Comentario:
El libro de Emilio Ruiz nos descubre el mundo apasionante de la educación en el que se juega el futuro de una persona con síndrome de Down. Ahora en que la media de su esperanza de vida está entre los 50 y los 60 años, cuando hace 25 años estaba en la mitad, es cuando más se necesita llenar esa vida de plenitud. No se trata de inventar nada ni de incorporar extrañas prótesis en su cerebro; se trata simplemente de creer en ellos, de hacer que broten sus capacidades, de dar rienda suelta a sus cualidades, de enderezar sus torpezas y limitaciones. Esto exige información, análisis, creatividad, decisión para cambiar estructuras y derribar barreras instaladas a veces en los propios cimientos de la política educativa. Es el camino por el que el autor, perspicaz espectador y agente del mundo de la educación, nos va llevando poco a poco de manera sistemática y con paso decidido a lo largo de todo este libro. Nos habla desde la experiencia, contrastada día a día en las aulas y en las sesiones de asesoramiento y apoyo a las familias y a los educadores, tanto en España como en América Latina.
Por eso es un libro lleno de matices, sutiles a veces pero útiles siempre. Está lleno de sentido común, pero el sentido común no basta si no va acompañado, y en este caso lo está abundantemente, de conocimiento, experiencia y reflexión. Muchas de las ideas y soluciones que propone han sido comprobadas y verificadas previamente en el mundo real y han facilitado el desarrollo personal de muchos escolares con síndrome de Down. No oculta los problemas; al contrario, los expone y los analiza con crudeza y realismo porque los conoce bien. Y se moja. Por eso ayuda a afrontarlos a todos los niveles, desde el personal hasta el institucional, y ofrece soluciones realistas para superarlos. Cree en la persona con síndrome de Down, cree en la comunidad educativa, cree en la realidad familiar y, en consecuencia, promueve la interacción entre los tres elementos, única manera de progresar en la dirección más creativa.
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