Tipos de pruebas diagnósticas
El diagnóstico prenatal para detectar
embarazos de fetos con síndrome de Down se basa actualmente
en dos tipos de pruebas diagnósticas:
a) Las pruebas de presunción o sospecha,
de naturaleza no invasiva; es decir, no se actúa directamente
sobre los órganos femeninos relacionados con el embarazo
por lo que no ofrecen riesgo de aborto.
b) Las pruebas de confirmación, de naturaleza invasiva,
mediante las cuales se obtienen células fetales con las
que se realiza posteriormente el cariotipo. La técnica
va asociada a un pequeño aumento en el riesgo de aborto.
1. Pruebas de presunción o sospecha
Las pruebas de presunción o sospecha consisten,
a su vez, en dos tipos de pruebas:
a) El análisis bioquímico
de un conjunto de sustancias (proteínas y hormonas) que
se encuentran en la sangre de la madre. La concentración
de estas sustancias varía si el feto tiene ciertos problemas
cromosómicos (por ejemplo, la trisomía 21) o del
desarrollo. La variación de esta concentración
depende también del período del embarazo en el
que se realiza el análisis (edad gestacional).
b) El análisis ecográfico o ultrasonográfico
del feto, que detecta imágenes indicadoras de que puede
tener síndrome de Down. Su valor se basa en la experiencia
confirmada de que determinadas imágenes detectables por
ecografía suelen ser indicadoras de anomalías
cromosómicas o del desarrollo. En la actualidad es grande
el recurso a esta técnica, si bien es preciso que el
ecografista posea abundante experiencia. La presencia de estas
imágenes va asociada a la edad gestacional de la madre,
y en su valor pronóstico ha de tenerse en cuenta también
la edad de la madre.
Ninguna de las pruebas de presunción tiene
un valor diagnóstico definitivo. El cálculo de su
valor probabilístico exige realizar operaciones estadísticas
que contemplen tanto la edad gestacional como la edad cronológica
de la madre. Su valor presuntivo significa que posee un tanto
por ciento de aciertos, es decir, que el dato considerado como
positivo (el feto tiene síndrome de Down) es confirmado
por la existencia real de una trisomía del cromosoma 21
analizada mediante cariotipo. Pero, a su vez, poseen un tanto
por ciento de falsos positivos, es decir, el dato considerado
como positivo (el feto parece tener síndrome de Down) no
es después confirmado por el diagnóstico del cariotipo.
Lógicamente, una prueba presuntiva será
tanto más fiable y valiosa cuanto mejor haya demostrado
que su probabilidad de que el feto tenga síndrome de Down
ha sido después confirmada, y cuanto menos falsos positivos
ofrezca. Pero aun así, la confirmación definitiva
exige siempre la realización del análisis del cariotipo.
¿Por qué, entonces, se realizan pruebas presuntivas?
Porque son más sencillas de realizar, son inocuas, ofrecen
datos inmediatos, y permiten reservar la realización de
las pruebas invasivas, más arriesgadas, sólo para
los casos que son realmente sospechosos.
El tipo de técnicas que se realizan en
las pruebas presuntivas varía según la edad gestacional
del embarazo. En la actualidad son de dos tipos:
a) Pruebas realizables durante el primer trimestre
de embarazo:
• Medición de la translucencia
nucal del feto mediante ecografía. Es importante la edad
gestacional. La edad que ofrece datos más garantizables
se encuentra entre la 11ª y la 13ª semana de embarazo.
• Análisis bioquímico de los siguientes
productos –son llamados marcadores– en la sangre
de la madre:
o Proteína A del plasma sanguíneo asociada al
embarazo (PAPP-A)
o La subunidad beta libre de la gonadotropina coriónica
humana (fßhCG)
b) Pruebas realizables durante el segundo trimestre
de embarazo
• Análisis bioquímico de
los siguientes marcadores en la sangre de la madre:
o Alfa-fetoproteína
o Gonadotropina coriónica humana total
o Estriol no conjugado
o Inhibina A
El análisis de los tres primeros productos se llama “prueba
triple”; el análisis de los cuatro se llama “prueba
cuádruple”.
• Estudio ecográfico de diversos signos que ya
no es la translucencia nucal. Por ejemplo: hueso de la nariz,
malformaciones de órganos (corazón, tubo digestivo),
calcificaciones hepáticas, tamaño de huesos largos,
etc.
En el momento actual, existe un esfuerzo decidido
por asegurar la fiabilidad de las pruebas presuntivas del primer
trimestre, con el fin de anticipar cuanto antes la posibilidad
de que el feto tenga síndrome de Down. Como ya se ha indicado,
la positividad de estas pruebas es la que conducirá a la
realización de las pruebas diagnósticas definitivas,
que en el primer trimestre requiere la biopsia de las vellosidades
coriónicas y en el segundo la amniocentesis.
El resultado de este “rastreo” es
un coeficiente de riesgo, una posibilidad sobre X de que el feto
tenga síndrome de Down. Se considera que un riesgo es alto
cuando éste es superior a 1/250 en el primer trimestre
y superior a 1/270 en el segundo. Es decir, una posibilidad entre
cien (1/100) sería un riesgo alto, mientras que una entre
quinientas (1/500) sería un riesgo bajo. Como ya hemos
dicho, las pruebas son presuntivas, no diagnósticas. El
índice de falsos positivos suele ser del 5%; la tasa de
detección varía según el tipo de pruebas
del primer y segundo trimestre que se combinen. Recientemente
se dan valores que oscilan entre el 70 y el 90% (ver
resumen del mes, diciembre 2005).
2. Pruebas invasivas
Su objetivo es obtener células fetales
en las que se puede detectar la presencia de la trisomía
del cromosoma 21, sea total o parcial (translocación).
Los principales criterios que hacen pertinente
el diagnóstico prenatal invasivo son:
a) la madre tiene una edad superior a los 35 años
b) las pruebas presuntivas arrojan un valor positivo (superior
al 1/250 o 1/270)
c) hay antecedentes directos de patología genética
d) existe una anomalía ecográfica de riesgo
La obtención de las células se
realiza mediante las siguientes técnicas:
a) Amniocentesis
Mediante la amniocentesis, cuya utilización
se generalizó en la década de los setenta, los profesionales
consiguen diagnosticar la mayoría de los fetos que presentan
alteraciones cromosómicas, incluido el síndrome
de Down. Se realiza esta técnica generalmente en las semanas
14 a 17 del embarazo, aunque también se puede ejecutar
antes o después de esta fecha. Antes de realizarla, se
identifican y localizan la placenta y la cavidad amniótica
mediante ecografía, y se administra un anestésico
local. Después, y bajo control directo ecográfico,
se inserta una aguja en el vientre a través de la pared
abdominal
(fig.1) y se aspira
el líquido amniótico que drena por la aguja. Posteriormente
se centrifuga este líquido y las células fetales
que se obtienen se dejan crecer en cultivo para hacer después
el análisis cromosómico. La amniocentesis comporta
algunos riesgos inherentes a la técnica, como son el aborto,
una lesión al feto o infección en la madre. No obstante,
se trata de un procedimiento que en general es relativamente inocuo.
Una vez obtenidas las células, se analiza
en ellas si existe un tercer cromosoma 21. Para ello se pueden
seguir tres métodos:
• El cariotipo: exige mantener
las células aisladas en cultivo y analizar y contar el
número de cromosomas que contienen. Tarda 2-3 semanas
en obtenerse el resultado.
• Hibridación in situ por fluorescencia (FISH):
permite la identificación rápida de anomalías
cromosómicas en las células. Mediante esta técnica,
se marca el ADN con moléculas fluorescentes que se fijan
a una región específica situada en el cromosoma
que se desea estudiar, y, después de teñirla se
visualiza mediante microscopio de fluorescencia. Con sondas
específicas de cromosoma un especialista puede determinar
rápidamente la presencia de un cromosoma 21 extra; observará
tres señales fluorescentes en lugar de las dos normales
(una por cada cromosoma 21), lo que indica que el feto tiene
síndrome de Down
(fig.2).
• QF-PCR: Las muestras de células se obtienen
de modo similar a las descritas (amniocentesis, vellosidades
coriónicas), pero la QF-PCR muestra las siguientes ventajas:
| - |
no requiere cultivo de células |
| - |
realiza el diagnóstico de las aneuploidías
y otras importantes anomalías cromosómicas
en 24-48 horas |
| - |
tiene alta sensibilidad |
| - |
muestra alta especificidad |
| - |
al haberse automatizado, permite analizar
gran número de muestras de forma simultánea,
reduciendo el costo. |
La técnica PCR consigue multiplicar con rapidez porciones
del ADN de los cromosomas (por ejemplo, el 21), cuando estas
porciones han sido previamente elegidas y, por así decir,
fijadas o sujetadas por unos elementos que se llaman prímeros.
Esta multiplicación en cadena se consigue mediante la
acción de una enzima que se llama polimerasa cuya función
es la de promover la proliferación del ADN (de ahí
el nombre: reacción de polimerasa en cadena). La cantidad
final de esa porción de ADN previamente elegida, merced
al proceso de multiplicación, será proporcional
a la cantidad inicial de ADN que exista. Es decir, si las células
fetales tienen 3 cromosomas 21 en lugar de 2 (trisomía
21), la cantidad final de ADN propio del cromosoma 21 será
mayor que si sólo hubiese habido 2 cromosomas 21. La
cuantificación del ADN se consigue mediante la técnica
de la fluorescencia (quantitative fluorescence). De ahí
que en conjunto la técnica se llame QF-PCR.
b) Biopsia de las vellosidades coriónicas
La prueba consiste en la obtención de
una pieza de tejido placentario por vía vaginal o a través
del abdomen, generalmente entre la 8ª y la 11ª semana
de gestación (fig.
3). Después se usan las células obtenidas
del tejido placentario para su análisis cromosómico.
Las ventajas que reporta este procedimiento sobre la amniocentesis
son dos: puede realizarse mucho antes en el embarazo, y se realiza
el estudio cromosómico de forma inmediata, obteniéndose
los resultados más rápidamente. Hasta ahora, los
estudios han demostrado que el riesgo es ligero pero no significativamente
mayor que el de la amniocentesis.
c) Cordocentesis
Es un método excepcional que consiste
en la punción del cordón umbilical a través
de la pared del vientre de la madre para obtener sangre fetal
directa. Su riesgo de pérdida fetal es mayor que los anteriores
métodos (3%).
¿Qué pedimos al diagnóstico
prenatal?
Los objetivos que planteamos son los siguientes:
1. Fiabilidad y seguridad en el diagnóstico.
2. Inocuidad para el feto y para la madre.
3. Precocidad en la fase del embarazo.
4. Rapidez en los resultados.
5. Bajo costo y aplicabilidad al mayor número de madres
embarazadas.
Por lo expuesto hasta ahora, ninguno de los métodos
de que disponemos reúne estas condiciones. Por eso, el
esfuerzo de los especialistas esta concentrado en analizar en
qué grado la combinación de estas técnicas
nos aproxima hacia esa situación ideal. Un trabajo recientemente
publicado ha abordado frontalmente este objetivo (ver Resumen
del mes, diciembre 2005).
Indicaciones del diagnóstico prenatal
Puesto que algunas de las técnicas utilizadas
en el diagnóstico prenatal comportan un riesgo tanto para
la madre como para el feto, han de impartirse instrucciones concretas
para su uso. Generalmente, son varios los factores que van asociados
con un riesgo mayor de tener un hijo con síndrome de Down.
1. Madres con 35 años
de edad o mayores. Es bien sabido que la incidencia de
anomalías cromosómicas aumenta con la edad de la
madre. El riesgo de tener una descendencia con una de estas anomalías
se dobla aproximadamente cada 2,5 años cuando la edad de
la mujer alcanza los 35 años. A esta edad el riesgo de
que una mujer embarazada conciba un feto con anomalía cromosómica
es aproximadamente de 1 por cada 200 a 300 niños nacidos
vivos. A esa edad o superior se estima que el riesgo de tener
un feto afectado será mayor que los riesgos propios de
la amniocentesis. El riesgo que supone la biopsia de vellosidades
coriónicas es ligeramente mayor que el derivado de la amniocentesis,
incluida la posibilidad de un aborto espontáneo o nacimiento
prematuro A la edad de 34 años o menos, el riesgo de tener
un hijo afectado es generalmente menor que el de abortar como
consecuencia de la amniocentesis o de la biopsia.
2. Padres con 50 años
de edad o mayores. Aunque también se ha descubierto
un ligero efecto derivado de la edad del padre, es menor que el
de la edad materna. Si el padre tiene 50 años o más,
el riesgo de tener un hijo con síndrome de Down puede ser
un poco superior. Algunos médicos recomiendan practicar
análisis prenatales en esta situación.
3. Nacimiento anterior
de un hijo con síndrome de Down o cualquier otra anomalía
cromosómica. Muchos estudios han demostrado que
si una pareja tiene un hijo con síndrome de Down u otra
anomalía cromosómica, el riesgo de que el hecho
se repita es de alrededor del 1%. A causa de este incremento del
riesgo, la mayoría de los genetistas y asesores genéticos
recomiendan el diagnóstico prenatal a estas familias.
4. Translocación
equilibrada de cromosomas en uno de los padres. Por ejemplo,
si un cromosoma 21 se encuentra pegado al 14, hay una probabilidad
del 50% de que este progenitor transfiera esta translocación
14/21 a su descendencia. Por tanto, este progenitor tiene un riesgo
mayor de tener más de un hijo con síndrome de Down.
Este incremento de riesgo que va asociado con la translocación
equilibrada de cromosomas depende del tipo de translocación,
a qué cromosomas afecta, y si el portador es el padre o
la madre. Generalmente, el riesgo de que un portador de translocación
tenga un hijo con síndrome de Down oscila entre el 2 y
el 100%. Por ejemplo, si un progenitor tiene una translocación
21/21 y el embarazo continúa hasta el final, la probabilidad
de que el hijo tenga síndrome de Down es del 100%. Si la
translocación en la madre es 14/21, la probabilidad es
del 8-10%. Si el portador de esta translocación es el padre,
el riesgo es algo menor.
5. Padres con alteraciones
cromosómicas. Aunque la mayoría de las personas
que tienen una anomalía cromosómica de importancia
no tendrán probablemente hijos, algunos pueden tenerlos.
Por ejemplo, si uno de los padres tiene un síndrome de
Down por mosaicismo con porcentaje bajo (es decir, sólo
un pequeño porcentaje de sus células tienen un cromosoma
21 extra y la persona es por lo demás "normal"),
tendrá un mayor riesgo de concebir un hijo con síndrome
de Down. Si una persona con síndrome de Down tiene capacidad
reproductora, la probabilidad en cada embarazo de que el hijo
tenga síndrome de Down es del 50%. Existen en la literatura
unos 30 casos documentados de mujeres con síndrome de Down
que tuvieron hijos, mientras que sólo se ha descrito un
caso de varón con síndrome de Down que tuviera un
hijo.
Existen además otras indicaciones de diagnóstico
prenatal, como son el haber tenido previamente un hijo con múltiples
anomalías congénitas, o con espina bífida,
o con un trastorno metabólico, o que los padres sean portadores
de defectos congénitos concretos; sin embargo no tratamos
aquí estas indicaciones porque no conciernen al síndrome
de Down.
Bibliografía
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and genetic counselling. 3ª edición. Oxford: Oxford
University Press, 2004.
Malone FD, Canick JA, Hall RH, et al. First-trimester
or second-trimester screening, or both, for Down’s syndrome.
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V. Genética, diagnóstico prenatal y consejo genético.
En: JM Corretger, A Serés, J Casaldáliga, K Frías
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Barcelona: Masson, 2005 (p. 3-20). |