¿Cuándo se lo digo?
Jesús Flórez
Catedrático de Farmacología
Santander, España
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El caso de los niños pequeños
Todos estamos de acuerdo probablemente en que el mejor ambiente
en el que uno puede nacer y criarse en la niñez y adolescencia
es aquel que le proporciona seguridad y confianza. Donde no
hay engaños y se dicen las cosas con sinceridad llena
de amor e interés. Lo tenemos muy claro… salvo
cuando tenemos que hacer ver a nuestro hijo que ha nacido con
unas características que van a limitar su vida en algunos
aspectos. Es el caso de nuestro hijo que nace con síndrome
de Down. Muchas personas nos consultan si se debe decir, cómo
se lo dirán, si sufrirá excesivamente. Y mientras
dudan, se va creando un muro de silencios, disimulos, santas
mentiras, en la creencia que eso evitará sufrimiento
al niño o adolescente.
Pero el niño que tiene síndrome de Down constata
que se le mira de forma extraña y excesiva, que sus hermanos
más pequeños le pasan, que no le dejan hacer lo
que él quisiera o que le controlan mucho más que
a sus hermanos, que en la escuela le cuesta seguir el paso,
que sus compañeros le huyen cuando no se burlan. Va creando
una conciencia cada vez más arraigada de inseguridad,
de baja estima de sí mismo y no sabe por qué.
Mientras los padres siguen callados.
La inmensa mayoría de expertos, padres o profesionales,
coincide en que la conducta más correcta y enriquecedora
es que el niño crezca y se desarrolle sabiendo que tiene
algo que marca ciertas diferencias con la mayoría de
los demás, sean hermanos o compañeros. Eso quiere
decir que, de acuerdo con la edad del niño y su capacidad
de comprensión, se le va a ir diciendo que tiene algunas
características especiales aunque en su mayoría
es igual que las demás personas. Lógicamente,
no se va a empezar por decir y explicar lo que es el síndrome
de Down, pero sí se le ha de hacer ver, y más
si se enfrenta a una situación que para él puede
ser desagradable, que tiene algunas dificultades y, si viene
al caso, por qué las tiene. Todo muy amoldado a su edad
y capacidad de comprensión. A veces será un simple
comentario, otras podrá hacerse una reflexión
más razonada. Pero, y esto es lo más importante,
siempre acompañado de otro comentario positivo que resalte
sus valores, sus cualidades, lo mucho que se le quiere tal como
es, lo felices que en casa somos por su existencia y por el
hecho de haber nacido. Le queremos como es.
¿Qué conseguimos con ello? Primero, que el niño
encuentre una explicación coherente a algo que percibe
en su interior, que quizá le preocupe y que salta a su
vista. Segundo, que tenga confianza en sus padres tanto cuando
le alaban como cuando le niegan algo que le gustaría.
Tercero, que como consecuencia de lo anterior, vaya conociéndose
mejor y estimándose a sí mismo: “Sé
que tengo estas limitaciones, no es mi culpa si no consigo seguir
a los demás; pero sé que además tengo estas
cualidades; y sé que soy querido”.
La mente se va desarrollando. Las situaciones son más
complejas. Y lo que inicialmente han podido ser explicaciones
sencillas, después van a tener que ser más complejas.
Puede haber mayor rebeldía para admitir la situación.
Pueden ser un período especialmente difícil. No
se gana nada con crear falsas expectativas: “Sólo
pasa que vas más despacio, necesitas más tiempo,
pero podrás hacer una carrera…”. La falsa
expectativa que después no se hace realidad aboca a la
depresión. Claro que hay que ofrecer expectativas, y
ser creativos, y ofrecer campo a la independencia y al crecimiento
interior. Pero sin engañar, ni a él ni a nosotros
mismos, con realismo. Con discernimiento.
Antes de terminar esta primera parte, no me resisto a poner
dos testimonios de madres publicados por ellas en el Foro de
Canal Down21. El primero es de Chus:
“El problema no es sentirse distinto,
eso es genial, la cuestión es ver esa diferencia como
algo negativo y ahí está la labor integradora,
pedagógica... Hay que hacerle ver con cariño que
quizá no pueda hacer todo lo que el resto de sus amigos,
pero que él tiene mucho valor por lo que hace. Si un
niño siente la protección del cariño se
siente más seguro, y cuanta más seguridad tenga
mejor se enfrentará a los problemas, y cuando llore o
se sienta mal por algo concreto, darle una pronta explicación.
Está bien que se relacionen con niños
con síndrome de Down y vea esto como algo normal, porque
esa es su normalidad y la de toda la familia.
Eli mi hija con síndrome de Down ahora
tiene 20 años. Es trisómica, y un día con
4 años me llamó para que fuera al aseo donde ella
estaba mirándose al espejo y me dijo: Mami, explícame
por qué tengo la enfermedad. ¡¡No se me olvidará
nunca ese día!! Eran las 8 de la mañana y tenía
que llevarla al cole. Ese día no la llevé pero
como pude y sin llorar, le expliqué más o menos
que todos, todos, nacemos diferentes, altos, bajos, etc. y que
ella también era diferente como todos, igual que su hermano
era diferente a su primo, y que aparte de ser diferente era
muy especial, algo que no todos los diferentes tenían.
Ni que decir que me costó un montón intentar que
me entendiera con 4 años... Pero lo entendió y
muy bien, no le gusta tener síndrome de Down pero acepta
que lo tiene, y sabe que eso no se lo puedo quitar. Cuando terminé
lo que yo creía que me estaba preguntando me dijo: No,
mami, ¡¡la enfermedad del pelo!! Eli tiene alopecia
desde los dos años, y lleva peluca desde los tres y medio,
cuando la pidió ella. Ahí sí que me perdí,
ni yo misma entendí por que se le cayó todo el
pelo a mi hija.
Con el tiempo te das cuenta que es mejor
hablar con ellos lo bueno y lo malo de la vida, y lo mejor de
todo es que nuestros hijos con síndrome de Down se den
cuenta de lo bueno y lo malo, porque eso los hace iguales al
resto. Un consejo, cuando hables con ella de su situación,
nunca llores su síndrome delante de ella, a veces hay
que ser duras con ellos, para hacerlos más fuertes, pero
con todo el amor del mundo y toda la dulzura de que seas capaz.
El caso de los adolescentes y adultos
En ocasiones, más de lo que uno quisiera, las dudas
vienen de padres que tiene hijos ya mayores con síndrome
de Down, a los que nunca se les ha dicho su realidad. Para dar
orientaciones en estos casos, transcribimos a continuación
una página del libro “Mental Wellnes in Adults
with Down Syndrome: A Guide to Emotional Strengths and Challenges”,
de D. McGuire y B. Chicoine (pueden ver datos y comentario sobre
este libro en nuestro Portal:
http://www.down21.org/revista/2006/noviembre/libros.htm).
Muchas de las indicaciones y orientaciones que dan son válidos
también para las primeras edades.
¿Qué hacer cuando tenéis un adolescente
o un adulto en casa que no ha comentado el hecho de que tiene
síndrome de Down, o que no ha hablado del tema durante
cierto tiempo? He aquí las preguntas que se hacen sobre
este aspecto frecuentemente.
¿Qué necesidad tienen los adolescentes
y adultos con síndrome de Down de saber que lo tienen?
Es difícil que la persona con síndrome de Down
desarrolle sus propios talentos y cualidades y que sea capaz
de defenderse a sí misma si no puede aceptar que tiene
síndrome de Down. Y esto es válido con independencia
de su edad, sea un niño, un adolescente o un adulto.
¿No será ya la persona demasiado
mayor para saber lo que es el síndrome de Down?
No creo. Si acaso, la necesidad es aún mayor conforme
avanza la edad, porque la mayoría de las personas ya
saben que son diferentes de las demás. Para cuando se
llega a la adolescencia, y por supuesto al comienzo de la adultez,
la mayoría ha recibido ya miradas o ha sido tratado de
forma diferente cientos de veces. Con independencia de lo sensible
o poco sensible que consideremos a una persona frente a estos
temas, sería muy difícil para ella que no se diera
cuenta de que es diferente, a menos que viva en el vacío.
En la edad adulta, pues, la cuestión no está en
si son diferentes sino en cómo y por qué.
Si ya hablamos de estos temas cuando era un niño
¿tan importante es volver a tocarlos cuando ya es mayor?
Sí, porque la discrepancia en habilidades entre la gente
con síndrome de Down y sus compañeros de la población
general se nota más aún en la adolescencia y en
la adultez, y por tanto, la conciencia de las personas sobre
esta diferencia es aún mayor en esta etapa. Tu hijo necesita
hablar sobre su síndrome de Down para desarrollar una
visión optimista y realista de sí mismo, como
adolescente y como adulto.
¿Qué respuestas debemos esperar de
nuestro hijo al abordar el tema?
En nuestra experiencia hemos visto que algunas personas tienen
dificultad para aceptar el mensaje, pero la mayoría experimentan
un cierto grado de alivio una vez que saben que tienen síndrome
de Down. La conversación confirmará con frecuencia
y validará sentimientos y observaciones que ya tenían
sobre su diferencia. Al fin han encontrado el nombre de lo que
están experimentando: el síndrome de Down. Ya
hay algo que explica lo que les ha estado ocurriendo todos estos
años.
¿Deberíamos esperar a que la persona
inicie la conversación sobre su síndrome de Down?
Por supuesto, si la persona presenta el tema es muy importante
responderle. Pero si ella no lo saca a relucir, no siempre es
conveniente esperar. Muchas personas son muy conscientes y sensibles
acerca del mundo que les rodea pero pueden tener dificultad
para articular sus sentimientos y pensamientos a otros. El tomar
la responsabilidad e iniciativa de tratar estos temas, les puede
permitir verbalizar los temas y los miedos que tienen pero que
han sido incapaces de expresarlos. Además, las personas
con síndrome de Down son a veces sensibles a pequeñas
señales o signos de los demás. Y si el tema es
iniciado, pueden sentirse más libres para conversarlo;
de lo contrario, pueden no estar seguros de si eso es lo que
desean sus padres.
¿Cómo hablamos acerca del síndrome
de Down?
Recomendamos frases y afirmaciones que sean sencillas y sinceras.
Las personas necesitan conocer el nombre (síndrome de
Down) de los que tienen. Porque esto les hace ver que se trata
de una realidad concreta. Necesitan saber que hay diferencias
importantes en relación con la mayoría de los
demás, y cuáles son. Por ejemplo, que necesitan
más tiempo para realizar ciertas tareas, que son más
dependientes de otros en relación con sus finanzas, con
los viajes o con cualquier otra actividad en la que se vea que
tienen problemas.
Un modo de hablar sobre el síndrome de Down es señalar
los puntos fuertes y débiles de esa persona. Es importante
alabar y animar a la persona por lo que es capaz de hacer. Es
también importante mencionar sus especiales dones y talentos.
En cambio, es también esencial ser claro y directo sobre
sus limitaciones. Todo lo que sea engañar a su sinceridad
sobre estos temas corre el riesgo de socavar su credibilidad
y, lo que es más importante, denigrar y utilizar a la
persona con síndrome de Down. La mayoría de ellos
perciben muy bien la veracidad y autenticidad de los comentarios
de los demás. Si llegan a pensar que no eres sincero
sobre sus limitaciones, probablemente no creerá tampoco
tus comentarios sobre sus cualidades.
¿Hay modos de promover y ampliar una imagen
más positiva sobre el síndrome de Down?
Puede ayudar el señalar a otras personas de diferentes
edades y niveles de cualidades que él conozca, y que
son buenos modelos de síndrome de Down. Algunos de ellos
han alcanzado relevancia pública y se les ve en los medios,
y puede apreciarse la autoestima que tienen.
¿Hay maneras de normalizar el síndrome
de Down?
Hay maneras de ayudar a que la persona con síndrome de
Down vea que, aunque su cuadro pueda ser exclusivo, muchos de
sus problemas no lo son. Por ejemplo, será útil
analizar juntos que todos tenemos cualidades y problemas. Muchos
soñamos también con ser estrellas del espectáculo,
o de los deportes, o tener más éxito en el trabajo
o en las relaciones amorosas, y que todos tenemos que convivir
con aquello con lo que nacimos.
Además, puede ayudar el razonar sobre el hecho de que
no todas sus diferencias tienen relación con el síndrome
de Down. Por ejemplo, su hermana mayor puede ser capaz de utilizar
un teléfono móvil porque ya ha llegado a cierta
edad, no porque no tenga síndrome de Down.
¿Cuándo abordamos
el tema?
Hay tipos y situaciones muy diferentes en las que la persona puede
ser abordada inicialmente.
• Puedes hacerlo cuando tu hijo haya tenido que confrontarse
con comentarios sobre él que le resultan desagradables.
Oímos cantidad de casos en los que adolescentes y adultos
reciben miradas especiales, o son burlados, o incluso son víctimas
de comentarios hirientes aunque no sean intencionados. En lugar
de callar y dejarlo pasar, estas situaciones están pidiendo
algún tipo de respuesta y razonamiento por parte de algún
familiar (o de varios en una situación relajada) que ayude
al hijo con síndrome de Down a aprender de esa situación
y a manejar con eficacia esos temas.
• Otra oportunidad puede ser cuando la persona con síndrome
de Down se compara a sí misma de modo desfavorable frente
a otros sin discapacidad. Esto puede ocurrir cuando los demás
disfrutan de experiencias vitales que ella probablemente no podrá
experimentar, como el casarse, ir a la universidad, etc. Puede
tratarse también de hechos más cotidianos, como
el tener que ir acompañado a ciertos sitios cuando su hermano
va solo, o no se le permite conducir.
• Los padres pueden abordar también el tema cuando
no hay aspectos negativos o dificultades en relación con
la persona con síndrome de Down. Y esto les permite conversar
sin el agobio de alguna situación difícil. Tiene
sus ventajas y sus inconvenientes. Porque alguno puede estar más
profundamente interesado en el tema cuando se encuentra inmerso
en una situación problemática como las que hemos
descrito. Pero por otra parte, cuando no hay problemas de por
medio, puedes introducir gradualmente los temas y razonarlos con
más serenidad y tiempo, dejando a la persona que vaya procesando
la información con más facilidad. Hay muchas maneras
de hacer surgir la conversación; por ejemplo, si están
viendo en televisión o en la calle a una persona que tiene
síndrome de Down.
Para Canal Down21. Marzo 2007
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