La
importancia del diagnóstico y del tratamiento
Hace unos años se pensaba que si algunos niños con síndrome
de Down mostraban conductas autistas, se debía simplemente
a que sus conductas eran secundarias a un retraso mental profundo
o severo. Nos damos cuenta ahora de que los niños con síndrome
de Down pueden tener un auténtico trastorno con espectro
autista y de que este problema no es raro. Se ha escrito poco
sobre el diagnóstico dual de síndrome de Down y trastorno
con espectro autista (SD-TEA), de modo que existen pocos casos hasta
ahora descritos en la literatura.
Ya que disponemos de tan escasa información
sobre la incidencia y diagnóstico del SD-TEA, es frecuente
que los padres compartan conmigo la frustración que sienten,
conforme tratan de comprender por qué su hijo no se está
desarrollando de la misma manera que los demás que tienen síndrome
de Down. Muchos señalan la edad concreta a la que el desarrollo
de su hijo empezó a regresar o a retrasarse. Por lo general,
se describen estos patrones atípicos de desarrollo en las áreas
del lenguaje y de la conducta. Los padres describen que su hijo empieza
a estar más retraído, se agarran obsesivamente a ciertos
objetos, se obsesionan en conductas repetitivas o estereotipadas,
no se introducen en el juego imaginario y pierden sus habilidades
lingüísticas. Todas estas conductas vienen descritas clásicamente
en los niños con trastorno con espectro autista.
Es frecuente que los profesionales se resistan
a diagnosticar a un niño que tiene síndrome de Down
con un segundo y serio trastorno del desarrollo como es el trastorno
con espectro autista. Muchos creen que las conductas y el desarrollo
atípico del lenguaje tienen relación con el retraso
mental de grado severo o profundo que puede ser propio del síndrome
de Down, o creen que protegen a los padres ocultándoles
ese segundo diagnóstico. En nuestra experiencia, la mayoría
de los niños con síndrome de Down que vemos con trastorno
de espectro autista no tienen retraso mental severo o profundo sino
que funcionan en el nivel moderado a severo de retraso cognitivo.
Además, los padres sienten alivio cuando por fin se les proporciona
un diagnóstico que les ayuda a comprender las diferencias de
su hijo. Y les abre la puerta para investigar y obtener servicios
apropiados de información.
Si
hay diagnóstico, hay posibilidades terapéuticas
Resulta crítico que un niño con
SD-TEA sea identificado lo antes posible porque redundará en
las intervenciones educativas y terapéuticas, y en algunos
casos dará pie para ulteriores evaluaciones médicas
y soluciones terapéuticas. Existen muchos programas educativos
y terapéuticos que se han desarrollado de modo específico
para niños con trastorno de espectro autista: Análisis
de Conducta Aplicada (ABA o Lovass), Programas de desarrollo social
(Greenspan), Terapia de integración sensorial, Sistemas de
comunicación por intercambio de imágenes (PECS). Si
no se hace el diagnóstico, no se aplicarán estás
técnicas y se privará al niño con síndrome
de Down de importantes soluciones terapéuticas. Es tan
importante para un niño con SD-TEA que pueda tener acceso a
este tipo de intervención y que la familia sepa dónde
puede encontrarla, como lo es para cualquier otro niño que
sólo tuviera el diagnóstico de trastorno de espectro
autista. Y además, existen algunos tests médicos que
pueden ser beneficiosos para evaluar mejor y elegir posibles tratamientos
médicos en un chico con autismo. Aunque no todo niño
con el doble diagnóstico de SD-TEA necesita que se le hagan
todas las pruebas que a continuación se indican, algunos pueden
requerir que se les mida niveles de plomo en sangre, estudios cromosómicos
que incluyan una sonda para detectar el síndrome de X-frágil,
cribaje metabólico urinario, exploración del cerebro
por resonancia magnética, estudio prolongado del EEG.
Es importante que la comunidad médica
cobre mayor conciencia y comprenda mejor la existencia de este doble
diagnóstico. Al disponer de más información,
dejaremos de discutir sobre su incidencia y nos concentraremos sobre
cuáles son las intervenciones médicas y educativas más
eficaces. Por ejemplo, hay trabajos que indican que en los niños
con autismo es mayor la incidencia de crisis y de alteraciones EEG.
Actualmente se recomienda que se haga un estudio prolongado de EEG
(23 horas), especialmente en los niños con pérdida o
regresión del lenguaje. El estudio EEG indicará si existen
crisis y si es preciso asociar una medicación antiepiléptica,
porque si las hay, la medicación puede mejorar la conducta
y el lenguaje. Téngase presente que la incidencia de epilepsia
es algo mayor en los niños con síndrome de Down (5-10%),
y que la asociación entre autismo y epilepsia es también
alta (7-40%). El estudio prolongado de 23 horas que incluya horas
de sueño tiene mayor valor que un estudio estándar,
y por tanto debe hacerse también si se sospecha el diagnóstico
dual en un niño con síndrome de Down.
En resumen, saber reconocer y diagnosticar
precozmente el trastorno de espectro autista en un niño con
síndrome de Down tiene importantes consecuencias: la familia
entenderá las necesidades de su hijo en relación con
las intervenciones terapéuticas y educativas, y verá
la necesidad de que se le evalúe y, si es necesario, se le
trate médicamente.
Más información:
Capone G. Síndrome de Down y Trastorno con
Espectro Autista: una mirada a lo que sabemos. Revista Síndrome
de Down, 16: 130-136, 1999.
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