Aprendizaje y síndrome de Down, III: La memoria (1ª parte)

En el esquema 1 "Las Claves del Aprendizaje" que encontrarás en la página "Las bases del aprendizaje", habrás observado la importancia fundamental que tiene la memoria en todo el proceso cognitivo. Sin ella no hay aprendizaje; más aún, no hay posibilidad de conducta que tenga una finalidad porque la persona carece de códigos aprendidos.

Pero en el esquema 2 de esa misma página apreciamos que no hay un único tipo de memoria sino muchos: a corto plazo, a largo plazo, explícita e implícita, etc. Y en la base de ese esquema exponemos los principales núcleos y áreas del cerebro que participan en la formación y evocación de cada uno de esos tipos de memoria. En esa misma página hemos definido esos tipos de memoria y hemos descrito las propiedades que los caracterizan.

LA MEMORIA EN EL NIÑO CON SÍNDROME DE DOWN

a) La memoria a corto plazo

Los niños con síndrome de Down presentan con bastante uniformidad, aunque en grado diverso, deficiencias en la memoria a corto plazo: para captar y memorizar imágenes de objetos, listados de palabras, listados de números, ya no digamos frases (Bilovsky y Share, 1963; Bower y Hayes, 1994). A los problemas de procesamiento de la información y de la atención se suman:

a) la dificultad para retener y almacenar brevemente esa información de modo que puedan responder de inmediato con una operación mental o motriz
b) la carencia de iniciativa para recurrir a estrategias para facilitar esa retención. Estas dificultades suelen ser muy evidentes en el niño pequeño pero también se observan en el adolescente y en el adulto.

El grado de afectación de este tipo de memoria, casi no hace falta decirlo, varía mucho de una persona con síndrome de Down a otra como no podía ser menos, dada la extensión de estructuras cerebrales que están implicadas en ella. Por una parte está la corteza cingulada y otras áreas de la corteza prefrontal; por otra, las áreas de asociación auditiva y visual (temporal superior y temporal inferior) junto con la parietal posterior; finalmente, el propio hipocampo en el lóbulo temporal medio.

Además, es importante destacar que en el síndrome de Down las dificultades de la memoria a corto plazo son mayores cuando la información es verbal que cuando es visual, hecho que no ocurre en otras formas de deficiencia mental (Hodapp et al., 1992). Esto se debe probablemente a la mayor desestructuración de las áreas corticales de asociación auditiva que las de asociación visual.

La memoria a corto plazo en los niños con síndrome de Down no aumenta con la edad a la velocidad con que lo hace el resto de la población. En los niños normales, la capacidad de la memoria a corto plazo aumenta rápidamente en la infancia. A los 3 años retienen tres dígitos como media, y a los 16 retienen siete u ocho dígitos; en los niños con síndrome de Down esta adquisición es mucho más lenta y pueden no llegar a alcanzar el máximo.

Podríamos decir, pues, que es uno de los primeros problemas que el educador debe afrontar de manera sistemática y rigurosa; pero al mismo tiempo, debemos afirmar que los ejercicios de intervención aplicados de manera sistemática, inteligente, ajustada y constante consiguen mejorarlos. Si no se trabaja en ellos para mejorar la memoria a corto plazo, el retraso cognitivo crece y contribuye a que el grado de deficiencia mental persista en los niveles bajos. No en vano, la memoria a corto plazo es el primer escalón que se debe superar para entrar en el ámbito del conocimiento y del aprendizaje, especialmente el relacionado con la memoria de tipo declarativo o explícito.

Por este motivo es necesario insistir en la necesidad de iniciar con prontitud y mantener con constancia la ejercitación de este tipo de memoria. El niño no sabe inicialmente aplicar las estrategias necesarias para aumentar su capacidad, con lo cual no sólo el progreso en las demás áreas cognitivas se verá estancado, sino también en el aprendizaje de las actividades de la vida diaria. Es preciso caer en la cuenta que la memoria a corto plazo es requisito indispensable para retener una instrucción el mínimo de tiempo necesario para llegar a entenderla y ejecutarla. Las consecuencias prácticas de esta realidad son enormes. En secciones posteriores se expondrán algunas de las acciones pedagógicas que de ella se derivan: modo de dar la información e instrucción, ejercicios a realizar, etc. (Broadley, 1992; Hulme y Roodenrys, 1995; Troncoso y del Cerro, 1997; Ruiz et al., 1998).

b) El proceso de consolidación

Hay acontecimientos, lecturas y sucesos que reconocemos y de los que somos conscientes mediante la memoria a corto plazo, pero que olvidamos rápidamente. Otros, en cambio, quedan recogidos, los recordamos y los podemos evocar durante un tiempo variable, incluso durante toda nuestra vida. Han quedado prendidos en forma de memoria a largo plazo.

Para que los sucesos recogidos por la memoria a corto plazo sean transferidos a la de largo plazo es preciso que ocurra un proceso de consolidación (fig 1). La experiencia de cada día nos ilustra que la capacidad de transferir la información desde una a otra varía considerablemente según las circunstancias: interés, atención, cansancio, elementos distractores, importancia del suceso, estado general de la persona, etc. Este proceso de consolidación tiene lugar principalmente mediante la transferencia de la información desde las áreas cerebrales donde inicialmente se asentó hacia el hipocampo.

fig 1. Memoria a corto plazo y memoria a largo plazo. La información sensorial puede conservarse temporalmente en la memoria a corto plazo, pero el almacenamiento permanente de la memoria a largo plazo requiere una consolidación. (Figura tomada de: Neurociencia: explorando el cerebro. M.F.Bear y col, Masson, .S.A., Barcelona 1998).

Un elemento clave en la adquisición de la memoria a largo plazo es la repetición: es la práctica lo que ayuda a consolidar la información y la que perfecciona nuestra acción. El proceso de transferencia desde la memoria a corto plazo a la de largo plazo es delicado y sensible a factores externos que pueden alterar la función cerebral. Es bien conocido que lesiones cerebrales, aunque sean reversibles, ocasionadas por accidentes o traumas provocan el olvido (amnesia) de los sucesos ocurridos inmediatamente antes del accidente: la alteración cerebral impide consolidar esa información.

Sabemos, además, que los procesos de memoria a largo plazo requieren que las neuronas en ellos implicados modifiquen en profundidad su función, sinteticen nuevas proteínas mediante la activación de genes. Se trata, pues, de un fenómeno complejo en el que no sólo intervienen nuevas áreas cerebrales sino una delicada actividad por parte de las neuronas responsables.

En el niño con síndrome de Down existen claros problemas de consolidación de la memoria. Unos pueden ser secundarios a la falta de atención o de motivación. Otros pueden deberse a carencias intrínsecas en las conexiones interneuronales y a deficiencias en ciertos núcleos y áreas del cerebro (por ejemplo, el hipocampo). Ello obliga a que la retención de la información a corto plazo deba ser asegurada por diversos métodos:

- repetición
- favorecer la motivación y la atención
- ofrecer el paquete informativo de modo diverso y atractivo, y utilizar diversos sistemas sensoriales

Esta debilidad de los procesos de consolidación se manifiesta en la extrema inestabilidad de conocimientos: hoy puede parecer que ya ha captado y retenido la información y mañana no es capaz de evocarla. Ello exige repaso sistemático y organizado de lo ya aprendido, para asegurarnos de que se encuentra consolidado.

Jesús Flórez
Director, Laboratorio de Neurobiología del Desarrollo, Universidad de Cantabria
Asesor científico, Fundación Síndrome de Down de Cantabria

 

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