La salud, entendida como el estado de completo
bienestar físico, psíquico y social de un individuo,
es un derecho fundamental de todas las personas, incluidas aquellas que
presentan discapacidades.
Comunicación de la noticia La forma en que los padres conocen que su hijo tiene el síndrome de Down va a ser determinante en la aceptación y en el establecimiento del vínculo entre ellos. Se debe informar de la manera más alentadora posible, con el bebé en brazos y estando presentes los dos cónyuges. Durante la estancia del niño en el hospital, se debe permitir que el recién nacido pase el mayor tiempo posible con sus padres. Dentro de la información que los médicos han de dar a los padres, no se debe olvidar el consejo genético. Incorporación a programas de atención temprana Es importante que durante los primeros días se ponga a los padres en contacto con otros padres que tengan hijos con el síndrome de Down y con las asociaciones de su entorno. Estas personas dan información sobre los programas de atención temprana y su eficacia para mejorar las habilidades del niño y facilitan la incorporación del niño a estos programas. Encontrará amplia información sobre la Atención Temprana en Educación/Psicología, Educación, Intervención Temprana. Lactancia materna No debemos olvidar el aconsejar a los padres que elijan
la lactancia materna como forma de alimentación de su hijo y darles
el apoyo suficiente para que esto sea posible. La lactancia materna es
la forma natural e ideal de alimentar a los bebés durante el primer
año de vida. Va a suponer una oportunidad única para tener
un contacto íntimo con el bebé y aumentar el vínculo
entre ellos.
En todo caso, siempre que haya dificultades, buscar la ayuda de profesionales y de otras madres con experiencia en amantar a estos niños. Si desea más información, consulte Salud/Biomedicina, Alimentación, Lactancia materna. Descartar problemas médicos Otro de los puntos importantes en este período es descartar las principales malformaciones congénitas que se asocian al síndrome de Down para que, si existen, se solucionen lo antes posible. Es por esta razón por la que al recién nacido, aunque se encuentre bien, se le debe someter a una exploración general y a una serie de exámenes complementarios. Los principales problemas médicos a tener en cuenta son: · Cardiopatía congénita La cardiopatía congénita es una de las
complicaciones más serias del niño con síndrome de
Down. El diagnóstico y el tratamiento precoz van a marcar una diferencia
esencial en la calidad de vida. El problema que se encuentra con más
regularidad interesa la porción central del corazón, donde
pueden presentarse orificios en las paredes de las cavidades y un desarrollo
anómalo de las válvulas cardíacas. Esta situación
se conoce generalmente como defectos de los cojines endocárdicos
o canal auriculoventricular. También pueden encontrarse otras anomalías
congénitas como los defectos de los tabiques interventricular o
interauricular, tetralogía de Fallot, etcétera. · Malformaciones del aparato digestivo Los niños con síndrome de Down presentan mayor frecuencia de anomalías congénitas del tracto intestinal (10%). Entre ellas se encuentran la oclusión del esófago (atresia esofágica), la comunicación o fístula entre esófago y tráquea, el estrechamiento de la salida del estómago (estenosis pilórica), la obstrucción del intestino próximo al estómago (atresia duodenal), carencia del orificio anal (ano imperforado). Estas anomalías congénitas deben ser diagnosticadas y tratadas en el período neonatal, de igual forma que se hace con otros niños. Para ello, hay que comprobar que el niño toma bien y no vomita, expulsa el meconio en las primeras 24 horas y hace deposiciones normales. Si no es así, se realizarán exámenes complementarios para llegar al diagnóstico. · Órganos de los sentidos Detectar de forma precoz las alteraciones que pueden aparecer en los órganos de los sentidos, especialmente en la vista y el oído, va a ser una de las principales labores del pediatra durante toda la infancia.
La catarata congénita aparece en el 3 % de estos niños y suele interferir de forma grave en la visión, por lo que hay que prestarle especial atención, explorando siempre, y proceder a su corrección quirúrgica precozmente; de no hacerlo, el niño se puede quedar ciego.
Los recién nacidos pueden presentar una pérdida de audición neurosensorial o de conducción. Por ello, a todos los niños con síndrome de Down se les debe explorar la audición de modo objetivo dentro de los seis primeros meses de vida, mediante la realización de potenciales evocados auditivos.
Es en este primer año de vida en el que la estimulación
intensiva puede provocar mayores diferencias en el grado de funcionamiento
posterior. Los programas de atención temprana deben comenzar por
lo tanto lo antes posible. · Alimentación La lactancia materna sigue siendo la forma ideal
de alimentar al niño durante el primer año de vida. Sin
embargo, a partir de los 6 meses de vida resulta insuficiente. Por ello,
a partir de los 4-6 meses debemos empezar a introducir la alimentación
complementaria, al igual que hacemos con el resto de los niños:
cereales, frutas, verduras, carne, pescado, huevos, etc. · Vitaminas Sólo es necesario tomar vitamina D3 durante el
primer año de vida y suplementos de flúor, dependiendo del
contenido del flúor del agua que se consuma. La antigua creencia
de que los complejos polivitamínicos y minerales podían
mejorar el desarrollo de estos niños nunca ha podido probarse. El calendario vacunal de los niños con síndrome de Down es semejante al del resto de los niños salvo algunas recomendaciones especiales como la de vacunar anualmente contra la gripe y la de vacunar contra el neumococo. En Salud/Biomedicina, Salud, Vacunaciones en el síndrome de Down, encontrará amplia información sobre las vacunas que se recomiendan y el calendario de vacunaciones. La vacuna antigripal puede administrarse desde los 6 meses de edad. Es preferible la utilización de vacunas con virus muertos fraccionados por presentar menos efectos adversos. La recientemente comercializada vacuna antineumocócica
conjugada está indicada en los niños con síndrome
de Down y puede administrarse desde los 2 meses de edad. Los niños
mayores de 2 años deben vacunarse también contra el neumococo
pero con la vacuna polisacárida 23-valente. Es frecuente la presencia de rinorrea persistente, obstrucción
nasal, laringitis, otitis media supurada y sinusitis. También son
frecuentes las bronquitis y las neumonías. · Visión Es necesaria la valoración del lactante por un oftalmólogo pediatra en los primeros 6 meses de vida. Se debe vigilar la posible aparición de estrabismo y nistagmus. · Audición Las exploraciones otorrinológicas deben
comenzar también en los primeros meses de vida, realizarse de forma
rutinaria cada 6-12 meses y mantenerse durante toda la infancia. El niño
se beneficiará de la colaboración del pediatra con otros
especialistas como el otorrino, el logopeda y el neurofisiólogo. Continuar con los programas educativos y controlar el desarrollo psicomotor Durante esta etapa van a ir apareciendo numerosos retos.
Se inicia la socialización. Los niños irán aprendiendo
nuevas habilidades y adquiriendo cada vez mayor autonomía. Para
ello, es necesario que el niño se encuentre en un estado óptimo
de salud, sin ningún problema que pueda entorpecer su desarrollo
y le ponga las cosas más difíciles. La infancia es una etapa clave en la adquisición de buenos hábitos alimenticios y un estilo de vida saludable. · Alimentación Es importante instaurar una alimentación sana,
variada y equilibrada. Para ello recomendamos:
Otro aspecto importante, referente a la alimentación,
es ir favoreciendo la autonomía. · Estilo de vida
- Educar para el control de esfínteres. Todo ello sin olvidarnos de favorecer la autonomía
desde los primeros años. Durante la infancia recomendaremos la limpieza de los dientes al menos 2 veces al día. Comenzarán las visitas regulares al dentista cada 6 meses para: - Profilaxis dentaria (limpieza, sellado y flúor). Será importante valorar durante toda la infancia
el crecimiento, contrastándolo en las tablas de crecimiento
para niños con síndrome de Down. Existen tablas de crecimiento
elaboradas por el Centro Médico de la Fundación Catalana
Síndrome de Down, a partir de los datos obtenidos en la población
española. Estas tablas están publicadas en la revista SD:
Revista Médica Internacional sobre el Síndrome de Down
(3: 9-11, 1998 y 4: 9-12, 1998), y en el capítulo 9 del libro Síndrome
de Down: hacia un futuro mejor. Guía para Padres, del Prof.
S. M. Pueschel (Masson, S.A. y Fundación Síndrome de Down
de Cantabria, 2002). La prevalencia de obesidad en las personas con síndrome
de Down es más alta que en la población general, lo cual
es un motivo de gran preocupación. La obesidad, además
de ser perjudicial para la salud, influye negativamente en la forma en
que nos ven los demás. - La disminución del índice metabólico
en reposo. La finalidad del tratamiento es la obtención
de un peso adecuado para la talla y la edad, manteniendo el peso dentro
de los límites normales, al mismo tiempo que se permite un crecimiento
y desarrollo normal físico y emocional. Los tres pilares básicos
en que se basa el tratamiento de la obesidad son los mismos que en el
resto de los niños. - Cuando la obesidad es leve o el niño de corta
edad puede ser suficiente una simple modificación de la alimentación
habitual. En los niños menores de 1 año las dietas hipocalóricas
están contraindicadas. · Ejercicio físico - Actividad física rutinaria: ir andando
al colegio, no usar ascensores, participar en juegos, etc. · Apoyo psicológico - Mantener un elevado grado de comprensión, simpatía
y palabras de aliento. Los problemas oculares siguen siendo frecuentes durante toda la infancia por lo que habrá que continuar visitando al oftalmólogo. Los más frecuentes son los siguientes: - Errores de refracción (70%): miopía,
hipermetropía y astigmatismo. Requieren el uso de gafas. Consulte
Salud/Biomedicina, Salud, Visión
y Audición.
El hipotiroidismo es otro de los problemas frecuentes
que pueden presentar los niños con síndrome de Down. Si
no se realiza un control periódico anual de la función tiroidea,
podría quedar sin diagnosticarse ya que los síntomas de
hipotiroidismo pueden confundirse con algunas de las características
del síndrome de Down (obesidad, disminución del crecimiento,
estreñimiento, alteración del comportamiento, lentitud psicomotora,
etc.). Las consecuencias de ello serían enormemente negativas para
el desarrollo psicomotor y el crecimiento del niño. Es por tanto
imprescindible determinar anualmente las hormonas tiroideas. La inestabilidad atlanto-axoidea se caracteriza por
un aumento en la movilidad de la articulación entre la primera
y segunda vértebra cervical. Para descartar este problema se sigue
recomendando la realización de una radiografía del cuello
en posición neutra, en flexión y en extensión de
la cabeza, hacia la edad de 3 - 5 años. Sin embargo, más
importante que la exploración radiológica es estar alerta
ante la aparición de los primeros signos de compresión de
la médula espinal. Para ello, en cada revisión, es conveniente
realizar una exploración neurológica detallada. La apnea obstructiva del sueño tiene lugar cuando se interrumpe el flujo de aire inspiratorio desde las vías respiratorias superiores a los pulmones, generalmente durante diez segundos o más y durante la interrupción del flujo de aire persiste el trabajo respiratorio. Los síntomas ante los que hay que sospechar una
apnea obstructiva del sueño son: ronquidos y pausas respiratorias,
posturas extrañas para dormir, tos crónica nocturna, cefalea,
cambios en la conducta, retraso de crecimiento y otros. Cuando se sospeche
este problema, se deben realizar estudios de sueño y si es necesario
realizar tratamiento, que en muchos casos pasa por la adenoamigdalectomía. Hasta un 8% de niños con síndrome de Down
tienen algún tipo de crisis convulsiva. En los bebés de
5 a 10 meses de edad se ha observado un tipo especial de acceso llamado
espasmos infantiles o síndrome de West. En la actualidad la terapéutica
farmacológica es muy eficaz. Para más información,
consúltese Salud/Biomedicina, Salud, Síndrome
de Down y Epilepsia. Además de estos trastornos, existen dos entidades que están despertando actualmente gran interés: el trastorno de hiperactividad con déficit de atención y el trastorno tipo autista. El trastorno de hiperactividad con déficit de atención se da en las personas con síndrome de Down con más frecuencia que en la población general (10%). Debe ser reconocido para poder tratarlo en caso necesario pues responde bien a fármacos estimulantes como el metilfenidato. Los síntomas que caracterizan este síndrome son: dificultad par concentrarse, poca tolerancia ante la frustración, nivel de actividad alto e inestabilidad emocional. Son niños irritables, en general difíciles de tratar por los padres y profesores. Otro trastorno más serio, el trastorno de espectro autista, también es más frecuente que en la población general. Alrededor del 5-10% de los niños con síndrome de Down tiene asociado un trastorno de tipo autista. Su diagnóstico es imprescindible para poder adoptar las medidas terapéuticas necesarias. Debemos sospecharlo cuando aparecen rutinas repetitivas y dificultad para aceptar cambios en las rutinas, respuestas sensoriales peculiares e inconstantes, repulsa a la comida, escasa comunicación o poco expresiva, conductas desafiantes y destructivas, conducta autolesiva, regresión en el desarrollo y trastornos en la relación social con poco contacto visual. Antes de valorar este diagnóstico es necesario descartar otros problemas médicos. La adolescencia es una etapa clave en el desarrollo
de cada persona. Supone la transición de niño a adulto.
No debemos olvidar que los niños con síndrome de Down se
hacen adultos y surge en ellos la necesidad de un mayor nivel de independencia.
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