativa sobre el ajuste del
niño. Por el contrario, si hay aceptación de los compañeros
y se crean lazos de amistad, se evitarán problemas de conducta.
Por consiguiente, comprender y promover una buena relación
se convierte en un factor crítico a la hora de asegurar el
éxito de la política integradora en la escuela y de
favorecer el desarrollo social y emocional de los niños.
Se comprende que el grado de comprensión
de lo que es una discapacidad que puedan tener los niños
no discapacitados ha de influir sobre su grado de aceptación.
Y aunque el contacto en la escuela puede significar una base de
partida para el desarrollo de actitudes positivas hacia la discapacidad,
es importante saber qué tipo de actitudes tienen los niños
antes de introducir a otros niños con discapacidad en su
clase, y comprender en qué grado estas actitudes pueden ser
afectadas por el suministro previo de información. Existe
la teoría de que las actitudes de los niños hacia
la discapacidad depende de lo que saben y comprenden sobre ella,
y que estas actitudes en conjunción con la norma subjetiva,
es decir, con su percepción sobre las expectativas de los
padres y profesores, ha de predecir las intenciones de las conductas
de los niños para interactuar de forma positiva con sus compañeros
con discapacidad. Frecuentemente se observa que hay una relación
entre las actitudes de los niños y las actitudes de los profesores,
de los directores de la escuela y de las madres.
Este estudio trata de profundizar en estas cuestiones.
Y para ello analizó las actitudes de 202 niños de
cuatro escuelas (sureste de Inglaterra), dos grupos por escuela,
entre 9 y 12 años, comparando las respuestas relacionadas
tanto con su actitud frente a los niños
con discapacidad como con su intención
de establecer amistad. El estudio de las actitudes se
realizó mediante las respuestas a la Escala de Actitudes
de los Compañeros hacia la Discapacidad (EACD). El estudio
de las intenciones se realizó mediante una segunda escala:
la Escala de Intenciones de Conducta (EIC). La mitad de los grupos
de niños completaron la escala EACD antes de recibir la fotografía
y la descripción de un niño con discapacidad, mientras
que la otra mitad respondieron esa escala después de haber
visto la fotografía y la descripción, con lo que se
trataba de analizar el efecto desconocimiento sobre las actitudes
de los niños.
Se analizaron dos tipos de discapacidad: para la
discapacidad física se eligió la parálisis
cerebral, y para la discapacidad intelectual el síndrome
de Down. Una peculiaridad de este estudio es la de que en ningún
caso los niños convivían en la escuela con un compañero
con discapacidad, con el fin de evitar la influencia que las características
personales de un particular niño discapacitado hubiese podido
ejercer sobre las opiniones de sus compañeros.
La escala de actitudes EACD contiene 30 afirmaciones
que pertenecen a 3 subescalas: discapacidad física (12 ítems),
dificultades de aprendizaje (10 ítems) y problemas de conducta
(8 ítems). En la primera subescala se describen problemas
relacionados con la ceguera, sordera, parálisis cerebral;
en la segunda con problemas educativos (lectura, cálculo);
en la tercera con problemas emocionales y psicológicos, incluida
la conducta agresiva. Se les preguntaba a los niños que eligieran
dónde creían que el niño con la pregunta descrita
debería trabajar, y se les ofrecían estas 5 alternativas:
(1) trabajar conmigo en mi grupo; (2) trabar en otro grupo, con
alguien; (3) no trabajar en ningún grupo; (4) trabajar fuera
del clase (en otra clase); (5) quedarse en casa (y no venir a la
escuela). En cada una de estas alternativas se puntuaba de 1 a 5,
siendo 5 la puntuación que mostraba una actitud más
favorable.
La escala de intenciones EIC consiste en un cuestionario
que presenta 10 situaciones diferentes que describen grados crecientes
de intimidad y amistad entre niños, que varían desde
“probablemente me levantaría y le diría hola”
hasta “compartiría con él un secreto”
(ver tabla). Para cada afirmación la puntación variaba
de 1 a 4, siendo 4 para la intención más positiva.
Resultados
Los niños mostraron actitudes negativas
significativamente mayores hacia las conductas problemáticas
y agresivas descritas en la subescala conductual de la EACD que
hacia la discapacidad física o intelectual. El 45% de los
niños tenían actitudes negativas para trabajar con
compañeros que se comportaban pobremente, en comparación
con el 25% que se mostraba negativo para tratar con compañeros
con discapacidad física o intelectual.
| |
Problemas de
conducta |
Discapacidad
intelectual |
Discapacidad
física |
| |
Número |
% |
Número |
% |
Número |
% |
| Actitud muy positiva |
15 |
7.4 |
51 |
25.2 |
32 |
15.8 |
| Actitud superior a la media |
22 |
10.9 |
25 |
12.4 |
32 |
15.8 |
| Actitud media |
74 |
36.6 |
75 |
37.1 |
85 |
42.1 |
| Actitud inferior a la media |
60 |
29.7 |
33 |
16.3 |
27 |
13.4 |
| Actitud muy negativa |
31 |
15.3 |
18 |
8.9 |
26 |
12.9 |
En el mismo momento en que se mostró a
los niños información visual (fotografía) y
escrita sobre un niño con discapacidad, se les pidió
que completaran la escala BIS para evaluar el grado de amistad que
pensaban que tendrían hacia ese niño si se integrara
en su clase. Algunos niños mostraron una tendencia mejor
que otros. Si bien la mayoría saludaría a ese niño
o le daría un dulce, un número sustancia de niños
no deseaban implicarse en conductas claramente amistosas como las
de invitarle a merendar en casa o ir al cine.
La tabla siguiente presenta las intenciones de
conducta de los niños, en frecuencia de respuestas positivas
y negativas sobre las cuestiones preguntadas, una vez que se
les había presentado la fotografía y la descripción
del niño con discapacidad.
| |
Sí o probablemente
sí |
No o probablemente
no |
| Afirmación |
Número |
% |
Número |
% |
| Iría hacia él y le diría
hola |
186 |
92 |
16 |
8 |
| Me sentaría en clase a su lado |
166 |
82 |
36 |
18 |
| Jugaría con él durante el
recreo |
145 |
72 |
57 |
28 |
| Le ofrecería alguno de mis dulces |
185 |
92 |
17 |
8 |
| Le elegiría para jugar en mi equipo |
156 |
77 |
47 |
23 |
| Le elegiría para trabajar con él
en un proyecto de clase |
149 |
74 |
53 |
26 |
| Le invitaría a mi casa a merendar |
127 |
63 |
75 |
37 |
| Iría con él al cine |
124 |
61 |
78 |
39 |
| Iría a su casa a jugar |
147 |
73 |
55 |
27 |
| Compartiría con él un secreto |
133 |
66 |
69 |
34 |
Además, alrededor de la cuarta parte de
los niños afirmaron que no les gustaría interactuar
en la clase o en el recreo. Y eso es preocupante. La inversa de
este dato –es decir que, que tres cuartas partes de los niños
pensaron que querrían jugar con el compañero discapacitado
o sentarse junto a él en clase– podría reflejar
muy bien la situación de cualquier otro niño nuevo
que entra en esa clase. Que sea o no una situación satisfactoria
depende de si los niños que expresaron intenciones negativas
de amistad serían simplemente indiferentes o si introducirían
conductas negativas como burlarse o provocar.
Fue importante el que los niños recibieran
información sobre el tipo de discapacidad. Por ejemplo, recibir
información sobre un niño con síndrome de Down
provocó actitudes más positivas sobre la discapacidad
intelectual, mientras que recibir información sobre la parálisis
cerebral indujo actitudes más negativas sobre la discapacidad
física; y esto fue más frecuente en las chicas que
en los chicos.
¿Hubo relación entre actitudes e
intenciones? Hubo una relación estadísticamente significativa
entre las actitudes hacia la discapacidad física y las intenciones
en cuanto a la conducta a seguir, pero sólo después
de que se les proporcionara información visual y escrita
sobre la parálisis cerebral.
No hubo una relación estadísticamente
significativa entre las intenciones del niño para mantener
amistad con un compañero con síndrome de Down y las
actitudes expresadas sobre la discapacidad intelectual en la escala
EACD, con independencia del orden en el que los niños respondieron
a las escalas. Quizá se deba a la dificultad para comprender
una discapacidad tan compleja como es el síndrome de Down,
lo que puede influir en su incertidumbre sobre la expresión
de relaciones de amistad.
A pesar de estos resultados
negativos, es importante no perder de vista el hecho de que muchos
niños en este estudio expresaron actitudes positivas e intenciones
de amistad. En estos casos, no debería preocupar que un niño
con discapacidad se encontrara en unA clase con una reacción
negativa. Sin no hay una asociación obligada entre actitudes
e intenciones. Sólo el 37% de embargo, la escasa relación
estadística entre puntuación EACD y puntuación
EIC significa que los participantes pudieron categorizar actitudes
positivas hacia la discapacidad intelectual e intenciones claramente
positivas de amistad. El 12% estuvo en el extremo opuesto con actitudes
e intenciones negativas, y es la conducta de estos niños
la que nos debe preocupar cuando un niño con discapacidad
sea introducido en una clase.
El artículo aborda de manera expresa una
de las cuestiones más delicadas y trascendentales en la vida
social de las personas con discapacidad. Por una parte, la actitud
de los niños en régimen escolar hacia sus compañeros
con discapacidad de diversa naturaleza refleja, en su forma más
descarnada, la actitud social que han asimilado en sus primeros
años de vida familiar. Por otra parte, estos niños
son el futuro de la sociedad, y lo que aprendan o dejen de aprender
durante los años escolares influirá decisivamente
en su actitud futura durante la vida posterior.
Es cierto que las condiciones en que este trabajo
se ha desarrollado son muy particulares. Al no haber de por medio
un contacto real entre el alumno con discapacidad y sus compañeros,
no podemos conocer la interacción real y su influencia positiva
o negativa. Por otra parte, tiene el valor de mostrar la realidad
desnuda sobre lo que los niños piensan y sobre cuáles
pueden ser sus intenciones.
El resultado final deja un sabor agridulce. Satisface
comprobar el número de niños que mostraron tendencias
positivas ante un posible compañero con discapacidad. Que
después la realidad vivida siga esa tendencia está
por ver; pero bueno es que, de entrada, haya una actitud favorable
incluso después conocer parte de la realidad de esa discapacidad.
En cambio, es preocupante el número no pequeño de
niños que mostraron rechazo parcial o total. Y aquí
no tanto importa la cantidad como la calidad. Una conducta inamistosa
o de rechazo que incluso puede acabar en burla o acoso es suficiente
para alterar la convivencia en un ambiente tan peculiar y cerrado
como es el escolar, y puede dejar en el niño con discapacidad
una experiencia amarga y perjudicial para su plena integración
y para el autoconcepto de sí mismo.
Sirvan estas breves reflexiones para subrayar la
importancia de la educación familiar y escolar a la hora
de imbuir valores y conceptos de convivencia y de aceptación
de la diferencia.
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