CUANTO MENOR ES EL NIVEL INTELECTUAL Y LA CAPACIDAD PARA COMUNICARSE, MAYOR ES EL RIESGO DE QUE APAREZCAN ALTERACIONES EN LA CONDUCTA
ENERO2009
José A. Riancho
Especialista de Medicina Interna, Hospital Universitario "Marqués de Valdecilla". Profesor Titular, Universidad de Cantabria (Santander, España).
Jesús Flórez
Catedrático de Farmacología. Director, Canal Down21 Asesor científico, Fundación Síndrome de Down de Cantabria (Santander, España).
Este documento consta de dos partes. En la primera se explican y justifican los principales cuidados médicos que se deben ofrecer sistemáticamente a los adultos con síndrome de Down. En la segunda, y para facilitar el desarrollo del programa, se ofrece un cronograma de actuaciones.
Lo primero que debemos afirmar es que los adultos con síndrome de Down gozan, en general, de buena salud. ¿Por qué, entonces, hablar de un programa de salud específico para ellos?
Debemos contestar, en primer lugar, que la salud es un bien que siempre debemos proteger y cultivar. Y en ese sentido es bueno que todos los adultos, con o sin síndrome de Down, nos acostumbremos a programar unos cuidados "mínimos" para prevenir o paliar los problemas que con más frecuencia suelen surgir en una etapa de la vida.
En segundo lugar, los niños, adolescentes y jóvenes con síndrome de Down han recibido los beneficios de un programa de salud específicamente pensado para ellos. Una vez adquirida la buena práctica de los chequeos periódicos es positivo el mantenerla. Con un coste personal relativamente bajo, no resulta gravoso someterse con una calculada periodicidad a las exploraciones previstas que, salvo excepciones, son sencillas y resultan rentables.
En tercer lugar, es cierto que la esperanza media de vida de las personas con síndrome de Down se ha prolongado espectacularmente hasta alcanzar los 55 años; de hecho, cifras publicadas en 1987 afirmaban que el 44% vivía más de 60 años y el 14% más de 68 años. Pero esta esperanza de vida sigue siendo inferior a la del resto de la población y eso se debe, lógicamente, a una aceleración en el declive de su salud que conviene vigilar adecuadamente.
En cuarto lugar, existen situaciones patológicas propias del síndrome de Down que aunque no aparezcan en las etapas jóvenes pueden hacerlo después, o incluso son más propias de la edad madura que de la edad adolescente. Conviene detectarlas a tiempo y aliviarlas si es posible.
Por último, debemos prestar atención a algo que puede no ser específico del síndrome de Down sino de la discapacidad intelectual: nos referimos a la manera en que se expresa la enfermedad, el dolor o el sufrimiento físico o moral que le acompañan. Y es que esta forma de expresión puede ser muy diferente de la habitual. Puede ser capaz de originar, además, o bien confusión o despiste en el diagnóstico o bien la aparición de una sintomatología de naturaleza neuropsiquiátrica que exige ser bien interpretada y tratada.
Es recomendable que el adulto acuda una vez al año al internista. Conviene que este especialista de medicina interna se encuentre familiarizado con las características propias de las personas con síndrome de Down porque así conoce su realidad: los puntos débiles y fuertes, el ambiente social y familiar y las expectativas en su vida. Sólo así puede calibrar el valor de un cambio observado en el comportamiento o en el estado de ánimo.
Conviene señalar que las personas con síndrome de Down pueden reaccionar al dolor surgido por un traumatismo o por un estado patológico con escasa expresividad (como si el dolor fuera poco intenso) o con poca capacidad para localizarlo. Otras veces la reacción al dolor se expresa en la forma de cambios de comportamiento como puede ser una conducta ansiosa, retraída, o agresiva.
Pero estos cambios de comportamiento pueden ser también consecuencia de otras alteraciones físicas; por ejemplo: hipotiroidismo, diabetes, pérdidas sensoriales o "sentirse mal", sin saber concretarlo de otro modo.
En esta visita de carácter general se prestará atención no sólo al estado general del individuo sino también a su estado psicológico y social, en donde se valora la evolución que va siguiendo a lo largo de los años. Hay aspectos que un internista controla perfectamente y otros para los que habrá de recurrir al especialista correspondiente.
En esta visita anual que se acompaña de la consiguiente exploración y analítica se debe prestar particular atención a algunas posibles alteraciones.
En las personas sin cardiopatía congénita, a veces se aprecia prolapso de la válvula mitral con o sin prolapso de la tricúspide y regurgitación aórtica. Se suele recomendar la práctica de un ecocardiograma con una frecuencia variable de unos 5 años, pero si la persona carece de síntomas y tiene menos de 40 años la exploración ecocardiográfica puede ser menos frecuente.
Las infecciones respiratorias son menos frecuentes que en la niñez, pero se recomienda su prevención mediante el régimen de vacunación: vacuna antigripal anual, Td y la vacuna antineumocócica 23-valente.
Por una parte, debemos prestar atención a los síntomas de comportamiento o de conducta que consideramos reactivos como consecuencia de cambios ocurridos en su vida familiar, laboral, social, afectiva, etc., o como consecuencia de alguna enfermedad que haya sobrevenido (infección, pérdida de audición, etc.). En tales casos, se trata de suprimir esos síntomas por cuanto alteran su vida y la de quienes le atienden pero, evidentemente, se trata de llegar a conocer la causa que produce esos cambios de comportamiento para suprimirla o, al menos, aliviarla.
Otras veces puede tratarse de una patología de base que realmente implique al sistema nervioso: o bien un trastorno eminentemente psiquiátrico (p. ej., la depresión o la enfermedad de Alzheimer), o bien un trastorno neurológico (p. ej., las convulsiones o síntomas de compresión medular como consecuencia de una alteración en la articulación atlantoaxoidea).
Los trastornos de conducta en las personas con síndrome de Down son más frecuentes que en el resto de la población general, aunque menos frecuentes que en otros tipos de discapacidad intelectual. Parece que, en general, cuanto menor sea el nivel intelectual y su capacidad para comunicarse, mayor es el riesgo de que aparezcan alteraciones de la conducta. Conforme aumenta la edad, mayor es el riesgo de que aparezca una depresión o una evolución hacia la enfermedad de Alzheimer. Ciertamente, a partir de los 40 años se aprecia ya mayor prevalencia de la evolución hacia la enfermedad de Alzheimer en la población con síndrome de Down, prevalencia que aumenta conforme avanza la edad.
Pero es preciso ser muy cuidadosos para hacer un buen diagnóstico diferencial entre demencia y depresión, porque no habiendo buena capacidad comunicativa puede haber signos comunes y, sin embargo, el pronóstico habrá de ser muy diferente.
Por eso, en las visitas periódicas el internista tratará de conocer la evolución en general en aspectos tales como las habilidades personales de independencia, los cambios de comportamiento, cómo se maneja en sus funciones diarias, el estado de su memoria, las manifestaciones neurológicas como la ataxia, la incontinencia urinaria o fecal, las convulsiones o los cambios del sueño. Si encuentra algunos signos premonitorios deberá recabar la consulta del psiquiatra y el recurso a exploraciones neurológicas complementarias.
A la hora de evaluar a un adulto con síndrome de Down que viene a la consulta a causa de sus cambios en la salud mental o de los problemas de conducta es importante hacer algo más que simplemente colocarle en la "lista psiquiátrica". Vemos con frecuencia que existe una causa física subyacente que está originando o contribuyendo a ese trastorno mental o cambio de conducta. Además, intentar tratar la enfermedad mental o los síntomas conductuales sin prestar atención a los problemas de su salud física sólo contribuirá a que haya un fracaso, al menos parcial, en el tratamiento de la enfermedad mental y de los síntomas conductuales.
A título de ejemplo, véanse los problemas emocionales o conductuales que pueden aparecer como consecuencia de la iniciación de toda una serie de procesos patológicos, como la depresión, la pérdida de visión o de audición, el hipotiroidismo, la deficiencia en B12/folatos, la menopausia, la diabetes mellitus, las reacciones adversas a determinados medicamentos, la epilepsia, las infecciones no identificadas o la patología oncológica.
Pero otras veces se deben a cambios en la situación de su vida (empleo, vivienda) o en sus relaciones emocionales a interpersonales.
Problemas emocionales o conductuales:
Aparte de la exploración rutinaria anual que realice el internista es conveniente que los diversos especialistas —oftalmólogo, otorrinolaringólogo— exploren más concienzudamente cada dos años (o cada año si las condiciones lo aconsejan).
En el área oftalmológica se prestará particular atención a modificaciones en los trastornos de refracción, el desarrollo de cataratas, el fondo de ojo y la aparición de queratocono.
En el área ORL hay que contar con la reducción evolutiva "normal" de la audición (presbiacusia). Dado que el envejecimiento es más precoz en el síndrome de Down esta presbiacusia puede aparecer más precozmente. Por lo demás, puede ser conveniente la utilización de prótesis si ello facilita la audición y la buena comunicación.
Las revisiones periódicas (incluida la citología) han de seguir las mismas orientaciones y periodicidad que en el conjunto de la población general femenina, según mantengan o no actividad sexual. Las exploraciones serán las que correspondan al estudio ginecológico que se pretenda realizar, si bien se puede emplear el recurso ecográfico con mayor frecuencia dada la dificultad de exploración y tacto bimanual.
La mamografía se aconseja en las mujeres de más de 50 años.
Ha de seguir el camino iniciado en la adolescencia y juventud, manteniendo los cuidados y la vigilancia y recurriendo a la intervención que se aconseje para mantener una boca limpia y funcional.
Los adultos con síndrome de Down se benefician de programas de cuidados encaminados a optimizar su salud. De ahí que se hayan elaborado varias guías de práctica que sistematizan los cuidados que deben aplicarse a estas personas. Existen diferencias de opinión respecto a algunos procedimientos, pero todas las guías coinciden en las principales intervenciones a realizar. A continuación exponemos unas pautas de actuación, basadas en las recomendaciones de dichas guías y adaptadas a la realidad de nuestro entorno. En parte, las recomendaciones son similares a las aplicables a la población general, pero algunos aspectos son específicos del síndrome de Down. Lógicamente, nos referiremos sólo a los cuidados "rutinarios" o preventivos. Junto a ellos, a veces serán necesarias otras actuaciones derivadas de los problemas médicos que puedan aparecer en cada paciente concreto.
Además de los cuidados anteriores, cada dos años se deben hacer las siguientes exploraciones:
Al menos una vez en la vida deben aplicarse los siguientes procedimientos:
¿Cómo valoramos la relación que existe entre salud física y salud mental en el adulto con síndrome de Down?
Por Dennis McGuire y Brian Chicoine.
Chicoine B, McGuire D, Rubin S. Adults with Down syndrome: specialty clinic perspectives. En: Janicki y Dalton, eds: Dementia, aging and intellectual disabilities: a Handbook. Taylor and Francis, 1999. (http://www.ds-health.com/adults.htm).
Chicoine B, ed. Adult Down Syndrome, spring 2002. (www.advocatehealth.com/amg)
Cohen WI y Down Syndrome Medical Interest Group. Pautas de los cuidados de la salud de las personas con síndrome de Down. Revista Síndrome de Down 1999; 16:111-26. (http://empresas.mundivia.es/downcan/Programa_Salud.html )
Corretger JM y col. Programa de Salud en la Fundació Catalana Síndrome de Down para niños y adultos con síndrome de Down sin patologías asociadas. SD, Rev Med Int Sínd Down, 2002; 6: 2-8.
New Zealand Ministry of Health. The clinical assessment and management of children, young people and adults with Down syndrome. 2001 (www.moh.govt.nz).
Stagé D, Sasco AJ. Breast screening guidelines should be adapted in Down's syndrome. Brit Med J 2002; 324:1155.
Smith DS. Health care management of adults with Down syndrome. Am Fam Physician 2001; 64:1031-40. (http://www.aafp.org/afp/20010915/1031.html).
Van Allen MI, Fung J, Jurenka SB. Health care concerns and guidelines for adults with Down syndrome. Am J Med Genet 1999; 89:100-10.
1 Saro León Cuyás - 02/03/2009
Me ha resultado muy útil y esclarecedor este artículo. Muchísimas gracias, Saro
2 - 10/03/2009
valiosisimo muchas gracias. MERCEDES OVIEDO URUGUAY
3 SILDREY DOMINICI - 04/05/2009
MUY VALIOSA LA INFORMACIÓN,ME PREOCUPA LA INCONTINENCIA INTESTINAL DE MARTÍN. BESOS SILDREY
4 tatiana echaniz moraga españa - 17/05/2009
gracias por el articulo muy instructivo me ha servido mucho para ayudar a mi josito
5 Hermelinda Luna Castro - 21/01/2010
me parece muy interenate la información que aporta el artículo, aunque me preocupa el cambio de conducta que presenta Verito, va constantemente de la ira a la depresión(tristeza y llanto) pero me ilustra mucho para entender algunos de los cambios que se estan presentando en ella. Muchas gracias.
6 Maria Adelina, de Paraguay - 17/12/2010
que bueno!lástima que recién los conozco, mañana,Martha se opera de la vesícula.me hubiera gustado mucho saber la opinión de uds.Bendiciones y sigan con su excelente trabajo.
7 Carlos A Narvaez Pichardo - 15/04/2011
Gracias por tan excelente articulo! Queda muy claro el plan de salud en la vida adulta. Y esta escrito por dos especialistas sensibilizados con la atención a adultos down. Seria de mucho beneficio la extension de estos conceptos a los medicos no sensibilizados ya que es muy frecuenteuna gran cantidad de errores en la atencion del adulto y que son prevenibles.
8 LIDEMAR CUMARE - 04/05/2011
BUENO, HACE CUATRO AÑOS TENEMOS N FAMILIAR EN CASA CON SINDRIME DE DOW, NO SABIAMOS COMO TRATARLO, EL TIENE 44 AÑOS, MUY POCA EDUCACIÓN Y TENCIÓN LE HAN MANIFESTADO SUS PARIENTES DIRETOS,TODA SU DENTADRA LA PERDIÓ POR FALTA DE ATENCIÓN, FUE OPERADO DE PERITONITIS, NO SE LE ENTIENDE LO QUE DICE, MUCHAS VECES.COME COMO UN DESESPERADO, Y SI LE PREGUNTAS USTED YA COMIÓ? TE RESPONDE QE NO. QUE DEBEMOS HACER?. YO TAMBIEN TENGO UNA DISCAPACIDAD POR UN LUPUS ERIMATOSO, GRACIAS